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Camilo Torres Tenorio

Biografía

Torres Tenorio, Camilo. Popayán (Colombia), 22.XI.1766 – Bogotá (Colombia), 5.X.1816. Político, catedrático y patriota colombiano independentista.

Fue hijo de Jerónimo Francisco de Torres y Herreros, castellano establecido en el Nuevo Reino de Granada desde mediados del siglo xviii, y de María Teresa Tenorio y Carvajal. Pertenecía a una familia distinguida, pero de escasa fortuna. Recibió su educación primaria en Popayán (ocho mil habitantes), y en los claustros del Seminario de esta ciudad, en que estudiaron el científico Francisco José de Caldas (1768- 1816), el general Tomás Cipriano de Mosquera y otras figuras insignes, Torres adelantó en sus estudios secundarios de Latinidad y Filosofía, haciéndose filósofo a temprana edad, bajo la dirección de otra figura preclara de la época, el doctor Félix Restrepo (Latinidad) y de Grijalva (profesor de Griego).

Como la enseñanza de facultades mayores y la autoridad de conferir grados eran peculiares de los colegios y Universidad de Santa Fe, allí se dirigió, a los veintidos años, para concluir su carrera, sin ningún bien de fortuna, pero en posesión de una sólida educación que incluía los cursos de Filosofía moderna, algo de Derecho, Teología, y tres o cuatro idiomas. Estudió durante cuatro años Derecho (Romano, Cánones y Derecho español) en el Colegio Mayor del Rosario, con gran aplicación, austeras costumbres e impartiendo algunas clases.

Al graduarse de doctor, se casó con Francisca Prieto y se estableció en la misma Santa Fe, donde instaló su oficina de abogado que pronto cobró gran prestigio, debido al talento y conocimiento de la jurisprudencia que poseía y a los excelentes consejos de su tío, Ignacio Tenorio, quien fuera oidor en Quito. Desempeñó durante muchos años la Cátedra de Derecho Civil, sin querer aceptarla como propietario. Algunos lo consideraban el primer jurisconsulto de Nueva Granada, que hubiese brillado si su talento hubiese tenido un teatro para ejercitarse más amplio que Santa Fe (veinticuatro mil habitantes).

En su condición de “abogado recibido por la Real Audiencia y Chancillería” fue aplicando los basamentos filosóficos a las condiciones político-sociales de su entorno, hasta llegar a la asimilación de irrevocables y profundos conceptos de derecho público, como libertad, soberanía, independencia y constitución, tan representativos de los nuevos sistemas políticos de la Ilustración europea.

Inmerso en estas ideas, Camilo Torres previó grandes acontecimientos en el panorama político de América. La consolidación de la universidad, la biblioteca, la imprenta, las tertulias, el periodismo y las nuevas teorías científicas agitaron el cerrado ambiente sociopolítico de Santa Fe de Bogotá. En este difícil medio, Camilo Torres fue logrando su equilibrio interior, su ritmo mental, su riguroso ordenamiento. Su carácter se hizo sobrio, aspecto que lo convirtió en introvertido y severo. En esta época de estudio y reflexión, parece que Torres acumulara energía para los días próximos. El panorama de los hechos sociales y económicos fue desplazando al familiar y amable de su lejana Popayán.

El virrey Mendinueta y Múzquiz (el mismo que en 1802 pidió al barón Alexander von Humboldt que analizara las salinas de Zipaquirá), ofreció a Camilo Torres diversos cargos en la administración municipal, los cuales fueron rechazados por el prócer. A cambio, éste pidió como gracia la concesión de autorización para leer libros prohibidos, en este caso, de autores franceses dedicados a escribir acerca de temáticas políticas y sociales.

Sin embargo, bajo la administración del virrey Amar y Borbón, al iniciarse el movimiento revolucionario por la invasión francesa en la metrópoli, accedió Torres a ocupar la plaza de asesor del Cabildo de Santa Fe, con el fin de tener una posición cerca del elemento oficial que le permitiera ser útil a la causa independentista. Así, el 11 de septiembre de 1809 Camilo propuso la formación de una junta de diputados elegidos por las provincias y en diciembre de ese mismo año, redactó el documento Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, en la que reclamaba contra la asignación de nueve diputados americanos, siendo treinta y seis los designados para la Península; documento contundente y franco al que el virrey no permitió dar curso, en el que se defendía el derecho de los pueblos a gobernarse a sí mismos, idea matriz de la Junta revolucionaria que estallará medio año después. Las circunstancias peculiares del momento histórico obligaban a proceder con cautela. Desde 1794, Torres se hacía sospechoso ante las autoridades, según él mismo informó a su padre. Las colonias iberoamericanas se abocaban a esos procesos antecesores de rebelión que, por fuerza de los hechos, necesariamente conducen a la lucha armada.

Tomó parte en la conspiración del 10 de julio de 1810 junto con otros patriotas (Frutos Gutiérrez, Miguel Pombo, José Acevedo, Ignacio Herrera, Joaquín Camacho...). En los años iniciales de la Primera República de la Nueva Granada, fue el alma de la nueva Junta que asumió el mando y el gobierno supremo del reino. Dividió en seis secciones el poder ejecutivo, reservándose Torres el cargo de secretario de Relaciones Exteriores. Fue la persona de más influjo en el Congreso neogranadino, situándose desde un principio en la izquierda revolucionaria, acaudillando a los federalistas. A é1 se debe la redacción del Acta de federación de las provincias de Nueva Granada, copiada de los Artículos de Confederación norteamericanos.

Cuando en 1812 la nueva nación se dividió entre federalistas y centralistas y estallada la guerra civil con los centralistas, dirigidos por Antonio Nariño (1765- 1823), presidente de Cundinamarca, Torres se hizo cargo del poder, que desempeñó desde 1812 hasta 1815, cuando se organizó el gobierno de los triunviros (que duró un año). Durante la “patria boba” tuvo Camilo Torres fuertes altercados con Nariño y con los diputados del primer Congreso general del Reino. Reelegido presidente en 1815, lo fue en esta ocasión de todo el Estado, por estar ya Nariño prisionero de los españoles y por haberse unificado el país, poniendo fin a la temporal segregación de Cundinamarca con la capital, que pasó a serlo de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Uno de los hechos que empañaron el buen recuerdo de Torres, por parte de sus contemporáneos, fue la sorda oposición que hizo a Antonio Nariño, agravada por el hecho de negarse rotundamente a defenderlo durante el proceso que se adelantaba en su contra por la traducción y publicación de Los derechos del hombre y del ciudadano.

Desembarcada en 1816 la gran expedición española del general Pablo Morillo, ante las derrotas de los patriotas, dimitió el 14 de marzo, sucediéndole José Fernández Madrid, y se vio obligado a trasladarse al Sur. Mientras intentaba huir de la persecución instaurada por Morillo en Santa Fe, Camilo Torres fue apresado en compañía de Torices y del conde de Casa Valencia y Ulloa en el puerto de Buenaventura, cuando intentaban abordar un buque corsario que los conduciría a Argentina. No se embarcaron en la tarde del día fijado y el buque se dio a la vela en la noche, dejándolos en el puerto. Detenido junto con sus compañeros, Torres fue llevado a Bogotá, donde, sometido a juicio sumarísimo fue fusilado el 5 de octubre de 1816, a los cincuenta años de edad. Su cuerpo fue luego suspendido en una horca y posteriormente descuartizado. Conocedor Bolívar de la indigencia en que se hallaba la familia de Torres, escribió a Francisco Santander (1792- 1840) ordenando que anualmente se le transfiriesen 1000 pesos de los 30.000 de su sueldo personal.

En resumen, Torres, modesto, prudente, silencioso, severo en costumbres y federalista entusiasta, fue un destacado patriota y afamado jurisconsulto; su dominio de la oratoria y del derecho hicieron que se le conociera como el Catón y el Demóstenes colombiano.

Fue el alma de la política de su patria durante los angustiosos momentos previos a la Independencia, y está considerado como uno de los primeros libertadores de Venezuela, pues respaldó totalmente al coronel Bolívar (1812), en los peores años de la lucha por la independencia americana, dándole autoridad y recursos para llevar a buen fin los planes de la campaña de 1814.

Las ideas de Camilo Torres nos lo presentan como el primero de los pensadores neogranadinos y como a uno de los conductores más interesantes y dignos de estudio en la historia del independentismo hispanoamericano. Su vida fue limpia y generosa, de acción incesante y ejemplar. Legó una obra bastante profunda, a pesar de su agitada carrera política, que no fue obstáculo para el desarrollo armónico de su reflexiva existencia interior.

 

Obras de ~: Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, el 20 de noviembre de 1809, Bogotá 1832 [en Memorial de agravios, ed. de N. Lora, Bogotá, Librería Voluntad, 1960 (2.ª ed.)]; Acta de federación de las provincias de Nueva Granada; El memorial de agravios, pregón de la independencia, Tunja, Colombia, Departamento de Extensión Cultural de Boyacá, 1960.

 

Bibl.: R. Azpurúa, Biografías de hombres notables de Hispanoamérica, Caracas, Imp. Nacional, 1877; VV. AA., Bolívar, Camilo Torres y Francisco Antonio Zea, Bogotá, Editorial Minerva, 1936; Gran Enciclopedia de Colombia, Bogotá, 1960; G. Guzmán Campos, El padre Camilo Torres, México, Siglo XXI, 1977; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, Madrid, Alianza Editorial, 1981, 3 vols.

 

Antonio Astorgano Abajo