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Kolaios de Samos

Biografía

Kolaios de Samos. Samos (Grecia), c. 690 – 625 a. C. Navegante y armador samio, descubridor de Tartessos.

Herodoto (IV, 152) refiere en sus Historias la fabulosa aventura del samio Kolaios, probablemente recogiendo noticias oídas en las islas de Samos y Tera, confirmadas por un monumental caldero expuesto como exvoto en el templo de Hera en Samos. Según Herodoto, “una nave samia en ruta hacia Egipto, de la que Kolaios era el patrón, fue arrastrada al islote de Platea, en la costa libia”. Allí encontraron al cretense Corobio, un pescador de múrex (concha utilizada para obtener púrpura), quien les contó cómo, una vez, llevado por el viento, había llegado a Libia, precisamente al islote de Platea, por lo que conocía el camino. Por ello, había acompañado hasta allí a unos colonos de Tera que querían fundar en ese lugar de la Cirenaica una colonia por orden del oráculo de Delfos.

Mientras estos volvían de su tierra, donde habían vuelto a por más gente, “los samios dejaron a Corobio víveres para un año y, partiendo de la isla, se echaron a navegar deseando llegar a Egipto, pero se vieron empujados lejos por el viento de Levante. Y como el viento no dejaba de soplar, atravesaron las Columnas de Hércules y llegaron a Tartessos, guiados por una divinidad. Este mercado estaba hasta entonces virgen, de modo que de regreso los samios obtuvieron de sus mercancías las mayores ganancias jamás logradas por los griegos de los que exista noticia, tras Sóstrato de Egina, el hijo de Laodamante, pues con éste no puede compararse nadie. Los samios, tomando como décima parte de las ganancias 6 talentos [224,64 kg.], se hicieron construir un gran caldero de bronce a modo de crátera argólica con cabezas de grifos sobresalientes a su alrededor y lo dedicaron en el Heraion [templo de Hera], dispuesto sobre un trípode formado por tres colosos de bronce arrodillados de 7 codos de altura [3,65 m.]”. Este don pudiera hacer referencia a los banquetes rituales de hospitalidad aristocráticos, para lo que se usaban estos suntuosos vasos. Además, las excavaciones en Samos han descubierto en 1983 una plataforma de piedra de unos 25-30 metros de largo, construida a fines del siglo vii a. C., que pudo servir para depositar como exvoto un barco, que, por sus proporciones, pudo ser el barco de guerra de Kolaios.

El navegante Kolaios puede considerarse como la primera figura histórica de la Península Ibérica, aunque su personalidad debe interpretarse en el contexto del carácter semifabuloso de la narración de Herodoto.

Esta se enmarca en la historia del descubrimiento y colonización del Mediterráneo por los griegos en el período arcaico. En concreto, algunos exvotos hallados en el Heraion de Samos han confirmado la gran actividad comercial internacional de la isla en ese período.

Por ello, el viaje de Kolaios parece haber sido real, pero la narración encierra elementos fabulosos y semimíticos, que la investigación actual puede diferenciar, como cruzar sin escalas los 2.500 kilómetros que supone atravesar todo el Mediterráneo.

Según Herodoto, Kolaios era un “να´uκληρος”, esto es, el armador, propietario, patrón, capitán y piloto de su barco, por lo tanto de alta posición social y económica, que hacía viajes en busca de ganancia. Su nave quizá ya fuera un pentacóntero, barco de guerra impulsado por cincuenta remos, como los que los focenses utilizaron para sus navegaciones, pues les daban mayor agilidad con sus remos y más rapidez y seguridad en caso de combate, puesto que navegación, comercio y piratería se practicaban conjuntamente.

El barco se dirigía a Egipto, probablemente a Náucratis, la única factoría comercial permitida en Egipto, donde actuaban diversas ciudades jonias y eolias y donde los samios tenían un templo de Hera. Egipto era también visitado desde siempre por los fenicios, por lo que es posible que, en esos viajes, Kolaios, más que arrastrado por los vientos dos mil kilómetros o “guiado por una divinidad”, en realidad conociera la ruta que los fenicios usaban por el norte de África para llegar al Occidente del Mediterráneo. Este camino parece haber sido descubierto en época posmicénica (siglos xii-x a. C.), pues evitaba pasar por Grecia, el sur de Italia, Sicilia y Córcega. Kolaios, siguiendo esa ruta, llegaría a Tartessos, rico en oro, plata, marfil del norte de África y otros valiosos productos, que pudo conseguir ventajosamente, quizás con ayuda de prácticas corsarias, aunque Herodoto indica que dicho mercado hasta entonces nunca había sido explotado por los griegos. En todo caso, consiguió la fabulosa cifra de 60 talentos de ganancia (2.246,4 kilogramos, calculados según el peso del talento de Egina). Aunque Herodoto tampoco dice si dicha cantidad era de oro o de plata, es de suponer que fuera de plata, que constituía la principal producción de Tartessos. En todo caso, este pesado cargamento resulta asumible para un barco de la época y representaría en la Grecia de su época una riqueza fabulosa, lo que contribuiría a la leyenda del viaje y a que el exvoto donado al Heraion de Samos hiciera perdurar su fama entre los griegos hasta tiempos de Herodoto (c. 490-424 a. C.).

Sin embargo, tampoco es del todo verídico que Tartessos fuera un mercado virgen, aunque sí lo sería para los griegos de Jonia. Las investigaciones recientes han permitido indirectamente confirmar y fechar la actividad de Kolaios. Cuatro peinetas de marfil hispano- fenicias depositadas como exvoto en el Heraion de Samos antes del 640-630 a. C. ofrecen la misma forma y decoración grabada que las usadas en Tartessos procedentes de talleres hispano-fenicios a su servicio, por lo que constituyen un documento que confirma la veracidad del viaje de Kolaios, que se situaría hacia el 670-650 a. C., ya que la producción de dichos marfiles es posterior al 700 a. C., pero antes de la fundación de Cirene realizada hacia el 631 a. C.

En esas fechas Tartessos ya era conocido, pues parece haber sido visitado por navegantes de los “Pueblos del Mar” desde fines del II milenio (siglos XII - XI a. C.), seguidos de chipriotas y fenicios a partir del siglo x a. C., ya que la Biblia ofrece numerosas alusiones a Tarsis (1 Reyes, 10, 22; Isaías, 60, 9; etc.), lleno de “toda clase de mercancías, plata, hierro, estaño y plomo” (Ezequiel, 27, 12), tradición que también llegó a Grecia (Diodoro Sículo, V, 35, 4). Poco después, los eubeos, primeros colonizadores griegos del Occidente, parecen haber comerciado en Tartessos, pues cerámicas eubeas han aparecido en Huelva (c. 850-750 a. C.) y su huella pudiera verse en los nombres en “oussa” que jalonan una ruta marítima por las islas del Mediterráneo.

Pero Kolaios, como personaje histórico, fue el “descubridor” de Tartessos, aproximadamente una generación antes que los jonios de Focea. Estos, quizás atraídos por el éxito de Kolaios, aproximadamente una generación después, fueron, según Herodoto (I, 163-167), “los primeros de los griegos en hacer largos viajes por mar, pues ellos descubrieron el Adriático, el Tirreno, Iberia y Tartessos, navegando no en naves redondas de carga, sino en barcos de guerra de 50 remeros [pentaconteros]”. Son los focenses los que, a partir de fines del siglo vii a. C., “cuando llegaron a Tartessos entablaron amistad con el rey Argantonios [el Hombre de la Plata]”, abriendo definitivamente ese fabuloso mercado al mundo griego hasta mediados de siglo vi a. C., en el que Tartessos desaparece de la Historia a causa de conflictos coloniales y de crisis sociopolíticas internas.

 

Bibl.: Herodoto, Historias, IV, 152; Schoch, “Kolaios”, en Real-Encyclopädie der classischen Altertumswissenschaft, supl. IV, Stuttgart, 1924, col. 942; A. García y Bellido, Hispania Graeca, Barcelona, Instituto Español de Estudios Mediterráneos, 1948, págs. 116-124.; “Kolaios de Samos, el ‘Colón’ griego que descubrió España”, en Clavileño, II, 10 (1951), págs. 29-32; F. Gisinger, “Kolaios”, en Real-Encyclopädie der classischen Altertumswissenschaft, supl. VIII, Stuttgart, 1956 (1962), col. 253-254; B. Freyer-Schauenburg, “Kolaios und die westphönizischen Elfenbeine”, en Madrider Mitteilungen, 7 (1966), págs. 89-107; R. O lmos, “Los griegos en Tarteso: replanteamiento histórico-arqueológico del problema”, en Homenaje a Luis Siret (1934-1984), Sevilla, Subdirección General de Museos, 1986, págs. 585-600; F. J. Gómez Espelosín, “Heródoto, Coleo y la Historia de España Antigua”, en Polis, 5 (1993), págs. 151-162; J. Mangas y D. Plácido (eds.), La Península Ibérica en los autores griegos: de Homero a Platón (Testimonia Hispaniae Antiquae IIA), Madrid, Fundación de Estudios Romanos, 1998, págs. 238-249; M. A. T iverios, “Hallazgos tartésicos en el Hereo de Samos”, en P. Cabrera Bonet y C. Sánchez Fernández (eds.), Los Griegos en España. Tras las huellas de Heracles, Madrid, Secretaría de Estado de Cultura, 2000, págs. 66-84.

 

Martín Almagro-Gorbea