Ayuda

Domingo de Santo Tomás

Biografía

Domingo de Santo Tomás. ¿Sevilla?, 1499 – Lima (Perú), 1570. Misionero, dominico (OP), autor de la primera gramática quechua.

Nació probablemente en Sevilla. Llegó al Perú en 1540 (aprox.). Se preocupó por estudiar la lengua quechua como instrumento para la evangelización de los indios del Perú. Compuso una gramática para facilitar a los conquistadores sus primeros contactos con los naturales. Se imprimió en Valladolid en 1560 y fray Domingo de Santo Tomás la llevó al Perú en julio de 1561. Fue quien informó a Cieza de León sobre la vida y costumbres antiguas de los indios peruanos.

La Provincia Dominica del Perú se estableció el 4 de enero de 1540, siendo su primer provincial fray Tomás de San Martín quien inició verdaderamente el adoctrinamiento de los indios en todo el Perú. Precisamente, fray Tomás de San Martín envía a fray Domingo de Santo Tomás a Trujillo junto con otros dominicos para que empezaran a evangelizar las regiones próximas.

Dice Pedro Cieza de León sobre fray Domingo de Santo Tomás: “Es uno de los que más sabe la lengua y ha estado mucho tiempo entre estos indios y doctrinándolos en las cosas de nuestra Santa fe Católica; así que por lo que yo vi y comprendí el tiempo que anduve por aquellos valles y por la relación que tengo de fray Domingo de Santo Tomás”. En 1545 fue nombrado prior del Convento de Lima. En el año 1548 pasó a Cuzco para asistir, donde entre otras cosas se acordó crear un Estudio General que antecede a la Universidad de San Marcos de Lima. Luego se le encomendó la catequización de los indios de las calles de Chicama, Aucallama y Chancay. El mismo año de 1545 fue elegido prior del Convento de Lima.

En 1548 fundó un Convento en Chincha auspiciado por La Gasca. En su viaje de 1548 a Cuzco se encontró con La Gasca en Jauja y lo acompañó al Capítulo de Cuzco. En este Capítulo fue nombrado lector en Lima y se dedicó a la enseñanza. En el mismo Capítulo se creó la primera cátedra de quechua en la Universidad de San Marcos, pensada para la correcta traducción de la experiencia de la fe cristiana a la lengua indígena. Ya el arzobispo Loayza había llamado la atención sobre la necesidad de la instrucción en quechua (1545). La Cátedra sería la base académica para que los doctrineros y catequistas obtuvieron el grado de “Doctor de los indios”, después de haber llevado el curso en el mismo Capítulo, se redistribuyó a los religiosos dominicos, fray Domingo de Santo Tomás fue a visitar algunas encomiendas de Lima. Según Isacio Pérez Fernández el primer esfuerzo para evangelizar en lengua quechua a los indios de Perú fue de los Dominicos y puede fecharse entre 1541 y 1545, haciendo referencia a unas cartillas para la catequesis, escrita en quechua, por varios autores en esos años.

Isacio Pérez Fernández cree que uno de esos autores fue fray Domingo de Santo Tomás pues entonces ya estaba reuniendo material para su Lexicón y su Gramática.

A pesar de la resistencia del alto clero al adoctrinamiento en quechua, y gracias al auspicio del arzobispo Loayza (1545-1551) las cartillas dispersas se reunieron en una sola, continuándose con la evangelización en lengua india. En su memorial a su sucesor La Gasca ordena que fray Domingo de Santo Tomás continúe con la tasación del tributo indígena, nombrándolo miembro de la comisión del segundo repartimiento de encomiendas junto a Andrés de Cianca y el arzobispo Loayza. Por experiencia creía que la idea de los obispos de imponer diezmos a los indios retardaría su conversión. Así lo expresó en una carta al Rey del 1 de julio de 1550. Se queja de las restricciones que tenían los religiosos en la administración de los sacramentos. Dando inicio a la discusión sobre la competencia y jurisdicción de los religiosos respecto a los obispos. Hasta ese momento los religiosos llevaron la instrucción y la conversión de los naturales, pero al llegar a sus nuevas diócesis, los obispos reclaman la administración de los sacramentos y la obediencia de los religiosos. Las Órdenes mendicantes rechazaron someterse a los obispos porque consideraban el asunto una intromisión de la jerarquía eclesiástica, lo cual provocó que éstos solicitaran proveer sus parroquias con curas diocesanos y diezmaran no sólo los españoles sino también los indígenas. La carta de fray Domingo de Santo Tomás es también una descripción de la situación indígena desde el descubrimiento del Perú hasta la pacificación de La Gasca.

Resalta la importancia de la tasación encomendada por La Gasca para la protección de los indígenas, pues antes de la tasación “A esta pobre gente les pedía mil, mil habían de dar […] y sobre esto quemaban a los caciques y los echaban a perros y otros muchos malos tratamientos y les quitaban el señorío y el mando se lo daban a quien les parecía buen verdugo de los pobres indios para cumplir su voluntad y codicia desordenada”.

Sobre el trabajo de los naturales en las minas dice que “no sólo hay mal en quitarles la libertad y echarles a morir y para su perdición […] es en suma lo mucho del desorden y daño que acerca destas minas hay y doy fe a vuestra alteza como cristiano, que si no se pone orden muy en breve se destruirá la tierra”.

Finalmente se muestra partidario de la restitución lascasiana de los dineros mal habidos de las encomiendas e intervino en las gestiones para que se restituya en las provincias más necesitadas y disipadas de la tierra en obras de Republica de ellas […] en pro de los naturales de cuya vida y sangre ha salido esa plata y oro que a vuestra alteza le llevan”.

Fray Domingo de Santo Tomás intervino indirectamente en la divulgación de la Real Provisión que autorizaba a Cebrián de Caritate la “exclusividad” de llevar camellos al Perú. Se pensaba que la fuerza de los camellos servía para alivianar las cargas que sobre los hombros agobiaban a los sufridos indígenas.

Según Isacio Pérez Fernández fue una manera estrafalaria de recordar a los miembros de la Audiencia el Auto de suspensión del trabajo indígena, dado por La Gasca al partir del Perú ( 22 de febrero de 1542), y de ofrecerles una salida cambiando camellos por trabajo personal. La Provisión llegó en abril de 1552 y los oidores pensaron en divulgar la Real Cedula de supresión del servicio personal de los indios, pero la provisión sobre la importación de camellos les hizo reflexionar sobre la conveniencia de tal divulgación.

Temían que se produjeran desmanes entre los encomenderos por la idea de remplazar indios con camellos.

En ese momento fray Domingo de Santo Tomás mostró una carta a los oidores donde el obispo de Chiapas, fray Bartolomé de las Casas, se asombraba de que los oidores no hubieran ejecutado la Cédula de supresión del servicio personal de indios, incluso precisa que eso era responsabilidad de la Audiencia y el virrey y no del Consejo de Indias. Ésta sería la primera prueba del contacto epistolar entre Las Casas y fray Domingo de Santo Tomás. Su primer contacto personal se produciría en el otoño de 1556, cuando fray Domingo de Santo Tomás visitaba Valladolid.

La defensa de los indios que pregonaba fray Domingo de Santo Tomás se basaba en el reconocimiento de la autoridad del Rey y en rechazo de las atribuciones de los encomenderos. Alguna vez el oidor Pedro de Mercado de Peñalosa en presencia de fray Domingo de Santo Tomás aprovechó una conversación sobre los derechos de Carlos I al reino de Nápoles para cuestionar los derechos reales a las Indias: “¿es el rey pariente de Guaynacaba (Huayna Capac) o cómo tiene esta tierra?”. El fiscal Juan Fernández y fray Domingo de Santo Tomás reprendieron su actitud con la dureza de su indiferencia. Su trabajo evangelizador tiene especial valor porque fue le primero en estudiar y difundir entre los predicadores los conocimientos sobre las lenguas del Perú. Su pertenencía a la Orden Dominica y su competencia académica le dieron un papel preponderante en los primeros años lascasianos de la Universidad de San Marcos en el siglo XVI. Se encargó del dictado de los primeros cursos del Estudio General del noviciado y luego en la Universidad de San Marcos. Además fue él quien solicitó la Bula Pontificia de confirmación (1571). Asimismo se doctoró en la Universidad de San Marcos de Lima, donde se encargó de dictar las cátedras de Retórica, Gramática, Artes y Teología. En los primeros años de conquista participó en la fundación de conventos, la enseñanza a los indios y la pacificación de las guerras civiles entre los conquistadores. En 1545 fue prior de su convento en la ciudad de Lima y visitador de la Provincia en 1551. En 1553 fue predicador general y lector de Teología. En 1551, el general de la Orden Dominica le designó vicario general. En Lima, el arzobispo Loayza le ordenó empadronar y tasar el tributo indígena, ganándose la enemistad de los encomenderos.

Pertenece al grupo de dominicos lascasistas que no se limitaron a denunciar y condenar el abuso encomendero contra los indígenas, sino que, a través de la elaboración de memoriales y asesoría legal en juicios, enseñaron a los indios a defenderse con los mecanismo legales de la época. Precisamente el 19 de julio de 1559, los caciques indios, reunidos en la Ciudad de los Reyes, nombraron procuradores al padre Las Casas (en España), fray Domingo de Santo Tomás (Perú) y fray Alonso Méndez, para contrarrestar un Memorial de los encomenderos peruleros, donde ofrecen a Felipe II siete o nueve millones de ducados por la perpetuidad de la encomienda. El padre Las Casas y fray Domingo de Santo Tomás ofrecieron como contraoferta y en representación de los caciques indios del Perú dos millones más de los propuestos por los encomenderos, para impedir que se concediera la perpetuidad. Ambas partes sabían que no podían pagar los millones ofrecidos. El objetivo de ambas partes era ganar tiempo y la voluntad del Rey.

Fray Domingo de Santo Tomás impidió la perpetuidad de la encomienda. Lo contrario hubiera significado una forma de feudalismo en el marco de una “teoría organicista” de la sociedad. En un memorial de los encomenderos se decía que ellos eran los huesos que sustentan la república o la comunidad” o sea el grupo dominante. Por esto debían estar fortalecidos con la perpetuidad de la encomienda más la jurisdicción civil y criminal sobre los indios. Delegar el poder en particular era inaceptable en una monarquía absoluta, que, al contrario, concentraba el poder en el Rey. La coordinación de la contraoferta de los caciques de Lima se logró en el primer encuentro personal entre el padre Las Casas y fray Domingo de Santo Tomás en 1556. Fray Domingo de Santo Tomás logró del papa Paulo IV un jubileo plenísimo para el Hospital de Santa Ana a petición del arzobispo Loayza.

Volvió al Perú en 1561 y al año siguiente recibió la bula que lo nombraba obispo de Charcas. Fue consagrado en la Iglesia de Santo Domingo de Lima, por el arzobispo Loayza. A su regreso muere atacado por una enfermedad. Sus restos descansan en la Catedral del Obispado de Charcas. En opinión de Raúl Porras Barrenechea, la Gramática de fray Domingo de Santo Tomás recoge los primeros conocimientos de la lengua índica peruana, que hasta entonces los españoles habían logrado compilar de manera desordenada. Estos datos aumentaban progresivamente conforme se ampliaba su labor evangelizadora, ya que no sólo estuvo en el Cuzco sino que viajó también por la costa peruana.

La riqueza histórica del Vocabulario es haber sido preparado en una época muy cercana al incario. Precisamente en sus páginas encontramos las instituciones Incas más antiguas, así como los nombres de sus “administrativos” y sus funciones específicas. Raúl Porras Barrenechea opina que fray Domingo de Santo Tomás es el iniciador de los estudios quechuísticos y que bautizó con el nombre de Quechua la conocido Runa Simi o Lengua General Inca. González Holguín usó la palabra quechua tomando como referencia a fray Domingo de Santo Tomás. En 1616 Alonso de Huerta también usó el término quechua. Más tarde los estudiosos republicanos del quechua recogieron este nombre tradicional de Pacheco Zegarra, quien divulgó la denominación en el siglo xix. Otros autores acompañan a fray Domingo de Santo Tomás en los primeros estudios de las lenguas índicas. Fray Benito de Jarandia se ocupó de la lengua Yunga y la de los indios chicamas, fray Pedro de Aparicio compuso un arte de la lengua chimú y el presbítero Roque de Cejuela elaboró un Catecismo en lengua yunga y castellana del Perú escrita antes de 1585.

Desde el siglo xvi se inició un debate sobre la política lingüística a seguir en la catequesis. Unos propugnaban la castellanización. Uno de los argumentos se basaba en el ejemplo del Imperio Romano que impuso con éxito el latín. Los de esta opinión recordaban el texto de Antonio de Lebrija en su Gramática: “La lengua va con el Imperio”. Otros quechuistas optaron por el bilingüismo. Al publicar Grammatica y el Lexicón, fray Domingo de Santo Tomás optó por el quechua, sin desestimar el castellano. El quechuismo, que aún perdura en el Perú es heredera de la obra de fray Domingo de Santo Tomás. Por diversas iniciativas el quechua se convirtió en el idioma oficial de la Iglesia. En el debate intervino Felipe II, quien mandó dejarlos en su lengua. En este contexto general se crearon las cátedras de Lengua en las universidades de México y Lima. Como reacción a la revolución de Tupac Amaru II el visitador Antonio de Areche cerró la cátedra en San Marcos (1784); fue reabierta en 1936. El lingüista Rodolfo Cerrón Palomino cree que el quechua se originó principalmente en la costa.

Esa variedad fue la que oficializaron los Incas. El quechua cuzqueño viene a ser, entonces, un desarrollo posterior de la variante quinchay suyo con influencia aymara. Sus investigaciones lo han llevado a plantear que el quechua del que se ocupó Domingo de Santo Tomás desapareció a mediados del siglo XVII.

Así, el único testimonio que queda del quinchay suyo es el Lexicón y la Grammatica.

 

Obras de ~: Gramática o Arte de la Lengua General de los Indios de los Reinos del Perú. Nuevamente compuesta por el maestro Fray Domingo morador en los dichos reinos, Valladolid, 1560 (Lima, 1951); Lexicón o Vocabulario de la lengua general del Perú llamada quichua, Valladolid, 1560.

 

Bibl.: M. de Mendiburu, Diccionario Histórico-biográfico del Perú, Lima, Biblioteca Nacional del Perú, 1805-1885; R. Porras, “Fray Domingo de Santo Tomás fundador de la Universidad y descubridor del Quechua”, en El Comercio (Lima), 12 y 14 de mayo de 1955; E. Romero de Valle, Diccionario manual de literatura peruana y materias afines, Lima, ed. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966; F. de Solano, Documentos sobre política lingüística en Hispanoamérica (1492-1800), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1999; I. Pérez Fernández, Bartolomé de las Casas en el Perú, Cuzco, Ed. CBC, 1988; R. Cerrón Palomino, Lingüística Quechua, Cuzco, Centro Bartolomé de las Casas, 2003; R. Cerrón Palomino, “La piedra donde se posó la lechuza. Historia de un nombre”, en Lexis (Revista de Lingüística y Literatura), PUCP (2006).

 

Yovani Soto Villanueva