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Sebastián Caboto

Biografía

Caboto (Gabotto o Cabot), Sebastián. Venecia (Italia), c. 1474 – Londres (Inglaterra), 1557. Navegante, explorador, cartógrafo, miembro del Consejo de Indias y piloto mayor del Reino.

Hijo de Juan Caboto, marino al servicio de la Corona inglesa, junto con quien aseguraba haberse embarcado en 1497 en la expedición que partió de Bristol, y que, según ellos, habían arribado a Terranova y a la península del Labrador. Aunque hay dudas sobre la veracidad de estos hechos, lo cierto es que, a pesar de que pudieran ser considerados los descubridores de América del Norte —obviando, claro está, la llegada de los navegantes vikingos cinco siglos antes—, la expedición se consideró un fracaso, ya que fallaron en su objetivo primordial de encontrar el paso hacia las Indias Orientales. Afortunadamente no acompañó a su padre en la segunda expedición que le costó la vida.

En 1509, Sebastián Caboto participó de nuevo en un viaje bajo bandera inglesa buscando un paso por el Noroeste hacia Oriente, en el que, según su relato, alcanzó a navegar por las aguas de la bahía de Houston (un siglo antes que Houston). Ello es muy probable, si bien su tendencia a la egolatría y la falta de documentación exacta hacen que sigan existiendo dudas al respecto.

Después de estas expediciones prestó servicios como cartógrafo en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra.

En 1512, dada su fama de marino y cartógrafo, fue contratado por el rey Fernando el Católico para desempeñar diversos cargos de cartógrafo y asesor del Consejo de Indias. Tras la muerte del rey Fernando, regresa a Inglaterra, donde infructuosamente trata de obtener permisos y financiación para una nueva exploración por el Atlántico norte.

En 1517, el emperador Carlos I de España lo contrata como miembro del Consejo de Indias y al año siguiente lo nombra capitán y piloto mayor del reino.

Se sabe que durante estos años, secretamente, se ofreció y negoció con la República de Venecia la organización de una expedición en busca del paso del noroeste hacia las Indias Orientales y China.

En 1525, Carlos I le encomienda una expedición hacia las Malucas, en la que primero debía auxiliar a los náufragos de Magallanes y después encontrar definitivamente el paso hacia el Pacífico, para así contrarrestar el avance portugués en aquel océano. La flota de Caboto, formada por tres naves de más de ciento cincuenta hombres cada una, zarpó de Sevilla en abril de 1526.

Los barcos de Caboto alcanzaron la costa brasileña, muy cerca del estuario del Plata, sin muchas complicaciones.

Allí escuchó las fabulosas historias sobre ciudades de oro y sierras de plata, que le contase un tal Melchor Ramírez, náufrago de la expedición de Juan Díaz de Solís (1516). Desobedeciendo su mandato, remontó el Río de la Plata e incursionó en el Paraná.

Por esas tierras se encontraba el conquistador español Diego García de Moguer, quien había arribado al estuario del Plata unos meses antes y andaba organizando hombres y barcos para remontar las aguas del río y buscar la Sierra de la Plata. Así las cosas, obnubilado por el sueño de un Dorado austral, Sebastián Caboto decidió abandonar totalmente su misión y dedicarse a encontrar las riquezas que no existían.

En la primavera de 1527, en la costa oriental del Río de la Plata, frente a la desembocadura del Paraná, construyó un primer fortín, Puerto de San Lorenzo, que pronto sería abandonado. Poco después, el 9 de junio de 1527, cerca de la desembocadura del Carcarañá en el río Paraná (unos cincuenta kilómetros más al norte de la actual ciudad argentina de Rosario), levantó otro modesto fuerte al que llamó Sancti Spiritu, la primera fundación en tierras Argentinas.

Tras unos meses de descanso, dejó en él una pequeña guarnición y continuó sus exploraciones.

Durante más de tres años Caboto mandó, y dirigió él mismo, diversas expediciones en busca de tesoros, adentrándose por los ríos Paraguay, Paraná, donde alcanzó los rápidos de Apipé, y Bermejo. La hostilidad de los indios, las dificultades del terreno y los nulos resultados hicieron desistir a Caboto. Todo lo que consiguió fue el nacimiento de una leyenda, gracias al informe y, comentarios de la expedición comandada por uno de sus lugartenientes, Francisco César.

Éste alcanzó con sus hombres Charcas y aderezó el relato de su aventura con fantasías salidas de la imaginación de los indios y de su propio deseo. De su relato nació la leyenda de la Ciudad de los Césares, un inexistente poblado donde todo era oro y plata.

Caboto regresó a España en 1530 sin haber encontrado ningún tesoro y sin haber cumplido su misión.

Al arribar fue enjuiciado, acusado de desobediencia y de mala administración. También Diego García de Moguer le planteó pleito por haber entrado en lo que consideraba su jurisdicción, así como parientes y viudas de algunos de los marineros que jamás regresaron.

Condenado a prisión y destierro, pasó cuatro años en Orán, hasta que el rey Carlos lo indultó y le devolvió el cargo y el sueldo de piloto mayor. Vivió tres años en Sevilla, examinando a jóvenes marinos y vendiendo mapas y cartas de navegación, mientras sus relatos expandían el mito de la Ciudad de los Césares. Mantuvo una agria polémica con el gran cosmógrafo Pedro de Medina, quien le denunció por prácticas irregulares en su cargo de piloto mayor de la Casa de Contratación.

Harto de la inactividad y los litigios, en 1544 Sebastián Caboto marchó a Inglaterra, donde el recuerdo de su padre, y algunos buenos contactos, le permitieron que el rey Eduardo VI le nombrase presidente de la Asociación de Mercaderes y miembro de la Marina real, con sueldo vitalicio. Participó en la preparación de algunas expediciones hacia Canadá, que luego fracasaron.

En 1551, con el apoyo del rey Eduardo y la presidencia del duque de Northumberland, Caboto fundó la Muscovy Company of Merchant Adventures, una sociedad mercantil con el objetivo de establecer una vía marítima por el noreste del Atlántico, que asegurase las rutas comerciales entre Europa, Rusia y Asia.

Uno de los pilotos que trabajaba en dicha compañía, en la expedición de sir Hugh Willoughby, Richard Chancellor, en 1554 logró superar toda la península escandinava, llegar al mar de Barents y desembarcar en la ciudad rusa de Archangelsk, en el mar Blanco, estableciéndose así las primeras relaciones políticas y comerciales entre Inglaterra y Rusia.

La muerte sorprendió a Caboto en Londres, en 1557, cuando preparaba un viaje a través del Ártico.

De su actividad como cosmógrafo, queda un atractivo planisferio, editado en Amberes en 1544, que, aunque lleno de errores, posee unos espléndidos dibujos de la fauna real e imaginaria, de los lugares, así como personajes fabulosos acompañados de relatos tomados de fuentes medievales.

Sebastián Caboto señala en dicho mapa que su padre tocó tierra en Norteamérica unos cincuenta grados latitud norte, mientras que los demás cosmógrafos, entre ellos Juan de La Cosa y Diego Ribero, siempre lo situaron diez grados más al norte. Se ha especulado que quizá esto fue intencionado para apoyar las reclamaciones británicas sobre esta zona de Canadá frente a las pretensiones galas. También Caboto señala la presencia del navegante francés Jacobo Cartier en la zona en 1534. Para la parte sur de Norteamérica, el cosmógrafo se basó en las transcripciones de los exploradores de las expediciones de Francisco de Ulloa (1539) y de Coronado (1540-1542). Dibuja la baja California como una península, al igual que la desembocadura del río Colorado.

La parte mejor trazada es la del Amazonas y la del Río de la Plata, territorios ambos explorados por él.

Por el contrario, y aunque parezca extraño, el continente con más errores en su diseño es Europa, pues la mayoría de sus delineaciones están equivocadas.

 

Bibl.: J. Toribio Medina, El veneciano Sebastián Caboto, al servicio de España y especialmente de su proyectado viaje a las Molucas por el estrecho de Magallanes y al reconocimiento de la costa del continente hasta la gobernación de Pedrarias Dávila, Santiago de Chile, Impresión y Encuadernación Universitaria, 1908; A. Ballesteros y Beretta, Historia de España y su influencia en la historia universal, vol. IV, segunda parte, Barcelona, Salvat editores, 1949; F. Esteve Barba, Cultura Virreinal, Barcelona, Salvat editores, 1965; R. Bidde, A Memoir of Sebastian Cabot, Freeport (New York), Books for Libraries Press, 1970; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, Madrid, Alianza Editorial, 1981; J. M.ª López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotons y E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Península, 1983; J. M.ª González Ochoa, Quién es Quién en la América del Descubrimiento, Madrid, Acento, 2003.

 

José María González Ochoa