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Gaspar de Borja y Velasco

Biografía

Borja y Velasco, Gaspar de. Villalpando (Zamora), 26.VI.1580 – Madrid, 28.XII.1645. Cardenal, arzobispo de Sevilla y Toledo, embajador de Felipe IV ante Urbano VIII, gobernador del Milanesado, presidente del Consejo Real de Aragón y del de Italia, virrey de Nápoles.

Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la parroquia de San Miguel de Villalpando. Hijo del sexto duque de Gandía, Francisco de Borja, y de Juana Enríquez de Velasco. Era biznieto de san Francisco de Borja y primo del duque de Lerma, el todopoderoso valido de Felipe III. Estudió en la Universidad de Alcalá, siendo colegial en el Colegio Mayor de San Ildefonso. Pronto fue nombrado canónigo y arcediano de la iglesia de Cuenca, y más tarde arcediano en la catedral de Toledo. Ordenado presbítero, dijo su primera misa en el noviciado de la Compañía de Jesús en Madrid, haciendo así presente a su ascendiente san Francisco de Borja, tercer padre general de la Compañía.

Gaspar de Borja y Velasco fue una de las figuras más polémicas e interesantes de la política española del siglo xvii. Fue creado cardenal por Pablo V el 17 de agosto de 1611, y comenzó a residir habitualmente en Roma. Primero ostentó el título de cardenal de Santa Susana y, a partir de 1612, el de la Santa Cruz de Jerusalén. Llevó consigo a Roma al ilustre escritor Diego Saavedra Fajardo, el cual desempeñó con él durante diez años el oficio de letrado de cámara.

Intervino en los cónclaves de elección de Gregorio XV y de Urbano VIII. Su carrera eclesiástica y diplomática fue rápida y brillante: embajador de España ante la Santa Sede (1616-1619, 1631-1645); virrey de Nápoles en 1620 sustituyendo al infortunado duque de Osuna, hasta su relevo después de seis meses por el cardenal Antonio Zapata; consejero de Estado en 1623; nombrado obispo de Albano el 15 de julio de 1630, y arzobispo de Sevilla el 19 de febrero de 1632. Recibió la consagración episcopal en Roma, en la basílica de Santa María la Mayor, el 15 de septiembre de 1632, de manos del cardenal Antonio Barberini, OFMCap., obispo de Senigallia (Italia), asistido por Benedetto Baaz, obispo de Umbriatico (Nápoles), y por Martín de León Cárdenas, obispo de Trivento (Italia). El 8 de marzo de 1632, durante la celebración de un consistorio secreto, mantuvo un fuerte enfrentamiento con el papa Urbano VIII, claramente francófilo, al que acusó de grave omisión en el cumplimiento de sus funciones, por no consentir en abrir el tesoro del castillo de Santángelo y conceder otros auxilios en un momento de urgente necesidad de ayuda económica para la defensa de los intereses de la cristiandad; en consecuencia, tuvo que alejarse de Roma.

El enfrentamiento estuvo motivado porque, desde Madrid, se le encargó la misión de presionar al Papa para que se formase una coalición de príncipes católicos frente a los suecos y el bando protestante, comandados por el rey Gustavo Adolfo, y para que enviase subsidios al Emperador, autorizando a Felipe IV de España que pudiese gravar con un impuesto al clero español, al menos durante tres años, y así obtener las necesarias ayudas económicas. Esta propuesta surgía en los momentos más álgidos de la llamada Guerra de los Treinta Años. Luis XIII de Francia y su ministro, el cardenal Richelieu, habían tomado una actitud amenazadora contra los Habsburgo, permitida y propiciada por Urbano VIII. El Papa, ante la petición del embajador español, consintió simplemente en que se recaudasen en un año 600.000 ducados a costa del clero de España y de Cerdeña y la entrega de un irrisorio subsidio de 10.000 ducados al emperador.

La denuncia y protesta verbal del cardenal Borja hizo que el Papa se enfadase y que llegara a las manos con el cardenal Barberini, sobrino del Pontífice.

A partir de ese momento, siendo patente el duro enfrentamiento del cardenal con la familia Barberini, se decidió alejar a Gaspar de Borja de Italia, pues era importante para España y para Roma recuperar el diálogo político y las buenas relaciones. Desde Madrid se procuró alejarlo de Roma, pero no de Italia. Por ello se le nombró gobernador y capitán general del Estado de Milán. Sin embargo, el nombramiento no pudo ser efectivo por la negativa del Papa a concederle la jurisdicción criminal. Los Barberini, buscando el medio de alejarlo incluso de Italia, encontraron la solución mediante una bula papal por la que se obligaba a los prelados a residir en las diócesis de la cuales eran titulares.

En consecuencia, Gaspar de Borja debería trasladarse a su archidiócesis de Sevilla. Los embajadores reales intentaron conseguir una dispensa para él, pero tales esfuerzos no dieron resultados positivos. Por su parte, el cardenal presentó su renuncia a la archidiócesis sevillana, que no fue admitida. Finalmente, la bula borgiana, promulgada casi expresamente para él, le obligó a regresar a la diócesis de Sevilla, de la cual era arzobispo. Tras pasar por Nápoles, llegó a Madrid en 1636. En España se le brindó un verdadero recibimiento de desagravio, siendo agasajado por el Rey en persona. Inmediatamente se dirigió a su archidiócesis sevillana, pero no permaneció mucho tiempo en ella, pues fue nombrado enseguida y sucesivamente presidente del Consejo Real, presidente del Consejo de Aragón y presidente del Consejo de Italia. El 7 de octubre de 1638 administró el sacramento del bautismo a la infanta María Teresa, hija menor del primer matrimonio de Felipe IV, que había de ser la esposa de Luis XIV de Francia.

Cuando en 1642 el Rey partió para las jornadas de Aragón y Cataluña, con ocasión de afrontar la guerra contra Francia y sofocar la sublevación catalana, Gaspar de Borja se trasladó a Madrid para asistir de cerca a la reina Isabel, que había quedado como gobernadora.

En enero de 1643 fue propuesto como arzobispo de Toledo, vacante por la muerte del cardenal infante don Fernando, pero la negativa de Urbano VIII paralizó su nombramiento hasta después de la muerte del Pontífice. Elegido como nuevo papa Inocencio X, pariente lejano de los Borja, la designación de su persona como arzobispo de Toledo se hizo efectiva el 16 de enero de 1645. El 15 de marzo se despidió de Sevilla y el 20 de marzo de ese año tomaba posesión de la archidiócesis toledana mediante procurador. Su labor pastoral en Toledo fue escasa, apenas diez meses, a causa de su fallecimiento.

Gaspar Borja presentó en Roma, en 1645, con motivo del cumplimiento de la visita ad limina un informe sobre el estado de la diócesis. Realizó esta función como procurador del arzobispo, Antonio Solís, racionero de la Santa Iglesia Catedral de Toledo. El escrito constaba de diez páginas escritas en latín. Estaba acompañado de otro escrito, en latín y español, donde se concedía el permiso y la autoridad como procurador a Antonio Solís. El 16 de diciembre de 1645 se mandó desde Roma remitir al arzobispo la respuesta al contenido de su informe.

Murió en Madrid el 28 de diciembre de 1645, día de los Santos Inocentes, y su cuerpo fue trasladado a la catedral de Toledo y enterrado en un sencillo nicho de la capilla de San Ildefonso, en una caja de pizarra negra decorada por una cruz patriarcal dorada.

En el fondo del nicho el cabildo colocó un magnífico retrato al óleo del prelado, obra de Velázquez, el cual permaneció en ese lugar hasta 1808 cuando, por su gran valor y ante el peligro de que fuese robado o destruido, fue depositado en las dependencias de la obra y fábrica, y pasó posteriormente a la sacristía de la catedral primada.

 

Bibl.: F. Fernández de Béthencourt, Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de España, t. IV, Madrid, Enrique Teodoro, 1902, págs. 145- 150; Q. Aldea, “Borja y Velasco, Gaspar de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de la Historia Eclesiástica de España, vol. I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1972, págs. 279-280; F. J. Aranda Pérez, “Don Gaspar de Borja y Velasco”, en VV. AA., Los Primados de Toledo, Toledo, Diputación Provincial, 1993, págs. 12-121; A. Fernández Collado, Los informes de visita ad limina de los arzobispos de Toledo, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2002.

 

Ángel Fernández Collado