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Anselmo Blaser San Martín

Biografía

Blaser San Martín, Anselmo. Sirera (Huesca), 21.IV.1807 – Madrid, 26.III.1872. Jefe militar, teniente general, ministro, senador vitalicio.

Siendo su padre en 1819 capitán del Regimiento Suizo del Káiser n.º 3, pidió a S. M. el Rey que le concediese la gracia de cadete de menor edad, que se le denegó porque no se encontraba sirviendo en ese cuerpo en el momento de su nacimiento, por lo que tuvo que solicitarla al Gobierno del cantón del Tessino, de donde procedía, lo que le obligó a entrar en turno con los demás cantones, haciendo que se retrasase la concesión hasta 1827. Una vez iniciados sus estudios, fue calificado de sobresaliente en todas las asignaturas a lo largo de su carrera, compensando la desventaja de edad que tenía respecto a sus compañeros de estudios con los ascensos por méritos de guerra logrados a lo largo de su vida militar, que le permitirían alcanzar el empleo de coronel a los treinta y tres años.

Promovido a subteniente de Infantería en marzo de 1832, pasó a servir en el Regimiento del Príncipe, del que en febrero del año siguiente fue trasladado a la Guardia Real de Infantería con el empleo de alférez, marchando en el mes de octubre a sofocar el alzamiento carlista que se había iniciado en Talavera de la Reina, y seguidamente a Toledo y a diversas poblaciones de La Mancha para restablecer el orden.

A principios de 1834 siguió a su cuerpo a las provincias de Vizcaya, Navarra y Guipúzcoa, luchando en las acciones de Guernica, Mendaza, Bermeo, Muez, Olazagoitia y otras, destacando muy pronto por su arriesgado valor, que mereció ser recompensado con una Cruz de San Fernando de 1.ª clase y el grado de capitán por su actuación en la acción de Arbizu (Navarra), en la que resultó herido.

Al año siguiente continuó luchando en Navarra, volviendo a dar muestras de su valor durante el sitio de Ciga, en el que al frente de su guerrilla contuvo el ímpetu del enemigo, permitiendo el repliegue de las fuerzas propias que se hallaban aisladas, recibiendo dos heridas de bala, una de ellas muy grave, siéndole por todo ello abierto juicio contradictorio para la concesión de la Cruz de San Fernando de 2.ª clase, que le sería concedida en 1842. En el mes de abril fue ascendido a teniente de la Guardia Real.

El año 1836 lo pasó en Madrid recuperándose de sus heridas y prestando servicio en Palacio. Permaneció en la misma situación hasta que en junio de 1837 se incorporó al Ejército del Centro, interviniendo al mes siguiente en la batalla de Chiva (Valencia), en la que ganó el empleo de capitán por méritos de guerra; seguidamente combatió ininterrumpidamente en numerosas acciones, entre ellas en las de Linares (Teruel), Albocácer (Castellón), Orihuela del Tremedal (Teruel), Arcos de la Cantera (Cuenca), Catí (Castellón) y Villar de Canes (Castellón), alcanzando el empleo de mayor de batallón en septiembre y dándosele a primeros de noviembre el mando de una columna para perseguir al cabecilla Tallada. Su intervención en la acción de Arcos de la Cantera, el 22 de septiembre, le valió la obtención de una segunda Cruz de San Fernando de 1.ª clase.

En 1838 causó baja en la Guardia Real y pasó a pertenecer al Cuerpo de Estado Mayor, combatiendo a continuación en el Maestrazgo y asistiendo al sitio de Morella (Castellón), durante el que volvió a caer herido en el mes de agosto, concediéndosele el empleo de teniente coronel de Infantería por méritos de guerra. Luchó a continuación en Maella (Zaragoza), donde al caer derrotadas ante Cabrera las tropas del general Pardiñas, ayudó a éste a impedir la desbandada de las fuerzas liberales, recibiendo por su comportamiento el grado de coronel.

En 1839 se le concedieron tres meses de licencia para tomar baños en Alhama de Granada con objeto de recuperarse de las heridas recibidas, lo que no llegó a conseguir nunca, por lo que se vio obligado a lo largo de su vida a pedir continuas licencias para restablecer su salud, así como a llevar una vida poco activa al verse aquejado de frecuentes dolores que a veces le exigían guardar absoluto reposo.

Así y todo, en abril de 1840 se encontró en la toma de los castillos de Aliaga y de Alcalá de la Selva, ambos en la provincia de Teruel, concediéndosele en mayo por su brillante actuación en la acción de la Cenia (Tarragona) el empleo de teniente coronel por segunda vez, que en enero de 1847 le sería conmutado por una tercera Cruz de San Fernando de 1.ª clase; en el mes de julio fue agraciado con el ascenso a coronel de Infantería por méritos de guerra.

Al término de la campaña pasó destinado al Estado Mayor del distrito de Aragón, tomando parte en el mes de octubre de 1841 en el sitio de Pamplona, a raíz de la sublevación de O’Donnell contra Espartero.

En los meses de junio y julio de 1843, una vez producido el levantamiento contra Espartero, estuvo presente en el sitio de Teruel, concediéndosele a continuación la licencia absoluta, siendo obligado a salir de Zaragoza. Habiéndose presentado al general Narváez en Calatayud, éste le nombró jefe de Estado Mayor de la fuerza de Infantería a sus órdenes, concurriendo a la acción de Torrejón de Ardoz y al bloqueo y entrada en Madrid, por lo que fue recompensado con el empleo de brigadier, con el que en el mes de septiembre se trasladó a Aragón para hacerse cargo del mando del cuerpo de ejército que se organizó para poner sitio a Zaragoza, por cuya intervención se le premió con una Cruz de San Fernando de 3.ª clase. En diciembre se le concedió licencia para restablecer su salud, pero no llegó a utilizarla.

En 1844 fue nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército Expedicionario a África, y al ser disuelto éste se le volvió a nombrar jefe de Estado Mayor de la Capitanía General de Aragón, pasando en enero de 1845 a desempeñar el mismo cargo en la de Cataluña, concediéndosele en el mes de junio una licencia de seis meses para residir en Francia con el fin de restablecer su salud, ya que no había podido hacerlo dos años antes. Pero al mes siguiente fue dado de baja en el Cuerpo de Estado Mayor y el 18 de julio se le ordenó abandonar Barcelona en cuarenta y ocho horas y fijar en Cuenca su domicilio de cuartel; posteriormente se le permitiría trasladarse a Madrid.

En abril de 1846 se le destinó a las órdenes del mariscal José de la Concha, quien le encomendó el mando de una brigada, con la que contribuyó a sofocar la insurrección que se había producido en Lugo, volviendo a la anterior situación al mes siguiente. En el mes de junio viajó a Francia, Suiza e Italia para solucionar asuntos familiares, y en noviembre se le concedió el ascenso a mariscal de campo.

En abril de 1847 pasó a la situación de actividad al haber sido nombrado jefe de Estado Mayor del Ejército Expedicionario a Portugal, interviniendo en la pacificación de aquel país y siendo recompensado con una segunda Cruz de San Fernando de 3.ª clase. En el mes de agosto solicitó volver a la situación de cuartel, y entre septiembre y noviembre desempeñó el cargo de director general de Infantería, retornando seguidamente a la situación de cuartel en Madrid. En ese mismo año se le concedió la permuta de las cuatro Cruces de San Fernando sin laurear que poseía por una Laureada de 4.ª clase.

Al producirse en 1848 en Madrid el movimiento revolucionario del 26 de marzo, colaboró a título personal en su sofocación. Poco después solicitó cuatro meses de licencia para tomar baños medicinales en Castilla la Vieja.

En junio de 1849 volvió a solicitar cuatro meses de licencia con el mismo fin anterior y con el de solucionar asuntos familiares en Extremadura y Castilla la Vieja. En febrero de 1850 se le concedieron dos meses de licencia para restablecer su salud en Andalucía, en mayo otros dos meses para Granada y en julio cuatro meses para igual fin en Cáceres y Salamanca.

Así continuó hasta que en febrero de 1851 se le confirió el cargo de capitán general de Navarra, manteniéndose en él una vez ascendido a teniente general en junio de 1852, causando baja en el mes de diciembre por haber sido nombrado director general de Carabineros.

En febrero de 1853 recibió el nombramiento de senador con carácter vitalicio y en septiembre siguiente fue nombrado ministro de la Guerra del Gabinete presidido por el conde de San Luis. Al producirse al año siguiente el levantamiento contra el Gobierno, se vio obligado el 30 de junio a enfrentarse en Vicálvaro, en unión del general Quesada, capitán general de Castilla la Nueva, a las tropas que mandaba O’Donnell. Tras el incierto resultado de este enfrentamiento, el 7 de julio salió en persecución de los sublevados, a los que empujó a través de Andalucía hasta la frontera portuguesa, pero tuvo que detener su avance al llegarle órdenes del nuevo Gobierno de que no continuase con la persecución y regresase a Madrid.

Tras el triunfo de la revolución embarcó en Gibraltar con destino a Londres, donde en el mes de septiembre la embajada le expidió pasaporte autorizándole a residir en el extranjero hasta nueva resolución, pasando entonces a Francia, donde la embajada no le reconoció el estatus de emigrado, fijando su residencia en París al habérsele ordenado que permaneciese alejado de la frontera con España más de treinta leguas.

En marzo de 1855, cuando se le habían terminado sus recursos económicos, solicitó permiso para viajar a Alemania, Suiza e Italia, a fin de buscar el apoyo de familiares y amigos, pero se le prohibió salir de París hasta que las Cortes no decidiesen sobre la acusación que pesaba sobre el Gabinete del que había formado parte. Al quejarse de que se veía obligado a llevar una existencia no acorde con el empleo militar que ostentaba, se le contestó que si quería cobrar su sueldo debía presentarse en Jaca (Huesca) para allí esperar el resultado del fallo de las Cortes; al mismo tiempo, se le comunicó al capitán general de Aragón que en caso de que llegase a dicha plaza fuese detenido en calidad de preso, pero tratado con consideración.

En mayo contestó que no disponía de medios para trasladarse a Jaca y que antes debía devolver los préstamos que había contraído para atender a su mantenimiento, contestándosele que comenzase por obedecer las órdenes que se le habían dado y que después se atenderían sus reclamaciones.

La caída de Espartero y la subida al poder de Narváez hicieron que en octubre de 1856 se dejase sin efecto la orden de traslado a Jaca y se le permitiese pasar de cuartel a Castilla la Vieja, ordenándose también que le fuesen abonados los sueldos que tenía pendientes desde el mes de julio de 1854.

Continuó en París hasta que el 2 de marzo de 1857 recibió un telegrama en el que se le comunicaba que su madre se encontraba enferma de gravedad, por lo que emprendió el camino de regreso a España, dirigiéndose a Salamanca, donde residía aquélla. El nuevo Gobierno le concedió autorización para permanecer en dicha ciudad el tiempo que necesitase, y le fijo su residencia de cuartel en Madrid.

A partir de su regreso a España, debió llevar una existencia apacible, alejada de la milicia y de la política.

Solamente se tuvieron noticias de él por las licencias que solicitaba al Gobierno de tiempo en tiempo para dedicarse al cuidado de su salud. En 1862 se trasladó a vivir a San Lorenzo de El Escorial, dedicándose a los negocios, llegando a ser director gerente de una sociedad llamada La Bienhechora, que le ocasionaría problemas con la justicia, lo que le obligaría a dimitir de dicho cargo en el mes de noviembre de 1866.

En diciembre de 1867 Isabel II le concedió el título de marqués de Ciga, pero tuvo que renunciar a él al no disponer de medios de fortuna para poder pagar los derechos correspondientes, debido a los escasos ingresos que había tenido durante los catorce años consecutivos que llevaba en situación de cuartel.

Al producirse la caída de la Monarquía fue nombrado director general de la Guardia Civil, y seguidamente capitán general de Aragón, cargos en los que permanecería breve tiempo, nueve y diez días, respectivamente, volviendo a pasar a la situación de cuartel en Madrid, en la que se mantendría hasta su fallecimiento.

En febrero de 1871, cuando todavía residía en San Lorenzo de El Escorial, se le ordenó prestar juramento de fidelidad al rey Amadeo I, a lo cual se negó, por lo que fue deportado a Palma de Mallorca y encausado.

Su lamentable estado de salud le impidió trasladarse a dicha población. En aquellos momentos se encontraba postrado en cama con fuertes dolores reumáticos y molestias en el muslo izquierdo ocasionadas por dos antiguas heridas. Juzgado en el mes de abril, fue absuelto por mayoría de votos.

Fue senador del reino (1853) y caballero Gran Cruz de las Órdenes de San Hermenegildo (1848), Carlos III (1852) e Isabel la Católica (1847).

Falleció soltero. Sus padres, Baltasar Blazer —natural de Suiza— y María Antonia San Martín, tuvieron otro hijo, nacido en 1818 y de nombre Máximo, que también alcanzó el empleo de general y que falleció en Tarragona en 1897.

 

Fuentes y bibl.: Instituto de Historia y Cultura Militar (Madrid), Célebres: caja 19, exp. 3: Exp. personal de Anselmo Blazer San Martín.

P. Chamorro Martín y Baquerizo, Estado Mayor General del Ejército español, Madrid, Imprenta de Tomás Fortanet, 1850-1858; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; F. Ruiz Cortés y F. Sánchez Cobos, Diccionario biográfico de personajes históricos del siglo xiv español, Madrid, Rubiños, 1998.

 

José Luis Isabel Sánchez