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Martín Martínez

Biografía

Martínez, Martín. Madrid, 11.XI.1684 ‒ 9.X.1734. Médico y anatomista, figura fundamental de la renovación científica en la España moderna.

Los datos biográficos conocidos del autor proceden de fuentes diversas y tienen su punto de partida en la nota escrita por el padre Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) en la edición pamplonesa de 1784 de su Teatro crítico, a la que se ha realizado una serie de precisiones en la historiografía contemporánea (Granjel, 1967, Aguinaga, 1988; Martínez Vidal, 1989), que han añadido información rigurosa sobre su bio- bibliografía y, en algún caso, matizado y modificado la visión feijoniana de la personalidad del autor, que se había ido transmitiendo en los trabajos históricos sobre Martín Martínez.

Madrileño, de la plazuela de Santo Domingo, inició sus estudios universitarios en Alcalá de Henares, obteniendo el grado de bachiller en Artes el 29 de junio de 1702. Aguinaga, quien ha revisado esta acta de examen, considera que la familia debía gozar de una buena posición económica, al estar incluido en el grupo de los que no constaban como pobres.

Las fuentes documentales consultadas por Aguinaga muestran que el grado de bachiller en Medicina lo obtuvo en la Universidad de Sigüenza el 20 de mayo de 1705 y el de licenciado, ya en Madrid, tras examinarse ante el Tribunal del Protomedicato.

Su vinculación al Hospital General de Madrid se produjo en 1706, iniciando allí su brillante carrera como anatomista en el anfiteatro anatómico de dicha institución, junto a su maestro, el catedrático de esta materia José de Arboleda y Fichagó, a quien sucedió.

En 1722, con el apoyo de Joseph Cervi (1663-1748), fue nombrado examinador del Protomedicato y en 1732, médico de cámara, sin perder, lo que era inhabitual, la plaza de profesor de Anatomía, hecho que resulta indicativo del prestigio adquirido por Martínez.

Otro de los honores concedidos fue el de ser nombrado socio de la Regia Sociedad de Medicina y otras Ciencias de Sevilla, institución que presidió en dos ocasiones, en 1725 y 1727, respectivamente.

En gran medida, sus ascensos en la Corte se debieron a su actividad como anatomista. A este respecto, es importante señalar que el auge de la anatomía en Madrid se debió, en gran medida, a la labor realizada por Florencio Kelli, uno de los profesionales extranjeros que llegaron a España en los primeros años del reinado del primer monarca Borbón, como era también el caso de Cervi. De origen italiano, aunque formado en París, inició sus enseñanzas en el teatro Anatómico de la Corte en 1703. Su influencia se considera decisiva en los primeros tratadistas españoles de anatomía del siglo XVIII, Manuel de Porras (1691-1716) y Martín Martínez, quien pudo conocer de primera mano las disecciones anatómicas y las experiencias sobre circulación de la sangre, utilizando el microscopio. En algunas sesiones estuvo presente el propio Felipe V.

Martín Martínez fue una de las figuras más destacadas del movimiento renovador de la medicina española durante la primera mitad del siglo XVIII, heredero directo de las formulaciones que los llamados novatores habían iniciado en el Seiscientos. Su obra escrita, aunque no excesivamente amplia, sí que abarcó una gran parte de los campos de la medicina de su tiempo y destacó, en especial, en su faceta de anatomista.

López Piñero (1976) sitúa entre los primeros seguidores en España de la corriente antisistemática, procedente de la obra de Hermann Boerhaave (1668- 1738), a Martín Martínez y a su formulación del escepticismo médico, basado en una visión ecléctica, alejada de dogmatismos doctrinales y en un empirismo racional, es decir, en la observación clínica estrechamente ligada a las ciencias básicas, en especial, a la anatomía y a la fisiología experimental. Es, por tanto, una actitud intelectual que propugna mantener una postura independiente, tanto en lo tocante al sistema galénico-tradicional como a las doctrinas alzadas frente a sus principios, principalmente la iatroquímica, apoyándose fundamentalmente en la experiencia propia. Martínez Vidal (1986) ha estudiado sistemáticamente los supuestos conceptuales del escepticismo del autor, señalando que éste no era sino la expresión de un hipocratismo de nuevo cuño, Hipócrates como el modelo a imitar. En su Medicina Scéptica (1722) se exponen los principios programáticos de su pensamiento escéptico, que contrapone a los planteamientos dogmáticos de los galenistas, ejemplificados en la figura del profesor de la Universidad de Alcalá, Henríquez de Villacorta (c. 1615-c. 1680), de los que dice que, creyéndose en posesión de la verdad, no se esforzaban en “adquirirla mediante experimentos”.

La obra incluye una “censura” de Marcelino Boix y Moliner (1636-1722), otro neohipocratista insigne, que comienza con una dura crítica a la caduca enseñanza de la Medicina en las universidades y con una elogiosa mención a la Regia Sociedad de Medicina sevillana. Su estructura, en forma de diálogo entre un galénico, un chimico (iatroquímico) y un hipocrático o escéptico (él mismo), le da una viveza y un ritmo singulares. Esta misma estructura es la que aparece en su Philosophia Scéptica (1730), en donde hace polemizar a un cartesiano, un gassendista y un escéptico; este último presume en el curso de los diálogos de una actitud imparcial y, a veces, conciliadora, aceptando indistintamente de cada sistema aquello que considera más conveniente.

Estos principios están presentes en todas sus obras y, por tanto, en su producción anatómica, principalmente en la Anatomía completa del hombre (1728), que, con todas sus limitaciones, es considerado el mejor tratado morfológico español de la primera mi tad del siglo xviii. Dedicado a Cervi, alcanzó ocho reediciones a lo largo de la centuria. Calurosamente elogiado por Benito Jerónimo Feijoo y considerado casi un plagio por Lorenzo Hervás y Panduro (1735- 1809), no se trata de una obra original, sino de un resumen sistemático del saber anatómico de la época.

Martín Martínez asoció, a los puros datos descriptivos de tipo morfológico, numerosas cuestiones fisiológicas e, incluso, detalles patológicos, algunos procedentes de su propia experiencia. Lo que realmente pretendía era ofrecer a médicos y cirujanos los fundamentos anatómicos y fisiológicos que les sirvieran en su práctica profesional.

Un rasgo que identifica la obra anatómica de Martínez es el uso del castellano, algo que también hizo su condiscípulo Manuel de Porras. En un momento de inexistencia de un vocabulario técnico en lengua vernácula, la opción del primero fue el encabezar el movimiento de casticismo y purismo, considerando que el castellano era ya una lengua madura y que contaba con recursos propios para expresar con precisión la morfología humana. En el caso de Porras, su terminología era cultista, latinizante y afrancesada. Frente al lenguaje deliberadamente oscuro de este último, que no tenía sentido, especialmente cuando iba dirigido a cirujanos que lo que necesitaban era claridad, Martín Martínez proponía el uso de vocablos populares y el rescatar la tradición de la nomenclatura anatómica de los clásicos españoles renacentistas, como Juan Valverde de Hamusco (c. 1525-c. 1588). Lo que, en definitiva, estaba en juego, no era la pura disquisición terminológica sino el importante tema de qué tipo de formación debía recibir un cirujano. Finalmente, se ha señalado también por la historiografía reciente el influjo de la obra anatómica del autor en las colonias americanas.

De forma paralela a esta apuesta por el lenguaje, Martínez reivindicó para la medicina española la prioridad de una de las concepciones más innovadoras de su época, la idea del suco nérveo, en la persona y la obra de Oliva Sabuco de Nantes (fl. 1587), a quien consideraba uno de los primeros puntales de la renovación de la medicina española, como, por otro lado, ya había señalado Boix y Moliner. Precisamente, el suco nérveo, un jugo especial que acompaña a los nervios y su marcha a lo largo del cuerpo (la circulación neural), fue para el autor uno de los focos de interés más importantes ya que consideraba que se trataba de una pieza clave para el mantenimiento de la salud, y su alteración era fundamental en la patogenia de la enfermedad. La circulación sanguínea y la circulación neural eran los dos grandes circuitos orgánicos y toda la fisiología se orientaba en torno a ellos.

De acuerdo con Martínez Vidal (1986), su principal aportación en el campo de la patología fue su concepto de fiebre, que, fiel a su eclecticismo, daba respuesta a los dos planos en los que se mueve la medicina: la teoría y la práctica. Frente al puro discurso teórico de los “dogmáticos”, que pretendía simplemente mostrar la esencia de las calenturas, y el de los “empíricos” que intentaban tratarla, aún sin conocerla muy bien, el autor hizo el esfuerzo de aunar ambas actitudes.

Los escritos quirúrgicos incluidos en sus obras tienen como denominador común el intento de difusión de las innovaciones, especialmente francesas, con la intención de contribuir al desarrollo de la cirugía española.

Su actitud renovadora y crítica motivó varias polémicas importantes, entre las que destacan las que mantuvo con Bernardo López de Araujo y Azcárraga, médico de Cámara, y Juan Martín Lessaca. Precisamente, la disputa con el primero dio lugar a que se iniciaran las cordiales relaciones que mantuvieron Martínez y Feijoo. Ambos son incluidos por el gran Andrés Piquer Arrufat (1711-1772) en su Lógica moderna (1747) como “escépticos moderados”, frente a los escépticos radicales como los filósofos pirrónicos.

Glick (1965), al realizar un análisis comparativo entre ambos, señala que, aunque los dos se habían formado dentro del mismo ambiente cultural, no compartían su misma actitud ante la ciencia, puesto que en Martínez es muy evidente el peso de la práctica médica.

Su fallecimiento se produjo cuando sólo contaba cincuenta años y fue enterrado en Madrid, en la iglesia de San Luis, aneja a la de San Ginés, que fue destruida totalmente al ser incendiada en 1935.

 

Obras de ~: Anatomía compendiosa y noches anatómicas, en que después de defender al Doctor Don Manuel de Porras, de las imposturas que algunos copiantes y correctores de imprenta le han metido intrusas en su libro, intitulado Anatomia galenico-moderna, se explica con brevedad y claridad la historia anatomica del hombre,con los nuevos hallazgos, acomodada a la mas prompta inteligencia de los Cirujanos Romancistas [...], Madrid, 1717; Medicina Scéptica y Cirugia moderna con un tratado de operaciones chirurgicas, Madrid, 1722-1725; Discurso phisico sobre si las Vivoras deben reputarse por carne o pescado, en el sentido en que nuestra Madre, la Iglesia, nos veda las carnes en dias de abstinencia, Madrid, c. 1723; Observatio rara de corde in monstroso infantil, ubi orbiter, et noviter de motu cordis et sanguinis agitar, Madrid, 1723; Compendio y examen nuevo de cirugia moderna, recogida con el methodo antiguo, Madrid, 1724; Medicina Scéptica, y Cirugia moderna [...] Tomo primero, que llaman Tentativa Medica [...] segunda impresión Añadida con una Apología del Rm.Fr. Benito Feijoo [...], Madrid, 1725; Medicina Scéptica Tomo segundo. Primera parte, apologema a favor de los medicos sépticos. Segunda parte, apomathema contra los medicos dogmaticos en que se contiene todo el acto de las fiebres [...], Madrid, 1725; Anatomía Completa del Hombre, con todos los Hallazgos, Nuevas Doctrinas y Observaciones raras hasta el tiempo presente, y muchas advertencias necesarias para la Cirugia; según el methodo, con que se explica en nuestro Theatro de Madrid, Madrid, 1728 (reeds. en 1733, 1745, 1747, 1752, 1757, 1764, 1775 y 1788); Philosophia Séptica. Extracto de la physica antigua y moderna, recopilada en dialogos entre un Aristotelico, Cartesiano, Gassendista y Séptico para instrucción de la curiosidad española, Madrid, 1730; Examen nuevo de cirugia moderna. Segunda impression nuevamente enmendada y añadida con las operaciones chirurgicas [...], Madrid, 1732 (reeds. en 1743, 1747, 1762, 1766, 1772, 1788 y 1797); Juicio final a la Astrología, en defensa del Teatro critico Universal, Madrid, s. f.

 

Bibl.: L. S. Granjel, “El pensamiento médico de Martín Martínez”, en Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, IV (1952), págs. 41-78; C. del Valle Inclán, “El léxico anatómico de Porras y Martín Martínez”, en Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, 4 (1952), págs. 141-228; L. S. Granjel, “La obra anatómica de Martín Martínez”, en Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, 1 (1960), págs. 1-4; “La obra quirúrgica de Martín Martínez”, en Medicamenta, 36 (1961), págs. 100-102; Anatomía española de la Ilustración, Salamanca, 1963, págs. 39-49; Th. Glick, “El escepticismo en la ideología científica del doctor Martín Martínez y del Padre Feijoo”, en Asclepio, XVII (1965), págs. 255-259; J. M. López Piñero, “La mentalidad antisistemática en la medicina española del siglo xviii. La influencia de la Alte Wiener Schule”, en Medicina moderna y Sociedad Española, Valencia, 1976; Ciencia y Técnica en la sociedad española de los siglos xvi y xvii, Barcelona, 1979; J. M. López Piñero, Th. Glick, V. Navarro y E. Portela, Diccionario histórico de la ciencia moderna, vol. II, Madrid, Península, 1983, págs. 34-35; A. Martínez Vidal, “Los supuestos conceptuales del pensamiento médico de Martín Martínez (1684-1734): la actitud antisistemática”, en Llull, 9 (1986), págs. 127-152; M. V. Aguinaga, “Bio-bibliografía de Martín Martínez”, en Asclepio, XL (1988), págs. 75- 95; A. Martínez Vidal, Neurociencias y Revolución Científica en España. La circulación neural, Madrid, 1989; A. Martínez Vidal y J. Pardo Tomás, “In tenebris adhuc versantes. La respuesta de los novatores españoles a la invectiva de Pierre Régis”, en Dynamis, 15 (1995), págs. 301-340.

 

Rosa Ballester