Ayuda

Simón Bolívar y Palacios

Imagen
Biografía

Bolívar y Palacios, Simón. El Libertador. Caracas (Venezuela), 24.VII.1783 – Santa Marta (Colombia), 17.XII.1830. Político independentista, libertador.

Político criollo venezolano propulsor de la independencia política y de la unión de todas las naciones de la América española bajo sistema constitucional. Desciende de una familia española instalada en Venezuela en el último tercio del siglo XVI. En el siglo XVIII, los Bolívar adquieren un fuerte arraigo, pues cuando nace Simón cuenta con ciento treinta antepasados conocidos. Los Bolívar son, pues, criollos acomodados en la sociedad provincial venezolana, ricos y poderosos en sus plantaciones de cacao, con indios de encomienda y esclavos negros. El padre de Simón Bolívar fue Juan Vicente de Bolívar y Ponte, coronel del Batallón de Milicias de Blancos Voluntarios de los Valles de Aragua, que contrajo matrimonio con Concepción Palacios y Blanco, de cuya unión nacieron cuatro hijos: María Antonia, Juana, Juan Vicente y Simón. Quedaron huérfanos de padre el 19 de enero de 1786 y de madre el 6 de julio de 1792. Los cuatro quedaron bajo tutoría de su abuelo materno, Feliciano Palacios y Sojo y, de modo particular, Simón quedó bajo el cuidado de su tío, adinerado sacerdote, Juan Félix de Aristeguieta y Bolívar, que en su testamento dejó a Simón toda su inmensa fortuna. Es de destacar en la biografía de Bolívar la inexistencia de vida familiar; fueron sus tutores quienes se ocuparon de su educación que por epistolario de Bolívar se sabe que fueron el agustino fray Francisco de Andújar, el eminente humanista Andrés Bello y su verdadero maestro y mentor Simón Carreño Rodríguez, que fue uno de los empleados del abuelo y tutor de Simón. En la hacienda “San Mateo”, Carreño Rodríguez llevó a cabo la etapa educativa más decisiva de Simón Bolívar, en los principios de la Ilustración, sobre todo tomados del Emilio de Jean Jacob Rousseau, hasta consolidar la personalidad de Simón Bolívar, que en esa época ingresó en las milicias de los valles de Aragua consiguiendo en un año el grado de subteniente.

La formación de Simón Bolívar alcanzó máxima dimensión con su viaje a las grandes potencias del mundo occidental: España, Francia, Italia, Inglaterra y Estados Unidos, en donde conoció una considerable variedad de ideologías políticas en un momento histórico en que las relaciones internacionales adquirían una nueva estatura como consecuencia de la tensa década 1773-1783 en la que, el año en que nace Simón Bolívar, se produjo la conjunción de comercio, guerra, diplomacia, en la que irrumpe la fuerte tensión intelectual gran colonialismo-descolonización que, en el orden político internacional, se corresponde con el doble término revolución-restauración (1776-1815) cuya doble onda long run tanto influyó en el pensamiento, comportamiento y acción históricos de Simón Bolívar. Los viajes —fueron tres— maduraron la personalidad política del criollo caraqueño desde el punto de vista político, intelectual, republicano, haciéndole decididamente partidario de las metas y caminos revolucionarios, de modo particular cuando quedó viudo de su joven esposa española María Teresa Rodríguez del Toro y Alaysa, con la que contrajo matrimonio el 15 de mayo de 1802 y de la que quedó viudo el 22 de enero de 1803. Este hecho fue determinante en la decisión final de Bolívar de romper con España, llevándole por el camino de la ruptura, sellada en el juramento del monte sacro de Roma que, a su vez, está inspirado en la estética revolucionaria del pintor David y muy concretamente en el cuadro El juramento de los Horacios.

Bolívar regresa a Caracas en 1807, a una sociedad criolla venezolana, que se asentaba en una estructura básica de cabildos, ayuntamientos y regimientos locales con una marcada pauta de fragmentación localista, y en la que había anidado el movimiento revolucionario. Bolívar se unió al movimiento de independencia seducido por la figura del “precursor” Francisco de Miranda que era, en realidad, un eslabón más de la cadena de revueltas que se dieron durante el siglo XVIII: Andresote (1730-1733); en 1740 el levantamiento de Juan Francisco de León; en 1781 la insurrección de los comuneros de Mérida; en 1795 la del mulato José Leonardo Chirinos y a finales de siglo la conspiración de Gual y España. Junto a intereses económicos, se defienden los principios de tolerancia, libertad, igualdad y fraternidad. Además, tienen incidencia los cambios que, desde España, se hacen con la idea de dar otra dimensión al dominio americano, lo cual ocurre en una doble vertiente: si durante la monarquía austriaca hubo una sujeción patrimonial a la Corona ampliamente sustentada por las universidades en las que, principalmente, enseñaban jesuitas y dominicos; en el siglo XVIII esta idea continuó con los Borbones, aunque con un sesgo liberal; las reformas de Carlos III concibieron las posesiones ultramarinas como un sector productivo cuyo principal fin era de subordinación a la metrópoli, objetivo logrado a través de una intensa labor reformista. Y es en este sistema productivo donde se configura el oleaje revolucionario, pues en América estaba controlado por los hacendados criollos propietarios de grandes plantaciones de cacao y café, “mantuanos” y “grandes cacaos”, que ante la presión de España se situaron a favor de la revolución, lo que tuvo como respuesta que la población india y negra buscara el amparo en las instituciones españolas, lo que provocó una distensión en la sociedad americana y dificultó la posibilidad de reclutar más indígenas y negros para la causa revolucionaria. Quien sí tuvo posibilidad de hacerlo fue el asturiano José Tomás Boves que llegó a reclutar un formidable ejército de “llaneros”. Bolívar reconoce este factor social en la Carta de Jamaica (1815), en la que explica la derrota inflingida por Boves en su primera intervención bélica en la guerra de independencia: “Seguramente la unión es lo que nos falta para completar la obra de regeneración”.

La decisión e intervención de Bolívar en el discurso de la Independencia tiene dos etapas; una, en la que todavía no tiene formado un proyecto intelectual, consistente en conseguir para la América española peso en la política internacional. El proyecto bolivariano cristaliza en un esquema categorial que para el historiador venezolano Carrera Damas se estructura en tres niveles: primero “independencia”, seguida de una “integración” multiterritorial para salir de la estrechez provincialista y lograr una ecuanimidad continental que condujese a un nuevo “orden constitucional”.

Este proyecto adquiere consistencia mediante la interacción de tres factores históricos que obligan a Bolívar a entrar en un proceso de reflexión que condujo al esquema categorial señalado anteriormente, construido por Carrera Damas. Para comprender el esquema histórico de Bolívar hay que señalar dos etapas, separadas por el año 1815. Entre 1807 —fecha de su regreso a Caracas— y el año 1815, los acontecimientos son muy significativos para la incorporación de Bolívar al movimiento de independencia. Se centra en la acción revolucionaria de la burguesía criolla venezolana que había conseguido desarrollar —de modo especial en Caracas— un clima intelectual de opinión que reclamaba la formación de una Junta para proveer el nacimiento de la Primera República, como ha explicado en sus estudios el historiador venezolano Carracciolo Parra Pérez.

El 9 de julio de 1810 la Junta enviaba las misiones al mundo anglosajón: Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez, a Londres; Juan Vicente Bolívar y Tomás Orea, a Estados Unidos. Para participar y presidir esta misión, Bolívar sufragó los gastos del viaje con la esperanza de conseguir la reincorporación de Francisco de Miranda, instalado en Londres a finales de 1784. Tras un largo viaje por Europa, regresó a la capital del Támesis en junio de 1789, donde mantuvo una serie de entrevistas con William Pitt en el transcurso de las cuales proporcionó al primer ministro británico importante información sobre población, fortificaciones, estado de la marina, de las fuerzas regulares del ejército, las milicias provinciales, de las provincias americanas “sujetas a una opresión infame”.

En el viaje a Inglaterra, Bolívar consiguió la promesa de Miranda de regresar a Venezuela, lo cual no fue muy del agrado del prudente conservadurismo de la Junta, vencido por el radicalismo bolivariano, mediante la presión ejercida desde la Sociedad Patriótica que se inclinó abiertamente hacia el federalismo de la Primera República. Una comisión integrada por Germán Roscio, Fernando Toro y Francisco Isnardi, redactó la Declaración de Independencia de la Confederación Americana de Venezuela, aprobada en diciembre de 1811. El federalismo condujo a discrepancias, disensiones y violentos levantamientos contra la República, en el oriente y occidente de Venezuela. La guerra civil termina con un tremendo fenómeno sísmico que asoló la región, destruyó varias ciudades y sembró el miedo en la población, mientras se producía una reacción del ejército español dirigido por el general Domingo Monteverde desde Coro, que avanzó por territorio venezolano recibiendo la adhesión de muchos pueblos. Bolívar perdió la plaza de Puerto Cabello y solicitó urgente apoyo a Miranda que no pudo dárselo. Caído el prestigio de Miranda, es el propio Bolívar quien lo hace prisionero, lo entrega en La Guayra al comandante del puerto y obtiene salvoconducto de Monteverde para regresar a Caracas, pero se dirige a Cartagena de Indias (en Nueva Granada) e inicia un desesperado intento de reunir un ejército. Con el Decreto de Guerra a Muerte comienza lo que se ha llamado la Campaña Admirable que es, en realidad, el comienzo de la Segunda República, centrada de una manera total en la figura, la voluntad y el pensamiento constitucionalista de Simón Bolívar y una inevitable guerra social pues, el enfrentamiento armado entre patriotas y realistas puso en movimiento importantes masas que, hasta entonces, estaban adormecidas o controladas en sus respectivos quehaceres. El carácter social de la guerra adquirió una gran ferocidad por el levantamiento de las montoneras de los Llanos de Venezuela, bajo el impulso del asturiano José Tomás Boves. A partir de 1813, la terrible caballería de los llaneros supuso el final de la Segunda República de Bolívar.

Las tropas de Bolívar quedan destruidas en el choque con los llaneros que obtienen una decisiva victoria en La Puerta, mientras un segundo choque en Aragua destroza los restos del ejército republicano mandado conjuntamente por Bolívar y Mariño, que se ven obligados a huir en un pequeño velero a la isla Margarita, desde donde Bolívar se dirige a Cartagena de Indias. En julio de 1814 los llaneros de Boves y Morales entran en Caracas, sometida al saqueo y el terror. En las batallas de la Sabana del Salado y Urica se consuma la destrucción final del ejército revolucionario, pero en la última muere Boves de un lanzazo.

Comenzaba un repliegue para los independentistas. En año 1814 es el del regreso al trono de España de Fernando VII. Pronto se organizó una expedición integrada por diez mil quinientos soldados en cuarenta y dos buques de transporte y dieciocho navíos de guerra, a cuyo frente figuraba el general Pablo Morillo. Bolívar renuncia a su mando y, en mayo de 1815, se exilia a Kingston, en la isla inglesa de Jamaica.

La estancia de Bolívar en Jamaica supuso, ante todo, una etapa de reflexión que se pone de manifiesto en un proyecto constitucional junto con un lineamiento de revolución continental, como puede apreciarse en el importante documento —eminentemente político— que es la Carta de Jamaica donde aparece el enérgico optimismo contestatario, junto a una poderosa llamarada profética en la que su pensamiento abandona, de hecho, el provincialismo para adquirir una visión continental, erigiéndose en el principal defensor de la soberanía hispanoamericana; el gran acto de cooperación y colaboración que se había alcanzado en Cádiz con la Constitución de 1812, frente al intento de Fernando VII de reconstruir el antiguo edificio absolutista.

En 1815 en la mente de Bolívar germinó la idea de cambiar de modo radical las bases sociales de la revolución de independencia. En la Carta de Jamaica (1815) y el Discurso de Angostura (1819) puede advertirse la teoría de la ruptura sin ninguna clase de entendimiento y la formulación de un Estado republicano de ámbito continental, sin duda inspirado en el modelo norteamericano de 1787. En todo caso, ambos documentos constituyen la expresión, de una potente energía política, de alcanzar como meta última la Independencia. El Discurso de Angostura es el documento de teoría constitucional de mayor densidad escrito por Bolívar. Inicia una línea que ya no se interrumpe y que, como advierte Carrera Damas, debe ser puesto en relación explicativa con el Mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia (25 de mayo de 1826) y el Mensaje a la Convención de Ocaña (29 de febrero de 1828).

Se trata de una línea de pensamiento teórico simultánea con el desarrollo de la campaña continental que ofrece hitos muy característicos desde los Andes a Carabobo: Congreso Constituyente de la Villa del Rosario de Cúcuta; campaña sobre el virreinato de Perú; Pichincha, Conferencia de Guayaquil, con San Martín, hasta culminar el proyecto andino con la creación de Bolivia y las dos decisivas batallas de Junín y Ayacucho. La pasión política de Bolívar se ha explayado desde 1815 a 1824 en la doble empresa militar y constitucional de la vida nueva que quiso crear en la América española.

Al final de su vida, enfrentado con la realidad social, las ambiciones personalistas, tanto populares como elitistas, produjeron la entrada de Bolívar en una espiral de frustración que en su ideología política personal giraba en torno a una doble cuestión: por una parte, la Constitución de Bolivia que el 16 de agosto de 1826 consiguió fuese adoptada por Perú. Era una carta constituyente fuerte que, sin violar las tres unidades, revocaba desde la esclavitud para abajo, todos los privilegios, reforzando el poder presidencial. En ello se contiene el pensamiento republicano del Libertador, que no era el mismo de toda la opinión hispanoamericana. También el prestigio militar se resentía. El levantamiento de Páez contra el orden impuesto en Venezuela por Bolívar se había unido al rechazo de la unión con Colombia y existía un fondo permanente de tensión y antagonismo entre militares y civiles. Páez se hizo portavoz del descontento y convocó (6 de enero de 1826) una conferencia populista en el monasterio de San Francisco, creando una fuerte tensión con las instituciones gubernamentales —Congreso y Cabildo— pues ello suponía la violación de la constitución de Cúcuta y la inevitable toma por Páez del mando militar en la ciudad de Valencia. La segunda cuestión fue la convocatoria de la Asamblea de Panamá (1826) para conseguir la unión continental que debía mantenerse entre las repúblicas mediante una Confederación. La unión era para Bolívar el mejor remedio contra la anarquía. No consiguió, tras la convocatoria, respuesta unánime, quedando reducida la participación a Colombia, México, Perú, Chile y las Provincias Unidas de Centroamérica. El resultado principal de la Asamblea de Panamá fue demostrar la posibilidad de contraste de opiniones políticas, de modo que pudiesen fortalecer los vínculos y relaciones fraternales de las naciones que van apareciendo en el tejido histórico de Iberoamérica.

El edificio pensado por Bolívar concluyó cuando acabó la guerra. Ruptura con Páez, con Santander, con la aristocracia limeña que consiguió la anulación de la Constitución bolivariana. El edificio republicano construido por el Libertador se resquebrajaba. Los intentos por mantenerlo fracasaron en la Convención de Ocaña, donde la oposición que, sin serlo, se llamaba democrática, caracterizaba el otro polo, representado por Bolívar, la dictadura. El pronunciamiento de Bogotá hizo que Bolívar asumiese plenos poderes, prácticamente dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. A ello se añadió la invasión del ejército peruano del general-presidente La Mar; la rebelión del general de su máxima confianza, José María Córdoba, como consecuencia del rencor. Bolívar, ya gravemente enfermo, presentó su dimisión ante el Congreso colombiano e inició su retirada con la idea de hacer un último viaje a Europa, cosa que tampoco pudo cumplir. Acompañado de un reducido número de amigos y ayudantes inició el lento descenso del río Magdalena recibiendo constantemente noticias de la fragmentación de la América española, la muerte de su más directo colaborador en la guerra, el general Sucre, y la disidencia de Venezuela, minaron más, si cabe, su delicada salud. A las doce de la mañana del día 17 de diciembre de 1830 murió en la finca de recreo del hidalgo español Joaquín de Mier en San Pedro Alejandrino, cura de Santa Marta.

 

Obras de ~: Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, para servir a la historia de la independencia de Suramérica 1826-1830, compilada por Cristóbal de Mendoza, Francisco Javier Yanes y Antonio Leocadio Guzmán, Caracas, Imprenta de G. F. Devisme, 1826, 22 vols.; Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia, compilada por José Félix Blanco y Ramón Azpurcía, Caracas, 1875- 1877, 14 vols.; Simón Bolívar, obras completas, comp. y notas de V. Lecuna, con E. Barret de Nazaris, La Habana, Editorial Lex, 1947; Discursos, proclamas y epistolario político, ed., pról. y notas de M. Hernández Sánchez-Barba, Madrid, Editora Nacional, 1975; Obras completas, Caracas, Universidad Simón Rodríguez, 1975; Doctrina del Libertador, pról. de A. Mijares (compil.), notas y cronología de M. Pérez Vila, Caracas, Ayacucho, 1976; Simón Bolívar fundamental, compil. por G. Carrera Damas, Caracas, Monte Ávila Editores, 1992-1993.

 

Bibl.: M. André, Bolívar y la democracia, Barcelona, Araluce, 1924; L. Perú de Lacroix, Diario de Bucaramanga, estudio crítico y reproducción literalísima del manuscrito original de L. Luis Perú de Lacroix; con toda clase de aclaraciones para discernir su valor histórico por monseñor Nicolás E. Navarro, Caracas, Tipografía Americana, 1935; S. de Madariaga, Bolívar, México, Hermes, 1951, 2 vols.; F. Cuevas Cancino, Bolívar, el ideal panamericano del Libertador, México, Fondo de Cultura Económica, 1951; D. F. O’Leary, Memorias del General O’Leary, pról. de N. E. Navarro, Caracas, Imprenta Nacional, 1952, 6 vols.; F. A. Encina, Bolívar y la independencia de la América Española, Santiago de Chile, Nascimento, 1954; J. L. Busaniche, Bolívar visto por sus contemporáneos, México, Fondo de Cultura Económica, 1960; M. Hernández Sánchez-Barba, Historia Universal de América, Madrid, Guadarrama, 1962, 2 vols.; D. Bushnell (ed.), The Libertator Simón Bolívar Man and Image, New Cork, A. Knopf, 1970; E. Colombres Marmol, La entrevista de Guayaquil. Hacia su esclarecimiento, Buenos Aires, Eudeba, 1972; F. de la Barra, La Campaña de Junín y Ayacucho, Lima, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1974; I. Lieano, Bolívar, Caracas, Ministerio de Educación, 1974; J. Lynch, Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826, Barcelona, Ariel, 1976; L. Zea, Simón Bolívar. Integración de la libertad, México, Edicol, 1980; J. L. Salcedo-Bastardo, Visión y revisión de Bolívar, Caracas, Monte Ávila, 1981; N. Martínez Díaz, Simón Bolívar, Madrid, Arlanza, 2003; G. Carrera Damas, “Génesis teórica y práctica del proyecto americano de Simón Bolívar”, en Historia General de América Latina, t. V, Crisis estructural de Sociedades implantadas, Paris, Unesco, 2003; A. Hernández Ruigómez, Simón Bolívar, Madrid, Dastin Expat, 2004; M. Hernández Sánchez-Barba, Simón Bolívar. Una pasión política, Barcelona, Ariel, 2004.

 

Mario Hernández Sánchez-Barba