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Miguel de Molinos Zuxía

Biografía

Molinos Zuxía, Miguel de. Muniesa (Teruel), 29.VI.1628 ant. – Roma (Italia), 28.XII.1696. Teólogo, hereje, maestro espiritual y escritor místico (máximo representante del quietismo).

Sobre su infancia apenas queda otra noticia que la que sitúa su nacimiento en el pueblo de Muniesa, bajo la jurisdicción entonces de la diócesis de Zaragoza, así como su partida de bautismo fechada el 29 de junio de 1628. Por tanto, dejando a un lado su niñez, en la vida de Miguel de Molinos se distinguen con claridad dos períodos: uno valenciano y otro romano.

A los dieciocho años se encontraba instalado en la ciudad del Turia, gozando de un beneficio eclesiástico en la iglesia de San Andrés. De entonces data su primer contacto con los jesuitas, con los que se dirigía y en cuyo colegio de San Pablo hizo estudios. Molinos decidió seguir la carrera eclesiástica, ordenándose sacerdote en 1652. Aunque logró obtener el título de doctor en Teología probablemente en el colegio de los jesuitas, fracasó en dos ocasiones en las oposiciones a la penitenciaría del colegio del Corpus Christi (1655 y 1660). En este colegio se fundó pronto la rama valenciana de la Escuela de Cristo (1662). Al poco tiempo, Molinos ingresó en ella ocupando puestos de relevancia. Que era estimado por sus dotes espirituales lo demuestra que en julio de 1663 la Diputación de Valencia lo comisionó como postulador en Roma de la causa de beatificación de Jerónimo Simón de Rojas, muerto en 1612, de cuyo beneficio eclesiástico Molinos era heredero. En diciembre de 1663, se encontraba ya en Roma, ciudad que ya no abandonó hasta su muerte, pese a no lograr que prosperase su misión, de la que fue exonerado en 1675.

En el ambiente espiritual valenciano, marcado por una religiosidad fuertemente interior en torno a las figuras del mismo Simón, de la beata Francisca López y de los cartujos de Porta Coeli, Molinos habría entrado en contacto con las doctrinas sobre la quietud, la nada y la aniquilación de los religiosos Juan Falconi, Juan Sanz o Sobrino, entre otros, que remontaban, en último término, a la escuela carmelitana de San Juan de la Cruz. Según José I. Tellechea, “[t]odo nos sitúa perfectamente en el humus nativo del sistema molinosista sin tener que recurrir a influjos del lejano Oriente o a fantásticas patentes de originalidad personal en la materia”. Abandonada Valencia y en contacto con el mundo espiritual italiano, Molinos organizó todas estas influencias en un sistema propio que recibió el nombre de quietista, desencadenante del proceso que lo conduciría a la cárcel condenado como hereje.

Sin embargo, el lapso de tiempo entre 1663 y 1675, fecha esta última que dio inicio al período de mayor esplendor de Molinos en Roma, no resulta bien conocida.

Se ha utilizado normalmente como fuente una Vida que circuló anónima después de la condena de Molinos, editada por primera vez en 1964 por J. Fernández Alonso. En ella, que tiene un carácter polémico antimolinosista, se indica que fue admitido en la hermandad romana de la Escuela de Cristo de la que llegó a ser superior. Se estrecharon entonces sus relaciones con la Compañía de Jesús y, más en concreto, con el general padre Oliva, que se mostró siempre como un benefactor de la Escuela romana, a la que durante un tiempo dio cobijo en los bajos de la casa profesa. El gobierno de Molinos suscitó enconos en la Escuela y se le acusó de promover favoritismos y disensiones. En cualquier caso, Molinos empezó a ser muy solicitado como director espiritual, y era visitado especialmente por damas nobles. Comenzaron las murmuraciones acerca de su atractivo y su éxito espirituales acrecentados por el favor que iba logrando entre distinguidos miembros de la Curia. De hecho, al publicar la Guía espiritual en 1675, incorporó la aprobación y pareceres de importantes teólogos y prelados.

En la redacción de su obra principal, editada por primera vez en su versión princeps por José Ángel Valente, Molinos puso un gran empeño en su construcción, en el acopio de citas y en pulir su estilo, hasta el punto de que Menéndez Pelayo, que sólo pudo consultar las traducciones, aseguraba que en castellano “debe de ser un modelo de tersura y pureza de lengua”. Molinos se convirtió definitivamente en el centro de toda una corte de admiradores y dirigidos espirituales, a los que pretendía conducir por el camino de los perfectos, con menoscabo de las prácticas de piedad exteriores, incluidos los sacramentos de la confesión y la eucaristía.

Sin embargo, como observaron sus primeros censores, en su obra nada autoriza a afirmar sin ambages que su doctrina fuera herética, pues se acogía a menudo a la autoridad de los santos padres y se inspiraba en toda una reflexión sobre la oración que arrancaba de la literatura espiritual del siglo XVI y que había recorrido toda Europa a lo largo de dos siglos, desde san Ignacio de Loyola hasta san Francisco de Sales, pasando por santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Otra cuestión era la doctrina que Molinos enseñaba privadamente, en la que en su momento se señalaron concomitancias con los alumbrados españoles, como en la idea de impecabilidad, y que fue la causa de que se iniciase el proceso contra él diez años después. Las “Advertencias” que abren la Guía demuestran en cualquier caso la complejidad del pensamiento de Molinos y su posición central al final de la convulsa trayectoria de la mística europea en la época moderna.

La Guía ha conocido hasta tres ediciones en castellano y más de cinco en italiano antes de 1685. Pero pronto surgieron los primeros ataques de sus puntos de vista por jesuitas como Gottardo de Bell’uomo.

El riguroso ascetismo y el método de oración mental por imágenes promovido por la Compañía de Jesús encontró resistencia entre los conventos de monjas que sus miembros dirigían en Roma, las cuales se sentían más propensas a aceptar la oración de quietud molinosista basada en la búsqueda de la paz interior y la contemplación adquirida. Hacia 1680, Molinos compuso la Defensa de la contemplación en la que intentó salir al paso de algunas acusaciones acogiéndose a la autoridad del recientemente beatificado Juan de la Cruz. En 1682, la expansión del quietismo en Italia preocupó en el Santo Oficio. Junto a la cuestión doctrinal, debe tenerse en cuenta también la actuación del cardenal francés César d’Estrés en beneficio de la política de Luis XIV. El rey francés quería minar la posición del papa Inocencio XI en el conflicto de las regalías al tiempo que complicar la posición del partido pro austríaco de Roma, en el que figuraba el franciscano fray Juan de Santa María, prologuista de la Guía espiritual.

En cualquier caso, la sorpresa estalló en Roma cuando el 18 de julio de 1685 Molinos fue detenido junto con un grupo de seguidores. El proceso, del cual se conserva sólo un sumario tras ordenar la Inquisición quemar el original en 1798, duró dos años.

El 2 de septiembre de 1687 se dictó sentencia contra Miguel de Molinos. Once días después abjuró de sus errores con una actitud impasible en la iglesia de Santa Maria sopra Minerva vestido con el ropón de penitente. Fue condenado a reclusión perpetua. El 20 de noviembre, el Papa publicó la bula Caelestis Pastor que contiene las sesenta y ocho proposiciones consideradas heréticas de Molinos, el cual murió, silenciado, pero completamente sereno, en las cárceles de la Inquisición nueve años más tarde.

 

Obras de ~: Guía espiritual, Roma, 1675 (ed. de J. Á. Valente, Barcelona, Barral Editores, 1974; ed. de C. Lendínez, Madrid, Júcar, 1974; ed. de J. I. Tellechea, Madrid, Fundación Universitaria Española [FUE], 1976, ed. de S. González Noriega, Madrid, Editora Nacional, 1977); Breve tratado de la comunión cuotidiana, Roma, 1675; Cartas escritas a un caballero español desengañado para animarle a tener oración mental, dándoles modo para ejercitarla, Roma, 1676; Defensa de la contemplación, c. 1680 (fragmentos en la ed. de J. Á. Valente de la Guía espiritual; ed. de F. Trinidad Solano, Madrid, Editora Nacional, 1983; ed. de E. Pacho, Madrid, FUE, 1988).

 

Bibl.: H. Ch. Lea, “Molinos and the Italian Mystics”, en The American Historical Review, 11 (1906), págs. 243-262; P. Dudon, Le quietiste espagnol Michel Molinos, Paris, Gabriel Beauchesne, 1921; J. Ellacuría Beascoechea, Reacción española contra las ideas de Miguel Molinos, Bilbao, Gráficas Ellacuría, 1956; F. Niccolini, “Su Miguel Molinos e taluni quietisti italiani. Notizie, appunti, documenti”, in Boll. d. Archivio storico del Banco di Napoli, XIII (1959); E. Pacho, “El quietismo frente al magisterio sanjuanista”, en Ephaemerides Carmeliticae, 13 (1962), págs. 353-426; J. Fernández, “Una bibliografía [sic] inédita de Miguel de Molinos”, en Anthologica Annua, 12 (1964), págs. 293-321; F. Sánchez-Castañer, Miguel de Molinos en Valencia y Roma (Nuevos datos biográficos), Valencia, Gráficas Soler, 1965; J. R. Robres Lluch, “En torno a Miguel Molinos y los orígenes de su doctrina. Aspectos de la piedad barroca en Valencia”, en Anthologica Annua, 18 (1971), págs. 353- 465; J. Á. Valente, “Ensayo sobre Miguel de Molinos”, pról. en M. de Molinos, Guía espiritual, Barcelona, Barral Editores, 1974, págs. 11-51; F. Trinidad Solano, “Miguel de Molinos: la experiencia de la nada”, introducción a la ed. de Defensa de la contemplación, Madrid, Editora Nacional, 1983, págs. 13-88; J. I. Tellechea Idígoras, Molinosiana. Investigaciones históricas sobre Miguel de Molinos, Madrid, FUE, 1987; Léxico de la “Guía Espiritual” de Miguel de Molinos, Madrid, FUE, 1991; M. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, vol. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1992, págs. 253-273; P. Moreno Rodríguez, El pensamiento de Miguel de Molinos, Madrid, FUE, 1992; J. M. Ayala, Miguel de Molinos: camino interior del recogimiento, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 2000.

 

Armando Pego Puigbó