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Joan Mañé i Flaquer

Biografía

Mañé i Flaquer, Joan. Torredembarra (Tarragona), 15.X.1823 – Barcelona 7.VIII.1901. Periodista y escritor.

Nació en el seno de una familia de comerciantes de granos, de tendencia liberal, pocos días más tarde de que la población fuera conquista por los Cien Mil Hijos de San Luis. Debido a la situación de inseguridad que reinaba, a consecuencia de la guerra carlista, en 1835 se trasladaron a Tarragona, donde, posteriormente, se incorporó a la Milicia Nacional, todo, pese a su corta edad, motivado por su ideario progresista radical. Tras la ruina del negocio de su padre y por su interés por las ciencias y las letras, marchó a Barcelona, en 1843, al finalizar la bullanga de la Jamancia. Estudió ciencias en las aulas de la Junta de Comercio y se licenció en Filosofía y Letras, en 1847, en la Universidad de Barcelona, después de rehusar un puesto como ingeniero de minas. Tuvo responsabilidades como profesor y director del Instituto Barcelonés y fue designado por la Universidad como profesor del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Barcelona. En 1850, obtuvo la plaza de catedrático agregado de la sección de latín y castellano, presentando su renuncia dos años más tarde.

Se inició en el periodismo, en 1845, empujado por sus amistades. Su primera vinculación fue con la redacción de la revista El Genio, dirigida por Víctor Balaguer y el editor Grau, donde, además de sus crónicas científicas, realizó funciones de director accidental cuando Víctor Balaguer debía de ausentarse por sus viajes a Madrid. Posteriormente formó parte de diversas redacciones: El Ángel Exterminador, La Discusión, La Fe Pública, El Barcino Musical, La Lira Española, El Locomotor y El Bien Público. A partir de 1847 se incorporó a la redacción del Diario de Barcelona, popularmente conocida como El Brusi, a consecuencia de la enfermedad y muerte de Pau Piferrer, como crítico teatral. Su primer artículo se publicó el 6 de abril, con motivo de la inauguración del Gran Teatro del Liceo. A partir de 1849 empezó a escribir artículos políticos y fue encargado de la sección de la prensa extranjera, gracias a su dominio del francés. En 1853 el propietario y director, Antonio Brusi y Ferrer, le cedió la dirección del periódico, convirtiéndose en el redactor principal. Su misión era modernizar y sacar de la grave crisis económica en que estaba inmersa la publicación. Transformó toda la redacción, incorporando hombres de su confianza, como Manuel Durán y Bas; mejoró su distribución gracias al ferrocarril y los barcos de vapor; aumentó el número de subscriptores; incrementó el número de anuncios de pago, situándolos en las páginas centrales; crearon la primera línea telegráfica de España; estableció una red de corresponsales, en España y en el extranjero; comenzó a publicarse una edición de mañana y otra de tarde; y mejoró las imprentas. El resultado fue que, en poco tiempo, se convirtió en el segundo periódico con más tirada de toda España y Mañé se convirtió en el primer periodista profesional del país.

A raíz de la revolución de 1854, dio un giro al periódico, transformándolo de una simple publicación de avisos a convertirse en la principal tribuna política conservadora y de la burguesía catalana, bajo el lema “conservar progresando”. Durante el bienio, en sus escritos, denunció el movimiento obrero y sus excesos, luchó por la derrota del gobierno progresista, informó sobre la epidemia de cólera –todo y la prohibición gubernamental‒, apoyó las diversas conspiraciones conservadoras y militares, etc. Debido a sus críticas tuvo que exiliarse a Francia, donde publicó el primer texto de carácter catalanista en las páginas del Messanger du Midi y posteriormente en el diario madrileño El Criterio, defendiendo un modelo descentralizado del Estado, la defensa de la cultura catalana y otorgando a Cataluña el estatus de nación.

En 1863, de la mano del ministro de Ultramar, el jurista Francesc Permanyer, y bajo el gobierno de Narváez, se le concedió la dirección del periódico La Época, sin comportar que abandonara sus funciones en el Diario de Barcelona. Sólo duró cuatro días en el puesto, presentando su renuncia justificada por las continuas injerencias de los ministros, que chocaban con su imagen de periodista independiente. En 1864 y en 1865 participó, como representante del Diario de Barcelona, en el Congreso de Malinas (Bélgica), donde se debatió la conciliación de la Iglesia con la libertad, frente a las restricciones que había impuesto el edicto papal Syllabus Errorum (1864) firmado por Pio IX, en el cual se consideraba el liberalismo como pecado. En 1866 rompió, finalmente, con la Unión Liberal, debido a la fuerte censura y represión que sufrían los periódicos y por el incumplimiento del programa regenerador del Manifiesto de Manzanares (1854). Comenzó a ser perseguido y tuvo que exiliarse a Francia durante un año, volviendo gracias a la intervención a su favor de Isabel II.

La revolución de la “Gloriosa” (1868) la vivió en Barcelona, dándole su apoyo durante los primeros días. Su nombre sonó como un posible miembro de la Junta Definitiva, cargó que rehusó excusándose en su mala salud. La redacción de la nueva Constitución (1869), la libertad de cultos, la sublevación de Cuba, el auge del republicanismo y la búsqueda de un nuevo rey hicieron que se decantara por conspirar, junto a los moderados en el exilio, contra el gobierno. Con la proclamación de la República, en 1873, se exilió, al saber que su vida estaba amenazada, tanto por los republicanos como por los carlistas, inmersos en una nueva guerra civil (1872-1876). Lejos de España publicó sus artículos titulados “Cándido”, donde reflexionó sobre la situación que vivía el país, dando como única solución al caos el regreso de la casa Borbón al trono ‒pero nunca bajo Isabel II‒, y señalando que el control del gobierno debía recaer en las manos del partido conservador.

Tras la caída de la República, en 1874, y bajo el gobierno del general Serrano, regresó a Barcelona. Pocos días después de su llegada, el Diario sufrió una suspensión administrativa de siete días y Mañé fue perseguido ‒se le amenazó con llevarlo a la cárcel‒ por las autoridades, por su condición de miembro de la dirección del partido Alfonsino en Barcelona. Con Alfonso XII en el trono y Cánovas del Castillo como presidente del gobierno, se le ofreció el cargo de gobernador civil de Barcelona, el cual rehusó. Pero la confianza que le despertó a Cánovas hizo que le incluyera en el comité encargado de las negociaciones de paz en secreto con los carlistas, que tras meses de reuniones consiguió firmar un acuerdo, tras asegurar a los militares sublevados que conservarían sus graduaciones y sus pagas. Poco a poco, comenzó a distanciarse de Cánovas y los conservadores españoles, hasta romper definitivamente con ellos, motivado por la redacción de una nueva Constitución (1876) –partidario de la restauración de la Constitución de 1841‒, la no abolición de la libertad de culto, la no descentralización del Estado y el impulso del librecambio frente al proteccionismo que defendía la burguesía catalana. A consecuencia del fracaso en las elecciones de 1876, donde el partido conservador en Cataluña no obtuvo ningún escaño, decidió dejar la política de primera línea y centrarse en el periodismo. Desde su tribuna se implicó en la defensa de los fueros vascos, abolidos en el mes de julio, concediéndosele, por parte de las diputaciones forales, el título de Padre de las Provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Desilusionado con la política española y conservadora, comenzó a implicarse con los partidos catalanistas conservadores, reclamando una autonomía política, una defensa de su identidad y una libertad económica para Cataluña, siempre dentro de España.

A partir de 1887, a consecuencia de una salud muy débil, se recluyó en su casa, donde siguió escribiendo y dirigiendo el Diario. Fueron los años, hasta su muerte en 1901, en que el poeta Joan Maragall Gorina se convirtió en su secretario y protegido. Su última gran campaña periodística fue a consecuencia de la guerra de Cuba, donde propugnaba la otorgación de una gran autonomía, lo que le comportó muchas críticas alrededor de toda España, incluso desde Cataluña, siendo considerado como un traidor.

Mañé se casó dos veces: la primera en 1851 con la poetisa Amalia Fenellosa Peris, que falleció en 1869; y la segunda en 1879, con María Vives y Mendoza, hija del juez y político Ramón Vives y de la escritora María Mendoza, que murió en 1883. Del primer matrimonio tuvo dos hijos: Margarita y Francisco Javier.

Mañé fue miembro de la Real Academia de la Historia (1879-1901). Perteneció también a la Academia de les Buenas Letras de Barcelona (1852), mantenedor de los Jocs Florals (1859), socio del Ateneo Barcelonés (1860), miembro de la Real Sociedad Geográfica Española (1876), socio de la Associació Excursionista de Catalunya (1878), presidente honorifico de la Asociación de Periodistas de Barcelona (1889) y miembro, sin asiento ni letra, de la Real Academia de la Lengua Española (1897). Combinó su faceta de autor con la de traductor de Jean-Joseph Gaume o H.L.C. Maret.

 

Obras de ~: Los quid-pro-quod. Juguete cómico en un acto, Barcelona, Imprenta Viuda e hijos de Mayol, 1848; H. L. C. Maret, Ensayo sobre el panteísmo en las sociedades modernas, trad. al castellano de ~, Barcelona, 1855; J. J. Gaume, Historia de la Sociedad Doméstica en todos los pueblos antiguos y modernos o influencia del cristianismo en la familia, trad. al castellano de ~, Barcelona, Librería religiosa, 1855; H. L. C. Maret, Teodicea cristiana o comparación de la noción cristiana con la noción racionalista de Dios, trad. al castellano de ~, Barcelona, 1855; Colección de artículos, Barcelona, Imprenta Antonio Brusi, 1856; La bolsa. Sus leyes, sus secretos y sus peligros, Barcelona, Imprenta Antonio Brusi, 1859; con J. Sala i Ferrer, Historia del bandolerismo y de la camorra en la Italia Meridional, Barcelona, Imprenta Antonio Brusi, 1864; Cartas provinciales. Dirigidas a don Cánovas del Castillo, Barcelona, Imprenta J. Jepús, 1875; La paz y los fueros, Barcelona, Imprenta del Diario de Barcelona, 1876; La revolución de 1868, juzgada por sus autores, Barcelona, Imprenta Jaime Jepús, 1876-1877; El Oasis. Viaje al País de los fueros, Barcelona, Imprenta Jaime Jepús, 1878-1880; El Regionalismo, Barcelona, Imprenta del Diario de Barcelona, 1887; Un ensayo de regionalismo, Cartas a D. J. Pella y Forgas, Barcelona, Impremta L’Avenç, 1897; Alrededor de la República (1873-1874), Barcelona, Imprenta del Diario de Barcelona, 1911.

 

Bibl.: G. Graells, D. Juan Mañé y Flaquer, su biografía leída por D. Guillermo de Graells en la sesión necrológica que el Fomento del Trabajo Nacional dedicó a la memoria de tan esclarecido patricio, Barcelona, 1903; J. Maragall, Biografia de D. Juan Mañé i Flaquer, Barcelona, Ajuntament Constitucional de Barcelona, 1912; J. Berruezo, Mañé y Flaquer. Un catalán defensor del País Vasco, Zarauz, Publicaciones de la Excma. Diputación Foral de Guipúzcoa, 1977; J. Tarin-Iglesias, Mañé i Flaquer, Barcelona, Gent Nostra, 1983; A. Mohino, “Els vuit anys de crítica dramàtica de Joan Mañé i Flaquer”, en Llengua & Literatura, 10 (1999), págs. 279-299; J. Bou Ros, “Entrevista d’una amistat: Joan Mañé per Joan Maragall”, en Revista de Catalunya, 152 (2000), págs. 24-38; Correspondència entre Benet de Llanza i Joan Mañé i Flaquer. Epistolari social, polític i cultural (1847-1862), Barcelona, Editorial de l’Abadia de Montserrat, 2002; “Joan Mañé i Flaquer i el discurs conservador català. ¿Regeneració o conservación?”, en Afers: fulls de recerca i pensament, 18, 44 (2003), págs. 75-92; M. Carrillo, “Juan Mañé y Flaquer y el primer Congreso de Malinas”, en Cercles: revista d’història cultural, 5 (2002), págs. 154-169; VV. AA., L’Estat-nació i el conflicte regional: Joan Mañé i Flaquer, un cas paradigmàtic, 1823-1901, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2004.

 

Jordi Bou Ros