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Pedro Mesía de la Cerda y de los Ríos

Biografía

Mesía de la Cerda y de los Ríos, Pedro. Marqués de la Vega Armijo (V). Córdoba, 11.II.1700 – Madrid, 15.IV.1783. Teniente general de la Real Armada, virrey de la Nueva Granada y bailío de la Orden de Malta.

Pedro Lázaro Rodrigo Joseph Mesía de la Cerda y de los Ríos —tal como fue bautizado cinco días después de su nacimiento— vino al mundo en el seno de una familia noble; fueron sus padres Luis Rodrigo Mesía de la Cerda, II marqués de la Vega Armijo, y Ana de los Ríos, quienes vistieron los hábitos de las Órdenes de Alcántara y de Calatrava. El marquesado de la Vega de Armijo databa de 1575, cuando el rey Felipe II lo erigió a favor de Fernando María de la Cerda. Sucedió en esta merced a la muerte de sus hermanos mayores Fernando y Francisco, que fallecieron sin sucesión, siendo él, por tanto, el V marqués de la Vega Armijo en el orden sucesorio.

A la edad de quince años ingresó en la Armada como guardia marina; entonces ya pertenecía a la Orden de Malta; años después fue comendador de ella.

Al completar los estudios fue destinado a la escuadra del marqués de Mary, marino genovés al servicio de la Corona española, y bajo su mando, en 1717, participó en la conquista de Cerdeña; sirvió en la reconquista de Sicilia y peleó en las tomas de Palermo y de Messina. Contrajo matrimonio con María Ventura.

Bajo las órdenes de Baltasar de Guevara viajó a América y en 1726 recibió el ascenso a alférez de navío; en 1733 fue promovido a teniente de navío y como comandante de una fragata viajó a las costas de Chile y Perú. En 1745 fue ascendido al grado de capitán de navío. El 25 de junio de 1747, al mando del Glorioso, un navío de setenta cañones, regresaba a España transportando valores; frente a las Azores debió afrontar el ataque del Warwich, un navío inglés con sesenta cañones al que acompañaba la fragata Lark, armada con 44 cañones; Mesía de la Cerda venció en el combate y desmanteló las naves que le habían atacado. El 16 de agosto del mismo año, frente a Finisterre, rechazó el ataque de un navío de sesenta cañones y de dos fragatas de la escuadra comandada por el almirante George Byng; esta escuadra prácticamente destrozó la fuerza naval al mando de Antonio de Gaztañeda. Mesía logró llevar el Glorioso al puerto de Concurbión, donde desembarcó la carga a su cuidado; cumplida esta misión, zarpó hacia Cádiz, pero en las inmediaciones del cabo de San Vicente fue atacado por las fragatas corsarias King George y Prince Frederick, a las cuales se enfrentó causándoles grandes destrozos; además, obligó a huir a diez bajeles, uno de los cuales, armado con cincuenta cañones, se hundió; no obstante, el 19 de octubre hubo de rendirse al agotársele las municiones. En el momento de la captura Mesía estaba herido, al igual que ciento treinta hombres de su tripulación; otros 33 habían perdido la vida. Hecho prisionero, pronto fue canjeado.

El 29 de junio de 1752 recibió el mando de una escuadra formada por el Septentrión, un navío de sesenta cañones, la fragata Galga, el paquebote Marte y los jabeques Cazador, Volante, Galgo y Liebre. Su principal misión era la de hacer el corso y reprimir el contrabando en el mar Caribe, en una jurisdicción comprendida entre la isla de Margarita (Venezuela) y la isla de Santa Catalina (Colombia) frente a las costas de la Mosquitia, área que a mediados del siglo XVIII era la más expuesta a la acción de los corsarios holandeses que lideraban el comercio ilegal. En 1755 fue ascendido a teniente general y dos años después fue nombrado miembro del Consejo Supremo de Guerra. El 13 de marzo de 1760, mediante Real Decreto, fue nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada con una asignación de 40.000 pesos anuales más la ayuda de costa, quedando libre de la media anata; influyeron en su designación el sentido de la responsabilidad y el celo demostrados a lo largo de una brillante carrera naval que se prolongó cuarenta años. Sucedió en el virreinato a José Solís Folch de Cardona, quien, al dejar el cargo, no regresó a la metrópoli, sino que se consagró a la vida religiosa, después de renunciar a sus títulos y a sus bienes para ingresar en el convento de los franciscanos de Santafé. Esta determinación había sido mantenida en secreto por Solís, quien la hizo efectiva cuatro días después de la llegada a la ciudad de su sucesor; este hecho inesperado produjo estupor y sobresalto a Mesía de la Cerda, quien trató infructuosamente de disuadir a su predecesor y presionarle para que abandonara el convento.

Solís perseveró en su determinación y concluyó su vida en el convento, donde como consecuencia del tabardillo murió el 27 de abril de 1770.

Para cumplir con su nuevo destino, el 18 de septiembre de 1760 embarcó Mesía en el navío Castilla que lo condujo a Cartagena de Indias, donde desembarcó el 26 de octubre. Le acompañaba, como su médico personal, José Celestino Mutis, galeno y naturalista gaditano, célebre por haber promovido y dirigido la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816).

En 1761 Mesía debió afrontar una calamidad pública al producirse, en la madrugada del 8 de diciembre, el incendio del la Iglesia y el Convento de Santo Domingo, hecho que dejó pérdidas superiores al millón de pesos, además de la destrucción de numerosos cuadros, la mayoría de ellos obras de Gregorio Vásquez y de Angelino Medoro. También hubo de enfrentarse a varios eventos geológicos y seísmos que causaron daños cuantiosos en la provincia de Popayán.

Durante su administración se crearon títulos de nobleza en la Nueva Granada, a los cuales podían acceder los nacidos en América que pudiesen demostrar sangre española libre de mezcla indígena; el 12 de mayo de 1762 se concedieron por primera y única vez dos marquesados: el de Surba, otorgado a Luis Diego de Castillo y Guevara, residente en Tunja; y el de San Jorge, a Jorge Miguel Lozano de Peralta, residente en Santafé de Bogotá.

Como consecuencia de la guerra con Inglaterra, su gobierno sufrió la falta de recursos económicos, hecho que se reflejó, por una parte, en la ausencia de grandes obras y, por otra, en el propósito de hacer más eficiente la administración y de buscar nuevos recursos a través del fomento de la actividad minera (especialmente en las minas de esmeraldas), el combate al contrabando, la estadística pormenorizada de los ingresos y rentas, la reorganización de la tributación del aguardiente y del tabaco y la imposición de nuevos gravámenes. Como consecuencia de esta última medida se dieron brotes de malestar en diversas regiones; las principales protestas tuvieron lugar en el valle del Cauca, donde estaban los mayores cultivos de caña de azúcar, y donde se produjeron protestas por el establecimiento de un estanco de aguardiente; en 1767, en la provincia de Neiva, se produjo un levantamiento popular en contra del gobernador Miguel Gálvez de Cevallos a quien se inculpaba por el cobro excesivo de impuestos y por una cuantiosa alza en las rentas del tabaco; los amotinados, liderados por Juan Ascencio Perdomo, atacaron la casa del gobernador a quien sacaron con la intención de abandonarlo en una balsa para que fuese llevado por la corriente del río Magdalena. Gracias a la intervención del presbítero Cristóbal Álvarez y de algunos vecinos, este intento no se consumó y la calma retornó tras firmarse unas capitulaciones en la iglesia parroquial, teniendo como testigo el Santo Sacramento. El virrey no quiso que estos hechos quedaran impunes y ordenó la captura de Perdomo, quien después de cinco años de búsqueda fue apresado y llevado a Santafé, donde se le debía juzgar; la Real Audiencia nunca se pronunció y el detenido murió en prisión tras serle expropiados sus bienes; también se tomaron represalias en contra de su familia, en una clara violación de las leyes.

Entre las obras de defensa adelantadas en Cartagena de Indias durante su administración sobresalen el cierre de Bocagrande y el refuerzo de la escollera y demás fortificaciones, obras ejecutadas por el ingeniero Antonio de Arévalo. También en Portobelo, Maracaibo, Panamá, Santa Marta y Guayaquil se llevaron a cabo obras menores y se levantaron planos de las fortificaciones; en este último puerto se incrementó la explotación de maderas para la construcción de bajeles. Como obras civiles de utilidad pública, cabe destacar el arreglo del camino de occidente o camellón, principal vía de acceso a la capital del virreinato, la construcción de puente calicanto, uno en Chía sobre el río Bogotá, otro en Bosa sobre el río Tunjuelo y un tercero en Puente Aranda sobre la confluencia de los ríos San Francisco y San Agustín, así como la rectificación y ampliación del camino del Opón, obra que continuó su sucesor.

Otra realización importante fue la de levantar el Plano geográfico del Virreinato de Santafé de Bogotá, obra coordinada por el fiscal y juez de Rentas Francisco Antonio Moreno y Escandón y llevada a cabo por José Aparicio Morata. Este trabajo permitió una mejor y más exacta demarcación de las provincias con la definición de sus límites, el detalle de sus accidentes geográficos (ríos, islas, plazas de armas, territorios indígenas) y una breve descripción de su estado civil, político y militar.

En presencia del virrey, el 13 de marzo de 1762, se inauguró la Cátedra de Matemáticas en el Colegio del Rosario; hasta entonces, apenas se enseñaban rudimentos de esta ciencia y gracias a Mutis, su médico personal, no sólo se enseñaron Matemáticas en un nivel superior, sino que se iniciaron estudios de Astronomía y Ciencias Físicas y Naturales. En julio del mismo año, con ocasión de la Guerra de los Siete Años, Mesía regresó a Cartagena de Indias, donde permaneció durante diez meses con el fin de organizar la defensa del puerto. El almirante George Pokock, con veintinueve buques, se había apoderado de La Habana, y otras fuerzas inglesas habían desembarcado en Martinica, motivos por los cuales existía la posibilidad de un ataque inglés como respuesta a la derrota sufrida por Vernon en 1741. En Cartagena de Indias se hallaba con el mismo fin el ingeniero Antonio de Arévalo y estaba fondeada la escuadra comandada por el capitán Luis de Córdova, dispuesta a prestar apoyo a los gobiernos de Santo Domingo, Caracas, Guatemala y México. Los operativos de defensa resultaron inútiles al firmarse el Tratado de París, que llevó la calma al Caribe, pero costó la pérdida de La Florida, cambiada por la desocupación de La Habana.

Quizás el asunto más complejo que debió afrontar Mesía como virrey de la Nueva Granada fue el de hacer efectivo el extrañamiento de los jesuitas en cumplimiento de la Pragmática Sanción de Carlos III (27 de febrero de 1767). En julio recibió la Real Orden que surtía aplicación el primero de agosto y la ejecutó obedientemente con la colaboración del fiscal Moreno y Escandón. No debió ser fácil el cerrar las universidades, colegios, seminarios, noviciados, parroquias y misiones que regentaban los jesuitas, tomar las precauciones necesarias para que los centros educativos siguiesen funcionando y subastar o administrar los bienes secuestrados. Con 4.182 volúmenes confiscados en los conventos y colegios de Santafé, Pamplona (Colombia), Tunja y Honda se organizó en 1774 la Biblioteca Pública de Santafé de Bogotá (hoy Biblioteca Nacional de Colombia), la primera de carácter público que funcionó en América, entidad que abrió sus puertas el 9 de enero de 1777 en el antiguo seminario de los jesuitas. El Colegio de San Bartolomé siguió funcionando, pero surgieron en él los primeros brotes de indisciplina estudiantil.

En 1768, Mesía de la Cerda logró hacer más eficiente el servicio de correos mediante el establecimiento de un reglamento de itinerarios y la creación de agencias postales en las principales ciudades y poblaciones del país. Otra de sus realizaciones fue la de organizar y poner en marcha una fábrica de pólvora. Como marino con cuarenta años de experiencia, conocía la factibilidad de este proyecto, para el cual solicitó a la metrópoli el envío de operarios calificados. La fábrica se instaló en las afueras de la capital, protegiéndola con fuertes muros para evitar el peligro de una explosión.

Después de vencer no pocos obstáculos y utilizando salitre proveniente de Boyacá, logró el propósito de producir pólvora, que por su calidad sirvió para sustituir la que se importaba, lográndose un ahorro significativo para la Hacienda pública. En forma paralela, logró mejorar la manufactura de cerámica al introducir la técnica del vidriado. Otros hechos positivos de su administración fueron el incremento de las rentas públicas y el aumento de vías, especialmente caminos de penetración en zonas mineras.

Por iniciativa de María Clemencia de Caycedo y Vélez, esposa del oidor Joaquín de Aróstegui y Escoto, y con su generoso auspicio, se fundó en agosto de 1766, bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar, el colegio de la enseñanza, primer establecimiento dedicado a la educación femenina. El virrey acogió la iniciativa de la noble dama y el 8 de febrero de 1770 logró la autorización real; meses más tarde se colocó la primera piedra de la iglesia que luego se erigiría para servicio del Convento de la Orden de María. Las dificultades para el establecimiento de la comunidad fueron enormes y por ello se demoró la apertura del que sería el primer colegio femenino organizado en la América hispana. El plantel finalmente abrió sus puertas el 23 de abril de 1783, ya bajo la administración del arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora. Este colegio buscaba la formación integral de la mujer como elemento fundamental de la familia y de la sociedad.

El proyecto cubría dos secciones, un pensionado-colegio para las niñas de familias nobles, “encomendadas o colegiales” (entonces veinticinco), que debían pagar una pensión de 100 pesos anuales y a las cuales estaba destinada la segunda planta de la edificación, y una escuela pública gratuita para las demás niñas que quisieran asistir a las clases, que fueron más de doscientas, a quienes se reservó la planta baja. La casa destinada al colegio era una de las más amplias, acogedoras y modernas de la capital. Este suceso trascendental fue recibido con regocijo por la ciudad, cuyos habitantes vieron por primera vez cómo las niñas y jóvenes gozaban de un derecho reservado hasta entonces a los varones.

Desde 1767, y en repetidas ocasiones, Mesía solicitó que se le exonerase del mando y se le permitiese regresar al solar paterno, pues se sentía incapaz de cumplir con sus deberes a causa de los achaques de salud, agravados con la edad y afectados por el clima húmedo y frío de Santafé de Bogotá, a los que se unían una progresiva pérdida de la vista y frecuentes ataques de amnesia.

Secuela de ello fue el dejar olvidado en Santafé de Bogotá el informe relativo a su gestión, el cual, por las mismas limitaciones de salud, había sido redactado por su colaborador, el fiscal Moreno y Escandón.

El 2 de diciembre de 1771 se le relevó del cargo. En 1772 dejó la capital del Nuevo Reino de Granada y se dirigió a Cartagena de Indias donde, el 31 de octubre, entregó el mando, y en la Astrea, la misma fragata en que había viajado su sucesor (el también marino y jefe de Escuadra Manuel Guirior), regresó a la Península.

Los últimos años los vivió retirado de los asuntos oficiales y de los negocios públicos. Murió a los 83 años de edad. Su gestión como virrey fue bien calificada a pesar de las circunstancias económicas precarias que le correspondieron. En la Nueva Granada se le recordó siempre como un magistrado ecuánime y preocupado por el adelanto del virreinato.

A su fallecimiento le sucedió José de Aguilar-Ponce de León y Narváez como VI marqués de la Vega Armijo, nieto de su hermana María Antonia Messía de la Cerda y de los Ríos, que había casado con Antonio de Aguilar-Ponce de León y de Albornoz, y fue hijo de éstos y padre del anterior Juan Fernando de Aguilar-Ponce de León y Messía de la Cerda, que matrimonió con Rosa de Narváez Argote y Guzmán, condesa de Bobadilla.

 

Obras de ~: Relación del estado del Virreinato de Santafé, que hace el Excmo. Sr. D. ~ á su sucesor el Excmo. Sr. D. Manuel Guirior, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1910.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Museo Naval, Catálogo, Real Compañía de Guardias Marinas, n.º 137; Archivo del Marqués de la Vega Armijo (Córdoba).

F. Moreno y Escandón, “Estado del Virreinato de Santafé, Nuevo Reino de Granada, y relación de su gobierno y mando del Excmo. Sr. Bailio Frey D. Pedro Mesía de la Cerda, Marqués de la Vega Armijo, Caballero de la Gran Cruz de Justicia, del Orden de San Juan, Gentil Hombre de Cámara de su Majestad con llave de entrada, Decano de su Consejo Real y Supremo de Guerra, Teniente General de la Real Armada; Virrey, Gobernador y Capitán General del mismo Nuevo Reino, y Presidente de su Audiencia y Chancillería Real. á su sucesor el Excmo. Sr. D. Manuel Guirior. Año de 1772”, en J. A. García García, Relaciones de los virreyes del Nuevo Reino de Granada, ahora Estados Unidos de Venezuela, Estados Unidos de Colombia y Ecuador, Nueva York,1869; F. de P. Pavía Pavía, Galería Biográfica de Generales de Marina, Madrid, Imprenta de F. García, 1873; J. Álvarez de Estrada, Grandes virreyes de América: desde 1535 a 1794, Madrid, Editora Nacional, 1969; F. Andújar Castillo, Consejo y Consejeros de Guerra en el siglo XVIII, Granada, Universidad, 1996, pág. 233; F. González de Canales y López-Obrero, Retratos de los Oficiales Generales del Cuerpo General de la Armada en la Jurisdicción central de Marina, t. II, Madrid, 2000, pág. 158.

 

Santiago Díaz Piedrahita