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Luis de Madrazo y Kuntz

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Biografía

Madrazo y Kuntz, Luis de. Madrid, 27.II.1825 – 9.II.1897. Pintor de historia y retratos.

Nació en el seno de la ilustre familia de artistas los Madrazo. Penúltimo hijo del pintor neoclásico José de Madrazo y Agudo e Isabel Kuntz de Valentini, quizá fue el hijo más unido a su padre, figura clave en el panorama de la pintura española de su tiempo y personaje fundamental en los círculos artísticos de la primera mitad del siglo xix. Sus hermanos fueron el célebre pintor Federico de Madrazo, el arquitecto Juan de Madrazo y el escritor Pedro de Madrazo.

Como todos ellos, disfrutó de una esmerada educación en el selecto ambiente intelectual de la familia, realizando sus estudios artísticos bajo la atenta dirección de su padre, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Completó su formación en el extranjero, primero en Roma, ciudad a la que se trasladó tras obtener una de las pensiones del Estado para la ampliación de estudios, presentando en los ejercicios de oposición el cuadro Tobías devolviendo la vista a su padre (1848). De estos años conserva la Academia de San Fernando varios desnudos masculinos, uno de ellos realizado en Roma durante su primer año de pensionado, en los que se advierte la destreza de Luis en el dibujo. En Roma pintó también su obra maestra el Entierro de santa Cecilia (1852), que fue unánimemente elogiado por la crítica del momento y que algunos especialistas consideran una de las más bellas creaciones de la corriente nazarena en nuestro país. Después de su estancia romana, viajó por distintas ciudades de Alemania, Bélgica y Francia, reuniéndose con su hermano Federico y su sobrino Raimundo en París en 1853. En los años de París se relacionó con importantes personalidades del mundo del arte, como Ingres y el barón Taylor, y con otros muchos amigos de la familia, como los pintores Adrian Dauzats y Francisco Lameyer.

A su regreso a España en 1855, participó en la primera Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid en 1856, en el Ministerio de Fomento (antiguo convento de la Trinidad), en la que consiguió la Medalla de 1.ª Clase por su obra Don Pelayo en Covadonga (Museo del Prado, depositado en la basílica de Santa María de Covadonga). Esta obra, muy admirada por la crítica de la época, es una de sus grandes composiciones. Entre sus obras de tipo histórico cabe destacar también el retrato de Isabel la Católica (Museo del Prado, depositado en el Alcázar de Segovia), encargo de su padre para la Galería cronológica de los Reyes de España, iniciada en 1847. En las composiciones de estos años, en las que se une el espíritu cristiano de los nazarenos con el estilo purista de la vertiente más moderada del Romanticismo francés, se puede advertir sobre todo la influencia del pintor de historia Paul Delaroche.

Además de otras obras históricas y religiosas, pintó numerosos retratos, entre los que cabe destacar el del actor Julián Romea en el papel de Sullivan (existe una copia en el Museo del Romanticismo de Madrid); la condesa de Roncalí (Museo Lázaro Galdiano), el pintor Vicente Palmaroli (Museo del Prado), el Cardenal Ceferino González (catedral de Toledo), el General Juan Prim (palacio del Senado), así como numerosos retratos de parientes y amigos. En la Exposición de 1862 participó con seis retratos y obtuvo una Medalla de 2.ª Clase. Ofendido por el tratamiento recibido en esta convocatoria, no volvió presentarse a ningún certamen oficial, volcando todo su afán en la actividad docente, su verdadera vocación, a la que se consagró como profesor de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, en la que había ingresado el 7 de octubre de 1857, primero como ayudante y a partir del 8 de junio de 1880 como catedrático de Dibujo del Antiguo y Plegado de Ropajes. Fue nombrado director de la misma el 29 de mayo de 1891, caracterizándose su gestión por la elaboración de un nuevo reglamento que situó a la Escuela de Madrid entre las más avanzadas de su tiempo.

Como pintor, fue artista de gran facilidad y muy dotado para el dibujo, pero su figura ha quedado siempre eclipsada por el brillo y la fama que llegó a alcanzar su hermano Federico. Sin embargo, su obra es muy extensa y presenta características muy personales: la elegancia en el dibujo, un sentido muy ajustado del color y una ejecución fácil y de pincelada muy suelta. Colaboró con Federico en la realización de retratos, sobre todo en copias de algunos de ellos, de tal manera que muchas de sus obras han sido atribuidas erróneamente a su hermano. De carácter tímido y modesto, desempeñó un papel muy importante en la familia, estando siempre dispuesto a colaborar y ayudar a sus hermanos y sobrinos. Este papel familiar se vio reforzado por su matrimonio, en 1862, con su sobrina Luisa de Madrazo y Garreta (1836-1884), hija mayor de su hermano Federico.

De esta unión nació una única hija, María Teresa de Madrazo (1865-1940), que contrajo matrimonio con el catedrático Mario de Daza Campos.

Es preciso dejar constancia de su actividad en otros campos, como su incursión en la escultura, que le llevó a realizar alguna pieza interesante como el Retrato de la vizcondesa de Jorbalán. Gran aficionado a la medicina, se relacionó con algunos de los más célebres médicos del momento, como el cirujano Sánchez Toca y el doctor Luis Simarro, de quien fue padrino y tutor durante muchos años. Fue además un gran bibliófilo y coleccionista, afición que le llevó a reunir una amplísima y selecta biblioteca.

Murió en Madrid, en su domicilio de la calle Caballero de Gracia, n.º 37, el 9 de febrero de 1897.

Sus descendientes, afortunadamente, han conservado unida la colección de pinturas de Luis de Madrazo, en la que están representados todos los pintores de la familia (José, Federico, Luis, Raimundo y Ricardo).

Este conjunto tan notable ha sido adquirido recientemente por la Comunidad de Madrid.

 

Obras de ~: Tobías devolviendo la vista a su padre, 1848 (en paradero desconocido); Desnudo de academia, 1848; Figura varonil clásica, 1850; Entierro de santa Cecilia, 1852; Isabel la Católica, c. 1852; El actor Julián Romea en el papel de “Sullivan”, 1853; Retrato de su hermana Cecilia, c. 1853; Primer milagro de santa Teresa de Jesús, 1855; El cardenal Ceferino González, c. 1855; Don Pelayo en Covadonga, 1856; La niña María Cristina de Roncalí, 1858; Santa Isabel, reina de Hungría, 1859 (en paradero desconocido); Presentación de la embajada marroquí a Isabel II, 1860; La Caridad, c. 1860; Retrato de su esposa Luisa de Madrazo, c. 1862; Pedro Kuntz, c. 1867; El pintor Vicente Palmaroli, c. 1866-1867; Retrato de la señora de Creus, 1870; El general Juan Prim, 1870; María Teresa de Madrazo y su prima María Luisa Fortuny, c. 1880; Retrato de su hermano Juan, c. 1880; Retrato de su hermano Federico, c. 1885-1890; Autorretrato, c. 1896.

 

Bibl.: M. Ossorio y Bernard, Galería biográfica de artistas españoles del siglo xix, Madrid, 1883-1884 (ed. Madrid, Giner, 1975), págs. 405-406; J. Parada y Santín, “Don Luis de Madrazo”, en La Ilustración Española y Americana, IX, 8 de marzo de 1897, págs. 147-152; A. Avilés, Catálogo de las obras existentes en el Palacio del Senado, Madrid, Fortanet, 1917, pág. 77; E. Tormo y Monzó, Las viejas series icónicas de los Reyes de España, Madrid, Blass, 1917, pág. 269; A. de Beruete y Moret, Historia de la pintura española en el siglo xix. Elementos nacionales y extranjeros que han influido en ella, Madrid, Blass, 1926; M. de Madrazo López de Calle, La pintura española en los siglos xix y xx, Madrid, 1945; B. de Pantorba (J. López Jiménez), Los Madrazos. Ensayo biográfico y crítico, Barcelona, Iberia, 1947, págs. 29-31; Historia y crítica de las Exposiciones de Bellas Artes celebradas en España, Madrid, Alcor, 1948; F. J. Sánchez Cantón, Los retratos de los Reyes de España, Barcelona, Omega, 1948; “Las adquisiciones del Museo del Prado en los años 1952 y 1953”, en Archivo Español de Arte, XXVII, 105 (1954), pág. 11; J. A. Gaya Nuño, Arte del siglo xix, en M. Almagro Basch et al., Ars Hispaniae: historia universal del arte hispánico, t. XIX, Madrid, Plus Ultra, 1966, pág. 255; D. A. Randolph, “Cartas de D. Eugenio de Ochoa a sus cuñados, D. Federico y D. Luis de Madrazo”, en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo (1967), págs. 3-87; E. Pardo Canalís, “Un retrato de niña, por Luis de Madrazo”, en Goya, 89 (1969), pág. 337; J. de la Puente, “Innovación y conservadurismo en los Madrazos”, en Goya, 104 (1971), págs. 98-105; A. M. Arias de Cossío, “El nazarenismo en la pintura española del siglo xix”, en VV. AA., II Congreso Español de Historia del Arte, t. II, Valladolid, 1978, págs. 50-53; E. Lafuente Ferrari, “La colección de Pinturas y Esculturas del Senado”, en El Palacio del Senado, Madrid, Senado, 1980, págs. 184-186; C. González López, Federico de Madrazo y Kuntz, Barcelona, Subirana, 1981; A. Espinós, “El Prado disperso. Cuadros depositados en Madrid. Inventario”, en Boletín del Museo del Prado, IV (1983), pág. 185; Los Madrazo: una familia de artistas, Madrid, Ayuntamiento, 1985; E. Casado Alcalde, “Pintores pensionados en Roma en el siglo xix”, en Archivo Español de Arte, LIX, 236 (1986), págs. 363-385; C. Reyero, La pintura de historia en España. Esplendor de un género en el siglo xix, Madrid, Cátedra, 1989; “Los temas históricos en la pintura española del siglo xix”, en J. L. Díez (dir.), La pintura de Historia del siglo xix en España, Madrid, Museo Nacional del Prado, 1992, págs. 37-67; J. A. Hernández Latas, “Correspondencia entre los Madrazo y Bernardino Montañés”, en Goya (1994), págs. 270-281; C. González López y M. Martí Ayxelá, “Federico de Madrazo, un romántico europeo”, en VV. AA., Federico de Madrazo (1815-1894), Madrid, Museo Romántico, 1994; F. de Madrazo, Federico de Madrazo. Epistolario, introd,. de J. L. Díez García, transcripción e índices de E. Alaminos López y E. Salas Vázquez, t. I, Madrid, Museo del Prado, 1994; C. Reyero y M. Freixa, Pintura y escultura en España, 1800-1910, Madrid, Cátedra, 1995, págs. 79, 104, 127 y 471 (2); J. de Madrazo, Epistolario, coord. por J. L. Díez García, transcripción e índices de A. Gutiérrez y A. Bornia, Santander, Fundación Marcelino Botín, 1998, págs. 589-698; A. Trapiello y J. M. Castro Prieto, La seda rota, Madrid, Galería Arte 21, 2006, págs. 86-98.

 

Eduardo Salas Vázquez