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José López Domínguez

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Biografía

López Domínguez, José. Marbella (Málaga), 24.XI.1829 – Madrid, 17.X.1911. Militar y político.

Hijo de un oficial de Guardia de Corps prematuramente retirado, toda su carrera, tanto militar como política, se vio fuertemente influenciada por el general Francisco Serrano, duque de la Torre, pariente de su madre y muy allegado a la familia. Serrano fue quien influyó en el joven José para que escogiera la carrera de las armas.

El 6 de enero de 1845, cuando contaba dieciséis años, ingresó José López Domínguez en el Real Colegio de Artillería establecido en el Alcázar de Segovia. Aquí mostró su gran afición al estudio, en un centro especialmente significado por estar a la vanguardia científico-técnica del arte militar. Su aplicación en los cinco años que duró su formación académica, tres en el Real Colegio y los dos últimos en la Escuela de Aplicación de Artillería, queda acreditada por los ascensos honoríficos que obtuvo: tercer habilitado de subrigadier de la compañía de cadetes y grado de subteniente, entre otros.

Con el nombramiento de teniente de Artillería, el 23 de diciembre de 1850, vino el primer destino en el Tercer Regimiento a Pie en la ciudad de Sevilla. Un año después pasó a la Brigada Montada y en ambos destinos debió de llamar la atención de sus mandos, recibiendo el grado de capitán de Infantería, compatible con su empleo de teniente de su arma, en virtud del dualismo, que permitía a los oficiales artilleros mantener la escala cerrada de ascensos por rigurosa antigüedad.

Ante la primera decisión política de su vida, sin duda aconsejado por su pariente Serrano, optó a favor del levantamiento progresista de O’Donnell, facilitando el éxito del movimiento en Sevilla, iniciado el 16 de julio de 1854. Por gracia general obtuvo, entonces, el grado de comandante de Infantería.

A finales de 1854 a López Domínguez se le brindó una excelente oportunidad para su formación técnica, también de la mano del general Serrano, a la sazón director general de Artillería, importante puesto al que había accedido en pago a su adhesión al movimiento revolucionario. El joven capitán López fue elegido para formar parte de la comisión de Artillería para asistir al frente de guerra en Crimea, donde Inglaterra, Francia y Piamonte apoyaban a Turquía contra las pretensiones soberanistas de Rusia. López quedó agregado al cuartel general del ejército francés al mando del mariscal duque de Malakoff. Al parecer, la actuación de aquél en el frente no se limitó a la simple observación, sino que debió de intervenir activamente en los trabajos de planificación estratégica, sobre todo en el sitio de Sebastopol, donde se emplearon todos los adelantos técnicos de la época.

En lugar de incorporarse a una guarnición en España, López consiguió una nueva comisión para estudiar la organización y últimos avances en el campo bélico que se estaban desarrollando en Europa. Entre abril y agosto de 1856 viajó por el Danubio visitando los ejércitos de Hungría, Alemania, Bélgica y Francia.

En París coincidió con el general Serrano, nombrado embajador ante la Corte de Napoleón III, en sustitución de Salustiano Olózaga, quedando destinado a las órdenes de su pariente en la capital francesa. Mucho debió de aprender el joven José del duque de la Torre, no sólo de sus habilidades diplomáticas ante el Emperador y la emperatriz Eugenia, sino sobre todo de las preocupaciones de Serrano por la política española en los momentos en los que se producían importantes desórdenes en Cataluña y la cuenca del Duero y O’Donnell perfilaba el centrismo político con su Unión Liberal.

De regreso a España, en abril de 1857 ascendió a capitán de Artillería y dos años después se materializó su primera incursión en el mundo de la política en la Unión Liberal de la mano de su pariente el duque de la Torre, obteniendo un acta de diputado por la circunscripción de Coín en la legislatura de 1858 a 1864, coincidiendo prácticamente con el gobierno largo de O’Donnell, tan rico en realizaciones políticas tanto nacionales como internacionales para España. Con objeto de compatibilizar su actividad militar y legislativa fue destinado a Madrid. De nuevo formó parte López Domínguez de la comisión militar que fue enviada al frente europeo, esta vez en la campaña de unificación de Italia de 1859, encuadrado en el ejército de coalición sardo-francés.

En aquellos momentos, debido a su formación técnica adquirida fundamentalmente en las comisiones que había desempeñado en el extranjero, López Domínguez debía pasar por ser uno de los oficiales más competentes del arma de Artillería, como lo prueba el hecho de su destino al mando de la Compañía de Artillería de Montaña que en octubre de 1859 se formaba en Sevilla, compuesta por cañones de ánima rallada. Esta innovación técnica permitía la mejora considerable de la puntería. López, al frente de su compañía, quedó encuadrado en el Primer Cuerpo de Ejército al mando del mariscal de campo Rafael Echagüe en el ejército expedicionario que O’Donnell envió a Marruecos a finales de 1859.

Sin duda, el capitán López Domínguez contribuyó al papel decisivo que adquirió la Artillería en la campaña africana. Al frente de su compañía de cañones rayados participó en las acciones de continuo hostigamiento de los días finales de diciembre de 1859, destacando en la batalla de los Castillejos, el 1 de enero de 1860, cubriendo el asalto de la Infantería en la de los Llanos de Tetuán y en la de Wad-Ras el 23 de marzo. Por su comportamiento en esta guerra, siendo capitán efectivo de Artillería recibió el empleo de comandante de Caballería, el grado de teniente coronel de Infantería y el grado de teniente coronel de Caballería sucesivamente. Además, se le concedió la Cruz de Carlos III y la de 1.ª Clase de la Orden de San Fernando por su actuación en la batalla de Wad-Ras.

De regreso a la guarnición peninsular, compatibilizó diversos destinos con su escaño de diputado hasta que el 12 de abril de 1865, probablemente para mostrar su desacuerdo con el rigor aplicado por Narváez, dos días antes, en los sucesos de la llamada “Noche de San Daniel”, solicitó el retiro eventual en aplicación de la Ley de Incompatibilidades Parlamentarias. En octubre del mismo año, con O’Donnell de nuevo en el poder, reingresó en el Ejército siendo destinado a la Plana Mayor de Artillería del distrito de Castilla la Nueva, al frente de cuya capitanía, se encontraba desde el 21 de junio su protector, el general Serrano.

El 22 de junio de 1866 se unió a O’Donnell, Serrano y Narváez frente al movimiento revolucionario auspiciado por Prim desde París y cuyo detonante había de ser el asalto al Regimiento de Artillería del cuartel de San Gil. En la refriega que se extendió por el centro de Madrid, en los alrededores del cuartel que ocupaba la actual plaza de España, debió distinguirse López Domínguez, siendo recompensado con el grado de teniente coronel de Caballería, ascendiendo por antigüedad, al poco, a comandante efectivo de su propia arma de Artillería.

Firmante, como diputado de las disueltas Cortes, del manifiesto exigiendo a Narváez nueva convocatoria antes de finalizar 1866, López fue arrestado el 30 de diciembre de 1866 y conducido a diversas prisiones de Madrid, Málaga y Melilla, volviendo al servicio activo el 4 de enero del año siguiente.

Al comenzar 1868, pidió licencia para viajar a París, donde probablemente se entrevistó con el general Prim, una vez que, de acuerdo con Serrano, habían decidido sumarse a la conspiración que acabaría con el reinado de Isabel II.

Nombrado, el 8 de agosto de 1868, ayudante de campo del capitán general duque de la Torre, deportado a la sazón en la Orotava, se embarcó López Domínguez con su general y otros conjurados en el Buenaventura, llegando a Cádiz el 18 de septiembre. Ascendido a coronel de Caballería, se encargó con Serrano de organizar el ejército que el día 24 venció a Novaliches en la batalla de Alcolea. Por méritos de guerra y sobre el mismo campo de batalla fue promovido a brigadier, accediendo al generalato con treinta y nueve años de edad.

Con el nuevo régimen ocupó López una serie de importantes puestos en la Administración civil, siempre íntimamente ligado a Serrano. Partidario del duque de Montpensier, aceptó de buen grado a Amadeo, de quien fue nombrado ayudante de campo el 5 de marzo de 1871, pocos días después de alcanzar el empleo de mariscal de campo por los servicios prestados al “alzamiento nacional de septiembre de 1868”. Sin abandonar el destino de ayudante del Rey, marchó a las provincias del norte en calidad de jefe de Estado Mayor General del Ejército de Operaciones, organizando con éxito las fuerzas que se enfrentaban al tercer intento de don Carlos por ocupar el trono.

Su estrecha relación con Serrano le puso en frente de Amadeo, dimitiendo del cargo de ayudante en junio de 1872, dedicándose de lleno a sus deberes como diputado. En esta situación de ajeno al servicio de armas activo asistió a la proclamación y primeras dificultades de la Primera República. Ésta se debatía entre los tres frentes bélicos: cubano, carlista y cantonal, y la incapacidad de los primeros dirigentes para ejercer una política realista. Salmerón inició en julio de 1873 una especial atención a la reorganización de unas Fuerzas Armadas minadas por la indisciplina y la baja moral de los mandos, pero fue Emilio Castelar quien comprendió la importancia de terminar con las guerras antes de que éstas terminaran con la República. Las medidas más importantes adoptadas fueron: la vuelta a la disciplina en los cuarteles por aplicación de la jurisdicción de guerra, el restablecimiento del Cuerpo de Artillería en la misma planta de antes de su disolución, al final del reinado de Amadeo I y la especial atención a los frentes de batalla otorgando responsabilidades a generales de prestigio.

En este contexto fue nombrado López Domínguez capitán general de Burgos el 10 de noviembre de 1873. Un mes después debía ocuparse del núcleo insurreccional más importante del levantamiento cantonal iniciado el 12 de julio, ocupando el puesto de general en jefe del ejército de operaciones frente a Cartagena. Aquí tenía la oportunidad de desarrollar los conocimientos adquiridos años atrás en el sitio de Sebastopol. En poco más de un mes, del 10 de diciembre de 1873 al 13 de enero de 1874, López acabó con la resistencia de los revolucionarios, gracias a la inteligente combinación del intenso fuego artillero y la toma de posiciones batidas por parte de los infantes, por lo que fue promovido al empleo de teniente general. Para entonces la Primera República había caído ante el golpe de estado del general Pavía el 3 de enero de 1874.

López Domínguez ya había participado en el intento de golpe contra la Federal del 23 de abril de 1873, junto a generales como Serrano, Valmaseda y Ros de Olano y civiles como Sagasta y Martos. Como tantos militares progresistas, había evolucionado del apoyo al democrático Amadeo a la República unitaria, pero se oponía decididamente al experimento federal en vistas de la desastrosa experiencia, y de ahí el apoyo a Pavía.

Con su pariente el general Serrano al frente del poder ejecutivo, López Domínguez desarrolló una intensa actividad en los distintos frentes carlistas, fundamentalmente en el aspecto de organización de fuerzas. El pronunciamiento de Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 le sorprendió en el puesto de jefe del ejército de Cataluña y capitán general del distrito. A partir del momento en que se produjo su cese en este cargo, su trayectoria empezó a ser más política que militar.

En situación de cuartel, alejado de la vida militar activa, López Domínguez se dedicó por entero a la política de la mano del general Serrano. Integrados en el Partido Constitucional, cuyo jefe era Sagasta, en 1880 se adhirieron a otros grupos políticos para formar el Partido Fusionista.

En el verano de 1882 Serrano, reivindicando los principios liberales de la Constitución de 1869, fundó un nuevo partido, Izquierda Dinástica, en cuyo comité ejecutivo se integró López Domínguez. Desde este momento desarrolló una intensa actividad en la que las aproximaciones y alejamientos con los fusionistas fueron constantes. En 1883 entró en el Gobierno de Posada Herrera al frente del departamento de Guerra, pero tan sólo tres meses en los que apenas le dio tiempo a esbozar una reforma moderna del Ejército, reorganizando el Ministerio y la orgánica de los cuerpos facultativos de Artillería e Ingenieros, entre otras medidas.

Fallecido a finales de 1885 el general Serrano, López Domínguez asumió la jefatura de la izquierda, intentando, al poco, un nuevo pacto con Sagasta que volvió a fracasar a los tres meses.

López Domínguez realizó un intento de interponerse entre los dos partidos turnistas mediante alianza con las fuerzas de Romero Robledo, fundando en 1886 el Partido Reformista. La experiencia, como era de esperar de acuerdo con el antagonismo de los líderes respectivos de las dos formaciones, no duró mucho, disolviéndose la unión en la primavera de 1888.

Volvió a unirse con Sagasta al aceptar éste sus dos principales caballos de batalla: la Ley de Jurados y el Sufragio Universal. Con Práxedes Sagasta entró en el Gobierno en 1892, ocupando de nuevo la cartera de Guerra, desde donde, más que una reforma, algunos autores han visto una paralización de las mismas. Intentó, como todo ministro liberal, tomar las riendas del Ejército potenciando el Ministerio a costa de las todopoderosas inspecciones de las armas y los cuerpos. Suprimió la Academia General Militar, no pudo resistir las presiones contra la reorganización racional de las guarniciones militares, fue muy criticado por la desastrosa organización del envío de tropas a la guerra de Melilla en 1893 y, sobre todo, aceptó el llamado “presupuesto de paz”, cuando ya se intuía el conflicto con los separatistas cubanos. Su defensa de los oficiales subalternos que habían arrasado el 13 de marzo de 1895 los locales del diario El Resumen, fundado por él diez años antes, le enfrentó con Sagasta dimitiendo del Ministerio el 23 de marzo de 1895, habiendo sido ascendido a capitán general el día antes.

Al morir Sagasta en 1903, se asoció con Canalejas fundando el Partido Democrático. Llamado éste al poder en julio de 1906, López Domínguez presidió el Consejo de Ministros al tiempo que se encargó de Guerra, hasta el 16 de octubre, que fue sustituido al frente de este Ministerio por el general Luque. La gestión del Gobierno radical-liberal presidido por López Domínguez fue muy contestada, sobre todo, por la jerarquía eclesiástica, tanto por las disposiciones previstas sobre el matrimonio civil como por la Ley de Asociaciones, que pretendía frenar el exceso de corporaciones religiosas. A la crispante situación política se unieron los conflictos laborales en el País Vasco. Al fin, la famosa “crisis del papelito” propiciada por Moret desendadenó la dimisión del Gobierno el 27 de noviembre de 1906.

En 1908 se le concedió el Toisón de Oro y fue nombrado presidente del Senado, cargo que ya había ocupado en 1905.

El 17 de octubre de 1911 murió en su casa de Madrid rodeado de sus familiares y de su esposa Manuela Liaño Liaño, con quien se había casado en 1892, cuando contaba sesenta y dos años.

En su faceta política, López Domínguez fue una figura fundamental en la configuración de la izquierda española.

 

Obras de ~: con el Marqués de la Concordia, Ojeada rápida sobre el servicio de la Artillería en el sitio de Sebastopol, Madrid, 1855; “El día 8 de septiembre de 1855 en el sitio de Sebastopol”, en Revista de España, III (1868), págs. 345- 529; Discursos pronunciados en la Asamblea constituyente en la discusión del presupuesto de gastos del Ministerio de la Guerra, legislatura de 1869 a 1870, Madrid, Imprenta de El Imparcial, 1870; “Isly y Tetuán, estudio comparativo”, en Revista de España, XXIV (1872), pág. 523, y XXV (1872), pág. 226; “San Pedro de Abanto y Bilbao”, en Revista de España, LIII (1876), págs. 48, 145, 289 y 433; San Pedro de Abanto y Bilbao. Operaciones del Ejército del Norte mandados por el Capitán General Duque de la Torre en 1874, Madrid, Imprenta de José Cayetano Conde, 1876; Memorias y comentarios sobre el sitio de Cartagena, Madrid, Tipografía de J. C. Conde y Cía., 1877; Polémica entablada en la prensa periódica entre los señores don José López Domínguez, don Francisco Calatrava y don José Primo de Rivera. Con motivo de un trabajo del primero titulado san Pedro de Abanto y Bilbao, Madrid, 1877; “Memorias y comentarios sobre el sitio de Cartagena”, en Revista de España, LIXLXIII (1877-1888), LIX, págs. 163-482, LX, págs. 5, 168, 289 y 433, LXI, págs. 26,145, 315 y 466, LXII, págs. 5,145, 318 y 454, LXIII, págs. 28 y 165; Discursos y rectificaciones del Excmo Sr. General don José López Domínguez pronunciados en el Congreso de los Diputados los días 9 y 10 de julio de 1883 en el debate sobre la política general del Gobierno, Madrid, Imprenta Hijos de J. A. García, 1883; Discursos pronunciados sobre el Proyecto de Ley Constitutiva del Ejército presentado al Congreso de los Diputados por el señor General Cassola Ministro de la Guerra, Madrid, Imprenta de A. Pérez Dubrula, 1888; Discursos pronunciados en el Congreso de los Diputados con motivo de los sucesos ocurridos en Melilla, Madrid, Imprenta del Depósito de Guerra, 1894.

 

Bibl.: M. del Alcázar, López Domínguez, Madrid, Purcalla, 1946; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, trad. de J. Tomás de Salas, París, Ruedo Ibérico, 1967; M. Alonso Baquer, Historia política del Ejército español, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1971; J. R. Alonso, Historia Política del Ejército Español, Madrid, Editora Nacional, 1974; C. Seco Serrano, Militarismo y civilismo en la España contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; “La esperanza regeneracionista (1902-1912)”, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. XXXVIII, vol. I, Madrid, Espasa Calpe, 1995; A. Boned Colera, “La figura del general López Domínguez y su participación en la reprensión cantonalista”, en Trienio, 26 (1995), págs. 189-210; José López Domínguez. Radiografía de un militar reformista en el periódico “El Resumen”, Málaga, Diputación Provincial, 2000; T. Ortúzar, El general Serrano, duque de la Torre. El hombre y el político, Madrid, Ministerio de Defensa, 2000.

 

Pablo González-Pola de la Granja