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Ruy López Dávalos y Pérez de Pédrula

Biografía

López Dávalos y Pérez de Pédrula, Ruy (Rodrigo). Conde de Ribadeo. Úbeda (Jaén), 1357 – Valencia, 1428. Camarero mayor, adelantado mayor de Murcia y condestable de Castilla.

Nacido en Úbeda, donde su padre, Diego López, era alcaide, en el seno de una familia de hidalgos emigrada en el siglo xiii desde Navarra, recibió la educación correspondiente a los “fronteros” que se encargaban de repeler las agresiones granadinas realizando también entradas. En una de estas operaciones, emprendida por un tío de Ruy, Pedro López Dávalos, alcaide de Quesada, cayó prisionero, permaneciendo cautivo en Granada algunos meses (1379). La guerra de Portugal le permitió pasar al servicio directo del rey Juan I, distinguiéndose en la defensa de Benavente frente a las tropas del duque de Lancaster (1387). Algunas leyendas se encargaron de magnificar el comportamiento de Dávalos en esta contienda. Ganó entonces el oficio de camarero del príncipe de Asturias, que conservó cuando éste se convirtió en rey Enrique III.

Desde marzo de 1392, según testimonio del canciller Ayala, López Dávalos era uno de los personajes influyentes en el Consejo Real. Se le confiaban especialmente misiones militares, sustituyendo al conde de Trastámara, que oficialmente ceñía la espada de condestable. Intervino muy eficazmente en la tarea de destruir a la alta nobleza de parientes del Rey que Enrique II creara, viajando a Navarra para devolver a la reina Leonor a su marido, Carlos III. La operación militar en Asturias, con el cerco de Gijón, en 1394 le proporcionó “tanta gracia” y “tanta privanza” que ese año le fue otorgada, contra toda costumbre, la espada de condestable, que hasta entonces correspondiera a un miembro de la primera nobleza: los señoríos de Arjona, Lerín, Arenas, Colmenar, La Adrada, Puebla de Santiago y otros lugares garantizaban las rentas suficientes para mantener un rango mucho más elevado del que correspondía a su familia. Viudo de su primera esposa, María de Fontecha, que era “de bajo linaje”, contrajo nuevo matrimonio con Elvira de Guevara, hija del señor de Oñate.

Habiendo llevado a cabo la pacificación de Murcia, fue nombrado adelantado mayor de este reino (5 de octubre de 1396), comenzando de este modo a acumular una inmensa fortuna. No pudo, sin embargo, permanecer mucho tiempo en este lugar, porque el comienzo de una nueva guerra contra Portugal le obligó a retornar al servicio activo, y, aunque había superado la edad de cuarenta años, llevó a cabo algunas hazañas que incrementaron su fama, como la entrada hasta Viseo, que le proporcionó abundante botín y la toma de Tuy, desbaratando los proyectos del antiguo conde de Gijón, Alfonso Enríquez. Presidió la comisión de plenipotenciarios que negociaron la tregua de 1399, que esta vez fue definitiva. Su interlocutor en el bando opuesto era Nuno Alvares Pereira, el héroe de Aljubarrota.

Con plenos poderes (25 de setiembre de 1399) pudo volver a Murcia, asegurándose el dominio sobre este reino, que extendió luego a Úbeda y las otras fortalezas de la frontera. Tal vez resulta excesivo calificar de validaje la posición ocupada por Dávalos en la Corte, pero no cabe duda de que había realizado progresos sorprendentes: camarero, condestable, adelantado de Murcia simultáneamente, era, junto con Diego López de Stúñiga, Juan Hurtado de Mendoza y Diego Hurtado, uno de los cuatro máximos responsable de la política. No pudo obtener título porque seguía vigente la norma que los reservaba para parientes del Rey. Probablemente es una invención posterior presentarlo como duque de Arjona. Entre los años 1400 y 1401 su prestigio sufrió un breve eclipse, obligándose a retirarse a sus posesiones, pero desde 1402 aparece de nuevo en primera fila, figurando entre los adictos partidarios del infante don Fernando, hermano del Rey, que llegaría a ceñir la Corona de Aragón. A pesar de superar entonces el medio siglo, tomó parte activa en la Guerra de Granada entre 1407 y 1410. Al morir Enrique III cumplimentó las órdenes de Fernando de consolidar la regencia de Juan II, niño de muy corta edad.

Tras la muerte de Fernando, en 1416, se produjo la disensión entre los dos hijos de éste, Juan y Enrique, que aspiraban a gobernar en Castilla, desoyendo los consejos que aquél les diera de permanecer unidos. Ruy López Dávalos, que sufría dolores a causa del reúma, permaneció al lado de Enrique, colaborando con él en el golpe de estado de Tordesillas. Cuando se produjo la reacción, acaudillada por Álvaro de Luna, Dávalos pagó las consecuencias: hubo de refugiarse en Valencia (1422), mientras su cuantiosa fortuna era confiscada. Allí murió el 6 de enero de 1428, tras larga y dolorosa enfermedad. Sus descendientes, casa Dávalos, serían compensados en Nápoles por Alfonso VI.

 

Bibl.: F. Ruano Prieto, “El condestable don Ruy López Dávalos, primer duque de Arjona”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (RABM), 7 (1903), págs. 169 y ss.; E. Benito Ruano, Los infantes de Aragón, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1952; J. Torres Fontes, “La regencia de don Fernando de Antequera”, en Anuario de Estudios Medievales, I (1964), págs. 420-428; E. Mitre Fernández, Evolución de la nobleza en Castilla bajo Enrique III, Valladolid, Universidad, 1968; L. Suárez Fernández, “Auge y caída de un hombre nuevo, el condestable Ruy Lopez Dávalos”, en Boletín de la Real Academia de la Historia (BRAH), 190 (1993), págs. 40-80; F. Suárez Bilbao, Enrique III, Palencia, Diputación Provincial, Editorial La Olmeda, 1994 (Madrid, Alianza, 1994).

 

Luis Suárez Fernández