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Ernesto Halffter Escriche

Biografía

Halffter Escriche, Ernesto. Madrid, 16.I.1905 – 5.VII.1989. Profesor, compositor y director de orquesta.

Fueron sus abuelos paternos prusianos, Rodolfo Halffter, ganadero, propietario de una gran finca (“Adamsruh” o “El descanso de Adán”) en Insterburg, y Antonia Hein, ambos nacidos en Königsberg. Los maternos serían Emilio Escriche, joyero, nacido en la sevillana Écija, y Francisca Erradón, de Barcelona; el primero de éstos era aficionado al canto y a la ópera, y su esposa asimismo amaba la música, por donde en un contrasentido inmediato hemos de ver una ascendencia filarmónica en el matrimonio español, que no en el germano. Ernesto Halffter Hein nació en 1870 en la misma Adamsruh; se hizo joyero y, residiendo ya en Madrid, conoce a la hija de su compañero de profesión, Rosario Escriche, nacido en 1873 en Barcelona, como su madre. Según Rodolfo Halffter: “Todo vino por parte de mi madre, que tocaba el piano bastante bien y nos acompañaba a cantar canciones...”.

Aunque fue autodidacta a nivel musical, puesto que no ingresó en ningún conservatorio durante su infancia, sí que estuvo escolarizado, ingresando en el Colegio Alemán de Madrid a la edad de seis años, momento en que según él mismo escribe su primera composición, la cual recibe el título de El cuclillo (1911).

Rodolfo, el también compositor español emigrado a México en la Guerra Civil de 1936-1939, fue el mayor de los seis hermanos Halffter Escriche, siguiéndole Emilio (padre de Cristóbal), Ernesto, Rosario, Christel y Margarita. “La música la estudié [...] en ningún lado, al igual que mi hermano Ernesto”, “no hicimos estudios oficiales [...] Todo lo hacíamos en casa, en los ratos perdidos, con mi madre, que fue la que me enseñó a leer música [...] y con mi abuela [...]”. Aún así, los hermanos, hacia 1918, trabajan durante un año con Francisco Esbrí, “nuestro único profesor”. Y, siguiendo con el relato de mi excelente amigo Rodolfo, “por aquel entonces, surge la presencia de alguien de real importancia en mi vida y, sobre todo, en la de mi hermano Ernesto: el pianista húngaro con residencia en Madrid, Fernando Ember, quien un día trajo como invitado a casa a Adolfo Salazar (1890-1958), al que le mostramos cuanto habíamos escrito hasta la fecha”. En 1922, Ember incluye en un recital madrileño obras de los dos últimos Halffter, estrenando Crepúsculos, de Ernesto, bajo el título de Tres piezas líricas, originalmente tituladas Páginas de Juventud (El viejo reloj del castillo, Lullaby, y Eine Waldkapelle).

Estas páginas, impresas por aquel viejo editor de la Plaza de Isabel II, Antonio Matamala, la segunda, sería todavía escuchada a la pianista zaragozana, Pilar Bayona, en su recital para la Sociedad Filarmónica de Madrid, el 24 de enero de 1923.

Los Crepúsculos, de Ernesto Halffter, avivan la atención que le presta al joven músico el ya acreditado crítico musical de El Sol de Madrid, Adolfo Salazar, que, bien puede decirse, se torna en su mentor artístico.

A Rodolfo le coloca en el prestigioso diario madrileño como redactor de mesa. La familia Halffter vivía en la calle de Espoz y Mina, 17 (casa en la que nació Ernesto) durante bastante tiempo; luego se trasladaría a Los Madrazo, 28 (“casa espléndida, de unas treinta habitaciones, que nos vimos obligados a abandonar a causa de la marcha ruinosa de los negocios de nuestro padre [...]”); después se trasladarían a Ríos Rosas (“cerca de los Nuevos Ministerios, de los Altos del Hipódromo, desde donde se podían ver las carreras de caballos [...]”; de Ríos Rosas se irían a vivir a la Ciudad Lineal, cuando la familia se decide a residir en El Escorial [...]. “Finalmente, mi madre regresaría y nos iríamos todos a vivir en una casa de la calle de San Bernardo [...]”. Es interesante señalar la vecindad de Salazar (Abascal, esquina a Chamberí), donde Enresto sigue dedicado exclusivamente a la música, yendo a tocar el piano a casa del crítico, “muy cerca de nuestro domicilio, donde solía pasar casi todo el día”; allí escribió su Sinfonietta. Convendrá anotar como obras anteriores a sus Crepúsculos, la escrita bajo el título de El cuco, para piano también, de 1911, esto es, a los seis años de edad, y las Cinco canciones para voz y piano, sobre textos de Heinrich Heine (1797-1856).

Ember decide sacar a la luz una obra compuesta por los dos hermanos bajo el título Naturaleza muerta, que más tarde sería editada con el nombre Crepúsculos, y en la que se plasmaban tres composiciones líricas: “El viejo reloj del castillo”, “Llillaby” y “Una ermita en el bosque”, todas ellas firmadas en 1918 —lo que demuestra la precocidad del músico— aunque presentadas en 1922. Esta obra se inspiró en la naturaleza y contiene un cierto regusto romántico. El 29 de enero de 1923, Salazar publicó un artículo en el periódico El Sol en el que se decía que el joven Halffter era una promesa musical. Sin embargo éstas no eran sus primeras composiciones destacables, puesto que en 1920 había creado 5 Canciones sobre poemas de Heine.

En ese mismo año, concretamente en mayo de 1922, Ernesto producía la obra Marche joyese, donde se aprecia el estilo neoclásico, lo que también resaltará en la composición Serenata, Valse, Marche, de julio de 1923 y en la que se intuyen relaciones con las obras de Stravinski y Ravel, autores a los que el joven aún no conocía. También se aprecia la influencia de la obra de Debussy titulada L’Isle joyese. La obra de Marche joyese sería ilustrada por Salvador Dalí.

No es tan importante el lugar, ni tampoco la fecha del año de 1923 (año fecundo, hasta extraordinario para la creación de Ernesto, como podrá verse al relacionar sus obras), cuando, de la mano de Salazar, los dos Halffter conocen a Manuel de Falla; el excelso músico gaditano conocía ya algunas de las composiciones de nuestro biografiado, pero es interesante saber del refrendo total que merece un joven de dieciocho años de edad, con una “bravo” suscrito de puño y letra del maestro. La acogida es tan positiva, como para que Ernesto escriba: “[...] días después, recibí desde Granada una carta llena de afecto, en la que me invitaba a reunirme con él para trabajar y encargarme de la dirección de la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla, que acababa de fundar [...]”. Tanto Rodolfo como Ernesto, en compañía de Adolfo Salazar, frecuentan las reuniones de la Residencia de Estudiantes (en la calle del Pinar), en donde vivían Dalí, Buñuel, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, García Lorca (cuando estaban en Madrid). En los últimos años de Ríos Rosas, alrededor de 1924, “venían mucho por casa, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Alberti...”.

Fue por aquel entonces cuando este último ganó el Premio Nacional de Literatura con su Marinero en tierra. Pensó que sería bonito ilustrar musicalmente estos textos (me contó un día Rodolfo). “De este deseo, mi hermano Ernesto escribiría La corza blanca y La niña que se va al mar; Gustavo Durán haría el Ri salinero, y yo escribí Del cinema al aire libre, entonces, y otras cuatro después”.

La importancia de Ernesto Halffter como compositor se hizo efectiva cuando salió a la luz la composición Bocetos, escrita para cuartetos y en las que se integran las piezas: “Paysage mort” y “La chanson du Lauternier”. Esta obra tuvo una versión orquestal estrenada por Pérez Casas y su orquesta el 9 de noviembre de 1923. En diciembre de este mismo año Ernesto enseñó Sonata fantasía, siendo interpretada por el Cuarteto de Budapest.

El año de 1924 comenzó siendo muy positivo para el joven puesto que Falla, su maestro y modelo, le nombró director de la Orquesta Bética de Cámara que había creado el año anterior en Sevilla, durante su estancia en Granada. Se estrenó en dicha orquesta el 11 de junio con la pieza La marcha grotesca y, aunque debido a su trabajo como director su producción disminuyó, continuó componiendo obras como Preludios románticos, escrita para cuatro violines e interpretada por el grupo Quinteto Hispania, siendo esta última una producción insólita para la época ya que consiguió un trabajo polifónico de amplio vuelo que daba interés a unas combinaciones armónicas de gran riqueza y que partían de unos versos de Apollinaire que inspiraban cada preludio. Este mismo año escribió Sinfonietta, gracias a la cual el jurado de la sección de música de los Concursos Nacionales de Bellas Artes, compuesto por Pérez Casas, Esplá, Fernando de la Viña y Adolfo Salalzar y otorgado por el Ministerio de Instrucción Pública, le concedió el Premio Nacional en mayo del año 1925. Además unos días después de recibir dicho galardón, importantes miembros de la música y de la cultura, como Marquina o Roso de Luna, le ofrecieron un agasajo. Esta obra, sin embargo, no fue presentada al público, por Arbós —quien terminó cediendo al joven compositor su batuta para que el dirigiera su propia partitura— y su Orquesta Sinfónica, hasta el 5 de abril de 1927, en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, ya que el compositor decidió realizar diversas modificaciones en función de lo que iba aprendiendo y en función de lo que opinaba su maestro, Falla, quien siempre tenía algo que decir acerca de sus trabajos. La composición se compone de dos bloques instrumentales: el tutti y el grupo que cumple funciones solísticas. Esta obra tiene elementos neoescarlatianos y neocasticismos, lo que para Salazar era introducir el lenguaje del siglo xviii con el moderno, destacando por tanto la capacidad del autor al realizar tal combinación. Esta composición tuvo unas dieciséis representaciones en un año y dio la vuelta al mundo, siendo representada en países como Nueva York, Chicago, Bruselas o Buenos Aires.

En julio de ese mismo año se trasladó a Londres con la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla. También estuvo en París, donde terminó de formarse gracias a una beca de estudios, otorgada por la Junta de Ampliación de Estudios, que le permitió trasladarse a París donde estudió bajo la tutoría de Maurice Ravel. Este período formativo lo completó con estancias en Alemania, Granada y Sevilla. Envuelto en los círculos literarios y culturales de la época, escribió una composición titulada La corza blanca –firmada el 16 de septiembre–, inspirado en la obra Marinero en tierra de Alberti. Dos años más tarde, en 1927, volvería a imbuirse en los trabajos de Alberto para escribir La niña que va al mar —firmada el 17 de octubre—. Casi coincidente con la Generación del 27, surge en el panorama de la música española, concretamente en Madrid, el denominado “Grupo de los ocho”, “Generación musical del 27”, “Generación de la República” o, simplemente, “Grupo de Madrid de la Generación del 27”, formado por los siguientes ocho compositores: Salvador Bacarisse, Julián Bautista, Rosita García Ascot, Ernesto Halffter, Rodolfo Halffter, Juan José Mantecón, Gustavo Pittaluga y Fernando Remacha. Su objetivo era muy ambicioso: encontrar solución para una renovación del lenguaje musical español, uniéndose a las corrientes actuales del pensamiento europeo. “Falla nos había señalado la manera de alcanzar esa meta”, afirmaba Rodolfo, partiendo indudablemente de su entonces reciente actitud estética. Todo se trunca con el estallido de la guerra.

Siguiendo la obra escrita por Ernesto Halffter y, antes de alcanzar uno de sus hitos compositivos, conviene anotar su Cuarteto de Cuerda, las Tres Piezas para Orquesta, la Sonatina-Fantasía para cuarteto de cuerda, y las tres piezas para guitarra Peacock Pie, además de Un cuento de Leonidas Andreief para dos violines, viola y dos violonchelos. Anotemos como dato muy importante que, Manuel de Falla, su maestro, le introduce cerca de los editores de París, Max Eschig, que van a proyectarle al mundo entero. Las anteriores composiciones se fechan en 1923, año en que dará comienzo dos obras capitales: los Dos bocetos sinfónicos y su genial Sinfonietta para orquesta y violin, violonchelo y contrabajo (solistas) que, galardonado con un Premio Nacional de Música, dos años más tarde, enriquece sobremanera el catálogo de la mejor música española. No olvida su piano (que había trabajado con Ember), y escribe su desenfadada Marche joyeuse, estrenada en aquel fructífero año.

De 1925 también es la obra Autome mala, que sigue la línea del impresionismo, enriqueciéndose la composición gracias a la inclusión de una serie de melismas y arabescos relacionados con la moda alhambrista de aquellos años.

El año siguiente es algo más relajado para el compositor ya que sólo escribió Sonata para piano, que sería la primera de las tres sonatas que Ernesto escribió para piano. Esta obra se la dedicó a Eugene Cools y trabajó en ella hasta 1932, y en 1934 sería estrenada por Leopoldo Querol. La obra se divide en cuatro secciones con un solo tema que le da unidad orgánica.

Este año creó la música para la película Carmen.

En 1927 compone la Sonatina, que sería la obra fundamental del autor y que responde a la moda del ballet de la época; esta obra se estrenó en su versión completa por Antonio Merché la Argentina, en el Teatro Fémina de París en 1928 y un año más tarde en la Opéra-Comique. Esta inspirada en un poema de Rubén Darío y se compone de una serie de danzas vinculadas a la música popular, con influencias rítmicas de dos composiciones de Falla: El retablo y Concerto.

La obra fue orquestada y esta nueva versión fue estrenada en noviembre de 1929, haciendo la parte para piano —que es casi solista— Alicia Cámara Santos, una pianista portuguesa que en 1928 había contraído matrimonio con Ernesto. También puso música a la película francesa Amor brujo.

La importancia de sus trabajos permitieron que en febrero de 1928 tuviera lugar el Festival Halffter donde se representaban sus últimas obras y a las que se unieron: Coral para orquesta Durch Adams Fall, de Bach, donde Halffter trató el coral como un corto poema sinfónico. Dos años más tarde, 1931, estrenó la segunda parte de esta obra, la cual llevaba por título Habanera, también adaptada a piano y que fue dirigida por Pérez Casas y por su propio autor y la Orquesta Pau Casals, en Barcelona. En 1931 su obra Sinfonietta, representó a la música española durante el Festival Internacional de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, que tuvo lugar en Oxford. En el mismo año tuvo repercusión en los medios musicales madrileños la interpretación que se ofreció en la Residencia de Estudiantes de La historia del soldado de Stravinski en versión dirigida por Ernesto Halffter quien, a la sazón, destacaba entre los miembros del grupo de Madrid de la generación de la República, al que igualmente pertenecían su hermano Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Gustavo Pittaluga, etc.

Un año después compone Sonata per pianoforte, y por estas fechas vuelve a poner música a varias canciones de Denise Cools: Le lit laqué blanc, La chauteuse, Le chat en étoffe y Ronde, además de están de este año de 1932 diferentes conciertos que el compositor y director dio en el Teatro Colón de Buenos Aires y también en Lima y La Habana.

Ya en 1934 participó en el homenaje que se realizó en honor a Arbós, debido a su septuagésimo aniversario, con la obra Cavatina. Además sería nombrado director del Conservatorio de Música así como catedrático numerario de Conjunto Vocal e Instrumental de dicho conservatorio, donde apenas estaría dos años ya que en enero de 1936, y antes de estallar la Guerra Civil española, se establece en Lisboa después de recibir una beca, para ese año, de la Fundación Conde de Cartagena de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que tenía como objeto principal continuar la composición en un país extranjero, como preceptivamente requieren los Estatutos de la Fundación, de su opera La muerte de Carmen que deja inconclusa a su fallecimiento. Durante el conflicto bélico, además de una pequeña obra de circunstancias, Amanecer en los jardines de España —escrita entre 1936 y 1939—, tributo al bando que se perfilaba ganador, el compositor madrileño repartió su corazón entre España y Portugal, escribiendo, por una lado, la orquestación de las 7 Canciones populares españolas —1938— de Manuel de Falla y, por otro, la excelente Rapsodia portuguesa para piano y orquesta, síntesis de sus devociones por Falla y Ravel de 1941; ese mismo año compuso Canciones portuguesas, basándose en el folklore portugués.

Escribe L’Espagnola para piano, con motivo de la Expo Internacional celebrada en París en 1937 y para participar en el homenaje a la pianista francesa Marguerite Long, de los músicos extranjeros entonces residentes en la capital francesa. Al año siguiente nace, en Portugal, su hijo Manuel. A lo largo de 1941 estuvo al frente de la recién relanzada Orquesta Nacional de España, en el Teatro María Guerrero de Madrid, donde dirigió interesantísimos programas combinando sus propias obras con las de su maestro Falla, contando con los más prestigiados solistas de la época: Lola Rodríguez Aragón —El retablo y las 7 Canciones—, José Cubiles —Noches—, Leopoldo Querol —Rapsodia portuguesa— etc.

Durante el régimen franquista y durante su estancia en Lisboa no tuvo ningún problema de carácter político puesto que estuvo siempre bajo el ala protectora de Manuel de Falla.

En 1942 fue nombrado profesor adjunto del Instituto Español de Lisboa, un año después compuso Llanto por Ricardo Viñes para piano. En lo que sigue de la década de los años cuarenta escribió algunas de las siguientes composiciones: Habanera y Pregón, ambas de 1945, para piano y la música para la película Bambú, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia; escribió la música para la película Don Quijote de la Mancha, 1947, dirigida por Rafael Gil y en 1949 la de la película El amor brujo, en su versión española dirigida por Antonio Román.

En la década de los años cincuenta la producción del compositor vuelve a aumentar, destacando principalmente su intervención en la obra que el compositor Falla había dejado inacabada con su muerte y en la que Ernesto ya había trabajado en 1926, La Atlántida. En 1951 Germán de Falla, hermano del fallecido compositor, solicita a Ernesto Halffter que termine la obra que Falla había dejado por hacer; en un primer momento Germán quería que la obra fuese finalizada por Valentín Ruiz Aznar en colaboración con el discípulo de su hermano, pero una visita de Stokowski, que viajó hasta San Fernando (Cádiz) en 1951, convenció a Germán de que fuera sólo Ernesto el encargado de finalizar la composición. Y Ernesto se puso manos a la obra, presentando una primera versión diez años más tarde, el 24 de noviembre de 1961 en Barcelona, en versión de concierto dirigida por el maestro Eduardo Toldrá, estreno que tuvo prolongación inmediata en Cádiz y en Granada. La primera representación escénica de Atlántida tuvo lugar en la Scala de Milán el 18 de junio de 1962. Esta versión sería revisada en la década siguiente y no sería finalizada por completo hasta 1976, cuando el compositor decidió que definitivamente la obra no necesitaba más arreglos. Esto generó un conflicto entre Germán y Ernesto, ya que para el primero Ernesto no estaba cumpliendo con los plazos que él había impuesto, y de hecho Germán nunca llegó a ver la composición definitiva, pues murió antes de tiempo. Durante todos estos años, veinticinco concretamente, Ernesto estuvo recibiendo ayudas económicas del Gobierno.

Absolutamente de primerísima categoría es su apenas interpretada Sonata para pianoforte, de los iniciales años treinta; obra difícil, muy al lado de la factura de una Fantasía bética, de Falla, es incomprensible su casi desconocimiento. Y en un orden menor, también esa garbosa L’Espagnolade, irónica alusión a un producto comercial al ciento por cierto que, Francia, inventó (desde la inmortal Carmen de Bizet-Mérimée) y que Ernesto Halffter dedica a Marguerite Long en el álbum Parc d’Attractions Expo 1937 de París, fechada en noviembre del mismo año. De esta época es también una de sus más famosas partituras, la lograda Rapsodia portuguesa, para piano y orquesta y, no olvidemos que diez años antes, en 1927, compuso su ballet Sonatine, que incluye dos fragmentos de su talento, Las danzas de la pastora y de la Gitana, en un derroche de ingenio e inspiración. El llanto por Ricardo Viñes es otro de sus momentos pianísticos más importantes, muy al lado del piano de Falla en su Homenaje a Paul Dukas. Merecen en los primeros años cuarenta o el ballet El cojo enamorado, que estrena Pilar López y su Ballet Español, en 1955, o la Fantasía galaica, que interpreta Antonio con su compañía de baile al año siguiente.

Cuando Germán le encarga la terminación y revisión de la obra de Manuel de Falla, Ernesto era miembro del jurado en el Concurso Internacional de Piano Marguerite Long-Jacques Thibaud, en París, así como estaba escribiendo la música para la película La señora Fátima, de Rafael Gil. A lo largo de esta década compuso otras obras como: El cojo enamorado, de 1955, estrenada en Madrid por los Ballets Españoles de Pilar López, o Fantasía Galaica de 1956.

Los años sesenta marcan el comienzo de una etapa compositiva extraordinariamente rica en la carrera del compositor, caracterizada por su tendencia hacia obras de contingente coral y orquestal, cuya temática fue principalmente de carácter religioso, lo que supuso una novedad en los trabajos de Ernesto. Algunas de las piezas son: Canticum in Papam Johannem XXIII —1964—, que forma parte de su intervención en el I Festival de Música de América y de España, Elegía a S.A.S. el Príncipe Pierre de Polignac —1966—, Salmos XXII y CXVI, Los gozos de Nuestra Señora —1970—, esta última escrita para ser representada en el Festival de Santander. Al margen de estas composiciones religiosas escribe una de las partituras más importantes de su carrera: Concierto para guitarra y orquesta, de 1969, escrita por encargo de Radio Televisión Española y que fue estrenada ese año en Madrid bajo la dirección de Igor Markevitch y contando con Narciso Yepes como solista. En estos años, concretamente en 1963, le fue concedida la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.

La siguiente década se inicia con el concierto-homenaje a Manuel de Falla, en honor al aniversario de su fallecimiento, celebrado en 1971 en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde el compositor había trabajado con anterioridad. En 1974 escribe Homenaje a Salvador Dalí, inspirándose en un poema del pintor, con motivo de la inauguración de su Museo en Figueras. En el 1976, como ya se ha señalado, Ernesto da por finalizada la revisión de la obra La Atlántida, siendo estrenada en el Festival de Lucerna, bajo la dirección de Jesús López Cobos y que poco después sería estrenada en el Teatro Real de Madrid. Fue también conferenciante y director de Orquesta en Argentina para conmemorar el Centenario del nacimiento de Manuel de Falla.

En 1983 Ernesto recibió el Premio Nacional de Música y la medalla de oro de Bellas Artes; dos años después estrenó la Sonata-Homenaje a Scarlatti escrita para clavicémbalo y que rápidamente fue adaptada para piano. Es considerada su última gran obra, aunque no fue la última puesto que en 1987 escribió la composición Homenaje a Arthur Rubinstein, estrenada en el Festival de Santander. En 1988 ofreció su último trabajo, bajo el título de Homenaje a tres compositores españoles, dedicado concretamente a Federico Mompou, Joaquín Turina y a su hermano mayor, el músico Rodolfo Halffter. El 15 de julio de 1989 fallecía el compositor en la capital española, Madrid, tras una larga e intensa trayectoria profesional.

Los críticos dicen que fue capaz de dar carácter a una música vital y pensada, renovando la fisonomía del lenguaje sonoro. Gracias a su gran aportación, la música española pudo estrechar sus lazos con las tendencias vanguardistas europeas. El compositor de la alegría y de la espontaneidad, como es calificado por su propio hijo Manuel, es y será siempre un símbolo indiscutible en la música contemporánea.

Ernesto Halffter fue, en verdad, un adelantado español en la composición de bandas sonoras para el cine, y siempre podrá ser evocado por no pocos ejemplos.

Es de todo punto imposible consignar su completo catálogo que, por otra parte, tampoco es punto esencial de este trabajo. Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su discurso de ingreso, en su recepción pública celebrada el 12 de junio de 1973, titulado El magisterio permanente de Manuel de Falla, suponía un nuevo tributo de admiración y cariño hacia su maestro; fue contestado, preceptivamente, por Monseñor Federico Sopeña, quien insistiría en la tarea llevada a cabo por el recipiendario, finalizando, no sin gran esfuerzo, la inconclusa Atlántida, de Falla-E. Halffter que, al fin, se estrenó en Barcelona, a finales de 1961.

Casó con la pianista portuguesa, Alicia Cámara Santos, con quien tuvo a su hijo Manuel tras establecer en Lisboa su domicilio (1929).

Al crearse el Conservatorio de Sevilla fue nombrado catedrático de Conjunto Vocal e Instrumental y, el 2 de junio de 1934, director del centro hispalense. En los años cuarenta figurará como profesor de música del Instituto Español de Lisboa, su proyectada ópera, La muerte de Carmen, tan importante en su vida profesional, permanecerá inconclusa cuando fallece en Madrid.

 

Obras de ~: Música escénica: La muerte de Carmen (ópera), 1926; Sonatina, (ball), 1928; Dulcinea, 1944; Electra, 1949; La blanca paloma, (ball), 1952-1953; El cojo enamorado (ball), 1955; Panaderos de la tertulia, 1955; Don Juan Tenorio, 1956; Fantasía galaica (ball), 1956; Otello, 1971; La leyenda de Tanasú (ópera), 1980-1989.

Música sinfónica: 3 Piezas para orquesta, 1923; Deux Esquisses Symphoniques, 1923-1924; Sinfonietta, 1925; Sinfonía de la primavera, 1927; Sonatina, 1928; “Habanera” en La muerte de Carmen, 1931; Cavatina, 1934; Amanecer en los jardines de España, 1937; Rapsodia portuguesa (1940); Fantasía baética (ópera) 1945; Ballet americano, 1966; Fanfare a la memoria de Enrique Granados, 1966; Concierto para guitarra y orquesta, 1969; Sinfonía de la caldera de Taburiente, 1983-1989.

Solistas, coro y orquesta: Automne malade, 1926; Siete canciones populares españolas, 1938; Seis Canciones portuguesas, 1941; Canticum in P.P. Johannem XXI, 1964; Canticum elegiacum in memoriam Petri de Polignac, praeclarissimi Principis, 1967; Dominus, Pastor meus, 1967; Dos Salmos, 1967; Los gozos de nuestra señora, 1970; La Atlántida, 1960-1976.

Coro: Oratio, 1935; Himno de los legendarios de Cristo, 1969; Cuatro piezas religiosas, 1974; Plegaria de los ancianos de San Antonio a Nuestra Señora, 1974; Himno a la ciudad de Alcalá de Henares, 1981; Nocturno y serenata de Don Quijote a la enamorada Altisidora, 1981.

Voz y piano: Cinco canciones de Heine, 1920; Dos canciones, 1925; Canciones del niño de cristal, 1931; Señora, 1938; Canto inca, 1944; 4 Canciones españolas, 1945; Balada amarilla, 1950; Alhambra y tú, 1954; L’Hommage a Salvador Dalí, 1974.

Conjunto instrumental: Hommages. Petit suit pour trio, 1922; Cuarteto de cuerda, 1923; Sonatina-Fantasía, 1923; Suit anciane, 1923; Un cuento de Leonidas Andreif, 1923; Tres preludios románticos, 1924; Canzone e pastorela, 1934; Fantasía española, 1953; La niña de los luceros, 1959; Madrigal, 1969; Pastorales, 1973; Doredianas, 1974.

Piano: El cuco, 1911; Crepúsculos. Tres piezas líricas, 1920-21; Marche joyeuse, 1922; Serenata, Vals, Marcha. 3 Piezas infantiles, 1923; Sonata per pianoforte, 1926-1932; Sonatina, 1927- 1928; L’Espagnolade, 1937; Gruss, 1940; Llanto por Ricardo Viñés, 1940; Serénade á Dulcineé, 1944; “Pregón” y “Habanera” en Dos piezas cubanas, 1945; Siete canciones populares españolas, 1951; Preludio y danza, 1974; Nocturno otoñal. Recordando a Chopin, 1987; Homenaje a Joaquín Turina, 1988; Homenaje a Mompou, 1988; Homenaje a Rodolfo Halffter, 1988.

Otras: Peacock Pie. 3 Piezas para guitarra, 1923 Tiento, 1973; Sonata. Homenaje a Domenico Scarlatti, 1985.

Música para películas: Carmen, 1925; Bambú, 1945; Don Quijote de la Mancha, 1948; El amor brujo, 1949; La señora Fátima, 1951; Esa señora. La princesa de Éboli, 1954; Historias de la radio, 1954; Todo es posible en Granada, 1954; También hay cielo sobre el mar, 1955; Viaje romántico a Granada, 1955; La mujer del otro, 1967; Los gallos de la madrugada, 1970.

Escritos: El magisterio permanente de Manuel de Falla, Discurso leído ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1973; Falla en su centenario. Homenaje en el centenario de su nacimiento, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1976.

 

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Antonio Iglesias Álvarez