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Conde don Julián

Biografía

Julián, Conde don. ?, f. s. VII – p. s. VIII. Conde, gobernador de Ceuta.

La ciudad norteafricana de Ceuta, Septem, última posesión del Imperio Bizantino en el norte de África, tiene un papel fundamental en la invasión árabe de la Península Ibérica a través de la figura del llamado “Conde Don Julián” que, como transmiten variadas tradiciones literarias de origen árabe y cristiano, habría incitado y facilitado el paso del estrecho de Gibraltar a los invasores para así vengarse de un rey visigodo, Witiza para algunos autores, Rodrigo para otros.

Todos los datos conocidos de este personaje son legendarios o incompletos, comenzando por su propio nombre, origen y autoridad a la que obedecía. La única fuente literaria que se conserva que fuera redactada en fecha relativamente cercana a los acontecimientos de los que se ocupa, la llamada Continuatio Hispana o Crónica Mozárabe del 754, nada dice de que el gobernador de Ceuta tuviera que ver con la invasión ni el nombre de éste, siendo el de Julián de posterior aparición, como más adelante se verá. La única noticia que esta crónica incluye y que la historiografía ha relacionado con don Julián ha sido la mención a que un personaje principal de la región africana, de religión cristiana, había acompañado al invasor Musa en su recorrido por la Península y que, posteriormente, le habría seguido hasta Damasco. La Crónica Mozárabe da a este personaje el nombre de Urbano.

Tradiciones literarias posteriores, tanto de origen árabe como cristiano, mencionan a un personaje africano de destacada posición política, al que llaman Olbán, Ylyan, Iulianus, etc..., acompañando a los invasores en su conquista inicial de la Península, lo que ha llevado a muchos autores a identificar a ese Urbano de la Crónica Mozárabe del 754 con el personaje conocido por todos esos nombres mencionados, singularmente el de Julián. Para algunos investigadores, Julián no sería más que confusión paleográfica del verdadero nombre, Urbano, mientras que para otros escondería el cargo que ese personaje ocuparía en aquellos momentos, esto es, el de Comes Iulianus; con ello se haría referencia al mando único del estrecho —con sedes en Septem (Ceuta) e Iulia Transducta (Algeciras)— que se habría constituido tras la caída en manos árabes de la ciudad bizantina de Cartago (698). Aunque algunos autores árabes, como al-Bakrī, Ibn ‘I¼āri, Ibn al-AthÌr, Ibn Khaldoum y En-Noweri, hablan de una temprana relación —en torno al año 680— de este personaje, al que generalmente llaman Ilyan, con los árabes, concretamente con Uqba, general árabe que habría emprendido una primera expedición hacia la orilla norteafricana de África, esta noticia se considera, en la actualidad, una interpolación tardía y sin ninguna base histórica.

Agotada la información que proporciona la citada Crónica Mozárabe del 754, las restantes y más conocidas noticias sobre el llamado conde don Julián y su relación con la Corte visigoda se encuentran en las obras de autores árabes (al-WªquidÌ, Ibn ‘I¼āri, Al-akan, entre otros), o cristianos (Crónica Silense, Lucas de Tuy, por ejemplo), que, en muchas ocasiones, proporcionan datos absolutamente contradictorios.

Tal contradicción se ha querido explicar en función de que el autor o transmisor de la noticia utilizara una obra proclive a los partidarios del rey Witiza o a los del rey Rodrigo. Existe, sin embargo, práctica unanimidad en todos ellos al hablar de don Julián como gobernador de Ceuta, aunque el origen que le dan es diverso: así aunque algunos lo presentan como jefe de la tribu beréber de los Gomera (por ejemplo, Ibn Khaldoum), o de estirpe goda, para otros es Rum, esto es, romano; este último dato ha hecho que sea considerado, por muchos autores, el último gobernador bizantino de Ceuta, quien, ante el abandono evidente de Cartago por los bizantinos, habría buscado ayuda en el poder cristiano más cercano, el visigodo; por su parte, él les ofrecería los restos del exercitus septensianus, citado en un documento del año 687, conocido como Iussio del emperador bizantino Justiniano II. Finalmente la colaboración se habría materializado, ya que Ceuta habría sido capaz de resistir los iniciales ataques árabes gracias a los suministros que le llegaban desde tierra visigoda, al otro lado del estrecho; entre otros, así lo indica al- Kozeyni, citado por al-MaqqarÌ.

Es precisamente su gobierno de Ceuta y esa defensa del estrecho conjunta con los visigodos el elemento articulador de la leyenda que ha presentado a don Julián como el personaje responsable último de la invasión árabe de la Península.

Todas las tradiciones literarias hablan de una ofensa que en la Corte visigoda se habría hecho a este gobernador al que se da el nombre de Julián. Si la versión menos extendida es la que le presenta como fiel seguidor de los hijos del rey Witiza a quienes don Rodrigo, al ser proclamado Rey, habría impedido su legítimo acceso al trono de Toledo, la más popular, tanto en los textos árabes como cristianos, explica su forma de actuar a favor de los árabes por una venganza, como padre ofendido, contra un monarca visigodo, Witiza según unas versiones, Rodrigo según otras, por haber manchado el honor de su hija, llamada La Cava o Florinda, quien residía en la Corte visigoda para recibir la educación adecuada a una mujer de la posición de su padre.

Al ser consciente de esta vejación, Julián, según ambas tradiciones citadas, desistió en su resistencia a las tropas árabes y se ofreció a darles información sobre la Península y a ayudarles en su paso a la misma para lo cual, según varios autores, les facilitó los barcos de los que aún disponía en Ceuta para defender el estrecho; precisamente el ofrecimiento de estos barcos parece ser la causa de que algunos autores árabes hablen de él no como gobernador sino como mero comerciante norteafricano. El papel posterior de Julián fue menos destacado, ya que la inmensa mayoría de los autores antiguos lo presentaron como acompañante de los invasores.

Ahora bien, aquellos que lo consideraban jefe de la tribu de los Gomera, le hicieron pasar a España para combatir con sus beréberes a favor de los árabes.

Por último, algunos de los contrarios a la figura de don Rodrigo, por ejemplo, el autor de la Crónica Silense, le atribuyeron, además, la muerte de éste en Guadalete.

Don Julián en su papel de traidor o de padre ofendido iba a tener una gran presencia en la poética y primera historiografía castellana, como así se puede comprobar en las obras de Alfonso X el Sabio, Rodrigo Ximénez de Rada o en el Poema de Fernán González, por citar algunas de las más significativas.

 

Bibl.: T. Codera, Estudios críticos de historia árabe española, VII, Zaragoza, Estudios Árabes, 1903; O. A. Machado, “Los nombres del llamado Conde Don Julián”, en Cuadernos de Historia de España (CHE), 3 (1945), págs. 106-116; J. Vallvé, “Sobre algunos problemas de la invasión musulmana”, en Anuario de Estudios Medievales (AEM), 4 (1967), págs. 361- 367; C. Sánchez Albornoz, “Frente a unas páginas erróneas sobre la Conquista de España por los musulmanes”, en CHE, 49-50 (1969), págs. 294-309; J. Vallvé, “Al-Andalus et l’Ifriquiya au viiie siècle: Histoire et Légende”, en Les Cahiers de Tunisie (CT), 18 (1970), págs. 21-30; J. E. López Pereira (ed.), Crónica Mozárabe del 754, ed. crítica y trad., Zaragoza, Textos Medievales, 1980; L. A. García Moreno, “Ceuta y el Estrecho de Gibraltar durante la Antigüedad Tardía (ss. vviii)”, en VV. AA., I Congreso Internacional El Estrecho de Gibraltar, Ceuta, UNED, 1987, págs. 1095-1114; “Los últimos tiempos del Reino Visigodo”, en Boletín de la Real Academia de la Historia (BRAH), CLXXXIX, 3 (1992), págs. 425-459; M. Vallejo Girvés, Bizancio y la España Tardoantigua. SS. vviii. Un capítulo de historia mediterránea, Alcalá de Henares, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1993, págs. 335-342; A. Siraj, L’image de la Tingitane. L’historiographie arabe médiévale et l’antiquité nord-africaine, Roma, Ecole Française de Rome, 1995, págs. 208-211.

 

Margarita Vallejo Girvés