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Margarita María Teresa de Austria

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Biografía

Margarita María Teresa de Austria. Madrid, 12.VII.1651 – Viena (Austria), 12.III.1673. Infanta de España, emperatriz del Sacro Imperio Romano- Germánico, hija de Felipe IV de España y de Mariana de Austria, y hermana del rey de España Carlos II.

La primera hija de Felipe IV y Mariana de Austria nació en el Alcázar de Madrid. Fue su madrina de bautizo la infanta María Teresa. Si bien la recién nacida no era la hija mayor de Felipe IV, la posibilidad de que su hermana —fruto del primer matrimonio del Rey con Isabel de Borbón— casara con Luis XIV —hecho que sucedió en 1659—, le hizo aparecer durante un tiempo ante los ojos de Europa como firme heredera al trono de la Monarquía hispánica, ya que había muerto Baltasar Carlos y aún no habían nacido sus hermanos posteriores, Felipe Próspero (28 de noviembre de 1657-1 de noviembre de 1661), Fernando Tomás (21 de diciembre de 1658-23 de octubre de 1660) y en particular, el futuro Carlos II.

Destinada desde el principio de su vida a consolidar la alianza de los Habsburgo frente a Francia, aquel nacimiento no sólo se celebró en Madrid con comedias, luminarias y el preceptivo Te Deum. También en la capital del Imperio hubo representaciones teatrales especiales que solemnizaron el acontecimiento, como La Gara (1652), cuya puesta en escena tuvo lugar en el palacio imperial en una sala especialmente preparada por el arquitecto y escenógrafo Giovanni Burnacini, y en la que el libretista italiano Alberto Vimina ideó una disputa entre las cuatro partes del mundo por el privilegio de poder celebrar la venida al mundo de la princesa. Aquella puesta en escena sirvió para expresar con toda claridad las pretensiones políticas imperiales, ya que las cuadrillas que representaban la parte victoriosa estaban encabezadas por el rey Fernando IV de Hungría y Bohemia destinado a ser rey de Romanos, futuro Emperador y perfecto candidato a esposo de la infanta Margarita Teresa. Sin embargo, la muerte prematura de Fernando IV de Hungría en 1654, permitió que la sucesión recayera en su hermano Leopoldo, consagrado en principio a la carrera eclesiástica. Leopoldo se convirtió, tras ser proclamado rey de Romanos en 1658, en el prometido oficial de la infanta española.

La evolución física de Margarita Teresa durante su niñez es muy conocida, por los numerosos retratos que de ella pintó Velázquez, muchos de los cuales tuvieron como destino la Corte de Viena. A través de ellos sabemos que su aspecto externo era dulce y frágil.

Sufrió durante sus primeros años varios episodios graves de sarampión, “viruelas locas” y fiebres tercianas, aunque resistió mejor que sus hermanos varones las enfermedades infantiles que golpearon con virulencia a toda la descendencia de Felipe IV y Mariana de Austria.

Con diez años, el 21 de noviembre de 1661, ejerció como madrina de bautizo de su hermano, el futuro Carlos II, y una vez cumplidos los doce, se consideró que había alcanzado la edad adecuada para que comenzaran a negociarse oficialmente sus capitulaciones matrimoniales. El 6 de abril de 1663, después de casi un año de ajustes y debates entre Viena y Madrid, se publicaron los esponsales. En el contrato matrimonial se señaló a la infanta una dote 500.000 escudos de oro de a trece reales españoles. Una cantidad que al parecer nunca se satisfizo. Hubo de renunciar también Margarita a sus derechos a la Corona, aunque conservando los estipulados para la infanta María cuando contrajo matrimonio con el emperador Fernando III. El acto solemne de la firma del documento se celebró en Madrid el 18 de diciembre de ese mismo año. El conde Francisco Eusebio de Pöetting entregó al rey Felipe IV la carta en la que el Emperador pedía la mano de Margarita y ante la propia infanta “hizo el embajador un razonamiento muy cortés y rendido”.

Desde ese momento era posible realizar las bodas por poderes para proceder después a su traslado a Viena, pero todo el proceso se retrasó casi tres años.

Una de las causas que quizá provocó la demora fue el importante gasto que suponían los esponsales y la necesidad de dinero que por entonces tenía Felipe IV para sostener la guerra de Portugal. Otra razón pudo ser también la incierta salud de Carlos II que, si moría tempranamente, convertiría a Margarita Teresa en la directa heredera real. En esa situación el acuerdo matrimonial con Viena hubiera debido replantearse a pesar de los compromisos adquiridos, sobre todo teniendo en cuenta los contactos secretos que estaban manteniendo el Emperador y Luis XIV, para repartirse la Monarquía hispánica en el caso de que falleciera Carlos II.

Por fin, tras desplazarse a Madrid el marqués de Lisola, se fijó la fecha de la ceremonia por poderes para el mes de octubre de 1665, pero la muerte de Felipe IV volvió a truncar el propósito. Finalmente el enlace tuvo lugar en el Alcázar de Madrid, el 25 de abril de 1666, Domingo de Pascua de Resurrección, cuando la infanta contaba catorce años. La ceremonia fue sobria ya que la Corte se hallaba todavía de luto por el fallecimiento del Rey (17 de septiembre de 1665). Ofició el solemne acto el cardenal Colonna y en él Medina de las Torres ocupó el lugar del Emperador.

Tres días después Margarita Teresa inició su largo viaje rumbo a Viena. Un periplo que por diversos avatares duró ocho largos meses, casi el doble de lo que inicialmente se había previsto.

Antes de emprender viaje la Emperatriz visitó con sus damas el convento de las Descalzas Reales y la iglesia de la Virgen de Atocha. Ejerció las veces de mayordomo mayor durante el traslado hasta la frontera de Tirol, el VIII duque de Alburquerque, Francisco Fernández de la Cueva, que, tras cumplir este importante cometido, marcharía a Nápoles para ejercer el cargo de virrey. Hubo algunas discusiones respecto a qué otros miembros del séquito debían acompañar a Margarita. Se eliminaron varios nombres entre ellos, el del hermanastro real Juan José de Austria, que cumplimentó a la Emperatriz en Ocaña, tras su salida de Madrid durante dos días.

El viaje por la Península, iniciado en primavera, fue lento y muy caluroso. Las principales etapas transcurrieron entre Valdemoro, Aranjuez, Ocaña, Fuente la Higuera —donde le aguardaban el marqués de Astorga, virrey de Valencia, con todos los tribunales— y una vez en tierras valencianas prosiguió por Onteniente, Gandía y finalmente Denia. La estancia en Gandía se prolongó más de lo previsto, en primer lugar por el retraso con el que arribaron al puerto de Denia las veinticuatro galeras que debían conducir a la infanta a Barcelona. Una vez fijada la partida para el 19 de junio, Margarita cayó enferma de fiebres tercianas y no pudo hacerse a la mar hasta el 16 de julio.

Apenas restablecida, emprendió el viaje a Barcelona en la famosa nave ceremonial real de España, que había sido mandada construir expresamente en Nápoles para Felipe IV por el cardenal de Aragón. Tres días después llegó a su destino, aunque en Barcelona la infanta volvió a enfermar y no pudo reanudar su marcha rumbo al puerto de Finale hasta el 10 de agosto.

Allí, atracaron el día 20. Comenzaba la segunda etapa del viaje y todavía restaban tres meses para llegar a Viena.

Una vez en suelo italiano, comenzaron de nuevo los actos de recepción; tanto en Finale —donde la esperaba el gobernador de Milán, Luis Ponce de León, hermano del duque de Arcos—, como en la propia ciudad de Milán, adonde llegó el 11 de septiembre, aunque su entrada pública, con tres días de festejos oficiales y arcos de triunfo incluidos, se retrasó hasta el 25. También en la República de Venecia y en el resto de los lugares que recorrió se sucedieron las celebraciones.

En cada etapa fue cumplimentada por las autoridades de los distintos estados italianos desde el representante del Papa y el duque de Saboya hasta el gran duque de Toscana, aunque siempre con sobriedad por parte de la Emperatriz que todavía guardaba luto por su padre.

El lugar elegido para despedir al acompañamiento español y ser recibida por el austríaco con la máxima magnificencia fue la pequeña localidad de Rovereto, cerca del lago de Garda. Desde allí el príncipe Fernando Dietrichstein, que había sido nombrado mayordomo mayor de la casa de la Emperatriz, se encargó de escoltarla por tierras austríacas. Fue en ese momento cuando Margarita se despojó finalmente del luto oficial.

El primer encuentro informal entre la infanta y Leopoldo tuvo lugar en Schottwien, donde el Emperador se presentó, al parecer de incógnito, con su mayordomo mayor y algunos otros caballeros. Más tarde en Wiener-Neustadt saludaron a Margarita, la Emperatriz Viuda con sus dos hijas las archiduquesas Leonor y María Ana y, tras descansar algunos días en Ebersdorf, tuvo lugar la solemne entrada en Viena el 5 de diciembre de 1666.

Una vez allí, los espectáculos alegórico-dinásticos en celebración de las bodas se prolongaron hasta el 24 de enero de 1667, cuando se alcanzó la apoteosis festiva con la representación de La contesa dell’Aria e dell’Acqua, cuya descripción literaria corrió a cargo de Francesco Sbarra, que la imprimió en versión alemana, italiana y española y que se envió a todas las Cortes europeas relevantes, para dar cuenta de la gran festividad desarrollada en la Corte Imperial.

Terminados los festejos, Margarita Teresa procuró cumplir con sus deberes de regia esposa y el primero de los cuales era procurar descendencia al Emperador.

Tuvo a los dieciséis años su primer hijo, Fernando Wenceslao (28 de septiembre de 1667-13 de enero de 1668), que murió a los pocos meses de nacer. Después de él, hubo varias concepciones, de las cuales sólo prosperaron tres: la archiduquesa María Antonia, nacida el 18 de enero de 1669 y que llegó a la edad adulta tras contraer matrimonio con el elector de Baviera Maximiliano II Emanuel; Juan Leopoldo (20 de febrero de 1670), prematuro y que tan sólo vivió unas horas, y María Anna Apolonia (5-23 de febrero de 1672), que murió con pocos días.

Tras conocerse su segundo embarazo, en el nuevo edificio teatral de la Corte imperial se representó la ópera barroca vienesa más conocida de esta época Il pomo d’Oro. En ella el episodio mitológico del juicio de Paris se convirtió en un acto de homenaje a la Emperatriz, ya que en la representación, las tres divinidades enfrentadas, Juno, Palas-Atenea y Venus, renunciaban a la manzana de oro en favor de Margarita Teresa como un acto de reverencia ante las virtudes reunidas en su persona: la valentía, la belleza y la sabiduría. Sin embargo, aquel discurso retóricorepresentativo se alejaba, como casi siempre, de la realidad, pues entre otras limitaciones, la Emperatriz nunca consiguió hablar el alemán, aunque trató de aprenderlo antes de llegar a su nueva patria. Ésta fue una de las razones que le impidió integrarse con facilidad en el ambiente vienés y en su nuevo papel de Emperatriz austríaca. Ante esta falta de adaptación, se hizo necesario que en la Corte imperial permaneciera un reducto del séquito español que siempre la acompañaba y que fue conocido como “La Familia”.

La posición de esta servidumbre íntima de la Emperatriz fue muy controvertida en lo personal y en lo económico. Además de perseverar de modo inflexible, según el parecer del Emperador, en algunas costumbres españolas que rompían con el uso austríaco, sufrieron todo tipo de penurias materiales, pues, en teoría, su mantenimiento debía correr a cargo del rey de España, que no consiguió que las mesadas llegaran a su destino periódicamente y sin contratiempos.

Las cartas que Margarita enviaba a Pöetting (5 de diciembre de 1666) describían la angustia que ésta sufría por la situación de sus criados: “Yo tengo suplicado a mi madre en todas mis cartas, ordene se dé satisfacción a esta pobre familia española de lo que se está debiendo por la Embajada, y aunque me ha favorecido respondiéndome que lo manda, como no se ejecuta, ha llegado a estado la necesidad que me rompe el corazón, sintiendo no poder remediar su desconsuelo, sin lo gravoso de molestar a mi madre”.

Aunque se arbitró un sistema que consistía en que los pagos a “La Familia” corrieran a cargo del virrey de Nápoles, que a su vez debía hacer llegar el dinero necesario para el decoroso sustento de la servidumbre española, en la práctica el procedimiento no funcionó. Tampoco los embajadores enviados por Carlos II a Viena se hicieron cargo de la situación y ni siquiera se solventó el problema cuando recayó este nombramiento en un potentado como era Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases.

Aunque durante el período en el que duró el matrimonio la influencia hispana se dejó sentir en el terreno cultural, ya que por influencia de Margarita Teresa y por inclinación del propio Leopoldo I, en la Corte imperial se representaron en castellano obras teatrales de autores del Siglo de Oro, en el terreno político y en el de las relaciones internacionales, el matrimonio de Margarita Teresa con Leopoldo I apenas tuvo trascendencia y nada hace pensar que la “mujercita”, como cariñosamente la nombraba Leopoldo, llegara a ejercer alguna influencia en este terreno.

A pesar de la buena relación de Balbases con el Emperador y del mecenazgo cultural que éste ejerció mientras fue embajador, la propuesta de alianza con el Imperio frente a Francia que a mediados de julio de 1671 puso sobre la mesa el diplomático español, se rechazó por considerarla poco ventajosa para los intereses austríacos y sólo unos meses después, el 1 de noviembre, Leopoldo firmó un tratado secreto que aseguraba a Francia la neutralidad del Imperio en caso de guerra y que se hizo público en enero de 1673, a los pocos meses de la muerte de la Emperatriz.

Margarita Teresa falleció a los veintiún años de una fiebre catarral, tras seis de casada y embarazada de cuatro meses. Transmitió sus derechos al trono español a su hija María Antonia y al hijo de ésta, Fernando José de Baviera. Pocos recuerdos quedaron de ella en tierras imperiales, salvo su imagen repartida por los distintos museos austríacos y una joya “de Nuestra Señora” que legó a la iglesia de San Jerónimo en Viena y que todavía se conserva.

 

Bibl.: Relación de lo que sucedió en el bautismo de la serenísima Señora Infanta de España D. Margarita María de Austria, en veinte y cinco de iulio de mil y seiscientos y cincuenta y un años, día del glorioso apóstol Santiago, único patrón de España, Madrid, Julián Paredes, 1651; R. Méndez Silva, Verdadera relación del nacimiento y bautismo de la Serenísima Infanta Doña Margarita María de Austria, hija de los Reyes Nuestros Señores Don Felipe IV y Doña Maria Ana, Madrid, Julián Paredes, 1651; Relación del feliz viage de la señora Emperatriz desde el puerto Final a Viena de Austria [...] desposorios de sus Cesareas Majestades, celebrados en aquella Imperial Corte domingo 5 de diciembre de 1666 [...], Sevilla, Juan Gómez de Blas, 1667; W. Ramírez de Villa-Urrutia, Relaciones entre España y Austria durante el reinado de la Emperatriz Doña Margarita, infanta de España, esposa del Emperador Leopoldo I, Madrid, Ricardo Fe, 1905; G. Taylor, The little infanta, London, Phoenix House, 1960; A. Sommer-Mathis, “Las relaciones teatrales entre las dos casas de Austria en el Barroco”, en J. M. Díez Borque y K. Rudolf, Barroco español y austriaco: Fiesta y teatro en la corte de los Habsburgo y los Austrias, Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1994, págs. 41-57.

 

Carmen Sanz Ayán