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Francisco Ascaso Abadía

Biografía

Ascaso Abadía, Francisco. Almudévar (Huesca), 1.IV.1901 – Barcelona, 20.VII.1936. Activista sindical.

Es, aún hoy, una de las figuras más destacadas del movimiento anarquista español. Nacido en el seno de una familia de pequeños comerciantes del mundo rural oscense, Ascaso compatibilizó los estudios primarios con el trabajo en la panadería de su progenitor.

A la muerte de éste, en 1912, Ascaso se trasladó con su familia a Zaragoza. Allí trabajó cuatro años de camarero para, luego, emplearse en la panadería de un tío suyo. Se inició en el anarquismo influido por la actitud de sus hermanos Domingo y Alejandro, que, no mucho después de su llegada a la capital aragonesa, se habían vinculado a los movimientos sindicales extremistas. La primera acción sindical de Francisco Ascaso fue, con dieciséis años, su participación en una huelga de empleados de panadería, en la que agredió a un trabajador que se había negado a secundarla. Como consecuencia de esto pasó quince días en prisión, su primera condena, y a la salida de la cárcel, los dueños de las panaderías zaragozanas se negaron a darle trabajo. Volvió entonces al oficio de camarero, aunque intensificando su vinculación al movimiento sindical anarquista. Organizó, dentro de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), una asociación de dependientes de bar zaragozanos y se impregnó de toda la literatura social y anarquista en boga durante la segunda década del siglo xx. En 1920 su hermano, Domingo, participó en el asesinato del redactor del Heraldo de Zaragoza Adolfo Gutiérrez, que en sus páginas había denunciado a un grupo de reclutas que habían matado a un oficial y a un sargento de la guarnición durante un motín comunista. Al mismo tiempo, Ascaso fue acusado de intentar asesinar al empresario Hilario Bernal, de Química, S.A. Fue detenido y encarcelado durante dos años, pero en el juicio que siguió se le declaró inocente y se le puso en libertad. Durante su estancia en la cárcel, con otros presos anarquistas, fundó el grupo Voluntad, dedicado al proselitismo anarquista a través de charlas y edición de folletos y, más tarde, patrocinador de un semanario del mismo nombre. A la salida de prisión, Ascaso no pudo encontrar trabajo en Zaragoza dada la animadversión de la patronal hacia él y, ante esa situación, hubo de emigrar a Barcelona en 1922.

Su marcha a la Ciudad Condal coincidió con el lento declinar en ésta de las luchas violentas que habían sostenido la CNT y los sindicalistas del Libre, apoyados los últimos por un sector de la patronal y por el general Martínez Anido, gobernador de la provincia de Barcelona. No obstante, en ese año de 1922, el gabinete conservador de Sánchez-Guerra había destituido al general y restablecido las garantías constitucionales. Aun así, los atentados de destacados sindicalistas de la CNT, como Pestaña o Seguí, contra dirigentes del Libre, miembros de la patronal y altos cargos del Gobierno continuaron hasta el pronunciamiento de Primo de Rivera. En este contexto convulso, Ascaso encontró trabajo de camarero y de inmediato se hizo un lugar dentro de la organización barcelonesa de la CNT. Entró a formar parte de la Comisión Administrativa del Sindicato de la Alimentación y fue allí donde trabó conocimiento con otros destacados anarquistas, como Juan García Oliver, Liberto Callejas, Aurelio Fernández, Ricardo Sanz o Rafael Torres Escartín, entre otros. Con ellos y, sobre todo, con el que llegaría a ser su alter ego, Buenaventura Durruti, al que había conocido en Zaragoza poco antes de emigrar a Barcelona, creó el grupo Los Solidarios. Este grupo estaba concebido para intensificar los procedimientos violentos, no ya contra el Libre sino apuntando más arriba, contra personalidades destacadas y con fines claramente desestabilizadores. En definitiva, la concepción del uso de la violencia de Los Solidarios traspasaba los planteamientos de los autodenominados comités de defensa de la CNT, concebidos para luchar sólo contra sus rivales del Libre, para acuñar lo que se conocería desde entonces como “gimnasia revolucionaria”. Es decir, trazar el camino hacia la revolución siguiendo en exclusiva una vía violenta.

Ascaso comenzó sus actividades dentro de Los Solidarios intentando matar a Languía, supuesto asesino del dirigente anarquista Salvador Seguí. Este intento se saldó en un fracaso, aunque consiguió herir de gravedad a tres de sus escoltas. Los atentados se complementaban con atracos a bancos con el fin de reunir dinero cara a fortalecer su organización y proveerse de armas. En 1923, Ascaso se trasladó a La Coruña siguiendo los pasos del general Martínez Anido con la intención de asesinarle, pero fue detenido y encarcelado durante algunas semanas. A la salida de prisión, se trasladó a Zaragoza, donde, en compañía de Torres Escartín, preparó y ejecutó el asesinato del cardenal Soldevila, promotor de los sindicatos libres en la capital aragonesa. Precisamente por este atentado fue detenido de nuevo por la policía junto con otros miembros de la CNT zaragozana e ingresó de nuevo en prisión en junio de 1923. Seis meses después lograría fugarse y pasar la frontera, internándose en territorio francés. En marzo de 1924 llegó a París, reuniéndose allí con Buenaventura Durruti y otros exiliados anarquistas que allí habían ido arribando tras el establecimiento de la Dictadura “primorriverista”, entre ellos su hermano, Domingo.

Desde Francia, estos exiliados intentaron asaltar en noviembre de 1924 la prisión de Figueras para liberar a algunos dirigentes anarquistas detenidos, pero la operación fue un fiasco y, además, sólo sirvió para que las autoridades francesas se decidieran a actuar contra los anarquistas españoles que moraban en su territorio.

Con Durruti, Ascaso embarcó, en diciembre de ese año, hacia América del Sur con la idea de recaudar fondos para la CNT entre los emigrados españoles.

No obstante, su periplo por varios países de América del Sur (Cuba, México, Chile y Argentina) se saldó con varios asaltos a haciendas, establecimientos fabriles y atracos a diversas entidades bancarias que hicieron acumular sobre Durruti, Ascaso y otros miembros suramericanos del grupo Los Errantes (fundado a imagen y semejanza de Los Solidarios) varias órdenes internacionales de extradición. Huyendo de la justicia argentina, Durruti y Ascaso consiguieron embarcar hacia Europa desde Montevideo en febrero de 1926. Cuatro meses más tarde serían detenidos por la policía francesa, acusados de preparar un atentado contra Alfonso XIII durante su visita a París. Su estancia en prisión duró hasta julio de 1927, período en el que fueron reclamados infructuosamente por la justicia argentina, y un mes después Ascaso y Durruti fueron expulsados de Francia. Desde Bélgica, regresaron clandestinamente al país galo, pero la policía volvió a detenerlos en 1928, y fueron ingresados de nuevo en prisión unos meses por incumplir la orden de expulsión. Cuando salieron de la cárcel, el Gobierno francés los volvió a expulsar, sin que ningún país europeo, incluida la URSS, quisiera acogerlos.

Finalmente, ambos recalaron en Bruselas, donde Ascaso vivió con su compañera, Bertha Favert, hasta 1931, año en que se proclamó la Segunda República en España.

De nuevo en Barcelona, Ascaso participó en los luctuosos sucesos del primero de mayo y en la reestructuración interna, que no de táctica, del grupo de acción Los Solidarios. Este grupo cambiaría en 1933 su denominación por la de Nosotros. En el segundo semestre de 1931, Ascaso hizo gestiones activas para obtener mil fusiles que se habían adquirido con fondos anarquistas y que estaban depositados en Éibar y, en enero de 1932, fue uno de los promotores del levantamiento anarquista en la cuenca del Llobregat.

Por este hecho, el Gobierno Azaña deportó a Ascaso primero, a Bata y, después, a Fuerteventura, lugares en los que se le recluyó por siete meses. A su vuelta a la Península, Ascaso formó parte del Comité Revolucionario que organizó el levantamiento anarquista de enero de 1933 y, tras permanecer varias semanas oculto en Barcelona, fue detenido de nuevo, recalando ahora en el penal de El Puerto de Santa María, en el que permaneció hasta octubre de ese año. Fuera de la cárcel, participó activamente en la campaña de la CNT, tanto en mítines como en la redacción del órgano periodístico anarquista Solidaridad Obrera, a favor de la abstención en los comicios nacionales de noviembre de 1933. A principios de 1934 fue nombrado secretario general del Comité regional de la CNT de Cataluña y abogó por permanecer a la expectativa durante la rebelión de la Generalidad en octubre de 1934. Hasta la victoria del Frente Popular, Ascaso participó en varios actos que tenían como fin propiciar la amnistía de los presos que habían participado en los hechos revolucionarios a nivel nacional, aunque su actitud pasiva en octubre fue tan discutida internamente que hubo de dejar su cargo. Como el Frente Popular defendió la amnistía, en esta ocasión la CNT no promovió la abstención en los comicios de febrero de 1936. Durante el Congreso de Zaragoza, en mayo de ese año, Ascaso fue acusado de autoritario por sustentar la tesis que hacía hincapié en la necesidad de crear milicias anarquistas revolucionarias destinadas a frenar un posible golpe de Estado fascista. Cuando la guarnición de Barcelona se sumó al levantamiento el 19 de julio de 1936, Ascaso, acompañado de Durruti, tomó el mando de una partida de militantes de la CNT y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Horas después, el 20 de julio, Ascaso se dirigió al cuartel de Atarazanas para forzar la rendición de los sublevados, pero en el transcurso del asalto recibió un tiro en la cabeza que segó instantáneamente su vida.

 

Bibl.: A. Orts-Ramos, Las grandes figuras de la revolución: Francisco Ascaso, Barcelona, Editorial Maucci, s. f.; M. Formoso Ascaso y M. Zarzuela, Francisco Ascaso, 1901-1936, Huesca, Diputación Provincial de Huesca, 2001; M. Pujalá, “La agitada vida de Torres Escartín”, en Trébede: Mensual aragonés de análisis, opinión y cultura, n.º 55 (2001), págs. 24- 48; F. Carrasquer Launed, Ascaso y Zaragoza. Dós pérdidas: la pérdida, Alagón (Zaragoza), Alcaraván Ediciones, 2003; A. Paz, Durruti en la revolución española, Madrid, La Esfera de los Libros, 2004.

 

Roberto Villa García