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Antonio de Gaztañeta e Iturribalzaga

Biografía

Gaztañeta e Iturribalzaga, Antonio de. Motrico (Guipúzcoa), 11.VIII.1656 – Madrid, 5.II.1728. Almirante de la Armada y constructor naval.

Nacido en el seno de una familia muy vinculada al mar, su padre, Francisco de Gaztañeta, desarrollaba gran actividad comercial y aportaba sus barcos a la Carrera de Indias. Por parte materna había una larga tradición en la industria ballenera. Vivió sus primeros años en la villa marinera de Motrico con sus hermanas Antonia, Mariana y Micaela de San Pablo (de monja), al cuidado de su madre, Catalina de Iturribalzaga.

Se sabe que empezó a estudiar para piloto en Cádiz, aunque sus conocimientos básicos los adquirió en las navegaciones que hizo con su padre.

Gaztañeta, con los doce años cumplidos, instruido ya en las Matemáticas, sale a navegar, embarcando unos años después, en 1672, en un galeón del Rey, en el que tuvo contacto con oficiales muy aventajados.

Tenía dieciséis años cuando, estando embarcado con su padre en un navío de aviso, fallece aquél (1673) en el viaje de regreso de Veracruz; Antonio se encarga de dirigir la derrrota del buque hasta Pasajes (Guipúzcoa).

Embarcó nuevamente en navíos sueltos, unas veces, otras en flotas de galeones, haciendo con ellos dos viajes a Buenos Aires, cinco a Tierra Firme y cuatro a Nueva España. En 1684, a la edad de veintiocho años pasa a la Armada Real del Océano, en calidad de piloto, para dirigir las derrotas de todas las fuerzas navales. Pasados dos años se le confiere el título de piloto mayor con el grado de capitán de mar, cargo que no abandonó hasta el día de su muerte. En 1687 suspende por algún tiempo sus embarques y se traslada a Colindres (Cantabria), por orden del rey Carlos II, para seguir el desarrollo de la construcción de la capitana real, cuyo nombre original era Nuestra Señora de la Concepción y de las Ánimas, que se encontraba a flote, y de la almiranta real, Santísima Trinidad, que estaba en gradas, hasta que puesto el barco en servicio en 1691, fija su residencia en Cádiz.

De las notas tomadas en esta época surge el manuscrito Arte de fabricar Reales, cuaderno de campo en el que recoge, con método científico, todo lo relacionado con la construcción de un navío real, en el que se dan por primera vez instrucciones para el trazado geométrico de las formas. Por su carácter renovador es un libro de consulta obligada cuando se trate de la construcción naval española. Al año siguiente edita en Sevilla su obra Norte de la Navegación hallado por el cuadrante de reducción, inspirada en la publicada años antes por el francés Blondel de Saint-Aubin. Su objetivo era “[...] instruir con breve y clara explicación en nuestro idioma español las reglas de la navegación, ante que tanto se ejercita, y con tan gran peligro se ignora”.

Gaztañeta introdujo el uso de este cuadrante o cuartier en la Marina española, explicando su fabricación y los principios en que se basa. Al año siguiente publica el Cuadrante geométrico universal para la conversión esférica a lo plano, aplicado al arte de navegar (Navarrete, Biblioteca Marítima).

Su pericia en el trazado de las derrotas libró a una escuadra española, que regresaba de Nápoles, de encontrarse con fuerzas francesas enemigas muy superiores que, al mando del mariscal Tourville, la esperaban sobre Mahón (Menorca) (c. 1694). Como recompensa, el Rey lo nombró capitán de mar y guerra de la capitana real, y así navegó por el Mediterráneo en unión con las escuadras de los aliados ingleses y holandeses; y por el acierto en las operaciones se le concedió el título y honores de almirante de aquella escuadra, obteniendo poco después el grado de almirante real de la Armada sin dejar, por ello, el cargo de piloto mayor.

En 1696 viaja a Canarias como almirante al frente de una escuadra. Participa en las Juntas de Cosmógrafos reunidas en Badajoz, con el fin de delimitar las áreas de influencia de España y Portugal en las costas de Brasil. De ellas se conservan tres mapas dibujados por él en tinta y acuarela sobre papel, con la Descripción del Brasil que presentaron los comisarios y cosmógrafos portugueses en la Junta que hicieron en Badajoz con los castellanos. También fue ejerciendo de piloto mayor en la flota mandada por el general del Océano Pedro Fernández de Navarrete, en la expedición que hizo para expulsar a los escoceses que por segunda vez intentaban establecerse en Darién (Panamá) en 1699; pero la intervención no fue necesaria, pues los escoceses ya habían evacuado el territorio. Dirigió las derrotas de las escuadras de España en todas las campañas navales que tuvieron lugar, sorteando los temporales y evitando el encuentro de navíos sueltos con fuerzas enemigas superiores hasta que volvieron a España (6 de febrero de 1701). Este mismo año se encargó de preparar la escuadra para la expedición y embarque de Felipe V en Barcelona y, en menos de nueve días, alistó los barcos que transportaron a Nápoles cerca de tres mil soldados, lo que puso en evidencia su gran capacidad organizativa.

La muerte de Carlos II (1700) dejó a España sumida en una profunda crisis. Prácticamente no había industria naval, ni astilleros capacitados, ni industrias auxiliares suficientes. Los buques se encargaban en el extranjero, principalmente en Holanda. El nombramiento de heredero a Felipe de Anjou en perjuicio del otro pretendiente, Carlos de Austria, dio lugar a la formación de una alianza antiborbónica, la llamada Cuádruple Alianza, que pretendía reinstaurar en España la Casa de Austria, lo que provocó una Guerra de Sucesión en España (1702), es decir, una guerra civil entre los partidarios de ambos pretendientes, en la que se vieron implicados la mayor parte de los estados europeos. El ya rey Felipe V, que desde su llegada a España en 1702 se había dado cuenta de que era urgente restablecer las comunicaciones marítimas con América, inició la reconstrucción de la Armada, que a finales del siglo xvii y principios del xviii estaba en vías de extinción, y nombró a Gaztañeta superintendente general de Fábricas y Plantíos de Cantabria, por lo que éste tuvo que fijar su residencia en Motrico comprando una casa-torre de cinco plantas llamada Arrietacoa, casa que sería habitada más tarde por Cosme Damián Churruca. Al año siguiente se convierte en alcalde de esta ciudad y el señorío de Vizcaya le encarga el reconocimiento de los puertos vizcaínos amenazados de invasión durante la Guerra de Sucesión.

Aun cuando su profesión era mandar y gobernar buques, dirigió, con toda pericia, en los astilleros de Zornoza (Cantabria), la construcción del galeón Salvador del porte de setenta y cuatro cañones, así como la de otros buques, encargados por el Gobierno o por el Consulado de Sevilla, siendo muy elogiada su labor por propios y extraños. Mereció especial alabanza la construcción de los seis navíos de sesenta cañones que se llevó a cabo en el año 1713 y los que para la carrera de Buenos Aires hizo después. Los gálibos de éstos fueron pedidos por el Almirantazgo de Holanda para la construcción de otros semejantes con destino a las Indias Orientales. Asimismo, el Almirantazgo inglés decidió utilizar el navío Princesa, de setenta cañones, apresado en abril de 1740, como modelo para sus futuros barcos, entre ellos el conocido H. M. S. Victory.

En este período marcado por la guerra, en el que Gaztañeta está entregado a la construcción naval, muere su primera mujer, Petronila de Segovia, de la que tuvo dos hijas, Catalina del Espíritu Santo y Micaela de San Andrés, profesas en el convento de Santa Catalina, Orden de canónigas seglares de San Agustín, en Motrico. Contrae nuevo matrimonio con María Jacinta de Urdinso (30 de enero de 1716), del que nacieron los hijos legítimos Manuela Antonia, José Antonio y María Josefa Joaquina.

Gaztañeta, ya jefe de Escuadra (1717), lleva cuatro bajeles de Pasajes a Cádiz y vuelve a Barcelona mandando los navíos que luego recogerán en Cádiz y Málaga los cinco batallones que esperaban la expedición formada para evitar que Sicilia quedase por el archiduque Carlos. Vuelve a Pasajes y después de un breve viaje a Holanda para reconocer navíos para su compra, sale de Barcelona (19 de junio de 1718) al mando de una escuadra compuesta por doce navíos, diecisiete fragatas, siete galeras, dos brulotes, dos bombardas, con doscientos setenta y seis transportes y ciento veintitrés tartanas; en total cuatrocientas treinta y nueve velas que, en doce días de navegación, llevó a Sicilia un ejército fuerte de treinta y seis hombres, ocho mil caballos y los correspondientes pertrechos mandado por el general marqués de Lede, quien llevaba el nombramiento de virrey de Sicilia; flota en la que iba de plenipontenciario el intendente general de Marina José Patiño. La isla se ocupó con la única resistencia de la guarnición piamontesa de Mesina, donde atracó la escuadra. Al final, esta expedición, que se presentaba muy favorable, se malogró con la desgraciada acción de cabo Passaro (11 de agosto de 1718), en la que la escuadra española fue atacada por sorpresa y cada nave por separado, por una flota inglesa muy superior (veinte navíos de línea) que venía siguiéndole aguas, mandada por el taimado almirante Byng, al que se creía que se acercaba en misión de mediador, ya que no había estado de guerra con Inglaterra.

Las cartas informativas del cardenal Alberoni, que dirigía la política exterior española, tampoco inducían a sospechar tal ataque.

Cuando Gaztañeta vio acercarse la escuadra inglesa con actitud hostil, quiso formar línea, más no era ya tiempo. Cortada la retaguardia, se generalizó la refriega en multitud de combates parciales. Por la popa del navío capitana, el Real San Felipe, se habían acercado de noche, siguiendo su fanal, dos navíos de sesenta y setenta cañones; con la bandera larga se le arrimó el primero por la aleta de estribor y le descargó una andanada, a la que respondió el San Felipe con la suya, haciéndole bracear y quedar bastante averiado. El otro se acercó por barlovento y, lo mismo, se cañonearon.

En el San Felipe cayeron algunos hombres y se rompieron muchos cabos de labor, quedando inútil el palo de mesana. Poco después se acercaron al navío español, además de los dos ya averiados, el del almirante inglés, el de su contralmirante Delaval, de ochenta cañones y otros cuatro de setenta. Es decir, que el San Felipe se vio atacado por siete barcos a un tiempo. Se defendió denodadamente; el almirante inglés por la bocina le dijo a Gaztañeta que se rindiese o le quemaría con un brulote. Gaztañeta contestó con su fuego alcanzando a éste, que ya se acercaba, haciendo desviarse a Byng. Duró el combate el día entero; al anochecer, una bala de fusil atravesó a Gaztañeta la pierna izquierda y se le quedó alojada en el tobillo derecho. A su lado caía, también herido de un astillazo, el capitán de bandera Pedro Dexpois. El almirante se desangraba, y al ver aproximarse a dos navíos del jefe de escuadra Guevara, mandó arriar la bandera, viendo ya perdida la acción, para evitar que se acercaran. El San Felipe tenía más de doscientos hombres fuera de combate, entre ellos casi todos los oficiales. Todos fueron conducidos prisioneros a Augusta, en donde quedaron en libertad bajo palabra de no tomar las armas durante cuatro meses. Los ingleses proclamaron que habían sido forzados a combatir ¡por empezar el fuego los españoles! Gaztañeta se dirigió a Génova; allí pidió ayuda económica para regresar a España, donde siguió prestando sus servicios en la Armada. La opinión pronto le disculpó, achacando el resultado del combate a la rapidez con que se formó la Armada, la disparidad y endeblez de los barcos y la falta de instrucción del personal.

Ya en Cádiz, asciende a teniente general (15 de septiembre de 1720) y se le aumenta el sueldo a 350 escudos al mes; los años siguientes los dedica a la reconstrucción naval en las Cuatro Villas. Pero debido al poco calado del astillero de Colindres para los grandes buques y a los decididos ataques de ingleses y franceses a los astilleros del norte, con destrucción de navíos, era preciso levantar aquéllos en lugares más protegidos. Gaztañeta abre uno en Santander, en un lugar ya elegido en 1645 por el general Díaz Pimienta, llamado “La Playuca”, que tomó el nombre de Astillero de Guarnizo, al que se trasladaron los restos que se salvaron de la destrucción del de Santoña y donde fija su residencia. Allí, en la margen de la ría de Solía se hizo el 20 por cien de los buques del siglo.

Dirige el astillero hasta 1724, en que es relevado por José del Campillo y Cossío, futuro intendente general.

Todavía tiene tiempo para publicar el libro Proporciones de las medidas más esenciales para la fábrica de navíos y fragatas de guerra, que sirvió de pauta para la construcción naval hasta 1752.

Pero la situación en Indias se iba deteriorando por momentos. El comercio clandestino de los ingleses se hacía intolerable; nuevos intentos de los franceses y holandeses de reanudar también con América este tipo de comercio, a pesar de las amenazas de Ripperdá, sucesor de Alberoni, requieren nuevamente la presencia de Gaztañeta para hacerse cargo de la situación.

Éste, después de otorgar a su esposa un poder para testar, sale de Cádiz en 1726 al mando de una escuadra formada por la fragata Rubí, el Águila, el Aránzazu y el Volante, a la que los temporales y un error del piloto pusieron en trance de naufragar ante las costas de Santo Domingo; se dirigió a Veracruz, adonde llegó con los barcos muy dañados. Ante el temor de que el almirante inglés Hossier, que había llegado a las Indias con instrucciones reservadas, intentase un golpe de mano contra La Habana, el virrey ordenó a Gaztañeta que saliese hacia aquel puerto con la San Juan, capitana de la armada de Barlovento, recientemente carenada, dejando allí toda la infantería, artillería y pólvora que traía para la isla. Pero Hossier se encontraba en Puerto Garrote bloqueando Portobelo y Cartagena de Indias. Gaztañeta logra reunir en La Habana dieciocho buques y, al año siguiente, el 24 de enero sale con las dieciocho velas y una carga de 31.000.000 de pesos fuertes procedentes de Panamá y 18 de Nueva España, logrando pasar durante la noche por medio de la escuadra inglesa de Hossier que le esperaba para cortarle el paso, y, tras correr un fuerte temporal que le hace dividir la escuadra en tres, consigue hacer llegar la flota a Cádiz con la mitad del tesoro (5 de marzo), burlando también a las escuadras de los almirantes Wager y Hoppson que les esperaban con iguales intenciones en los cabos de España. La otra mitad llegó a los puertos de Galicia (8 de marzo).

Dos navíos llegaron uno a Marín (Pontevedra) y otro a las Azores a finales de mes y un tercero tuvo que entrar en Lagos (Portugal) acosado por cinco navíos ingleses.

El Rey, por este éxito, recompensó a Gaztañeta con una pensión de 1.000 ducados, así como con otra de 1.500 para su hijo.

Pero este éxito le duró poco, pues el 5 de febrero de 1728 falleció en Madrid, de un ataque de apoplejía, a los setenta y dos años de edad, en las casas del marqués de Rivas. Fue enterrado en el convento de la Concepción Jerónima de esta ciudad. Cuando iba a ser derribado el convento, Cesáreo Fernández Duro pidió al ministro que los restos de Gaztañeta, que reposaban en la capilla de San Esteban, fuesen trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz). Sus restos no están allí. Tampoco los pudo localizar el capellán de las monjas del citado convento y todavía se desconoce su paradero. En 1729 se le dio su nombre a un paquebote de treinta cañones, que se llamó Gaztañeta.

Antonio de Gaztañeta fue un general destacado que secundó la labor de Patiño; dotado de una fuerte vocación profesional y con cualidades naturales para ello, fue uno de los navegantes más importantes de la historia de España y un destacado constructor naval de principios del siglo xviii. En sus propias palabras: “[...] desde la edad de doce años salí a correr fortuna sobre las ondas del Océano, y mis cátedras han sido continuamente sus anchorísimos [sic] golfos, mis maestros las voces horrorosas de sus soberbias olas y silbos de sus impetuosos vientos” (Norte de la Navegación, prólogo). Siendo más bien hombre de ciencia que de milicia, carecía de experiencia bélica, pero no dejó por ello de ser marinero y combatir con denuedo cuando llegó la ocasión. Escribió algunas obras, entre las que se encuentra un Reglamento de levas de marinería, que serviría de base para la redacción del posterior sistema de Matriculas de Mar. Fue el primero de los escritores náuticos españoles que trató de la corredera para medir el andar de la nave, explicando su construcción y uso. También fue el primero que escribió sobre las cartas esféricas, después de más de siglo y medio de ser inventadas por Alonso de Santa Cruz.

Introdujo muchas mejoras en sistemas anteriores, valido de sus experiencias y del conocimiento de los adelantos que se efectuaban en Europa en las ciencias relacionadas con la Marina. A juzgar por sus trabajos, tenía un buen conocimiento de las matemáticas, de la geometría, de la trigonometría y de algunas ciencias auxiliares. De su mano salieron los planos de numerosos buques, la mayor parte de ellos mercantes, hasta que empezó a funcionar el astillero de Guarnizo. Durante el período de tiempo que dirigió la construcción o dictó las proporciones de la mayoría de los buques construidos para la Corona, en los astilleros de Orio, Usúrbil, Pasajes, Zornoza y otros, y siguiendo sus proporciones se trazaron los barcos más importantes construidos en La Habana. Como buen marinero, sus objetivos eran la velocidad y la maniobra; aumenta la eslora más de lo que era habitual en otros países, pues creía que la clave estaba en los cascos y no en las arboladuras. Con su Proposiciones de las Medidas pretende, por primera vez, normalizar y sistematizar la construcción naval española. En España y en América se siguieron sus métodos con carácter normativo durante cerca de treinta años. El Real Felipe, construido por Autrán en Guarnizo en 1730 según las proporciones establecidas por él, fue el navío más grande del mundo, y con sus tres puentes y ciento catorce cañones demostró que los navíos de Gaztañeta eran los más fuertes de su tiempo. Su nombre quedó unido al del astillero de Guarnizo y a la modernización de la Armada.

 

Obras de ~: Arte de fabricar Reales, Colindres (Santander), 1687-1691 (ms.), Colección Casa Arrietacoa, Métrico (transcrip. y estud. técnico y crítico por F. Fernández González et al., Madrid, Lunwerg Editores, 1992, 2 vols.); Norte de la navegación hallado por el cuadrante de reducción, Sevilla, Juan Francisco de Blas, 1692; Cuadrante geométrico universal para la conversión esférica a lo plano, aplicado al arte de navegar, 1693; Proporciones de las Medidas Arregladas a la construcción de un Bajel de Guerra de Sesenta codos de Quilla, 1712; Proposición de las medidas arregladas [...] (apéndice a la Planta y Proyecto de Bernardo Tinajero [...] para la reactivación del astillero de La Habana), Madrid, 1713; Reglamento para la recluta de Marina, Motrico (Guipúzcoa), 1717 (Madrid, Museo Naval, Colección Vargas Ponce, leg. 4); Proporciones de las medidas más esenciales para la fábrica de navíos y fragatas de guerra, que puedan montar desde ochenta cañones hasta diez, con la explicación de la construcción de la varenga maestra, plano y perfil particular de un navío de setenta cañones, con los largos, gruesos y anchos de los materiales, escrito por orden del Rey, Madrid, Phelipe Alonso, 1720.

 

Fuentes y bibl.: Archivo-Museo don Álvaro de Bazán (El Viso del Marqués, Ciudad Real), Secc. Cuerpo General, leg. 478, Oficiales de Guerra. Expediente personal, 1717-1722.

M. Fernández de Navarrete, Colección de opúsculos, t. I, Madrid, Imprenta Viuda de Calero, 1848, págs. 253-260; Biblioteca Marítima Española, t. I, Madrid, Imprenta Viuda de Calero, 1851, págs. 133-137; F. de P. pavía Pavía, Galería biográfica de los generales de Marina, Madrid, Imprenta J. López, 1873; R. de la Guardia, Datos para un cronicón de la Marina Militar de España. Anales de quince siglos, Madrid, Imprenta del Ministerio de Marina, 1921 (2.ª ed.); C. Fernández Duro, La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, t. V, Madrid, Museo Naval, 1973 (2.ª ed.); J. M.ª Martínez- Hidalgo y Terán (dir.), Enciclopedia General del Mar, vol. IV, Barcelona, Editorial Garriga, 1982 (3.ª ed.), pág. 754; J. Cervera Pery, La Marina de la Ilustración, Madrid, Editorial San Martín, 1986; F. Fernández González, “Gaztañeta y los grandes galeones de la Carrera de Indias”, en Actividad constructora naval y núcleos de población en torno a la Real Fábrica de Bajeles del Astillero de Guarnizo, Guarnizo (Cantabria), Demetrio del Campo, 1991, págs. 81-91; “Gaztañeta, arquitecto naval”, en Antonio de Gaztañeta (1656-1728), San Sebastián, Museo Naval, 1992, págs. 27-35; F. Fernández González et al., “Estudio técnico y crítico”, en A. de Gaztañeta Iturribalzaga, Arte de fabricar Reales, op. cit.; C. Apestegui Cardenal, “Aproximación a la vida y obra de Gaztañeta”, en Antonio Gaztañeta, 1656-1728, San Sebastián, Museo Naval, 1992, págs. 39-102; J. Castanedo Galán, Guarnizo, un astillero de la Corona, Madrid, Editorial Naval, 1993; R. Palacio Ramos, “La construcción naval para la Corona en Santoña (Santander) a lo largo del primer tercio del siglo xviii”, en VV. AA., I Simposio de Historia de las Técnicas, Santander, Universidad de Cantabria, Sociedad Española de Historia de las Ciencias, 1995; M. Cisneros Cunchillos et al., El Astillero de Colindres (Cantabria) en la época de los Austrias menores. Arqueología y construcción naval, Santander, Universidad de Cantabria, 1997; J. I. González-Aller Hierro, España en la mar. Una historia milenaria, Madrid, Lumwerg Editores, 1998, pág. 79.

 

José Antonio Ocampo Aneiros