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Enrique Múgica Herzog

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Biografía

Múgica Herzog, Enrique. San Sebastián (Guipúzcoa), 20.II.1932 – Madrid, 11.IV.2020. Político socialista, escritor, ministro y defensor del pueblo.

Nació de padre guipuzcoano y de madre francesa y judía. Su vida política transcurrió en la etapa de oposición a la Dictadura de Franco, de los años 1954 a 1975, de la Transición a la Democracia, entre 1975 y 1982, y de su consolidación definitiva, desde 1982 hasta su muerte en 2020.

Participó desde muy joven en las actividades literario/artísticas y políticas clandestinas del momento. En la casa donostiarra del poeta Gabriel Celaya, Enrique Múgica conoció en 1953 a Jorge Semprún (Federico Sánchez), miembro de la dirección nacional del PCE en el exilio, que lo describió como “un muchacho muy joven, muy nervioso, parlanchín […], activo, imaginativo, lleno de proyectos”. Múgica se hizo miembro de dicho partido, trasladándose a Madrid para continuar con sus estudios de Derecho, que había iniciado en San Sebastián por libre. Pronto el PCE contaría ya con el primer núcleo de estudiantes comunistas, entre los cuales estaban Jesús López Pacheco, Julián Marcos, Julio Diamante, Javier Pradera, Ramón Tamames, Fernando Sánchez Dragó y el mismo Enrique Múgica.

Aquel año de 1954, Múgica fue muy activo en la organización de unos Encuentros entre la Poesía y la Universidad, en los que participaron los poetas Luis Rosales, Gerardo Diego y José Hierro, y entró en relación con Dionisio Ridruejo, en la revista Alcalá, y con Miguel Sánchez Mazas y Carlos Paris, director éste de la revista filosófica Theoria. En 1955 puso en marcha un nonato Congreso Universitario de Escritores Jóvenes, prohibido por las autoridades universitarias. En medio de aquella inquietud universitaria, que había contribuido a crear, Enrique Múgica, junto a Javier Pradera y a Ramón Tamames, convocaron a comienzos de 1956 un Congreso Libre de Estudiantes, en abierto desafío del oficial y controlado por Falange, Sindicato Español Universitario (SEU). El manifiesto, en cuya redacción participó en primera persona Múgica, fue presentado en la Universidad el 1 de febrero de 1956, abriéndose ocho días de incidentes y manifestaciones callejeras por el madrileño barrio de Argüelles, que culminaron el 9 de febrero con las detenciones de Miguel Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Ramón Tamames, José María Ruiz Gallardón, Javier Pradera, Gabriel Elorriaga y del mismo Enrique Múgica. Todos ellos entraron en la cárcel el día 19, pasando Múgica sus tres primeros meses de cárcel, de los tres años en total que pasaría en aquella época.

Durante sus estancias en San Sebastián, cuando el médico donostiarra José Luis Munoa puso en marcha, entre 1959 y 1961, la Asociación Artística de Guipúzcoa, Enrique Múgica colaboró en la misma, junto a José Ramón Recalde y a Luis Martín-Santos (a cuya casa acudía cada semana a escucharle leer capítulos de su novela Tiempo de silencio). En las sesiones de la Asociación –a las que no faltaba Múgica– pasaron, entre otros muchos, Antonio Valverde, José María Moreno Galván, Antxon Eceiza, Ramón Zulaica, Luis Sánchez Granjel, Santiago Aizarna, Javier Bello Portu, Manuel Agud y José María González Castrillo (Chumy).

Como miembro del PCE todavía pasó varias etapas en la cárcel, en 1959 y en 1962, año en el que fue condenado en Consejo de Guerra a nueve años de cárcel (de los que cumplió 22 meses). Aquel año de 1962 abandonó el PCE, pasando al PSOE de la mano del socialista vitoriano Antonio Amat Maíz Guridi, con el que enlazó a través de su novia y luego esposa, Tina Díaz. Múgica desde aquel momento Goizaldi, adquirió un papel relevante en el nuevo socialismo del interior, junto a Ramón Rubial y Nicolás Redondo Urbieta, entrando en contacto con el PSOE del exterior, dirigido por Rodolfo Llopis desde Toulouse. Ya en 1973, en el XII Congreso de la UGT en el exilio, fue elegido Secretario de Organización, formando parte de su Ejecutiva hasta 1976.

En relación al PSOE, en su etapa de renovación, Múgica participó en el Congreso de Suresnes (Francia) que llevó, con su apoyo expreso, a Felipe González a la Secretaría General frente al sector histórico de Llopis, con el que rompieron. Como representante del PSOE, participó, entre 1974 y 1976, en la Plataforma de Convergencia Democrática y en la Coordinadora Democrática (o Platajunta), un órgano unitario de oposición al régimen franquista. En el Congreso Extraordinario de septiembre de 1979 fue un firme partidario de renunciar al marxismo como seña de identidad del Partido Socialista, siendo elegido secretario de Relaciones Políticas de la Ejecutiva Federal del PSOE.

En las primeras elecciones generales, en 1977, logró el acta de diputado por la provincia de Guipúzcoa, conservando su escaño hasta el año 2000. En aquella etapa todavía preconstitucional, Alfonso Guerra se hizo acompañar de Múgica y de Peces-Barba en sus conversaciones con el representante de la UCD, Abril Martorell, para lograr el ansioso consenso que permitiera culminar sus trabajos a la comisión constitucional, como así fue.

El 8 de julio de 1988, González lo nombró ministro de Justicia, ejerciendo esa función hasta marzo de 1991, periodo durante el cual se aprobaron las Leyes de Demarcación y Planta Judicial, el Texto Refundido de la Ley de Sociedades Anónimas, y las reformas procesales y penales que crearon nuevos juzgados de lo penal.

Enrique Múgica tuvo un papel decisivo en la derrota de la banda terrorista ETA, que no se detuvo sino escaló peldaños insospechados, atacando a la nueva democracia española, pese a haber sido la principal beneficiaria de la Ley de Amnistía de 1977 –cuyo objetivo era sacar de la cárcel a los últimos presos de ETA y poner fin a su terrorismo–. La ley fue posible en gran parte gracias a los socialistas vascos, entre ellos Enrique Múgica y Txiki Benegas.

Años más tarde, siendo ministro de Justicia, Enrique Múgica ideó y aplicó una política de dispersión de los presos de ETA, con el objetivo de romper el control de la organización terrorista en las cárceles, cosa que logró. Su hermano Fernando (Poto), entonces presidente del PSOE en Guipúzcoa, y que también destacó en su lucha contra ETA desde su despacho de abogados, fue asesinado en plena calle el 6 de febrero de 1996. La banda terrorista pretendió justificar aquella siniestra estrategia de terror como de “socialización del sufrimiento”, a la que respondió Enrique Múgica con unas palabras de firmeza de las que nunca se apartó: “Al contrario de frases convencionales, yo ni olvido ni perdono a los asesinos, a los que los han impulsado, a los que han levantado su mano, a los que defienden o exculpan a ETA y la violencia callejera”. No estuvo de acuerdo con el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero cuando éste emprendió contactos con ETA en 2005, ocasionando el alejamiento definitivo de Múgica del PSOE. “La paz –diría entonces– no es el valor fundamental, porque la paz tiene nombres distintos: está la paz de Múnich; la paz impuesta por los vencedores; la que soportan los vencidos; la del muerto y los campos de exterminio que sufrió mi familia. […] La paz es un valor importante, pero no es el fundamental, que es la libertad”.

Múgica descubrió su judeidad a la edad de 14 años, cuando por fin supo que la extraña lengua en la que a veces se comunicaban su madre y su abuelo materno, polaco de Cracovia de la antigua Galitzia austro-húngara, era el yidis de las comunidades asquenazíes de la Europa centro-oriental. Su hermano Fernando le descubrió entonces que el célebre escritor francés André Maurois se llamaba en realidad Émile Herzog, judío alsaciano cuyo apellido compartían. Desde entonces, Múgica vivió aquella segunda identidad con un verdadero sentido de pertenencia a una comunidad necesitada de Estado, y defendió abiertamente el sionismo, pues “después de la Shoah –afirmó– [aquél] tenía una legitimación clara e inequívoca”. Fue el de Múgica no un “judaísmo vencido, humillado, postrado […] [sino] un judaísmo de la victoria, de la creación del Estado de Israel”. Desde su nueva identidad asumida, y contando con la amistad personal de Samuel Hadas, diplomático israelí e inminente primer embajador israelí, promovió dentro de la Ejecutiva del PSOE, el establecimiento de relaciones con el Estado de Israel en 1986. Por su condición judía, José María Aznar le encargó el 11 julio de 1997 la presidencia de la Comisión de Investigación sobre el robo del oro judío en Europa por los nazis, después de que en 1996 judíos damnificados por aquella persecución y expolio hubieron presentado una demanda contra los tres bancos suizos sospechosos de haberse quedado con el oro que les fue confiscado (el Crédit Suisse, el Union Bank y el Swiss Bank). En marzo de 1997, el I Informe Stuart Eizenstat acusaba a los países neutrales durante la última guerra mundial de haberse enriquecido en su comercio con Alemania. España –aunque ya había restituido entre 1946 y 1948, al Gobierno militar estadounidense en Alemania, unos 30 millones de dólares en oro comprados al Banco Nacional Suizo, y pese a que el Acuerdo de Bretton Woods de 1944 sólo atribuía responsabilidad a los países que hubieran comprado el oro directamente a Alemania–, investigó su parte de culpa. En abril de 1998 la llamada “Comisión Múgica” concluía que no había datos de responsabilidad española por comercio ilícito, a base de oro expoliado a los judíos. “Que la España de Franco apoyó a la Alemania de Hitler es un hecho –admitió el mismo Múgica–, pero no está probado que se cobrara esa ayuda en oro robado por los nazis en bancos centrales europeos o a las víctimas del Holocausto”. El II Informe Eizenstat de mayo de 1998, pese a que elevaba de 30 a 140 millones de dólares los activos alemanes en España al finalizar la Guerra Mundial, admitió las averiguaciones de la Comisión, aunque invocando algún tipo de responsabilidad ética del país.

El último cargo institucional de Enrique Múgica fue el de defensor del pueblo. El año 2000, los dos grandes partidos parlamentarios españoles, PP y PSOE, lo eligieron con el apoyo de las 3/5 partes de las Cortes Generales para este cargo, debiendo abandonar su militancia activa socialista y su escaño por Guipúzcoa. Poco después de ser reelegido en el año 2005, demostró su independencia política recurriendo el 19 de septiembre de 2006 ante el Tribunal Constitucional el nuevo Estatuto catalán, promovido por el gobierno tripartito catalán del socialista Pascual Maragall. Aquel recurso de Múgica –no estrictamente político– sólo cabe encuadrarlo en su creencia –deudora siempre de su bien estudiado y admirado Indalecio Prieto– de su doble condición de socialista liberal y español. Como éste, Múgica concibió un patriotismo basado en la ley e igualdad entre los españoles, aspectos centrales –a su juicio– de la Constitución española de 1978: “Frente a los que dicen que la Constitución es un punto de partida, yo afirmo que es un punto de llegada. Quienes luchamos por las libertades y sufrimos las consecuencias de esa lucha creemos que los valores que defendíamos entonces y defendemos ahora son los que están expresados en nuestra Carta Magna”.

Enrique Múgica Herzog murió en Madrid a las 4:15 de la mañana del 11 de abril de 2020.

 

Obras de ~: T. Fuenfría (seud.), “Los pasos de Pedro Laín Entralgo por el camino de España”, en Nuestras ideas. Teoría, política y cultura, 1 (1957), págs. 61-77; “Prieto y Euskadi”, en Leviatán. Revista de hechos e ideas, nº extra 1 (1979), págs. 103-105; “Indalecio Prieto y el Partido Socialista”, en Sistema: revista de ciencias sociales, 36 (1980), págs. 107-122; “Los socialistas, el socialismo y Ortega”, en Cuenta y razón, 11, (1983), págs. 139-142; “Conviviendo con su memoria”, en VV. AA., Escritos sobre la tolerancia: homenaje a Enrique Casas, Madrid, Editorial Pablo Iglesias, 1986, págs. 47-50; Itinerario hacia la libertad, Barcelona, Plaza y Janés, 1986; “Manuel Azaña”, en Sistema: revista de ciencias sociales, 99 (1990), págs. 17-22; “Socialismo democrático: tradición y alternativas”, en Leviatán. Revista de hechos e ideas, 39 (1990), págs. 103-122; “El exilio de Pradal”, en VV. AA., Gabriel Pradal o el honor político, homenaje en el centenario (1891-1991), Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 1991, págs. 55-62; “España y el oro nazi”, en Política Exterior, 12, 65 (1998), págs. 5-22; “Unidad de una España plural”, en J. Marías (coord.), 25 años de reinado de Juan Carlos I, Barcelona, Planeta, 2000, págs. 65-71; “¿Está justificada la intervención bélica humanitaria?”, en Revista de Occidente, 236-237 (2001), págs. 128-143; “Julián Marías, un hombre a la medida de su tiempo”, en VV. AA., Un siglo de España: homenaje a Julián Marías, Madrid, Alianza, 2002, págs. 273-278; “El Defensor del Pueblo y la expropiación forzosa”, en J. Marchena Navarro (coord.), La ley de expropiación forzosa. Análisis y perspectivas de reforma, Madrid, Ministerio de Hacienda, 2003, págs. 19-38; “La Constitución pensada y vivida”, en M. Balado Ruiz-Gallegos y J. A. García Regueiro, La Constitución de 1978 en XXV aniversario, Barcelona, Librería Bosh, 2003, págs. 375-380; “La convivencia democrática como condición esencial para un desarrollo sostenible en los ámbitos material, social y humano”, en VV. AA., Aprender para el futuro: educación para la convivencia democrática, Madrid, Santillana, 2003, págs. 65-68; “La garantía de los derechos y libertades constitucionales”, en Ciencia policial: revista del Instituto de Estudios de Policía, 71 (2004), págs. 7-19; “El Defensor del Pueblo y sus relaciones con las figuras análogas de las Comunidades Autónomas”, en P. García-Escudero, J. Lerma, M. Roca i Junyent y M. Balado Ruiz-Gallegos (dirs.), Barcelona, Librería Bosh, 2005, págs. 191-202; “El Defensor del Pueblo: un puente entre el ciudadano y la Administración”, en VV. AA., Enfoques de España, vol. I, Madrid, Nueva Economía Forum, 2006, págs. 235-248; “XXV años de democracia y libertades”, en Estudios mirandeses: Anuario de la Fundación Cultural Profesor Cantera Burgos, 27, 2 (2007), págs. 25-40; “El Defensor del Pueblo y su actuación en los ámbitos de la extranjería y la inmigración”, en M. Balado Ruiz-Gallegos (coord.) Inmigración, Estado y Derecho: perspectivas desde el siglo XXI, Barcelona, Bosch, 2008, págs. 83-100; “En memoria de Emilio Barbón”, en Boletín de la Fundación Emilio Barbón, 1 (2008), págs. 13-23; “El Defensor del Pueblo, institución constitucional”, en M. Jiménez de Parga y F. Vallespín (eds.), La Política, Madrid, Biblioteca Nueva, 2008, págs. 763-780; “La Constitución española y la Libertad religiosa”, en Anuario de derecho eclesiástico del Estado, 24 (2008), (Ejemplar dedicado a Actas del Congreso sobre Estado español, libertad religiosa y principios ético-cívicos), págs. 119-132.

 

Bibl.: J. Fernández, Enrique Múgica, Madrid, Grupo Libro 88, 1992; J. Semprún, Autobiografía de Federico Sánchez, Barcelona, Planeta, 1995, pág. 53; “Enrique Múgica: ‘Ni olvido ni perdono”, en El País, 8 de febrero de 1996; J. Valenzuela, “Múgica rechaza la versión de EE UU contra España por el oro nazi”, en El País, 3 de junio de 1998; J. Ugarte Tellería (coord.), La transición en el País Vasco y España: historia y memoria, Leioa, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 1998; R. Miralles, Textos escogidos de Indalecio Prieto, con la intervención de Don Enrique Múgica Herzog, Oviedo, Junta General del Principado de Asturias, 2000, págs. 29-43; A. Micciché, Euskadi socialista. El PSE-PSOE y la Transición en el País Vasco (1976-1980), Madrid, Editorial Pablo Iglesias, 2009; J. Eguiguren Imaz, Historia del socialismo vasco (1886-2009), San Sebastián, Hiria, 2009; R. López, Mª. Losada y C. Carnicero, Rojo esperanza. Los socialistas vascos contra el franquismo, Vitoria, Ikusager, 2013; J. Mina, De paseo por el San Sebastián de Luis Martín-Santos, Donostia, Erein, 2015; “En la muerte de Enrique Múgica: un hombre clave en la dispersión de los presos de ETA”, en ABC, 12 de abril de 2020 [en línea], disponible en https://www.abc.es/espana/abci-muerte-enrique-mugica-hombre-clave-dispersion-presos-202004120252_noticia.html; “Adiós a Enrique Múgica Herzog Z’L”, en Radio Sefarad, [en línea], disponible en https://www.radiosefarad.com/adios-a-enrique-mugica-herzog-zl/.

 

Ricardo Miralles

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