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Abú l-Qasim Muhammad b. Isma'il b. 'Abbad

Biografía

Abū l-Qāsim Muḥammad b. Ismā’īl b. ‘Abbād. ?, f. s. X-p. s. XI – Sevilla, 29 ŷumādà I 433 H./24.I.1042 C. Primer soberano de la taifa abadí de Sevilla.

La taifa abadí de Sevilla fue una de las principales unidades políticas surgidas de la fragmentación política y territorial del califato omeya de Córdoba, acaecida durante la llamada fitna beréber. Tras una primera etapa de coexistencia con los restantes reinos de taifa surgidos de dicho proceso, los abadíes acabaron convirtiéndose en la dinastía gobernante sobre la mayor parte del Occidente de al-Andalus. A partir de la época abadí, Sevilla comienza a erigirse en el principal centro urbano andalusí, relegando a Córdoba a un segundo plano, en un proceso de desarrollo sostenido que alcanzará su culminación durante la época almohade.

La fase de formación de la taifa corresponde a la época del primer soberano, Abū l-Qāsim Ḏū-l-Wizāratayn Abī l-Walīd Ismā’īl b. Muḥammad b. Ismā’īl b. Qurayš b. ‘Abbād b. ‘Amr b. Aslam b. ‘Amr b. ÿIṭāf b. Nu’aym, según nos transmite el polígrafo valenciano Ibn al-Abbār. El origen de los Banū ‘Abbād se vincula a la tribu de los Banū Lajm, de estirpe árabe yemení y asentados en la península Ibérica durante la fase inicial de desarrollo de al-Andalus. Un miembro de esta tribu árabe, llamado ‘Iðāf, jefe de un contingente del ejército (ŷund) de Emesa, entró en al-Andalus con Balŷ y se estableció en la aldea de Yawmīn, perteneciente al distrito de Tocina, junto al Guadalquivir. Este personaje es el origen del linaje de los Banū ‘Abbād que, siete generaciones más tarde, se hicieron con el dominio de Sevilla, convirtiéndose en los soberanos más célebres e importantes de la época taifa.

Para comprender la proclamación de Muḥammad b. ‘Abbād como soberano de Sevilla en 1023 es preciso remontarnos a los orígenes del linaje y, concretamente, a la figura de su padre. A lo largo del emirato, los Banū ‘Abbād se consolidan como uno de los principales linajes sevillanos de origen árabe. No obstante, su definitivo encumbramiento político se produjo tardíamente, a partir del califato, con el padre de nuestro personaje, llamado Ismā’īl b. ‘Abbād, a quien las fuentes describen como hombre de grandes saberes. Comenzó su carrera durante la época de al-Ḥakam II, aunque no fue hasta la proclamación de Hišām cuando fue ascendido por Almanzor a las posiciones de máximo rango. Ello permite encuadrar a los Banū ‘Abbād como miembros de esa nueva élite del poder elevada a los puestos clave por el fundador del linaje ‘Āmirí y hombre fuerte del califato. En efecto, Ismā’īl b. ‘Abbād ejerció como imam de las aljamas de Córdoba y Sevilla y como cadí de la capital hispalense. Sus estrechos vínculos con el poder y las posiciones y cargos alcanzados permitieron a los abadíes acumular un importante patrimonio fundiario, convirtiéndose, sin duda, en uno de los linajes más poderosos económicamente de su tiempo, al punto que se dice que poseían un tercio de las tierras de Sevilla.

El control ejercido por los Banū ‘Abbād sobre el gobierno de Sevilla se produjo sobre la base de la actuación previa de Ismā’īl y desde la posición de cadí detentada por su hijo Muḥammad, de tal forma que la taifa abadí es una de las surgidas a partir de la proclamación del titular de la magistratura del cadiazgo. En efecto, como narra Ibn al-Jaṭīb, Ismā’īl b. ‘Abbād ejerció el cadiazgo en Sevilla hasta que, en el año 414/1023-1024 fue afectado por cataratas, por lo cual decidió ceder el cadiazgo a su hijo Abū-l-Qāsim y limitarse a conducir los asuntos locales y velar por las decisiones de la asamblea de notables, falleciendo ese mismo año.

Dicho ascenso se produjo en el contexto del dominio ḥammūdí sobre la capital hispalense. Durante la guerra civil (fitna) que condujo a la disgregación del califato omeya, Sevilla fue gobernada por al-Qāsim b. Ḥammūd, hermano de ‘Alī b. Ḥammūd, proclamado califa de Córdoba. Cuando éste fue asesinado en 1018, su hermano al-Qāsim se dirigió a Córdoba para sucederle, lo cual fue aprovechado por los sevillanos para negarle el control de la ciudad, pues nunca habían estado satisfechos de su gobierno.

Los inicios del ascenso al poder de los abadíes aparecen narrados en varias fuentes y están vinculados al desarrollo de los acontecimientos en Córdoba. Cuando los cordobeses se rebelaron contra al-Qāsim b. Ḥammūd, los sevillanos hicieron lo propio contra su hijo Muḥammad, a quien sitiaron en el alcázar. Tras ser expulsado de Córdoba, Ibn Ḥammūd se dirigió a Sevilla, donde Ibn ‘Abbād le hizo entrega de su hijo Muḥammad. Al parecer se alcanzó una solución de compromiso entre ambos, según la cual Ibn Ḥammūd fue reconocido como señor nominal de Sevilla, siendo su nombre pronunciado en el sermón de la oración del viernes. A cambio, Ibn ‘Abbād obtuvo la designación de emir de los sevillanos. De esta forma, el soberano abadí garantizaba la legitimidad de su poder, pues él actuaba como gobernante de hecho, mientras que la soberanía recaía en una instancia de poder superior. Esta misma actitud adoptó posteriormente con la proclamación del falso califa Hišām II, como veremos a continuación. Los hechos narrados acaecieron a mediados de Ša’bān de 414/19 octubre-16 de noviembre de 1023, fecha del inicio de la taifa sevillana. Siguiendo el modelo cordobés, en un principio, Ibn ‘Abbād ejerció de forma colegiada el poder junto a otros dos personajes pertenecientes a importantes familias sevillanas. Pero, tras obtener la designación de Ibn Ḥammūd, logró desembarazarse de ellos, según al-ÿUḏrī mediante acusaciones falsas, convirtiéndose en el único detentador de la soberanía.

El siguiente paso de Ibn ‘Abbād sería tratar de librarse de la tutela formal de los ḥammūdíes, que podemos interpretar como manifestación de la oposición entre linajes beréberes y árabes. Para ello, el soberano abadí protagonizó uno de los episodios más singulares del período taifa, la proclamación del falso Hišām II al-Mu’ayyad, sucedida en el año 426/1035. Poco tiempo antes, en el año 422/1031, había sido definitivamente abolido el califato de Córdoba, después de un largo período de inestabilidad y enfrentamientos internos (fitna). El tercer califa de Córdoba debió morir durante los disturbios acaecidos en la capital omeya en el año 403/1013. Sin embargo, corrían noticias e historias por al-Andalus que hablaban de que había sobrevivido y que estaba escondido. Aprovechando estas habladurías, Ibn ‘Abbād se hizo con un “doble” del califa al-Mu’ayyad, al parecer un esterero llamado Jalaf al que el soberano abadí sacó de Calatrava y lo condujo a Sevilla. La Crónica anónima de los reyes de taifa vincula este episodio con la amenaza de Yaḥyà b. ‘Alī b. Ḥammūd, aliado con el régulo beréber de Carmona para apoderarse de Sevilla. Sin duda, Ibn ‘Abbād usó la figura del falso omeya como forma de legitimarse frente a los ḥammūdíes y de obtener el apoyo de otros soberanos. De esta forma, el supuesto Hišām II fue instalado en el alcázar de Sevilla y reconocido como legítimo soberano, invocándose su nombre el sermón del viernes y reproduciéndose el mismo sistema de la época de Almanzor, con Ibn ‘Abbād ocupando la posición del chambelán (ḥāÿib) ÿĀmirí. La mencionada Crónica anónima lo narra de la forma siguiente:

“Luego, Hišām, cuando entró en Sevilla, Ibn ‘Abbād lo hizo alojar en su compañía en el alcázar, lo saludó con el título de califa e hízose su mayordomo, como al-Manṣūr b. Abī ‘Āmir, y su hijo Ismā’īl ‘Imād al-Dawla ocupó el puesto de al-Muẓaffar ‘Abd al-Malik hijo de al-Manṣūr b. Abī ‘Āmir. Cuando Hišām al-Mu’ayyad se hubo establecido en Sevilla se pronunció en ella la juðba en su nombre, así como en la mayoría de las coras, y las ambiciones cesaron”.

La acción de Ibn ‘Abbād no causó todo el efecto deseado. Al parecer, el falso al-Mu’ayyad obtuvo el reconocimiento de los gobernantes de la zona del Levante, es decir, Valencia, Denia, Tortosa y las Islas Baleares, los cuales enviaron los escritos de reconocimiento. En un principio, el falso califa fue, asimismo reconocido por el soberano de la taifa cordobesa, pero, al no obtener la confirmación de su identidad a través de los emisarios enviados a Sevilla, le negó la entrada a Córdoba, donde debía ser proclamado.

Ya antes de este episodio se había iniciado el proceso de expansión de la taifa sevillana que, en realidad, sería obra del segundo abadí, al-Mu’taḏid. La primera acción fue dirigida contra la ciudad de Beja, lo que supuso el enfrentamiento con los Afðasíes de Badajoz, que había ocupado la ciudad. En el año 421/1030, las fuerzas aliadas de Sevilla y Carmona, dirigidas por Ismā’īl, el hijo del soberano abadí, lograron apoderarse de ella, haciendo prisionero al hijo del taifa pacense. Años más tarde, Ibn al-Afðas se cobró cumplida venganza. En 425/1033-1034, Ismāÿīl salió en expedición contra los cristianos, atravesando el territorio pacense previo acuerdo con el afðasí. Sin embargo, al regresar fue objeto de una emboscada y su ejército fue aniquilado, habiendo de buscar refugio en Lisboa.

En 431/1039, Ibn ‘Abbād fracasó ante la coalición de granadinos y malagueños, que le inflingieron una fuerte derrota, muriendo en el encuentro su hijo Ismā’īl, lo que dejó abierta la sucesión a favor de su hermano ‘Abbād, conocido por el sobrenombre de al-Muÿtaḏid. En cambio, según la Crónica anónima, este Ismāÿīl, llamado ‘Imād al-Dawla, habría muerto en un enfrentamiento acaecido junto a la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra (Qalÿat Ŷābir) en el año 427/1036 frente a Yaḥyà b. ‘Alī al-Fāðimí.

Según algunas informaciones, la muerte de Ibn ‘Abbād se produjo luchando contra las tropas del soberano granadino Bādīs b. Ḥabbūs, pero los datos no coinciden en este extremo. Por otro lado, respecto a la cronología, aunque algunas fuentes (Crónica anónima e Ibn ‘Idārī) dan como fecha de su muerte principios del año 431 H, a través de otras (al-ÿUḏrī, Ibn al-Abbār, Ibn Bassām, Ibn al-Jaðīb) sabemos que se produjo más tarde, concretamente el 29 de ŷumādà I de 433/24 de enero de 1042. A través de su actuación, Muḥammad b. ÿAbbād había sido capaz de consolidar una posición lo suficientemente sólida como para transmitir su poder de forma hereditaria a su hijo.

 

Bibl.: R. Valencia, “La cora de Sevilla en el Tarṣīÿ al-ajbār de Aḥmar b. ÿUmar al-ÿUdrī” y J. Bosch Vilá y W. Hoenerbach, “Las taifas de la Andalucía islámica en las obras históricas de Ibn al-Jaðīb: los Banū ÿAbbād de Sevilla”, en Andalucía Islámica. Textos y Estudios, IV-V (1983-1986), págs. 137-138 y 28-31, respect.; D. Wasserstein, The Rise and Fall of the Party Kings. Politics and Society in Islamic Spain, 1002-1086, Princeton, Princeton University Press, 1985; J. Bosch Vilà, La Sevilla islámica, 712-1248, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1988 (2.ª ed.), págs. 91-106; F. Maíllo Salgado (intr., trad. y notas), Crónica anónima de los reyes de taifas, Madrid, Akal, 1991, págs. 70-74; M. Benaboud, Sevilla en el siglo XI. El reino Abbadí de Sevilla (1023-1091), pról. de M. González Jiménez, glosario por R. Valencia, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1992, págs. 9-18; M.ª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes (Al Andalus del XI al XIII), Madrid, MAPFRE, 1992, págs. 135-138; F. Maíllo Salgado (est., trad. y notas), La caída del califato de Córdoba y los Reyes de Taifas = Al-Bayan al-Mugrib / Ibn Idari, Salamanca, Universidad-Estudios Árabes e Islámicos, 1993, págs. 161-162 y 165-172; M.ª J. Viguera (coord. y pról.), Los reinos de taifas. Al-Andalus en el siglo XI, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, vol. VIII-I, Madrid, Espasa Calpe, 1996; M. Fierro, “The qāḏī as ruler”, Saber religioso y poder político en el Islam. Actas del Simposio Internacional (Granada, 15-18 de octubre de 1991), Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994, págs. 78-82; F. Clément, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l’époque des taifas (Ve-XIe siècle). L’imam fictif, pról. de P. Guichard, París, L’Harmattan, 1997.

 

Alejandro García Sanjuán