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Gonzalo de Berceo

Biografía

Berceo, Gonzalo de. Berceo (La Rioja), c. 1196 – San Millán de la Cogolla (La Rioja), c. 1260. Poeta.

Pocos datos biográficos han quedado del primer poeta de nombre conocido en lengua española: los fondos documentales de San Millán de la Cogolla y las noticias que se pueden obtener del rastreo de sus obras y de la literatura de la época constituyen los ejes fundamentales de su biografía. Se supone que debió de nacer a finales del siglo XII, concretamente hacia 1196 o algún año después, en Berceo, quizá en el barrio (pedanía) de Madrid, y fue educado en su niñez en el monasterio de San Millán de Suso, como gusta de recordar en sus obras. Se puede precisar la fecha de nacimiento, porque en 1221 se ordenó de diácono, y la edad mínima para hacerlo eran los veinticinco años. En la Vida de San Millán de la Cogolla (estrofa 489) cuenta que “Gonzalvo fue so nomne quizo fizo est’ tractado, / en Sant Millán de Suso fue de niñez criado; / natural de Berceo ond’ sant Millán fue nado”. De esta forma, se sabe que tomó el nombre del pueblo donde nació y que así se le llamaba, como dice en la segunda copla de los Milagros de Nuestra Señora (“Yo, maestro Gonçalvo de Verceo nomnado”) y tanto el lugar como su niñez en San Millán son recordados también en la última copla del manuscrito de París del Libro de Alexandre (“natural de Madrid, en San Millán criado”), y su lugar de nacimiento lo repite dos veces al comienzo de la Vida de San Millán de la Cogolla (3c, “el barrio de Verceo Madriz li yaz present”, y 19d, “en Verceo fui nado cerca es de Madriz”). Madrid era un barrio o pedanía de San Millán de la Cogolla, a la otra orilla del río Cárdenas, lindante con el pueblo de Berceo, en la actual provincia de Logroño. De por allí o sus aledaños debió de ser la familia, porque, entre los clérigos del pueblo de Berceo, aparece en un documento de 1242 un hermano suyo llamado Juan.

A pesar de que durante buena parte del siglo XX se le había tenido por un poeta popular, debió de ser un clérigo de formación superior y extensa cultura, puesto que sus obras demuestran que domina procedimientos propios de las poéticas latinas de la época. Así sucede en el precioso exordio de los Milagros de Nuestra Señora, donde se revela Berceo como un hábil maestro de retórica, describiéndonos un paraíso que es el tradicional locus amoenus de las poéticas clásicas y medievales, demostrando importantes conocimientos de teología bíblica (tipología, escritura, exégesis, lecturas de los Padres, etc.) y de técnica musical. Asimismo, en los Milagros de Nuestra Señora se denomina maestro, que podría significar tanto ‘maestro confesor’ como magister, es decir, ‘maestro con titulación universitaria’. Esa educación supone un centro de enseñanza superior, y de ahí que se ha pensado que pudo formarse en la antigua Universidad de Palencia, un extremo que no se ha podido documentar explícitamente, aunque Berceo recuerda en la copla 326 de los Milagros de Nuestra Señora al obispo Tello Téllez de Meneses (“ni.l nució [‘dañó’] más que nuzo yo al bispo don Tello”), personaje muy vinculado al estudio general de Palencia.

En todo caso, parece haber tenido formación de jurista, lo que explicaría el uso en sus obras de tecnicismos como entencia (‘disputa’) u otorgar (‘disponer la ejecución de una sentencia’).

Su vida debió de transcurrir estrechamente ligada al monasterio de San Millán de la Cogolla. La estrofa 2675 del manuscrito de París del Libro de Alexandre procura un importante dato sobre su actividad en San Millán: “Si queredes saber quien fizo esti dictado, / Gonçalvo de Berceo es por nombre clamado, / natural de Madrid, en San Millán criado, / del abad Juan Sánchez notario por nombrado”. Es decir, que Gonzalo era el hombre de confianza del abad Juan Sánchez (1209-1253), una suerte de mandatario personal que actuaría como ‘secretario’ del abad (que es lo que con exactitud significa notario en esa estrofa del Alexandre) y podría actuar como notario extramuros del monasterio. Lejos de la imagen de persona sencilla que había dado la historiografía tradicional de la primera mitad del siglo XX, se estaría ante una de las personas más importantes de San Millán de la Cogolla y de la mayor confianza del abad Juan Sánchez.

Ésa es también la impronta que proporcionan los estudios que han procurado dilucidar una cronología de sus obras que va desde finales de los años veinte del siglo XIII hasta mediados de los sesenta, corpus que ya no incluye ni el Libro de Alexandre, obra anterior a la Vida de San Millán de la Cogolla y que en ningún caso pudo ser obra de Gonzalo, ni una narración sobre las reliquias de los mártires de San Pedro de Arlanza, obra que, si existió, no se ha conservado. Su primer trabajo habría sido la Vida de San Millán de la Cogolla.

Consta de 489 estrofas de cuaderna vía y constituye la biografía santificada del santo fundador del monasterio de San Millán de la Cogolla, Aemilius, sacerdote eremita nacido en 474 y muerto en 574, y cuya vida escrita se conservó en la Vita Beati Emiliani compuesta por san Braulio de Zaragoza (590-651). A la vida y milagros de Aemilianus, añade el largo episodio de los votos de San Millán (coplas 361-481) y dos milagros tradicionales no presentes en san Braulio (coplas 482-488). En el episodio de los votos de San Millán se encuentra con un San Millán que en unión de Santiago se aparece a los ejércitos cristianos que en la batalla de Hacinas derrotarán al infiel musulmán. Y a continuación, el inventario de pueblos y lugares que debían enviar el diezmo a San Millán de la Cogolla.

Esa parte de la obra corre pareja de la falsificación de determinadas secciones del Libro Becerro de San Millán (códice donde se conservaba la documentación jurídica del monasterio), el Becerro galicano (así llamado por estar escrito en letra francesa), que admitió falsificaciones a principios del siglo XIII para incorporar la sección de los Privilegios de los Votos, y cuya fecha más antigua remonta a 1228. La relación de la obra con la falsificación documental permite fechar parcialmente esta primera obra de Berceo, y apunta de nuevo a su formación de jurista.

Por otra parte, la prioridad del San Millán puede basarse en trazos estilísticos y narrativos que relacionan las dos principales hagiografías y que presupone la posteridad cronológica de la Vida de Santo Domingo de Silos, que, además, se ha relacionado con la Carta de hermandad que en 1236 firmaron los monasterios de San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de Silos. La Vida de Santo Domingo de Silos nos cuenta en 777 estrofas (la trinidad simbólica del número siete) la vida de Santo Domingo de Silos, fundador del monasterio del mismo nombre. Para escribirla, Gonzalo se apoyo en la Vita Domici Silensis, escrita por el monje silense Grimaldus (s. XI). Por tanto, la Vida de San Millán de la Cogolla sería anterior a 1236, y más probablemente de finales de los años veinte del siglo XIII y la Vida de Santo Domingo de Silos, posterior a 1236, cuando Berceo contaba treinta y ocho años.

Entre la redacción de la hagiografía silense y los Milagros de Nuestra Señora se suele situar el momento de redacción del Sacrificio de la misa, los Himnos, los Loores de Nuestra Señora y los Signos del juicio final, obras que se han relacionado con su ordenación sacerdotal, que se supone anterior a 1237, y que, en todo caso, no podía hacerse antes de los treinta años. Se trata de obras de carácter pedagógico.

Los Loores de Nuestra Señora explica en 233 estrofas los grandes hitos de la historia de la salvación bajo la advocación de la Virgen María, mientras que El sacrificio de la misa explica en 297 estrofas toda la simbología del sacrificio y la articulación de los dos Testamentos mediante el procedimiento de la tipología; por su parte, los Signos del Juicio Final constituyen un poema escatológico en 77 estrofas que se ha relacionado con las doctrinas de Joaquín de Fiore y los spirituali sobre el próximo fin del mundo. Posterior a estas obras sería el Duelo de la Virgen, puesto que en su estrofa 208 podría hacer referencia a tal hecho (“mi alma e mi cuerpo, las órdenes tomadas, / mis manos e mis piedes pero que [‘no obstante’] consagradas”). La obra nos presenta a María como Mater dolorosa en 210 estrofas, aunque no todas son de cuaderna vía, puesto que las estrofas 178-190 intercalan la cántica ¡Eya velar!, una canción de guardia de soldados de origen popular y estructura paralelística.

Junto a estas obras son dignos de recordar los tres Himnos de siete estrofas cada uno, traducción del Veni Creador spiritus, del Ave Maris stellae, atribuido a San Bernardo de Claraval, y del Christe, qui lux est et die.

En este esquema cronológico también se tienen datos para fijar algunas fechas de la redacción de los Milagros de Nuestra Señora. En la copla 325 hace referencia a Tello Téllez de Meneses, obispo de Palencia entre 1210 y 1246, año de su fallecimiento, mientras que en la copla 869 recuerda como desaparecido a Fernando III (869ab, “En el tiempo del rey de la buena ventura, / don Ferrando por nomne señor d’Estremadura”), lo que sucedió en 1252, y la redacción final de los Milagros o el probable añadido de ese milagro final sería posterior a esa fecha. De esta forma, se puede suponer un largo período de redacción para los Milagros en un arco cronológico de al menos seis años, y cuando Berceo tenía alrededor de cincuenta y cuatro años. La obra conforma un total de 911 estrofas, y se puede dividir en una introducción alegórica y veinticinco milagros. La fuente debió de ser alguna de las muchas colecciones de milagros marianos que corrían en latín en la segunda mitad del siglo XII, difusión alentada por un auge del culto mariano paralelo a la importancia de la mariología en el pensamiento teológico de Bernardo de Claraval, a quien Berceo parece haber leído. La introducción constituye una pieza clásica de la literatura española, y en ella consigue Gonzalo una de las más altas cotas de calidad. Los milagros en total son veinticinco, y entre ellos destacan los denominados “milagros de la crisis”, es decir, aquéllos en que un representante típico del orden medieval cae en el pecado y repara su falta por la intervención de María: la abadesa encinta (XXI) y el milagro de Teófilo (XXIV).

Para completar el panorama cronológico, tradicionalmente se han considerado obras de madurez tanto el Poema de Santa Oria como el Martirio de San Lorenzo. En el caso del Poema de Santa Oria, porque lo dice él mismo en la segunda copla del poema (“Quiero en mi vegez, maguer so ya cansado, / de esta sancta virgen, romançar su dictado”), y porque la obra habría quedado sin el toque final del autor, lo que es evidente en las anómalas secuencias de estrofas.

Por ello, y atendiendo a la afirmación del prólogo, se puede suponer que estaba componiendo el Poema de Santa Oria entre los cincuenta y los sesenta años (c. 1252-1257), ya terminados los Milagros o en el momento en que añadió el último de ellos. Se trata de un poema en 205 estrofas, donde nos cuenta las visiones celestiales de la santa Áurea, eremita del monasterio de San Millán de la Cogolla. Su fuente latina en este caso fue la Vita en prosa no conservada escrita por el monje Munio.

Su última obra fue probablemente el Martirio de San Lorenzo, que nos cuenta en 105 estrofas el suplicio del santo. Su fuente parecen ser los ciclos pasionales que con posterioridad al siglo VI hacían de san Lorenzo un mártir hispánico relacionado con el obispo de Huesca san Valerio, y quizá estuviera también relacionado con la Passio Polychronii o incluso con el santuario de Sant Laurent, cercano a San Millán. Se cree que es la última obra de Berceo porque está incompleta.

De esa época debió de ser su última mención documentada en un diploma de 1264, donde aparece como maestro de confesión y cabezalero o testigo testamentario de García Gil de Vañoz, aunque en pasado, lo que significaría que en ese momento estaba muerto.

Gonzalo de Berceo es el primer poeta de nombre conocido en lengua española. Escribió casi toda su obra, con excepción de la cantiga ¡Ella, velar!, en tetrástrofos monorrimos, es decir, en coplas de cuatro versos alejandrinos que riman en consonante y que están formados cada uno de ellos por dos hemistiquios heptasílabos (siete más siete) separados por cesura y construidos con dialefa. El verso alejandrino remite a orígenes franceses y la copla monorrima recuerda la poesía de los ambientes escolares latinos, siendo un género conocido a lo largo de la Romania desde mediados del siglo xii. En él se escribieron obras como el francés Poème moral o los Proverbia super natura feminarum, de origen lombardo o veneciano y fue frecuentado por autores como Bonvesin de la Riva (la Disputatio rosae cum viola o el Libro delle tre scritture). Se trata de un género de poesía narrativa y didáctica que en Castilla se considera el pilar de la escuela o género de cuaderna vía, también denominado tradicionalmente mester de clerecía, que no es otra cosa que la adecuación de los romances peninsulares a la cuarteta monorrima de alejandrinos. La primera obra, y la que da nombre al género en España, es el Libro de Alexandre, cuya segunda cuarteta se suele considerar una suerte de “manifiesto” de la escuela (“Mester traigo fermoso, non es de joglaria; / mester es sin pecado, ca es de cleresçía: / fablar curso rimado por la cuadernavía, / a sílabas contadas, ca es grant maestría”). Se trata, pues, de un género literario de carácter culto y típico de los nuevos clérigos que son producto intelectual del Renacimiento del siglo XII, y que junto a los tradicionales saberes teológicos tenían una formación clásica antes desconocida o poco frecuente, que incluía la formación en las artes liberales y en alguna especialidad universitaria (derecho, medicina y teología). Esos clérigos escribían en romance para dar a conocer a su público saberes que ya estaban en latín, y utilizaban como fuente un texto latino cuyo autor se nombra. Berceo vuelca esta voluntad pedagógica en la vida religiosa, y por eso se ha puesto en relación con la exigencia de una mayor cultura del clero, de acuerdo con las directrices emanadas del IV Concilio de Letrán. Junto a esa voluntad pedagógica, dos ejes condicionan el desarrollo de su obra.

Uno, hagiográfico, que busca las fuentes de la piedad en una meditación en torno a la historia de la Iglesia y la vida de los santos, y otro, mariano y de fuerte tonalidad sentimental, inspirado en el pensamiento teológico de san Bernardo de Claraval. Leída como un conjunto, su obra puede considerarse como una “suma teológica”, pero no de una teología escolástica de base lógica, sino de una teología eclesial sostenida por la emoción mariana.

 

Obras de ~: Vida de San Millán de la Cogolla, c. 1230 (ed. de G. Koberstein, Estoria de San Millán, Münster Westfalen, 1964); Vida de Santo Domingo de Silos, 1236 post. (S. de Vergara, Vida y milagros del taumaturgo español [...] Sto. Domingo Manso, abad benedictino, reparador de el Real Monasterio de Silos, Madrid, Herederos de Francisco del Hierro, 1736; Fitz-Gerald, Gonzalo de Berceo. La vida de Santo Domingo de Silos, Paris, Bibliohtèque de l’École des Hautes Études, 1904; ed. de Fray A. Andrés, Madrid, Padres Benedictinos, 1958; ed. de A. Ruffinatto, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1978; ed. de T. Labarta de Chaves, Madrid, Castalia, 1973); Loores de Nuestra Señora, Sacrificio de la misa (ed. de A. García Solalinde, El sacrificio de la misa, Madrid, Residencia de estudiantes, 1913); Signos del Juicio Final, Himnos, Duelo de la Virgen, 1237 post.; Milagros de Nuestra Señora, 1242-1252 (ed. de A. García Solalinde, Madrid, Espasa Calpe, 1922; ed. de C. Marden, Veintitrés milagros: nuevo manuscrito de la Real Academia Española, Madrid, Anejos de la Revista de Filología Española, 1929; ed. de D. Devoto, Madrid, Castalia, 1969; ed. de V. Beltrán, Barcelona, Planeta, 1987; ed. de M. Gerli, Madrid, Cátedra, 1995; ed. de C. García Turza, Logroño, Universidad de la Rioja, 1997; F. Baños, Gonzalo de Berceo. Milagros de Nuestra Señora, Crítica, Barcelona, 1997); Poema de Santa Oria, c. 1250, probablemente inacabado (ed. de I. Uría, Logroño, Instituto de estudios Riojanos, 1976, y Madrid, Castalia, 1981); Vida de Santo Domingo de Silos. Poema de Santa Oria (ed. de A. Ruffinatto, Madrid, Espasa Calpe, 1992), y Martirio de San Lorenzo, 1264 ant., inacabado (ed. de P. Tesauro, Napoli, Liguori, 1971); T. A. Sánchez, Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV, vol. II, Madrid, Antonio de Sancha, 1779-1790; F. Janer, Poetas anteriores al siglo XV, Madrid, Rivadeneyra, 1864 (Biblioteca de Autores Españoles, n.º 57), págs. 39-146; C. Marden, Cuatro poemas de Berceo, Madrid, Anejos de la Revista de Filología Española, 1928; Obras completas, ed. de B. Dutton, London, Tamesis, 1967-1981, 5 vols.; Signos que aparecerán antes del Juicio Final. Duelo de la Virgen. Martirio de San Lorenzo, ed. de A. Ramoneda, Madrid, Castalia, 1980; Obra completa, coord. por I. Uría, Madrid-Logroño, Espasa Calpe-Gobierno de la Rioja, 1992.

 

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Jorge García López

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