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Joseph John Arthur Creswell

Biografía

Creswell, Joseph John Arthur. José Cresuelo. Londres (Reino Unido), 1556 – Gante (Bélgica), 19.II.1623. Jesuita (SI), superior de la Misión de Inglaterra y escritor.

Se vinculó a la Misión de Inglaterra de la mano de los jesuitas Robert Persons y de su compañero mártir Edmund Campion, el cual le propuso su entrada en la Compañía de Jesús. Formaba parte, inicialmente, de aquellos grupos de seglares que prestaban apoyo en la labor de intendencia a los misioneros jesuitas que habían entrado en Inglaterra. Sus estudios eclesiásticos discurrieron en el seminario de ingleses de Reims, en Francia, continuación de la labor de formación emprendida en Douai. Prosiguió sus estudios en Roma, en el Colegio Inglés que fue confiado a la dirección de la Compañía de Jesús. En la Ciudad Eterna fue ordenado sacerdote, convirtiéndose en ministro de aquella casa. Plenamente integrado en la Misión de Inglaterra, tenían como objetivo que aquella Corona regresase a la obediencia a Roma. Ahí, nació el concepto de estas casas como “escuelas de mártires”, pues muchos de los sacerdotes que regresaban como tales a Inglaterra tenían el riesgo de ser apresados y ejecutados.

En el año clave de 1588, Creswell viajó a Flandes, pero volvió a la Ciudad Eterna para ser rector del Colegio Inglés entre 1589 y 1592, los años en que Robert Persons estaba fundando seminarios de estas características en Castilla. Hubo de vivir las tensiones desarrolladas entre los seminaristas ingleses y galeses, además de la resistencia de los primeros a aceptar la autoridad de los jesuitas. Persons deseó tenerle cerca como asistente y Creswell fue llamado a España.

Llegó a Valladolid en vísperas de la visita que Felipe II había de hacer al recién fundado Colegio Inglés de la ciudad del Pisuerga. El éxito de la misma se midió en el apoyo que el Monarca iba a prestar a la fundación de un nuevo seminario de ingleses en España, esta vez en Sevilla. Hacia la ciudad hispalense salieron Persons y Creswell, acompañados de los primeros estudiantes que habrían de establecerse en el Colegio Inglés de San Gregorio. Ante la expansión de la Misión de Inglaterra en España, Persons hubo de racionalizar su funcionamiento. El buen hacer de Creswell no solamente le había convertido en procurador y agente de los primeros tiempos de los colegios de Valladolid, Sevilla y el de St. Omer, en los Países Bajos. De regreso Persons en Roma, Creswell se ocupó de los asuntos en España, mientras que Holt se responsabilizó de los propios en Flandes.

Aquel aprendizaje junto a Persons fue la mejor formación para convertir a Creswell en viceprefecto de la Misión de Inglaterra en España, cargo que desempeñó entre 1598 y 1613. Misión de Inglaterra que no pertenecía a la Compañía de Jesús, pero en la que ésta contaba con un especial protagonismo. Ante los muchos asuntos que tenía que dilucidar y la importancia de la correspondencia que recibía —a veces en clave, siendo menester descifrarla— o la que enviaba, Creswell —o Cresuelo, como se le empezó a conocer en España— necesitaba un secretario. Pensó en Francis Fowler, hermano del famoso impresor John Fowler, el cual pudo ejercer este oficio hasta 1605.

Creswell no estuvo ajeno a ninguno de los problemas de la política española que se abría al siglo XVII.

No era un pretendiente, sino una opinión requerida por los consejeros de Estado, aquéllos que se ocupaban de los problemas de las relaciones internacionales.

Se abría un asunto de suma importancia, pues era necesario abordar con prevención la sucesión a una Reina carente de un heredero explícito, al parecer que Isabel I era la causa de todos los males en el problema religioso de Inglaterra. Opinaba Cresuelo que era menester una actitud ofensiva y no defensiva ante estas circunstancias. España debía invadir Inglaterra, estrategia a la que se oponían un grupo de consejeros que rodeaban al monarca español, Felipe III. El jesuita inglés llamaba a la acción de otro “Escipión”, es decir, de un rey que acabase militarmente con el problema. Una acción que no se podía encontrar alimentada por la venganza, sino que la ocupación habría de ser pacífica. Para llegar a este planteamiento, Creswell remitió al Consejo de Estado una copia del edicto que habría de ser difundido en Inglaterra antes de producirse la invasión. Era menester justificar esta medida, afirmando que la Soberana inglesa había llegado a aliarse con los infieles. El rey de España tenía que eliminar el “yugo” que oprimía a los católicos ingleses. Eso sí, habrían de ser apresados todos aquellos que habían perseguido a los católicos.

Remitió al Consejo más información para culminar con éxito estos objetivos, como un mapa de Inglaterra, sugiriendo además las posibles líneas de penetración, describiendo todas las infraestructuras que iban a encontrarse a su paso. Era necesario el apoyo de la Santa Sede, consiguiendo con este Breve que los católicos ingleses indecisos hacia España compartiesen los objetivos planteados. Todas estas propuestas de Creswell fueron estudiadas por el Consejo en abril de 1600. Sus miembros consideraron que no resultaba conveniente hablar de la sucesión de Inglaterra.

No se podía caer en generalidades y era necesario consultar con los embajadores en Roma y Flandes. Un dictamen que no sorprendió al jesuita inglés.

Cresuelo continuaba recibiendo noticias desde Inglaterra que condicionaban su postura. En el ámbito europeo se vivía un descrédito hacia España y sus empresas.

En Inglaterra se sabía que a Felipe III le interesaban más los entretenimientos que los asuntos de Estado. El rey tenía que sentir el peligro en el que vivían los católicos irlandeses o la amenaza de las potencias del norte que podían aliarse contra España, para llegar a actuar. Los católicos ingleses —generalizaba Creswell— habían confiado en la ayuda que el monarca hispano les podía prestar. Era necesaria una respuesta urgente, pues la reina Isabel no podía vivir ya demasiado. Mientras tanto, el jesuita se mezclaba en muchos asuntos relacionados, directa o indirectamente, con la Misión de Inglaterra. Conseguía, por ejemplo, la conmutación de la pena de muerte del capitán Frost, el cual había participado en el ataque del capitán Drake a Cádiz; lograba ayuda económica para un irlandés que se había convertido al catolicismo y que se dirigía a Valladolid; solicitaba el nombramiento de un cónsul para la defensa de los mercaderes ingleses; se ocupaba especialmente de las conversiones al catolicismo que le podían reportar beneficios; llamaba la atención al Consejo acerca de aquellos ingleses que, siendo útiles para el rey de España, se sentían tan desprotegidos que regresaban a Inglaterra; anunciaba a los consejeros que los espías ingleses actuaban contra los navíos de las Indias. A su juicio, era menester enviar confidentes a la contra, para informar de los asuntos de Inglaterra, desde el mismo epicentro de la acción, pues aquélla era una información muy útil.

Confidentes que debían ser bien pagados.

No dejaba atrás, el padre Cresuelo, la situación de los colegios de ingleses de España. Era consciente de la precariedad económica de su vida cotidiana. La subvención que para la casa de Valladolid llegaba vía patronato regio no era suficiente, y el jesuita buscó nuevas fuentes de ingresos. Administraba la fundación que la española afincada en Inglaterra, Luisa de Carvajal, había realizado en favor del Colegio Inglés de Valladolid. Proseguía el camino de la publicística que había dominado Persons de una forma tan magistral.

Trataba de conseguir ayudas de ayuntamientos o de particulares que financiasen becas para seminaristas.

Los consejeros, receptores de algunas de estas peticiones, afirmaban que las limosnas habían de venir desde Inglaterra. Aquellos años de Creswell en España fueron también los del cambio de las relaciones entre españoles e ingleses, tras la llegada a los respectivos tronos de Felipe III y Jacobo I, lo que desembocó en la firma de la Paz de Londres-Valladolid (1604-1605).

Aquel tratado no resolvió el problema religioso de Inglaterra.

Una nueva circunstancia política que hacía caer en saco roto algunas de las peticiones y solicitudes de la opinión autorizada que había sido Creswell: “será bien desengañarle de que lo que pretende no se puede hazer, para que no gaste más tiempo en ello y cesse el importunar de balde”.

La vida de los exiliados ingleses católicos en España, en los años de Creswell, fue de todo menos tranquila y apacible. Fue un exilio agitado y no dorado. El jesuita inglés se enfrentó a problemas de administración protagonizados por religiosos de la Compañía de Jesús española. No obstante, los seminaristas ingleses, para combatir el supuesto proselitismo de los profesores del colegio vallisoletano de San Albano, escaparon al refugio del monasterio de San Benito, cabeza de la Congregación benedictina internacional, que obedecía la voluntad del abad de esta casa religiosa. A tanto llegó este problema, que Creswell se vio obligado a consultarle a Robert Persons en Roma sobre este asunto. Eran los años 1605 y 1606. Persons le remitió de nuevo a Castilla. Finalmente, el prepósito general de la Compañía, Claudio Acquaviva, decidió el envío de un visitador en 1608, en la persona del padre Luis de la Puente, para resolver el problema de los benedictinos.

A partir de ese momento, Joseph Creswell fue la piedra angular de la fundación y arranque del Colegio Inglés de Madrid, desde 1610, a partir de tres casas donadas en la calle del Príncipe por Cesare Bogacio, médico del rey y admirador de los trabajos de la Misión de Inglaterra en España. Una donación que parecía encontrarse, en algunos aspectos, envenenada y poco clara. No siempre fue fácil la convivencia de este seminario en la Corte. Contra la fundición actuaba en la sombra el embajador inglés en Madrid, John Digby. Cresuelo decidió entrevistarse con él. Existía mal clima hacia los seminaristas ingleses en Madrid, considerándoles espías peligrosos que residían en la Corte. Lerma consideró que la Casa Profesa de los jesuitas y los ingleses de Madrid eran incompatibles en la misma ciudad, pues los segundos atraían más limosnas.

Sin embargo, los seminaristas ya habían sido desalojados de la calle del Príncipe y establecidos en Alcalá de Henares.

Nuevos problemas se generaron ante la publicación, en St. Omer, de un libro escrito por Creswell —aunque bajo el seudónimo de Bernard de Clermont— contra el juramento exigido por el rey Jacobo I, una medida contraria —según su juicio— a las leyes divinas y naturales. Como agente, a Cresuelo le llegó el ofrecimiento de fundar un nuevo colegio de ingleses en Granada, pero éste no llegó a prosperar.

No pudo hacer frente a las peticiones de trasladar a otra ubicación urbana el colegio de Ingleses de Valladolid.

Ante las disposiciones de los superiores castellanos de la Compañía de Jesús, Cresuelo apelaba a Felipe III y a su Consejo. Llegó a solicitar al prepósito general que los que gobernasen esta casa fuesen jesuitas ingleses y no españoles. Tampoco existía un buen clima hacia los seminaristas ingleses en la ciudad castellana, donde con frecuencia se publicaban libelos contra ellos.

Acquaviva recibía acusaciones hacia Creswell, según las cuales el jesuita inglés negociaba con los ministros del rey sobornándoles, había actuado de “correveidile” ante el Monarca contra los rectores jesuitas españoles, se mostraba crítico contra el prepósito romano y vivía con lujo. El general napolitano escribió a Cresuelo recomendándole que huyese de la Corte, pues convenía que emprendiese viaje hacia un nuevo destino, en concreto, a Flandes. Ante semejantes acusaciones, Creswell se defendió por carta dirigida al rey y al prepósito general. Solicitaba que se nombrasen jueces imparciales, que tenía conocimiento de quiénes eran sus acusadores y advertía que su salida de España iría en detrimento del progreso de los seminarios ingleses. El embajador inglés posiblemente estuviera detrás de esta estrategia de desprestigio. Finalmente, el Consejo de Estado declaró inocente a Cresuelo de todos los cargos que se le imputaban, subrayando su lealtad al rey de España.

En diciembre de 1613, Creswell se despidió de Felipe III en El Pardo. Se estableció primero en St. Omer y continuó manteniendo relación epistolar con el monarca, insistiendo en la necesidad de apoyar los seminarios, de pagar bien a los confidentes o informando acerca de la influencia que los libros católicos podían tener en Inglaterra. Su defensa se encontraba sub iudice en el momento de la muerte del general Acquaviva, en 1615. El mismo oficio que había tenido en España, en relación con la reconquista católica de Inglaterra, la continuó en Flandes, un territorio mucho más próximo a las islas británicas. Así ocurrió hasta 1619, sin que faltase su paso por el seminario de St. Omer. Entre 1620 y 1622 fue rector en Watten y, finalmente, instructor de tercera probación en Gante, hasta su muerte en febrero de 1623.

 

Obras de ~: Exemplar Litterarum missarum e Germania ad D. Guilielmum Cecilium, Londres, 1592; Historia de la vida y martyrio que padecio en Inglaterra, este año de 1595, el P. Enrique Valpolo Sacerdote de la Compañía de Jesús, que fue embiado del Colegio de los Ingleses de Valladolid y ha sido el primer martyr de los Seminarios de Spaña, con el martyrio de otros quatro Sacerdotes, los dos de la misma Compañía, y los otros dos de los Seminarios, Madrid, casa Pedro Madrigal, 1596 (Zaragoza, Lorenzo de Robles, 1596); Aparejos para administrar el sacramento de la penitencia, 1604; Meditations on the Rosary, St. Omer, 1610; A Proclamation Publisher under the name of James, King of Great Brittany, with a briefe&moderate answere therunto”, St. Omer, 1611; “A Setter Griten to the Ambassador from England” / “Carta escrita al Embaxador de Inglaterra en que se deshacen las calumnias...”, Madrid, 1606, ed. facs. de A. J. Loomie, English Polemics at the Spanish Court, New York, 1993, págs. 43-98, 107-198; Quis diues saluus, trad. inglesa y española de S. de Marsella (Biblioteca RAH 9/2320); Relación del Estado de Inglaterra en el gobierno de la Reina Isabella (Biblioteca de Madrid, X, 14).

 

Bibl.: C. Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, vol. II, Bruxelles, O. Schepens, 1891, págs. 1656-1657; A. J. Loomie, The Spanish Elizabethans, London, Burns & Oates, 1963, págs. 182-229; L. de Carvajal, Epistolario, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1965; J. R. Fernández Suárez, “Joseph Creswell: al servicio de Dios y de su Magestad Católica (1598-1613)”, en Revista Es, n.º 8 (1978), págs. 45-84; A. F. Allison, “The Later Life and Writing of Joseph Creswell”, en Recusant History, 15 (1979), págs. 79-144; F. Edwards, The Jesuits in England, Chichester, 1981; A. J. Loomie, English Polemics at the Spanish Court, Nueva York, Fordham University Press, 1993; J. Burrieza Sánchez, Una Isla de Inglaterra en Castilla, Valladolid, Real Colegio de Ingleses, 2000; “Escuelas de sacerdotes y mártires. El Colegio del Exilio Católico”, en E. García Hernán, M. A. de Bunes, O. Recio Morales y B. García García, Irlanda y la Monarquía Hispánica: Kinsale 1601-2001. Guerra, Política, Exilio y Religión, Madrid, Universidad de Alcalá - Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002, págs. 39-73.

 

Javier Burrieza Sánchez