Ayuda

Francisco de Seijas y Lobera

Biografía

Seijas y Lobera, Francisco de. Mondoñedo (Lugo), 1650 – París (Francia), 1705 post. Marino, cosmógrafo y escritor.

De su infancia se sabe poco; él cuenta que una vez terminados sus estudios en artes, en Salamanca, pasó a vivir con unos parientes a Sanlúcar de Barrameda.

Allí se le despertó su afición por los viajes, al estar en contacto con los marinos de todas las naciones que frecuentaban los puertos de la desembocadura del Guadalquivir y la bahía de Cádiz. Su época de estudiante duró muy poco tiempo, pues comenzó a navegar desde muy joven; con once años se embarcó como grumete en un navío francés, recorriendo todo el Mediterráneo.

Aprendió diversos idiomas y recorrió buena parte del mundo. Por el Mediterráneo oriental llegó hasta Constantinopla, y de regreso a Francia acompañó a Tavernier, que iba de embajador extraordinario a la Corte del emperador del Gran Mogol. Dos años después pasó en una nave portuguesa a las costas de China y de allí a las Molucas; volvió con navíos holandeses por el Mar del Sur, saliendo al Océano Atlántico por el pasaje de Le Maire, llegando a Holanda en la primavera de 1668.

Volvió Seijas a España, y en el mismo año se embarcó para América del Norte en la flota del general Enrique Enríquez, y permaneció allí hasta que en 1672 regresó en la capitana de la segunda flota, que mandó el mismo general. Desde Cádiz se marchó a Holanda y entre veintitrés marinos armaron un navío y un patache, con los que se dedicaron a comerciar por las costas de China y Siam, desde 1674 hasta 1676, en que regresaron a Europa por el pasaje de Le Maire. Después de esta expedición se quedó con una fragata de doscientas toneladas y veintiséis cañones llamada La Concepción, y como dueño y capitán se dedicó al comercio por diversos países de Europa y por las costas de Guinea y Angola, hasta que en 1683, con motivo de la guerra entre Francia y España, empezó a servir al Rey, actuando como corsario, con el grado de capitán de mar y guerra, en los mares de Flandes. Una vez hechas las paces volvió a los puertos de Andalucía, y de allí pasó a la Corte, donde permaneció durante cerca de cuatro años.

El año de 1685 va a marcar un cambio decisivo en su forma de vida. Hasta entonces había sido fundamentalmente un hombre de acción, aunque él afirma tener ya escritos varios trabajos sobre temas políticos y matemáticos.

Pero en esa fecha decidió vender su barco en Cádiz y pasar a la Corte. Cuenta haber sido llamado por el Rey a Madrid, gracias a la recomendación de algunos personajes influyentes, como el gobernador de Flandes, marqués de la Grana, y los embajadores de España en Inglaterra, Pedro Ronquillo, y en Holanda, marqués de Cástel-Moncayo. Dice también que se le dio un sueldo de 600 escudos al año, con la condición de que escribiese sobre diferentes temas y así, entre 1685 y 1690 se dedicó plenamente a las tareas intelectuales, publicando dos libros: Theatro naval hydrográphico, Madrid, 1688, y Descripción geográfica y Derrotero de la región austral Magallánica, Madrid, 1690. Pero no hay constancia de que recibiese ese sueldo, ni de que se le nombrase cronista, aunque sí de ayudas para los gastos de impresión de sus libros.

El 25 de septiembre de 1690, Seijas fue nombrado capitán de mar y guerra del primer navío que quedase vacante en la Armada del Mar Océano, excepto la Capitana y la Almiranta. En la cédula se hacían constar sus anteriores servicios como capitán de diversas embarcaciones, sus actividades como corsario entre 1683 y 1685, y cómo luego había pasado a la Corte. Pero la Armada no le ofrecía muchas oportunidades, y Seijas emprendió un nuevo camino: tras una serie de verdaderos tratos mercantiles, como era frecuente en la época, consiguió un puesto en América, la alcaldía mayor de Tacuba.

El 15 de octubre de 1692, en la flota del conde de San Remi, Seijas llegó a Veracruz, con su mujer, María Damiana Cuevas y Seijas, y dos criados. Empezaba la última y más larga de sus visitas al Nuevo Mundo, que le serviría de experiencia para redactar sus obras posteriores.

Aunque Seijas llegó a decir que el propio Carlos II le había ordenado enviar informes secretos sobre el gobierno y situación de las Indias, Pérez de Mallaína afirma que no es factible que fuese así, pero sí que es probable que al jurar su cargo ante el Consejo de Indias se le recomendase informar sobre la situación americana. Ciertamente, la estancia de Francisco Seijas en Nueva España fue un continuado infortunio.

Llegó cargado de deudas —la compra de los oficios y el pago de los pasajes eran las causas más frecuentes de esos apuros económicos—, pero además, su enemistad con el conde de Galve, virrey de la Nueva España, que se veía obligado a tener a Seijas como testigo molesto de sus acciones, y con otros personajes influyentes que ocupaban diferentes cargos, le llevó en varias ocasiones a la cárcel real, con lo que sólo pudo estar al frente de su alcaldía cincuenta y cinco días, y la mayor parte del mandato lo pasó en prisión.

A mediados de 1696, Seijas se encontraba perseguido y sin ningún recurso económico, por lo que decidió abandonar Nueva España y recorrió toda América Central, llegando a Panamá a comienzos de 1697.

Allí permaneció varios meses, embarcando para Perú en julio de 1697, aunque no llegó por mar, porque desembarcó en la ensenada de la Gorgona para visitar las minas del Chocó. Desde allí siguió por tierra al reino de Quito, desde donde marchó a Cuzco, Potosí y el Tucumán, regresando luego al Perú y entrando en Lima a finales de marzo de 1698. Durante su estancia en esos países se interesó por la química y la metalurgia, dedicado a descubrir y beneficiar minas de oro y plata; aunque Seijas no explica sus actividades (alguna pudo no ser muy legal), sí se refiere a que iba acompañado de algunos amigos y compañeros de viaje, que le sacaron de algunos apuros.

En Lima volvió a tener un enfrentamiento con el virrey de Perú, el conde de la Monclova, y fue encarcelado nuevamente. A fines de 1698 consiguió escapar de una fragata en la que le llevaban a entregar al presidente de la Audiencia de Guatemala, y junto a sus amigos se dirigió a Honduras, para embarcarse hacia España.

Pero su embarcación fue asaltada por unos piratas franceses. Se dirigió entonces a Cuba, luego a Haití, tratando de seguir a los piratas, pero al no conseguir la colaboración de las autoridades francesas, que compartían los beneficios de los asaltos, decidió pasar a Francia, para reclamar directamente a Luis XIV.

En 1702, Francisco Seijas consiguió, en Versalles, una pensión de doscientas libras al mes, para que escribiese sobre sus experiencias americanas. En una Francia volcada sobre la América española desde la llegada al trono de Felipe V, al monarca francés le interesaba cualquier información sobre el Nuevo Mundo, y Seijas encontró por fin el apoyo para exponer sus ideas de reforma.

Desde ese momento, a través del ministro francés de Asuntos Exteriores, marqués de Torcy, va entregando a Luis XIV los diferentes libros de su Memoria sobre el gobierno de las Indias, así como otros trabajos e informes.

Residió los últimos años de su vida en París, ostentando los títulos de capitán de mar y guerra en la Armada Real del Océano, alcalde mayor y gobernador de la provincia de Tacuba en Nueva España. Se relacionó con personajes eminentes de su tiempo y parece que enseñó matemáticas, astronomía y náutica. Desplegó una gran actividad cartográfica, dibujando mapas de todo el mundo, con los puertos más importantes, y dejó varios manuscritos: de matemáticas, sobre los Elementos de Euclides; de metalurgia; sobre la geografía e historia de América y origen de los indios; sobre el comercio terrestre y marítimo de los estados o reinos que había conocido; sobre los astilleros y maestranzas reales para fabricar naos en las Indias Occidentales, y muchos otros asuntos curiosos. Escribió incansablemente, desde su exilio en Versalles, entre 1702 y 1705, fecha de sus últimos documentos. Pretendía hacer llegar al nuevo monarca de España la idea de que sus posesiones en las Indias eran potencialmente riquísimas y capaces ellas solas de convertirlo en el rey más poderoso del mundo; sin embargo, estaban gobernadas por un conjunto de ministros inexpertos, incompetentes y codiciosos y, además, rodeados por una serie de posesiones extranjeras que constituían una amenaza para su seguridad.

Debido a todo ello, era un verdadero milagro que aquellos territorios permanecieran aún unidos a la Corona de España, y existía un riesgo altísimo de que Felipe V perdiese sus dominios americanos. Seijas proponía una serie de remedios para tal situación y además trataba de mostrar, primero al Rey de España, y luego a Luis XIV, y en general a toda Europa, las enormes posibilidades y riquezas del Nuevo Mundo, con especial interés en intentar hacer comprender al gobierno francés que unas Indias fuertes y ricas en manos de España eran la mejor forma de combatir a Inglaterra y al resto de países protestantes, tratando a la vez de reforzar la unión de las dos coronas de España y Francia. Resulta admirable el análisis que hace de la situación americana y su visión de futuro, que intuye perfectamente, en 1702, cómo los futuros Estados Unidos eran una región próspera y capaz en unos pocos años de “dar que hacer” no sólo al resto de América, sino de Europa.

Pérez de Mallaína ha sacado a la luz parte del trabajo de Seijas dedicado a las Indias españolas. La obra general consta de catorce libros y la ha denominado, puesto que su autor no le dio un título concreto, Memoria sobre el gobierno de las Indias españolas, realizada por don Francisco de Seijas y Lobera para servir a la verdadera unión de las dos coronas de España y Francia. Ha publicado uno de los libros, el referente al Virreinato de la Nueva España. Las acusaciones de corrupción fueron corroboradas cuarenta años después por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en su Noticias secretas de América, y la obra de Seijas pone de manifiesto cómo las tensiones que dieron lugar a la independencia de América estaban latentes a comienzos del siglo xviii.

Dos libros del capitán Francisco de Seijas y Lobera sí llegaron a imprimirse. Publicó en Madrid, en 1688, su Theatro naval hydrográphico. Explica que escribe su tratado después de más de veintiséis años de navegación, como maestre o como capitán de navíos de guerra; también, que en él pretende recoger “lo mejor que anda escrito en diversas lenguas sobre las navegaciones de los Mares, Estrechos, Passages y Archipiélagos del mundo”, que la mayoría de los navegantes españoles no podían entender, especialmente el contenido de un “mamotreto olandés”.

Seijas pone de manifiesto que la supremacía ejercida durante mucho tiempo por españoles y portugueses en el arte de navegar corresponde en este momento, finales del siglo xvii, a los países del Norte. Uno de los motivos que le llevan a recopilar en su tratado los conocimientos de la ciencia náutica es que se trate de remediar la gran cantidad de navíos que se perdían, y con ellos vidas y haciendas. Afirma recopilar en su libro el contenido de más de doscientos libros de náutica, y de muchos libros de geografía y derroteros castellanos, franceses, ingleses, portugueses y holandeses, además de los frutos de su experiencia En el capítulo segundo, “Sobre los inventores de naos y galeras”, después de hacer hincapié en que los buenos navíos y su adecuado gobierno hicieron posible los descubrimientos y conquistas de las Indias Orientales y Occidentales, y de las costas de África y de Guinea, lamenta amargamente la ventaja que las naciones del norte de Europa estaban consiguiendo, “no por defecto de la nobleza del arte, ni de los navegantes”, sino por descuido y dejadez de los responsables de los asuntos marítimos de la monarquía hispánica; destaca especialmente a los holandeses, dedicados en esos momentos al comercio, cuando antes eran meros pescadores: “se han enriquecido, y hecho tan háviles y diestros en todo género de políticas, por el curso de las navegaciones, que quando antes no sabían salir a navegar el Mar Occéano, enseñados de los Castellanos, y de los Portugueses, ya navegan todos los Golfos, Archipiélagos, y estrechos del Mundo”.

Seijas dedica varios capítulos a “la Variación de la Aguja de marear en todos los Golfos, Costas, Estrechos, Pasages, y Archipiélagos de los Mares del Mundo”, densos de datos numéricos obtenidos de otros autores, a quienes critica y corrige, como el portugués Manuel de Figueredo. A partir de datos por él recogidos, posiciones geográficas y valores de la variación de la aguja, pone de manifiesto que la declinación magnética no guardaba relación con los meridianos.

Después de analizar empíricamente los efectos cuantitativos del magnetismo terrestre sobre la aguja de marear en los océanos y regiones más frecuentadas por los navegantes, apunta la hipótesis de que el fenómeno de la variación magnética fuera originado por la existencia de las minas de piedra imán que aumentaban la intensidad de los efectos perturbadores en determinados lugares de la Tierra, como en las Azores, Terranova, cabo de Nueva Esperanza y el estrecho de Magallanes. Sólo doce años después que Seijas, Halley logró ya reunir numerosos datos estadísticos anteriores y publicó sus famosas cartas magnéticas Atlantic chart y World chart, 1701 y 1702, trazadas uniendo los puntos de igual valor en la declinación magnética —líneas isógonas—, con lo que quedaba establecida por primera vez una distribución gráfica del fenómeno geomagnético sobre la superficie de la Tierra, que desterraba para siempre las antiguas ideas de la variación proporcional a los cambios de longitud geográfica y abría el camino a los trabajos especulativos basados en la aplicación sistemática y aritmética de los valores de la declinación magnética en los distintos lugares de la superficie de la Tierra, imprescindibles para determinar los rumbos verdaderos a partir de los indicados por las agujas de marear.

De la difusión que tuvo su obra dan idea las numerosas ediciones en castellano y su traducción al francés, en 1704, año en el que vivía en París, relacionándose activamente con otros científicos.

En 1690, dos años después del Theatro Naval, publicó Seijas una Descripción geográfica y Derrotero de la región austral Magallánica, que fue traducida al francés.

En esta obra lamenta amargamente el abandono por parte española de la navegación por el cabo de Hornos y el que desde hacía más de sesenta años ningún navío español había atravesado el Estrecho de Magallanes ni el Pasaje del Maire, mientras que anualmente pasaban por uno y otro más de cincuenta bajeles extranjeros, “resultando que los españoles, fuera de la carrera de las Indias occidentales nada navegaban”, y por ello el comercio estaba en manos extranjeras. Para remediar la situación, señala las derrotas que debían seguir los navíos desde la Península para ir al mar Pacífico, a través de los pasajes del Maire y de Brovers, y propone soluciones para tan lamentable estado de abandono y dejadez por parte española.

Seijas, junto con Gaztañeta, encabezó, en lo que respecta a la náutica, el movimiento renovador de la ciencia española de finales del siglo xvii, gracias al contacto directo con las nuevas corrientes europeas, excepcional entre los novatores españoles.

 

Obras de ~: Theatro naval hydrográphico, de los fluxos, y refluxos, y de las corrientes de los mares estrechos, archipiélagos, y passages aquales del mundo, y de las diferencias de las variaciones de la aguja de marear, y efectos de la luna, con los vientos generales, y particulares que reynan en las quatro regiones marítimas del orbe, Madrid, Antonio de Zafra, 1688; Descripción geográphica, y derrotero de región Austral Magallánica, Madrid, Antonio de Zafra, 1690; Causas eficientes y accidentales del fluxo y refluxo del mar y de sus notables diferencias con la diversidad de corrientes. Explícanse muchos discursos que hizo don Francisco de Seyxas y Lobera en su Teatro Naval y se da solución a sus dificultades, [...] su autor don Pedro de Castro, Madrid, Manuel Ruiz de Murga, 1694; Gobierno militar y político del Reino Imperial de la Nueva España 1702 (est., transcr. y notas de P. E. Pérez-Mallaína Bueno, México, Universidad Autónoma de México, 1986).

 

Bibl.: M. Fernández de Navarrete, Biblioteca Marítima española, Madrid, Viuda de Calero, 1851, 2 vols.; J. Guillén Tato, “La náutica”, en VV. AA., Estudios sobre la ciencia española del siglo XVII, pról. de N. Alcalá Zamora, Madrid, Asociación Nacional de Historiadores de la Ciencia Española, 1935; L[ópez] P[iñero], “Seijas Lobera, Francisco”, en J. M. López Piñero, Th. F. Glick, V. Navarro Brotóns y E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, vol. II, Barcelona, Ed. Península, 1983, págs. 314-315; R. Cerezo Martínez, La Cartografia Náutica Española en los siglos XIV, XV y XVI, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994; M. I. Vicente Maroto, “El Arte de navegar”, en L. García Ballester, J. M.ª López Piñero y J. L. Peset (dirs.), Historia de la ciencia y de la técnica en la Corona de Castilla, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2002, 4 vols.

 

Isabel Vicente Maroto