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Fernán Sánchez de Valladolid

Biografía

Sánchez de Valladolid, Fernán. ?, ú. t. s. xiii – c. 1364. Notario mayor de Castilla, canciller del Sello de la Poridad, cronista.

Fernán Sánchez de Valladolid fue funcionario de la Corte real a fines del reinado de Fernando IV (1295- 1312), escaló posiciones durante el gobierno de Alfonso XI (1325-1350) y se mantuvo en el de Pedro I (1350-1369). Murió hacia 1364, a edad muy avanzada. Durante la primera mitad del siglo xiv, la mayor complejidad administrativa, el personalismo cada vez más acentuado de la monarquía y la innovación del derecho tradicional por el romano requerían personas especializadas en las tareas de gobierno. Se destacaron entonces los “letrados”, individuos con una formación en jurisprudencia, dotados para los diversos asuntos gubernamentales y capacitados para desarrollar sus tareas ante la coexistencia de los organismos antiguos y los incipientes.

En este contexto, sobresalió Fernán Sánchez de Valladolid, considerado el arquetipo del letrado. Se formó en la administración de Fernando IV y fue uno de los primeros colaboradores de Alfonso XI, llevando a cabo una importante labor en el orden interno como en el aspecto diplomático exterior.

En los asuntos castellanos, fue designado, en 1325, para mediar con los tutores del Rey adolescente —el infante don Felipe, don Juan el Tuerto y don Juan Manuel— para que “le non astragasen el regno” (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. XXXI, ed. de Rosell, 1919). En 1330, fue enviado para mejorar y moderar las relaciones entre Alfonso XI con el poderoso don Juan Manuel, que se estaba pertrechando para enfrentarse a su Rey (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. XCIX, ed. cit.).

En la administración castellana formó parte del consejo del Monarca, alcanzando, probablemente desde 1334, los puestos de notario mayor de Castilla y de canciller del Sello de la Poridad. Estos dos cargos lo vinculaban estrechamente con el poder y demostraban la confianza de la que gozaba para influir sobre los asuntos significativos del reino.

En los tratos diplomáticos fue protagonista de los asuntos del gobierno de Alfonso XI: afianzar relaciones con la curia papal, Francia, Inglaterra y Aragón. En 1325, apenas declarado el Rey mayor de edad, fue enviado a Aviñón a entrevistarse con el papa Juan XXII para estrechar relaciones y solicitarle apoyo para la guerra contra el moro (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. XLIX, ed. cit.). En 1338, volvió a la Corte pontificia para que el papa Benedicto XII le otorgara fondos para la campaña que conduciría finalmente a la victoria del Salado (1340) (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. CLXXXVIII, ed. cit.). Fue mediador castellano ante el reino francés en dos oportunidades para establecer una alianza entre el monarca Felipe VI (1328-1350) y Alfonso XI. En 1334, fue elegido como uno de los hombres de confianza para buscar una solución al enfrentamiento navarro- castellano y “firmar otros pleytos” (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. CL, ed. cit.) y, más tarde, en 1336, para reforzar las relaciones ante la guerra entre Francia e Inglaterra (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. CLXXIV, ed. cit.). En 1339, Fernán Sánchez de Valladolid negoció con el rey aragonés Pedro IV (1336-1387) la colaboración conjunta con Castilla para hacer frente a los moros de Granada y Marruecos. En 1346, fue designado, junto al arzobispo don Gil de Albornoz y a Alfonso Fernández Coronel, para tratar secretamente con los representantes del rey inglés Eduardo III (1327-1377) el matrimonio entre el infante don Pedro y la princesa Juana de Plantagenet.

Teniendo en cuenta el contexto de contiendas entre Francia e Inglaterra (la Guerra de Cien Años) y las guerras que Alfonso XI llevó a cabo contra los moros, los nobles castellanos y los reinos vecinos peninsulares, las tareas diplomáticas de Fernán Sánchez de Valladolid fueron fundamentales para el posicionamiento de Castilla en el contexto europeo. El monarca reconoció estos servicios recompensándolo social y económicamente. Fue aceptado como miembro de la Orden de la Banda, la orden de caballería creada por Alfonso XI; además, recibió varias heredades y solares, como la aldea de Cubillas de Cerrato, con su pleno señorío y jurisdicción, y otras en zonas de la Merindad de Valladolid (Villarmentero y Polvorera de Valde Esgueva) y en la de Santo Domingo de Silos (Nebreda, Cebreros, Maluca, Quintanilla del Coco, Solarana, Castil de Solarana y San Pedro de la Villa). Estas últimas las permutó, en 1345, por posesiones cercanas a Valladolid de donde él era originario.

Durante el reinado de Pedro I, la posición consolidada de Fernán Sánchez de Valladolid sufrió continuos altibajos. Se vio relegado en sus puestos y funciones, aunque todavía siguió perteneciendo al círculo cortesano. Con la caída del valido real, don Alfonso de Alburquerque, adquirió nuevamente relieve. A partir de 1353, se le menciona como canciller del Consejo del Rey y se le confirmó, un mes más tarde, como canciller mayor, aunque no logró consolidarse en su puesto. En 1354, fue enviado en misión a Portugal y, a finales del mismo año, fue hecho prisionero junto con el Rey en Toro (Crónica del rey don Pedro, año V, cap. 35, ed. de Orduna, 1994-1997). A partir de 1357, se le nombró oidor, función que ocupó junto a la de canciller. También sufrió dos contratiempos: el primero, cuando tuvo que deshacerse de su señorío de Cerrato de Cubillas a favor de la familia de la favorita del Rey, María de Padilla; el otro, de carácter personal, cuando, en 1360, el Rey asesinó a dos de sus hijos, Garcí Fernández y Juan Sánchez, por apoyar al rebelde Pedro Álvarez Osorio, entonces adelantado mayor de León (Crónica del rey don Pedro, año XI, cap. 5, ed. cit.). En 1364, redactó su último testamento en favor de su sobrino nieto Fernán Sánchez de Tovar.

Más allá de su labor política, Fernán Sánchez de Valladolid es reconocido, principalmente, por su intensa actividad literaria. Compuso la Crónica de tres reyes y la Crónica de Alfonso XI, aunque su autoría fue discutida por algunos teóricos. Sin embargo, Diego Catalán y Fernando Gómez Redondo, sus estudiosos más importantes, lo consideran como indiscutible autor de la historia relativa al reinado de Alfonso XI y formador de las crónicas de Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV. Si Fernán Sánchez de Valladolid nunca figura explícitamente como autor, varios elementos apoyan esta idea: su cercanía al Rey y al poder, el conocimiento de todas las intrigas que relata en sus textos, la opinión contra la alta nobleza en favor de las ideas monárquicas y su aparición en algunos capítulos como hombre de confianza del Rey, según confiesa en la Crónica dedicada al Onceno: “et cató de enviar mandaderos sabidores et entendidos que sopiesen decir lo que les él mandaba. Et porque Fernan Sanchez de Valledolit era hombre que avia trabajado en su servicio desde luengo tiempo, et avia buen entendimiento, et era bien razonado, fue alla por mandadero del rey” (Crónicas de los Reyes de Castilla, cap. XXXI, ed. cit. 1919: 194).

Fernán Sánchez de Valladolid demostró ser un fiel colaborador de la realeza en sus actividades y en sus ideas expuestas en los relatos cronísticos, donde el buen rey es aquel que domina a la nobleza, impone la justicia y reconquista su territorio a los moros.

Bibl.: C. Rosell (ed.), Crónicas de los Reyes de Castilla, Madrid, 1919 (Biblioteca de Autores Españoles, t. LXVI); D. Catalán, Un prosista anónimo del siglo xiv: la Gran Crónica de Alfonso XI: hallazgo, estilo, reconstrucción, La Laguna, Universidad de La Laguna, 1955; P. Russell, “Una alianza frustrada. Las bodas de Pedro I de Castilla y Juana Plantagenet”, en Anuario de Estudios Medievales 2 (1965), págs. 301-332; S. de Moxó, “El patrimonio dominical de un consejero de Alfonso XI. Los señoríos de Fernán Sánchez de Valladolid”, en Revista de la Universidad Complutense, vol. XXII, n.º 85 (1973), págs. 123-162; “La sociedad política castellana en la época de Alfonso XI”, en Hispania: Revista española de historia, vol. 35, n.º extra 6 (1975), 187-326; “La promoción política y social de los ‘letrados’ en la corte de Alfonso XI”, en Hispania: Revista Española de Historia, vol. 35, n.º 129 (1975), págs. 5-29; D. Catalán, Gran Crónica de Alfonso XI, Madrid, Gredos, 1977; E. González Crespo, “Organización de la cancillería castellana en la primera mitad del siglo xiv”, en En la España medieval (Universidad Complutense de Madrid), n.º 8 (1986), págs. 447-470; L. V. Díaz Martín, “Los últimos años de Fernán Sánchez de Valladolid”, en VV. AA., Homenaje al Profesor Juan Torres Fontes, Murcia, Universidad- Academia Alfonso X el Sabio, 1987, págs. 349-359; F. Gómez Redondo, Fernando, La prosa del siglo xiv, Madrid, Júcar, 1994, págs. 28-32; P. López de Ayala, Crónica del rey don Pedro y del rey don Enrique, su hermano, hijos del rey don Alfonso el Onceno, ed. crít. y notas de G. Orduna, Buenos Aires, Secrit, 1994-1997, 2 vols.; F. Gómez Redondo, Historia de la prosa medieval castellana I. La creación del discurso prosístico: el entramado cortesano, Madrid, Cátedra, 1998, págs. 965-979; Historia de la prosa medieval castellana II. El desarrollo de los géneros. La ficción caballeresca y el orden religioso, Madrid, Cátedra, 1999, págs. 1.248-1.284.

 

Fernanda Nussbaum

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