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Nivardo Fournier

Biografía

Fournier, Nivardo. Montpellier (Francia), 6.II.1842 – Córdoba, 1906. Monje cisterciense (OCist.), fundador de San Isidro de Dueñas (Palencia), místico.

Aunque de origen francés, desarrolló una gran labor en España, donde, además, falleció. Nacido en una familia de buena posición social, confiaron su educación a los hermanos de las Escuelas Cristianas. El 28 de febrero de 1863 solicitó su ingreso en la Trapa de Sainte-Marie du Désert, en la diócesis de Toulouse.

Profesó solemnemente el 1 de diciembre de 1871.

No constan detalles de cómo fue su comportamiento en estos primeros años de vida religiosa, pero hay un hecho elocuente que supera todas las noticias que pudieran haber dejado de él. Cuando el abad del monasterio planeó hacer una fundación en el antiguo monasterio de Igny, fundación del beato Guerrico en el siglo xii, ninguna persona mejor capacitada pudo encontrar en casa para presidir el grupo de fundadores que fray Nivardo, a pesar de que sólo contaba treinta años. No defraudó las esperanzas de su superior, y puso en marcha la fundación entre indecibles dificultades, por cuanto se hallaron con un monasterio completamente en ruinas y sin medios económicos para habilitar los edificios para poder llevar en él una vida con las comodidades más elementales.

El 28 de febrero de 1881 se hallaba tan allanado el porvenir de la comunidad, que dejó de ser prefundación y pasó a dar el primer paso hacia la abadía, creando el prior titular. Salió electo el padre Agustín Marre, futuro obispo auxiliar de Constanza. Los superiores decidieron que fray Nivardo regresara a la casa madre, Sainte-Marie du Désert, porque se planeaba una nueva fundación, y nadie mejor que él podía ponerla en marcha, dada la experiencia que tenía al haber logrado encarrilar la de Igny con óptimos resultados. Efectivamente, en 1891 el abad de Santa María, fray Cándido Albalat y Puigcerver, originario de Játiva (Valencia), deseando implantar en España la Orden cisterciense, reunió un equipo de monjes españoles que tenía en casa para llevarla a cabo, poniendo al frente de ellos al padre Nivardo.

Puesta en marcha la fundación, menos de un año permaneció al frente de la comunidad de fundadores, porque como era un grupo considerable de religiosas, sería ascendida la casa a priorato; se nombró primer superior canónico al padre Ángel Ginabat, y pasó el padre Nivardo con toda humildad a segundo plano. Es posible que fuera hombre más apto para desarrollar la vida material de la casa que para regir almas, a pesar de que se tratara de un verdadero santo. Por eso el padre Ángel descargó en fray Nivardo el peso de todas las ocupaciones materiales, sabiendo que estaba dotado de cualidades excepcionales y una fe firme que no se acobardaba ante las grandes dificultades.

Los primeros años de San Isidro son calificados de “tiempos heroicos”, por las dificultades de todo género que salieron al paso de los monjes. Tantas fueron las contrariedades, incomodidades inauditas, hambre, frío, porvenir muy oscuro, que don Ángel estuvo a punto de dar cerrojazo limpio a la fundación, volviéndose con todos los monjes a Sainte- Marie, porque le parecía imposible poder vivir allí.

El padre Nivardo fue capaz de infundir ánimos en su superior y en los hermanos, y lograr continuar adelante con aquella empresa: “San Isidro tiene una deuda de eterno agradecimiento hacia este religioso, no sólo por haber restaurado la parte principal de los edificios, ni tampoco por haber recorrido España entera cargado con el pesado libro de los bienhechores obteniendo limosnas para la reconstrucción, sino principalmente por haberse opuesto a don Ángel que según parece estuvo a punto de levantar la fundación y volverse con todos los monjes a Santa María, en vista de tanta dificultad como surgía por doquier.

De no haberse puesto por medio la constancia y la fe ciega en la Providencia del padre Nivardo, tal vez San Isidro hubiera vuelto a sumergirse en el abandono y a su desaparición total” (Historia de San Isidro de Dueñas).

Este francés sirvió de piedra angular a la abadía de San Isidro de Dueñas, que llegaría a ser una de las más florecientes de la Orden; dicha abadía cuenta en su haber con centenares de monjes forjados en ella, entre los que destaca un santo, fray María Rafael Arnáiz Barón, conocido en el mundo por sus escritos.

La salud del padre Nivardo se fue debilitando tanto por los años como por los sacrificios, austeridad y grandes trabajos. El abad Ángel, deseando obtener su recuperación, le mandó a Córdoba en octubre de 1906 por ver si el cambio de clima y de ambiente le hacían mejorar. Tuvieron que extraerle un ojo, y, al saberlo, el abad se puso en camino para acompañarle en aquella enfermedad y, cuando vio que se iba recuperando, regresó al monasterio. Tan pronto como llegó a casa, recibió un telegrama comunicando que una complicación cerebral había acabado con la vida del enfermo. Ordenó que su cadáver fuera embalsamado y trasladado al monasterio, en cuyo cementerio fue enterrado.

 

Fuentes y bibl.: Archivo de Sainte Marie du Désert (Toulouse, Francia); Archivo de San Isidro de Dueñas (Palencia).

B. Ramos y M. García, “Orígenes Cistercienses del monasterio de San Isidro de Dueñas, 1891-1899”, en Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses (Palencia), 26 (1968), passim; D. Yáñez Neira, Historia de San Isidro de Dueñas, Palencia, Imprenta Provincial, 1969, págs. 677 y ss.

 

Damián Yáñez Neira, OCSO

 

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