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Urbano Orad Gajías

Biografía

Orad Gajías, Urbano. Alfajarín (Zaragoza), 31.X.1849 – Madrid, 18.II.1935. Médico militar y caballero Laureado de San Fernando.

Fueron sus padres José Orad Antío y María Gajías Calvete. Al cumplir los dieciocho años falleció su padre, por lo que la madre, en unión de los cuatro hijos del matrimonio, se vio obligada a trasladarse a Zaragoza en busca de un medio de vida.

Tras licenciarse en Medicina en 1876, en julio del año siguiente ingresó en el Cuerpo de Sanidad Militar con el empleo de segundo teniente y fue destinado al Regimiento de Infantería de León, al que se incorporó en el Ejército de Operaciones del Norte. Dos meses después fue trasladado al Regimiento de Infantería de Vizcaya y en diciembre le tocó por sorteo servir en el Ejército de la isla de Cuba, a la que pasó con el empleo de médico primero, incorporándose a su llegada al Hospital Militar de Cuba y posteriormente al Batallón de Cazadores de Las Navas, con el que enseguida intervino en operaciones.

Finalizada la campaña en junio de 1878, meses después fue trasladado al Hospital Militar de La Habana, en el que durante los meses de junio a septiembre de 1879 desplegó una gran actividad en la lucha contra la epidemia de fiebre amarilla, el temido vómito negro, enfermedad que él mismo contrajo y por la que estuvo al borde de la muerte en dos ocasiones.

En febrero de 1880 se incorporó al Hospital Militar de Jiguaní y en noviembre al de Santa Clara. Se le concedió en octubre de 1881 el grado de médico mayor, recibiendo esta recompensa cuando se encontraba en la Península disfrutando de cuatro meses de licencia por enfermo.

A su regreso a Cuba pasó a la situación de reemplazo y se hizo cargo de la asistencia médica de la fuerza destacada en el castillo de Altares, en la que cesó al ser destinado en marzo de 1881 al Hospital Militar de Guantánamo. Volvió al Hospital Militar de Cuba en agosto del año siguiente, pero enseguida tuvo que solicitar licencia por enfermo, retirándose a San Antonio de los Baños para atender a su curación. Una vez recuperado, fue trasladado al Hospital Militar de Ciego de Ávila y en febrero de 1884 al de La Habana.

Habiendo cumplido el tiempo de permanencia obligatorio en Cuba, en mayo de 1885 se le permitió regresar a la Península, en la que fue colocado en el Regimiento de Infantería de Galicia, de guarnición en Zaragoza, del que en marzo de 1889 pasó al de Málaga, residente en Melilla.

Obtuvo el empleo de médico el 1 de agosto de 1891 y destino en Cazadores de Llerena, pasando posteriormente al Hospital Militar de Ceuta y en diciembre de 1892 a la situación de reemplazo, que él había solicitado, fijando su residencia en Melilla. El 2 de octubre de 1893 asistió a la acción librada en dicha plaza contra los moros, siendo recompensado con una Cruz roja al Mérito Militar, pues no se había conformado solamente con atender a los heridos, sino que se enfrentó al enemigo con las armas en la mano.

Tras pasar por el Regimiento de Infantería de África, volvió a la isla de Cuba en abril de 1894, y a su llegada fue destinado al Regimiento de Infantería de Simancas y encargado en comisión de la enfermería de Baracoa, cesando en estos destinos en abril de 1895 para prestar sus servicios en comisión en el recién creado Hospital Militar de Bayamo, del que fue destacado un mes más tarde al Batallón de Bara, que se hallaba de operaciones.

El 27 de junio de 1895 se incorporó a una columna que al mando del comandante José Sánchez Morgat debía dirigirse desde Baire a El Cacao para tratar de sorprender el campamento del cabecilla insurrecto Jesús Rabí. Alertado el enemigo, compuesto por fuerzas muy superiores a las nuestras, se estableció defensivamente en posiciones muy favorables y montó una emboscada en la que cayó la columna, que se vio atacada por todas partes, rechazando cuatro ataques sucesivos y llegando al combate cuerpo a cuerpo; vista la imposibilidad del triunfo, el comandante Sánchez ordenó el repliegue al atardecer, dirigiéndose el enemigo a cortarle la retirada.

Marchaba Orad en la retaguardia de la columna, cuando al atravesar un río se inutilizaron las acémilas que llevaban dos cajas de municiones de repuesto. Al advertir que quedaban abandonadas y expuestas a caer en poder del enemigo, retrocedió con dos individuos a recoger aquellas cajas, mientras hacía fuego para detener al contrario un grupo de unos cuarenta soldados, muchos de ellos heridos y otros que se habían desperdigado durante el repliegue y que Orad había conseguido reagrupar, evitando así que el enemigo se apoderase del cargamento. Perdida de vista la columna, que se había internado en el monte, se vieron rodeados de insurrectos que, machete en mano, los atacaron, ante lo cual buscó un lugar en el que apoyar la defensa de la pequeña fuerza de que disponía, situándola de espaldas a un farallón de piedra y rompiendo un nutrido fuego, entablándose entonces un duro combate en el que cayeron dos de sus soldados y resultaron otros once heridos, recibiendo él mismo un balazo en el tobillo derecho, logrando, a pesar de todo, contener al enemigo, que se vio obligado a retirarse ante tan enérgica defensa, permitiéndole al verse libre y después de efectuar un reconocimiento del terreno, abandonar aquella posición y trasladar a todos sus heridos y el material que llevaban a un bohío próximo, en el que hizo a éstos la primera cura, dirigiéndose seguidamente a Jiguaní, adonde llegaron a las cuatro y media de la madrugada del día 28. Por esta acción mereció que por Real Orden de 28 de diciembre de 1895 se le concediese la Cruz de San Fernando de 2.ª Clase, Laureada.

Una vez recuperado de la herida que había recibido, cesó en el mes de junio en el Hospital Militar de Bayamo y pasó al de La Habana y seguidamente al de Santiago de las Vegas, ya con el empleo de médico mayor, concedido en el mes de septiembre por méritos de guerra, pero no pudo incorporarse a ninguno de los destinos debido a su deficiente salud, pasando en noviembre a la situación de reemplazo, en la que se mantendría durante todo el año 1896.

En julio de 1897 embarcó hacia la Península y en agosto del año siguiente se le concedió el ingreso provisional en el Cuerpo de Inválidos, que sería definitivo a partir de abril de 1900, al considerarse que la inutilidad que padecía tenía carácter permanente e irremediable.

Residiendo en Melilla, en 1904 fue nombrado presidente de la Comisión Local de la Cruz Roja, siendo más tarde honrado con la Medalla de Oro de dicho organismo y en el mes de diciembre ascendido a teniente coronel.

El 27 de julio de 1909 atendió a los heridos en el combate del Barranco del Lobo, por lo que le fue concedida una segunda Cruz roja al Mérito Militar. En noviembre de 1913 alcanzó el empleo de coronel.

El Colegio de Médicos de Zaragoza, en 1896, le nombró socio de mérito y le envió a Cuba una placa de plata con el escudo de la ciudad, el nombre de todos los colegiados y una dedicatoria en la que se resaltaba su valor. Al antiguo Hospital Militar de Zaragoza se le dio en su honor el nombre de Hospital General de la Defensa Orad Gajías.

En 1885 había contraído matrimonio en Cuba con Blanca Rosa de la Torre y Morales, condesa de Jurienne y de origen francés, con la que tuvo varios hijos, uno de los cuales fue el socialista y masón Urbano Orad de la Torre, capitán de Artillería que dirigió en julio de 1936 el bombardeo del Cuartel de la Montaña, en Madrid, y que fue padre de la famosa bailarina María Rosa.

 

Bibl.: M. Parrilla Hermida, “Sanitarios Caballeros de San Fernando”, en Revista de Historia Militar (Madrid), n.º 10 (1962), págs. 109-157; J. M. Torres Medina y P. Moratinos Palomero, “Valor heroico y humanitario del Cuerpo de Sanidad Militar”, en Ejército (Madrid), n.º 86 (1988), págs. 86-94; A. de Ceballos-Escalera y Gila, J. L. Isabel Sánchez y L. Ceballos-Escalera y Gila, La Real y Militar Orden de San Fernando, Madrid, Palafox y Pezuela, 2003.

 

José Luis Isabel Sánchez

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