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Gonzalo González de Cañamares

Biografía

González de Cañamares, Gonzalo. Cuenca, s. m. s. xv – 14.III.1528. Canónigo, fundador del colegio Monte Olivete en Salamanca, benefactor.

La familia Cañamares, oriunda quizás de esta localidad serrana en el mismo obispado, pertenecía a lo más escogido del grupo social judeoconverso de la ciudad del Júcar donde debió de nacer Gonzalo a mediados del siglo xv. Sin más datos de momento, cabe suponer que adquiriese en Salamanca el grado de bachiller —probablemente en Decretos— con que se titulaba. Residió después en Roma, con toda probabilidad a la sombra de Rafael Riario, cardenal de San Jorge y obispo absentista de Cuenca (1493-1517). En torno a 1479 obtuvo una canonjía en la catedral conquense, prebenda que se fue transmitiendo por vía de resignación entre parientes próximos de la familia hasta bien avanzado el siglo xvi.

En la catedral había intentado la fundación de una capilla funeraria en el viejo claustro el año 1485 y a fines de 1486 estableció el conjunto de bienes dotales del patronato de ella. Al cabo, en 1490, optó por alzarla en la girola, todavía en construcción entonces, aunque la obra y aderezo del recinto debió de prolongarse, con algunas quejas de parte del Cabildo por la lentitud, hasta veinte años más tarde. Aunque muy modificada hoy, de aquel tiempo es el magnífico retablo hispano-flamenco con diecisiete figuras de talla polícroma que evocan la advocación inicial de la capilla dedicada a Santa María y Todos los Santos. Vivió con su familia en las casas conocidas hoy como “colgadas” sobre la hoz del río Huécar. En las dependencias del actual Museo de Arte Abstracto, instalado en una parte de ellas, se conservan una sala y oratorio, labrados a comienzos del Quinientos, que ostentan sus armas: un escudo dividido en cuatro cuarteles, en el primero una banda, en el segundo una concha, una flor de lis en el tercero y en el cuarto tres ramos o espigas alusivos seguramente al apellido.

En 1508 fundó de su peculio en Salamanca un colegio para instrucción de clérigos, con la misma dedicación de la capilla fundada, conocido después vulgarmente como de Monte Olivete. El 14 de abril de 1518 pedía licencia al Cabildo “para ir a visitar e proveer un Colegio e casa para estudiantes en la çibdad de Salamanca que ha fecho, por ser cosa pía e útile e provechosa”. Abundando en la idea, las Constituciones del colegio dejaban claras sus intenciones al fundarlo: “Considerando que en la ciudad y territorios de Cuenca, y sobre todo en la llamada Sierra de Cuenca, se encuentran pocos que estén preparados para el estado clerical; y más todavía, como haya muchos que medianamente entienden aquello de que tratan, y celebran los Oficios y administran los Sacramentos sin conocimiento casi de las letras: deseando por tanto que tales Oficios y Sacramentos sean celebrados por varones preparados y de alguna doctrina, que prediquen además la divina palabra al pueblo, fundamos”. Absorbido seguramente por la atención que la fundación le reclamaba, optó por asegurarse poder permanecer sin trabas en la ciudad del Tormes. Obtuvo así una bula de León X que le autorizaba a ceder la canonjía a su sobrino, hijo de una hermana, Gonzalo González “el más moço” —llamado así para distinguirlo del “moço”, otro canónigo de igual nombre y de la misma parentela—, sin perder prácticamente ninguno de los derechos económicos e institucionales a que tal beneficio le hacía acreedor. El traspaso tuvo lugar el 27 de agosto de 1518 en cuya fecha Gonzalo González senior logró de los capitulares conquenses licencia para estar ausente de su silla hasta el 1 de noviembre, ganando con ello las rentas correspondientes a aquel año.

Si bien la imprenta tardaría aún casi tres lustros en llegar a Cuenca, se tiene noticia de la publicación en 1515 —no se sabe dónde— de un perdido Breviario, “según la regla y costumbre de la Santa Iglesia de Cuenca”. Juan Bautista Valenzuela (1574-1645), canónigo él mismo de aquella catedral, alcanzó aún a manejarlo y afirma que “fue corregido y enmendado por el Maestro Antonio de Lebrija”, aunque lo más verosímil es que el trabajo de base lo realizara el bachiller Cañamares. Así lo afirma en el prólogo del Missale mixtum, de 1537, el “moço” sobrino homónimo ya referido: “Con parsimonia fui instruido en estos temas por el excelente varón Gonzalo González, mi tío paterno, canónigo que fue de esta iglesia, quien primero ordenó el Breviario y el Oficio Diurno que usa nuestra iglesia”. Durante el pontificado de Diego Ramírez de Villaescusa (1518-1537), compondría, pues, un Diurno asimismo perdido y también el Manipulus de 1528, que pasa por ser la primicia de los tórculos conquenses y del que hay un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Fue precisamente el 9 de marzo de este último año cuando Cañamares otorgó su testamento. Fallecería el 14 y a la catedral, para ser en ella enterrado el mismo día, “le traxeron los señores deán y cabildo muy honradamente”. Las referencias que aparecen en las Actas Capitulares los años 1534 y 1535 tocantes a ordenar de manera definitiva el misal conquense conciernen al sobrino: “Reconociendo sus enseñanzas más que mis fuerzas, con la ayuda de Dios Todopoderoso, comencé a poner término por mí a esta obra, la cual no había podido él acabar cuando en otro tiempo lo intentó, impedido primero por la vejez y luego por la muerte”.

Es del todo incierto que fuese nunca obispo, ni siquiera preconizado, de Albarracín, como pretendieron algunos de sus parientes y repiten hoy ciertos biógrafos sin contrastar el dato. La diócesis de Albarracín dependió de la de Segorbe hasta 1578, en cuya fecha fue segregada y la sede segobricense fue regida por un Gilberto Martí entre 1500 y 1530.

 

Bibl.: Manipulus, sive manuale, vel potius practica ministrandi sacramenta Sancte Matris Ecclesie et Sacramentalia, secundum consuetudinem alme Ecclesie Conchensis, Cuenca, Francisco de Alfaro y Cristóbal Francés, 1528; Missale mixtum secundum ordinem et consuetudinem alme Ecclesie Conchensis, Alcalá de Henares, Miguel de Eguía, 1537; J. B. Valenzuela y Velázquez, Discurso en comprobación de la santidad de vida y milagros del glorioso San Julián, segundo Obispo de Cuenca, Cuenca, Bartolomé de Selma, 1611; M. López, Memorias históricas de Cuenca y su obispado, ed. de A. González Palencia, Cuenca, Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Ayuntamiento de Cuenca, 1949; F.º Martín Hernández, La formación clerical en los colegios universitarios españoles (1371-1563), Vitoria, Seminario Diocesano, 1961; M. Jiménez Monteserín, Vere pater pauperum. El culto de San Julián en Cuenca, Cuenca, Diputación, 1999; H. Priego y J. A. Silva, Diccionario de personajes conquenses (nacidos antes de 1900), Cuenca, Diputación, 2002.

 

Miguel Jiménez Monteserín

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