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Alfonso IV

Biografía

Alfonso IV. El Monje. ?, 898-899 – Ruiforco de Torío (León), 931. Rey de León (926-931).

A la muerte en 925 de Fruela II, su tío, se produce en León una situación confusa, que se conoce a través de las fuentes cristianas, pero que ha contribuido a aclarar singularmente la utilización de los fragmentos del historiador Ibn Hayyan. Alfonso IV Ordóñez, al que apellidarán el Monje, era hijo segundo de Ordoño II, lo que significaba el triunfo familiar de la dinastía de este gran rey aunque ensombrecía peligrosamente el ideal unitario que Ordoño había siempre pretendido para sus reinos. Se sabe que fue consagrado rey de León el 12 de febrero de 926, tras vencer a sus primos los Froilaz encabezados por Alfonso, y que estaba casado con Oneca, hija de Sancho Garcés I de Navarra, cuya ayuda le sirvió para conseguir su reconocimiento en León. Pero no logró verse aceptado en todo el reino, pues su hermano primogénito Sancho se hizo coronar rápidamente rey de Galicia en Santiago de Compostela. Ibn Hayyan habla de una pugna entre los dos hermanos de la que salió finalmente triunfante Alfonso IV, pero conservando Sancho el gobierno de Galicia hasta su muerte, mientras su tercer hermano, Ramiro, controlaba las tierras fronterizas portuguesas en torno a Viseo y Coimbra.

Así pues, Alfonso no habría incorporado a su corona, formada originariamente por los territorios de Asturias, León y Castilla, el reino de Galicia hasta la muerte de Sancho, hecho que se produce en el verano de 929.

En 931 ocurre un suceso inesperado: Alfonso IV, que acaba de perder a su mujer, Oneca Sánchez, fallecida en los últimos días de junio, abandona el trono, se retira como monje a Sahagún y cede el reino pacíficamente a su hermano Ramiro (II) que residía en Viseo, quien, de inmediato, se entroniza en León.

Pero algún tiempo después el rey Monje sin motivo conocido, rectifica su decisión, abandona el monasterio y después de apoderarse de Simancas, logra entrar, con el apoyo de linajes asturianos así como de los Ansúrez y de los Beni Gómez, en la ciudad de León, de la que estaba ausente Ramiro, que había salido en campaña para ayudar a los toledanos acosados por el ejército cordobés. Pero regresando éste con su ejército a León, hace prisionero a su hermano, toma la ciudad y poco después le hace cesar juntamente con los tres hijos de Fruela, Alfonso, Ramiro y Ordoño. A todos ellos los encierra en el monasterio de Ruiforco de Torío y los manda cegar. Hecho éste que no suscita, que se sepa, la más mínima corriente de conmiseración o de apoyo entre el pueblo ni entre ninguno de los linajes que con anterioridad les habían apoyado. Todos estos episodios debieron sucederse rápidamente en el curso del mismo año 931 en que termina su reinado, pues la Nomina Leonesa anotó la coronación de Ramiro (II) el 6 de noviembre de 931.Su muerte habría acaecido hacia el mes de agosto del 933, dos años después de su renuncia al trono y poco más de uno de ceguera. Deja un hijo único, el más tarde detestado Ordoño IV, a quien los cristianos llamaron “el Malo” y los musulmanes “Aljabit”.

En el plano de su actuación soberana no existe referencia alguna a decisiones de carácter militar, ni siquiera a disposiciones de relieve administrativo o político encaminadas a remediar los muchos quebrantos de las luchas internas. Tampoco hay constancia de favores o premios dispensados a personas o instituciones singularizadas por su ayuda, ni de castigos impuestos a quienes estuvieran en su contra. Sólo cabe destacar como excepción las donaciones otorgadas, entre los años 928 y 931, al obispo Cixila y a su monasterio de Abellar de diversas sernas en las vegas de los ríos Esla, Torío y Porma y sus intervenciones favorables al monasterio de Ruiforco. Todo su quehacer público, parece centrado en las manifestaciones derivadas de su asiento cortesano. Su personalidad desprovista de todo rasgo de valor o estima pública no permitieron ni a su hijo, Ordoño IV, dedicar a su progenitor un recuerdo piadoso o levantar de algún modo su memoria. Se cree que fue enterrado en el monasterio de San Julián de Ruiforco, en el que había sido recluido durante sus últimos años, probablemente junto con su mujer.

 

Bibl.: M. Risco, Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes, Madrid, Blas Román, 1792; C. Sánchez-Albornoz, La sucesión al trono en los reinos de León y Castilla, Buenos Aires, Academia Argentina de Letras, 1945; J. Pérez De Urbel, Sampiro. Su crónica y la monarquía leonesa en el siglo x, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1952; J. Rodríguez Fernández, “La monarquía leonesa de García I a Vermudo III (910-1037)”, en El reino de León en la Alta Edad Media III. La monarquía astur-leonesa. De Pelayo a Alfonso VI (718-1109), León, Centro de Estudios e Investigación “San Isidoro”, 1995, págs. 129-413; García I, Ordoño II, Fruela II, Alfonso IV, Burgos, La Olmeda, 1997 (col. Corona de España, 28. Serie de Reyes de León y Castilla); M. Torres Sevilla, “La monarquía astur-leonesa (711-1037)”, en C. Álvarez Álvarez (coord.) La Historia de León. Edad Media, León, Universidad de León, 1999, págs. 17-39.

 

César Álvarez Álvarez

 

 

 

 

 

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