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Fernando Escaza

Biografía

Escaza, Fernando. ¿Jubera? (La Rioja), p. m. s. xii – ?, c. 1172. Segundo maestre de la Orden de Calatrava.

Se desconoce la filiación de este maestre calatravo. Según Francisco de Rades y Andrada fue natural de Jubera, villa situada entonces en la frontera del reino de Navarra y en la actualidad perteneciente a La Rioja. Fernando Escaza es mencionado por primera vez como maestre de la Orden de Calatrava a principios del año 1169, con ocasión de la entrega como familiares de la institución de Gonzalo Estebánez, hijo de Esteban Pérez y Sol Gutiérrez, y su mujer doña Orabuena, vecinos de Toledo, que participarían así de los privilegios y sufragios concedidos a la milicia calatrava. Fernando Escaza es, por tanto, el segundo maestre de la Orden de Calatrava que está documentado, sin que se pueda descartar por completo que entre el primer maestre calatravo, García, documentado únicamente en 1164, y el propio Fernando Escaza hubiera habido algún maestre más.

Como maestre calatravo, Fernando Escaza vivió los meses finales de la convulsa minoría de Alfonso VIII de Castilla, bajo la regencia del conde Nuño Pérez de Lara, y la proclamación de la mayoría de edad del monarca, hecho que tuvo lugar el 11 de noviembre de 1169. Precisamente, y como consecuencia de los acontecimientos del final de la minoría de Alfonso VIII, en abril de 1169, Fernando Escaza acudió con doscientos caballeros, freires de la orden y vasallos de ella, al cerco de la fortaleza de Zorita. La plaza estaba en poder de Lope de Arenas, un vasallo de Fernando Rodríguez de Castro, rival de los Lara y aliado del rey leonés, que en el transcurso del asedio había hecho prisioneros en el castillo al regente Nuño Pérez de Lara y al conde Ponce de Minerva. Finalmente, la fortaleza se rindió a mediados de mayo de ese mismo año.

La participación en el cerco de Zorita fue fructífera para el maestre calatravo y para su orden. Estando en el sitio, el 5 de mayo, Alfonso VIII concedía a la Orden de Calatrava y a su maestre Fernando Escaza la importante donación del portazgo de todas las recuas entre Córdoba y Úbeda, según se solía cobrar en Calatrava. Les entregaba además el quinto sobre el botín de los caballeros —si llegaba a tres talegas— y amparaba los ganados, casas y cabañas de la orden. El día 8 del mismo mes, el conde Pedro Manrique de Lara donaba a la milicia y a su maestre un molino en Toledo, situado debajo del puente, en la casa de la gran noria. Seis días después, el monarca castellano Alfonso VIII daba a la Orden de Calatrava y a su maestre Fernando Escaza una viña en Azanad, en el territorio de Toledo, junto a Almozavara, la almunia de la Orden del Hospital.

Al regresar del sitio de Zorita, el maestre aprovechó la compañía de los 200 caballeros para realizar una cabalgada en territorio andalusí, entrando por el puerto del Muradal, situado en Sierra Morena y en el extremo suroriental del Campo de Calatrava. En el transcurso de la expedición, Fernando Escaza capturó el castillo de Ferral, que defendía el mencionado puerto, donde hizo sesenta prisioneros musulmanes, algunos de los cuales se habían refugiado en la fortaleza procedentes de las aldeas vecinas. El maestre dejó una guarnición adecuada al frente del castillo y continuó la cabalgada, quemando a su paso los campos y aldeas andalusíes y capturando muchos prisioneros y numerosas cabezas de ganado.

Poco después, los musulmanes de Úbeda y Baeza, consiguieron reunir un ejército de ocho mil hombres para vengar el daño que les había hecho la expedición calatrava y asediaron durante diez días el castillo de Ferral. Fernando Escaza solicitó ayuda a la ciudad de Toledo, que le envió dos mil hombres al frente de Gutier Fernández de Barroso. A esta hueste se sumaron los 3.000 combatientes que había conseguido reunir Fernando Escaza. Con estas tropas, el maestre presentó batalla a los musulmanes al sur del puerto del Muradal. La victoria correspondió a los cristianos, que persiguieron a los andalusíes con la ayuda de la guarnición asentada en la fortaleza de Ferral y capturaron a no pocos musulmanes. En el reparto del botín se beneficiaron particularmente los toledanos que habían participado en la empresa. El arzobispo de Toledo mandó realizar una procesión en la catedral en acción de gracias por el triunfo logrado.

Además, el maestre calatravo, respondiendo a la petición cursada por Alfonso II de Aragón, le envió a este monarca varios caballeros de la orden al frente de Martín Pérez de Siones, comendador de Calatrava, que participaron en la conquista de no pocas villas y fortalezas en poder de los musulmanes.

En un plano diferente, el maestre Fernando Escaza tuvo que defender los intereses de su orden en el conflicto con los templarios sobre los bienes dejados en Melgar de Fergamental por Fernán Núñez, caballero de la Orden del Temple, que posteriormente había tomado el hábito calatravo, con el cual murió. Por otra parte, el maestre recibió como familiar de la orden a Fortún López de Soria, que entregó a la milicia la iglesia de San Salvador de Soria, que él había fundado y dotado.

En 1170 Fernando Escaza encabezó una última expedición contra la tierra de Córdoba, capturando y destruyendo el castillo de Ozpipa, en la ribera del Guadalquivir, haciendo cuantiosos prisioneros y regresando con un botín que incluía numerosas cabezas de ganado. A los pocos días de regresar de esta expedición renunció al maestrazgo debido a su avanzada edad, aunque todavía siguió figurando en los documentos durante los dos años siguientes.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional (Madrid), Órdenes Militares, Registro de Escrituras de la Orden de Calatrava, I, sign. 1341c., fol. 25.

F. de Rades y Andrada, Chronica de las Tres Ordenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcantara. Chronica de Calatraua, Toledo, Imprenta de Juan de Ayala, 1572, fols. 14v.-17r. (ed. facs. Barcelona, 1980 y Valencia, 1994), J. González, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, vols. I y II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1960, pág. 574 y págs. 198-203, respect.; J. F. O’Callaghan, “Hermandades between the military orders of Calatrava and Santiago during the castilian reconquest, 1158-1252”, en Speculum, 44 (1969), págs. 609-618; E. Rodríguez-Picavea Matilla, Las órdenes militares y la frontera. La contribución de las órdenes a la delimitación de la jurisdicción territorial de Castilla en el siglo xii, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1994, págs. 83- 84; E. R odríguez-Picavea Matilla, La formación del feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de Calatrava en los siglos xii y xiii, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1994, págs. 74 y 370; E. Rodríguez-Picavea Matilla, Documentos para el estudio de la Orden de Calatrava en la meseta meridional castellana (1102-1302), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1999 (Colecciones Documentales de Cuadernos de Historia Medieval, n.º 2), págs. 35-36; E. R odríguez-Picavea Matilla, “Calatrava. Una villa en la frontera castellano-andalusí del siglo xii”, en Anuario de Estudios Medievales, 30, 2 (2000), págs. 807-849; C. de Ayala Martínez, Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos xii-xv), Madrid, Marcial Pons Historia y La Torre Literaria, 2003, págs. 201, 410 y 489.

 

Enrique Rodríguez-Pica vea Matilla

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