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Santa Engracia de Badajoz

Biografía

Engracia de Badajoz, Santa. Braga (Portugal), c. 1030 – Carvajales (Zamora), 1050. Virgen, mártir, santa.

Nació en Braga, ciudad de la antigua Gallaetia, que más tarde se integraría en Portugal. De las tres “Engracias” que aparecen en el pasionario hispano: la de Zaragoza, la segoviana y la bracarense, la historiografía contemporánea las diferencia documentalmente e identifica a ésta como la Engracia de Braga, de Carbajales o de Badajoz. En el primer libro llamado Primado o Primacía de la Iglesia metropolitana de Braga se recoge un valioso texto: “Esta santa (a saber, Engratia o Encratis) huyendo de su patria llegó hasta los montes de Carvajales, cerca de León, donde sufrió el martirio y allí existía una iglesia, puesta bajo el título y dedicada al honor de la santa, la que desde muy antiguo fundaron los frailes agustinos, que hacían una vida eremita, y posteriormente fueron trasladados al pueblo de Carvajales, en el que construyeron un humilde convento”. Y en el mismo archivo y lugar se lee la misma historia de que los ermitaños sepultaron el tronco de la mártir en su iglesia.

Sus biógrafos opinan que fue martirizada en 1050 en torno a los veinte años. Por tanto, debió de nacer hacia 1030, época en que el rey de León-Castilla, Fernando I, conquistó el noroeste peninsular.

Siguiendo la costumbre de la época, el padre de Engracia la prometió en matrimonio, sin su consentimiento, a un noble castellano de la región, pero ella se había consagrado a Dios en perfecta virginidad. La reacción del prometido fue violenta. Solano de Figueroa lo describe así: “Ella, criada desde su niñez en virtud y recogimiento, y creciendo cada día en el cariño y amor a la castidad, consagró a Dios su virginal pureza, eligiendo por esposo al que ostenta serlo de las vírgenes”.

Ante tan enérgica imposición, decide abandonar la casa paterna y dirigirse hacia el interior de la Península. Pronto el prometido esposo sale en su persecución, alcanzándola en los montes de Carvajales —hoy Carvajales de Alba, provincia de Zamora—. Esta comarca zamorana posee una orografía propicia para encontrarse segura del mozo bracarense, como lo hicieran otros vecinos durante la ocupación musulmana. Allí se ensaña el perseguidor con su muerte: “Postrada en oración, cogió la espada y de un golpe la degolló, consiguiendo Engracia la doble corona de la virginidad y el martirio”.

El despechado prometido coge la cabeza, cual trofeo de victoria terrena, la transporta hasta las inmediaciones de Badajoz y la arroja en una laguna del río Guadiana. No se sabe con precisión cuánto tiempo estuvo oculta, pero se puede datar entre 1050 y 1200. George Cardoso en el Agiologio Lusitano, como antes nos describiera su martirio, recoge el hallazgo de la cabeza así: “Apacentaba su rebaño un pastor por las cercanías de la laguna; y llevándolo un día a beber, salió del agua un resplandor tan extraordinario, que se espantaron las ovejas; el pastor atónito fijando los ojos en aquella luz quedó deslumbrado como si los clavara en el sol, y no sabía que hacerse. Volviendo en sí, por inspiración de cielo dio parte a algunas gentes de lo que le había sucedido. Y habiendo agotado con artificios el agua de la laguna, hallaron la cabeza fresca y encarnada. A este hallazgo siguieron algunas maravillas que obró nuestro Señor por intercesión de esta santa”.

A partir del siglo xv no faltan algunos autores, hispanos y lusos, que confunden la santa bracarense con la homónima cesaragustana: algunos datos de su vida, e incluso el día de su celebración litúrgica —nada fiables, por supuesto— se han mezclado.

Arraigó en España la devoción popular en torno a sus reliquias, extendiéndose por Portugal, Iberoamérica y algunas regiones de Europa. Los frailes agustinos se encargan de fomentar el culto ordinario, cuando a finales del siglo xiii con la repoblación de la villa de Carvajales, los vecinos construyen un nuevo convento agustiniano, adonde se trasladan los restos mortales, junto al altar mayor del nuevo templo hasta la desamortización de 1835, en que se pierde el paradero. Los cofrades continúan propagándolo con misas, romerías, procesiones y peregrinaciones.

En cuanto a Badajoz, la cabeza hallada se mantuvo durante algún tiempo en una ermita que edificaron en aquel sitio a dos millas de la ciudad. Los frailes agustinos ubicaron su convento en distintos sitios hasta la expulsión de 1820. Con precisión no se puede datar el traslado de la cabeza a la catedral pacense; pero según las actas sinodales ya en 1501 el Cabildo venera en el día de su fiesta (3 de abril) la cabeza, que se guardaba en el relicario catedralicio, hoy desaparecida por un incendio en la catedral.

Pero su liturgia aparece en los “propios pacenses” antiguos y ediciones posteriores, cuya celebración es el 16 de abril. A partir de la publicación de la reforma litúrgica de san Pío X (1914), se ha intentado reavivar la fiesta, cuya celebración se fija el 17 de febrero. En el calendario litúrgico bracarense entra muy tardíamente, ya que el Concilio de Braga prohibió algunos textos en la liturgia para evitar graves errores teológicos.

La santa viene generalmente representada en pinturas e imágenes de la iglesia de Santa Engracia (Carvaxales), con los atributos del martirio: corona y palma, y con aquél específico, un cuchillo, aún conservado así en el siglo xvii. Sin embargo, el retablo pictórico de Pérez Muñoz (1976) en la parroquia, cuya titular es ella en Badajoz, descubre toda su historia, pues en el tríptico está pintada la santa virgen con la palma martirial y en otros paneles, uno haciendo oración a la llegada del enfurecido esposo y otro de los pastores admirando la laguna y las ovejas espantadas.

 

Bibl.: J. S olano de Figueroa, Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz, Badajoz, 1664 (Badajoz, Imprenta del Hospicio Provincial, 1929-1935); G. C ardoso, Agiologio lusitano, vol. II, Lisboa, 1754; E. Flórez, España Sagrada, vol. XIV, Madrid, Antonio Marín, 1756, págs. 306-307; F. Caraffa y G. Morelli (dirs.), Bibliotheca Sanctorum, vol. IV, Roma, Istituto Giovanni XXIII nella Pontificia Università Lateranense, 1961-1970, pág. 1213; L. Álvarez, El Movimiento “observante” en España y su culminación en tiempo de los Reyes Católicos, Roma, Analecta Agustiniana, 1978; F. R odríguez Pascua, Santa Engracia de Carvajales, Valladolid, Archivo Agustiniano, 1983; R. Aubert (dir.), Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques, vol. VI, Paris, Letouzey et Ané, 1984, col. 112; T. A. L ópez López, Los Propios de los Santos en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, Cáceres, Gráficas Morgado, 1999 (col. Apuntes para Historia de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, fasc. 3).

 

Teodoro Agustín López López

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