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Diego Gómez de Toledo

Biografía

Gómez de Toledo, Diego. Señor de Casarrubios del Monte, Valdepusa y Arroyomolinos. Toledo, 1320 – 1375. Notario mayor del reino durante los reinados de Pedro I y Enrique II y alcalde mayor de Toledo.

Hijo de Gómez Pérez, despensero mayor del rey Pedro I y alguacil mayor de Toledo. Su ascendencia conforma un importante linaje de caballeros mozárabes toledanos, cuyos miembros habían ocupado la cúspide de los oficios cortesanos desde la minoridad de Alfonso XI. Reforzó el linaje familiar casándose con Inés de Ayala, hermana del canciller real y escritor Pedro López de Ayala.

Su carrera política comenzó de mano de sus tíos, altos oficiales de la Corte del infante don Pedro. Fue armado caballero de la Orden de la Banda en 1348. En 1352 era el caudillo de los escuderos del cuerpo del Rey. Fue notario mayor del reino de Toledo y alcalde mayor de Toledo hasta su muerte.

Desde el comienzo del reinado de Pedro I hasta 1366 fue fiel al Rey, interviniendo junto a él en numerosos momentos de la historia castellana. En su calidad de notario mayor, dio fe en las Cortes castellanas, ya desde las de Valladolid de 1351. Como vasallo y guerrero, acompañó con sus parientes al Rey en la “vista de Tejadillo”, encuentro en el que una facción de la nobleza exigió la reconciliación real con la esposa legítima, Blanca de Borbón. Siendo caudillo de los escuderos del cuerpo del Rey, participó en la detención del noble Alfonso Fernández Coronel, encastillado en su villa de Aguilar, que fue acusado de traición y ejecutado. Los bienes de este noble fueron repartidos entre los allegados reales, y a Diego Gómez le correspondió el señorío de Casarrubios del Monte.

También tomó parte en la llamada “Guerra de los Dos Pedros”, que enfrentó a Pedro I con Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, recibiendo como recompensa el señorío de Valdepusa.

En 1360, la familia Gómez de Toledo perdió el favor real; Gutierre Fernández, privado del Rey, fue acusado de traición y ajusticiado en Alfaro, y don Vasco, arzobispo de Toledo, mandado al exilio a Portugal. Ambos eran tíos paternos de Diego Gómez, que se encontraba en ese momento defendiendo la frontera de Murcia y, cuando conoció la muerte del miembro más sobresaliente del linaje, se refugió en el reino de Aragón.

No obstante, ese mismo año, el Rey volvió a admitir a Diego Gómez a su servicio, otorgándole la alcaldía mayor de Toledo, que había detentado antes su tío ejecutado. Junto a Pedro I intervino en la reanudada guerra con Aragón, durante la que ocupó y defendió el castillo de Teruel hasta marzo de 1366, cuando se ordenó abandonar las plazas fuertes tomadas al reino de Aragón, y junto al Rey se dirigió a Toledo. En la ciudad, el Rey conoció a Teresa, hija de Diego Gómez, de la que tuvo una hija ilegítima. Pedro I abandonó la ciudad rumbo a Sevilla, dejando encargado de su defensa a Garci Álvarez de Toledo, maestre de Santiago.

Dos meses más tarde, Enrique de Trastámara, que se había coronado Rey en Burgos, dirigió sus tropas hacia Toledo. En el interior de la ciudad se produjo una división entre los caballeros partidarios de Pedro I y los de Enrique II. Fue el momento en que Diego Gómez, que tenía a su cargo la defensa del alcázar y del puente de Alcántara, decidió cambiar de bando, y hace valer su cargo de alcalde y la solidaridad de linaje, para imponer al maestre de Santiago la entrega de la ciudad al nuevo Rey. Gracias a esta maniobra, Enrique II le confirmó en sus oficios de notario mayor del reino de Toledo y alcalde mayor de Toledo, siendo uno de los beneficiarios de sus mercedes. A cambio, Diego Gómez sirvió al nuevo Monarca en su guerra contra Pedro I, siendo uno de los caballeros que, en 1368, asediaron Toledo, vuelta a las manos del petrismo.

Después de la guerra civil, Diego Gómez se instaló definitivamente en su ciudad de origen, ejerciendo como alcalde mayor y administrando sus señoríos de Casarrubios del Monte, Valdepusa y Arroyomolinos concedidos por Pedro I, así como las propiedades que habían pertenecido a su tío Gutierre, confirmadas por Enrique II, quien, además, le donó cuantiosas rentas en metálico sobre el almojarifazgo de Sevilla, el portazgo de Quijorna y el de la puerta de Bisagra de Toledo, sobre la madera de Ribadeo y sobre el señorío de Vizcaya. Su patrimonio se completó con la adquisición del señorío de Móstoles a su hermano Gutierre Gómez, prior de la Orden de San Juan y maestre de Alcántara, y la compra de bienes raíces en Toledo, Talavera, Griñón, Mazarabuzaque, Olías, Alcañizo y Pelay Venegas.

Fue un hombre interesado por la cultura y el arte. Reedificó sus casas solariegas de Toledo en estilo mudéjar, supervisó personalmente las obras del convento de San Agustín de Casarrubios del Monte, fundado por él, y creó, junto con su esposa, Inés de Ayala, un estudio de Teología y Artes dirigido por los frailes agustinos de Toledo.

Murió en 1375 y, aunque su deseo era ser enterrado en el convento de San Agustín de Casarrubios del Monte, reposó en una capilla funeraria de su parroquia de San Antolín de Toledo.

 

Fuentes y bibl.: Archivo de Santo Domingo el Real, docs. n.os 1, 348, 350, 380, 389, 570, 594, 597, 616, 1108, 1178, 1212, 1358, 1606 y 1178; Archivo Histórico Nacional, Clero, carpeta n.º 3072, docs. n.os 1, 5, 7 y 17; Clero, carpeta n.º 3073, docs. n.os 3, 9 y 10; Real Academia de la Historia, Colección Salazar, M-20, fols. 224-227, y O-3, fols. 54v. y 69r.

S. R. Parro, Toledo en la mano, Toledo, Severiano López Fano, 1857 (ed. facs., Toledo, Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978, vol. II, pág. 451); S. de Moxó, “El auge de la nobleza urbana de Castilla y su proyección en el ámbito administrativo y rural a comienzos de la Baja Edad Media”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, 178 (1981), págs. 475-477; J. Rodríguez Marquina, “Linajes mozárabes de Toledo en los siglos xii y xiii”, en Genealogías mozárabes. Ponencias y comunicaciones presentadas al I Congreso Internacional de Estudios Mozárabes, Toledo 1975, vol. I, Toledo, Instituto de Estudios Visigóticos-Mozárabes de San Eugenio, 1981, págs. 62-63; L. V. Díaz Martín, Los oficiales de Pedro I de Castilla, Valladolid, Universidad, 1987, págs. 97-98; A. Ceballos-Escalera y Gila, La Orden y Divisa de la Banda Real de Castilla, Madrid, Prensa y Ediciones Iberoamericanas, 1993, pág. 89; J. Valdeón Baruque, Enrique II, Palencia, Diputación Provincial, 1996, pág. 38; P. Molenat, Campagnes et Monts de Tolède du xiie au xve siècle, Madrid, Casa de Velázquez, 1997, págs. 333-335 y 369; P. López de Ayala, Crónica del rey don Pedro y del rey don Enrique su hermano hijos del rey don Alfonso Onceno, Buenos Aires, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, 1997; B. Martínez Caviró, “Doña Inés de Ayala”, en Toletum, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, 77 (2000), págs. 107-127; E. Cabrera Muñoz, “La revuelta de Alfonso Fernández Coronel y su contexto histórico”, en C. M. Reglero de la Fuente (coord.), Poder y sociedad en la Baja Edad Media, y J. Gautier Dalché, “Les villes et Pierre le Cruel: remarques sur le cas de Tolède”, en C. M. Reglero de la Fuente (coord.), Poder y sociedad en la Baja Edad Media, Valladolid, Universidad, Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, 2002, pág. 74 y págs. 169, 177 y 179, respect.

 

Pilar Morollón Hernández

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