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Francisco Pignatelli y Aymerich

Biografía

Pignatelli y Aymerich, Francisco. Barcelona, 23.II.1687 – Compiègne (Francia), 14.VII.1751. Militar y diplomático.

De origen napolitano e hijo de Domingo Pignatelli y Báez, marqués de San Vicente, y de Ana de Aymerich y Argensola. Inició su carrera militar en 1698.

Diez años después ascendió a coronel. En 1711, formó parte del Regimiento de Caballería de la Reina. En 1719, fue nombrado brigadier y después coronel del Regimiento de Caballería de Órdenes. En 1728 vistió el hábito de caballero de la Orden de Alcántara. En 1734, ascendió a mariscal de campo. Desde 1735, ocupó el puesto de gobernador militar y político de Badajoz y desde 1737 lo fue de Zaragoza. En enero de 1740, fue nombrado teniente general de Aragón. Ese mismo año, Pignatelli partió a la península apenina para defender la causa del infante Felipe en la Guerra de Sucesión Austríaca. En 1748, tras la firma de la Paz de Aquisgrán, Pignatelli solicitó permiso al ministro de Hacienda, Marina, Guerra e Indias, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada, poder retornar con su hijo Cayetano a la Corte española. El ministro accedió y nombró a Pignatelli comandante general de la costa de Granada, empleo que desempeñó durante pocos meses.

En diciembre de 1748, ya se barajaba su nombre como aspirante a embajador en Francia y la propuesta venía de la mano del, en esos momentos, representante español en la Corte gala, Fernando de Silva Álvarez de Toledo, duque de Huéscar y futuro XII duque de Alba, antiguo compañero de Pignatelli en las campañas italianas. El duque sugirió esta candidatura a su buen amigo, el secretario de Estado José de Carvajal y Lancáster, quien, a pesar de considerar a Pignatelli poco astuto para una misión tan importante como la parisina, terminó aceptando la propuesta. En febrero de 1749, el nombramiento se hizo oficial. Pignatelli no partió a su destino hasta el 17 de julio. Llegó a París el 30 del mismo mes, y el 5 de agosto en Compiègne acudió a su primera audiencia con el monarca francés Luis XV, a quien presentó sus credenciales. Acto seguido, Agustín Pablo de Ordeñana, brazo derecho y hombre de máxima confianza del marqués de la Ensenada, le indicó a Pignatelli cuáles debían ser sus actividades diplomáticas, haciendo especial hincapié en la necesidad de informarles sobre todos los asuntos de guerra y marina del país vecino, y también sobre todo lo concerniente al mundo de los infantes.

Varias fueron las misiones especiales encomendadas a Pignatelli como jefe de la misión española en la capital del Sena. En primer lugar, la correspondencia entre Joseph Yorke, secretario de la Embajada londinense en París, y el secretario de Estado británico, Robert d’Arcy, conde de Holdernesse, nos descubre al diplomático español como el encargado de secundar los planes de los franceses en lo referente a una hipotética boda entre una de las hijas de Luis XV y María Leszczyńska con Fernando VI, en el supuesto caso del fallecimiento de la reina Bárbara de Braganza. En segundo, los contactos del diplomático con la intrigante Jeanne-Antoinette Poisson, marquesa de Pompadour, confirman a Pignatelli como el enlace entre Ensenada y la Madame. Ésa es, se supone, una de las razones por las que el marqués llegó a conocer a la perfección los entresijos de la Corte gala. Otro de los objetivos del diplomático español radicaba en adivinar las pretensiones de los ingleses en la América española. Por ello, estrechó contactos con el embajador inglés William Anne Keepel, conde de Albermale, intentando descubrir las intenciones de este último. También cuidó escrupulosamente sus encuentros con el ministro de Marina francés, Antoine-Louis Rouillé, centrando sus conversaciones en los asentamientos ingleses en América y sus incursiones territoriales. Pignatelli pasó los informes de estos encuentros al marqués de la Ensenada. Por último, Benjamin Keene, el embajador inglés en Madrid, aportó otro dato confirmante de la estrecha colaboración de Pignatelli con Ensenada. Keene aseguró que durante esta misión en París se elaboró un proyecto o “tratado indisoluble” entre franceses y españoles, auspiciado por Ensenada y sin el conocimiento de Carvajal.

Pignatelli fue el encargado de remitir desde Francia todos aquellos encargos solicitados por el marqués de la Ensenada, sus más directos colaboradores y Carvajal.

Los pedidos iban desde los puramente personales (vestidos, abanicos, escudos, medallas, anteojos, rubíes, diamantes, tapices para las paredes del Palacio Real y vino en grandes cantidades), hasta otros con fines más estratégicos (entre los que destaca el envío de un fusil francés de “nueva invención” para ser estudiado en la Real Fábrica de Fusiles de Plasencia) y novedades o curiosidades como una cama mecánica que llamó la atención del embajador español. Pignatelli informó a Ordeñana de todas las novedades literarias producidas y editadas en el país vecino, enviándole decenas de libros y almanaques. También se encargó de dirigir una intensa labor cultural, difundiendo, entre otros, a las Academias de las Ciencias de Berlín y de San Petersburgo la obra de Antonio de Ulloa y Jorge Juan, Observaciones astronómicas y physicas, hechas de orden de S. M. en los Reynos del Perú. De las quales se deduce la figura y magnitud de la Tierra, y se aplica a la navegación. Desde la capital del Sena, Pignatelli coordinó una intensa y magnífica red de reclutamiento de artistas, maestros y artesanos dispuestos a trabajar en las fábricas reales y astilleros españoles. En esta labor, contó con la excelente colaboración de su secretario de embajada y posterior agente general en la Corte parisina, Luis Ferrari. Pignatelli cumplió con todos y cada uno de los encargos del marqués y un agradecido Ensenada le consiguió en 1750 una “compensación” de 4000 doblones.

En julio de 1751, José de Aldecoa de Lequerica y Urigoitia, secretario español en la Embajada parisina, informó a Madrid de la grave enfermedad de Pignatelli. El padre José Martínez —confesor del embajador— y el médico José de Torres acudieron a la residencia de Compiègne, pero nada se pudo hacer por salvar la vida del diplomático español. Pignatelli murió el miércoles 14 de julio a las 10 de la noche de lo que parece un ataque de apoplejía.

En 1702 se había casado en segundas nupcias con María Francisca de Rubí y Corberá, marquesa de Rubí y baronesa de Lima, natural de Barcelona, matrimonio del que nacieron tres hijos: Antonio (1727), caballero de San Juan; Cayetano (1730), marqués de Rubí y caballero de Alcántara, y Guillermo (1735), caballero de San Juan, y tres hijas: Mariana, María Ignacia y María Manuela.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas, Secretaría de Marina, leg. 402, Secretaría de Guerra, Suplementos, leg. 175 y 176; Estado, legs. 4512, 4513, 4518, 4696, 4509; Archivo Histórico Nacional, Estado, legs. 6509 y 6486; The National Archives (Public Record Office), State Papers, 78/241, 78/248, 78/242 y 94/147.

D. Ozanam, La diplomacia de Fernando VI. Correspondencia reservada entre D. José de Carvajal y el Duque de Huéscar, 1746-1749, est. prelim., ed. y notas por ~, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1975, págs. 419, 424, 428 y 450; M. C. Melendreras Gimeno, Las campañas de Italia durante los años 1743-1748, Murcia, Universidad, 1998, págs. 31, 96 y 131; D. Ozanam, Les diplomates espagnoles du xviiie siècle. Introduction et répertoire biographique (1700-1808), Madrid-Bordeaux, 1998, pág. 256.

 

Cristina González Caizán