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Fernando de Arce

Biografía

Arce, Fernando de. Benavente (Zamora), p. s. xvi – Salamanca, m. s. xvi. Escritor y profesor de Gramática Latina.

La primera parte de la vida de Ferdinandus Arcaeus (así latinizaba su nombre), relativa a su nacimiento, infancia y adolescencia, está envuelta en la más absoluta oscuridad. Nada se sabe de su familia, salvo que tuvo un hermano, Diego, también profesor, al que le dedicará, en 1548, las Institutiones. Tampoco se dispone de información sobre sus primeros estudios de letras, que debió de cursar en su pueblo natal. Sin embargo, de sus propias palabras se colige su temprana vocación por la docencia. En efecto, en 1533, convertido ya en profesor de la Universidad de Salamanca, recordará que, “siendo apenas un muchacho”, se entregaba ilusionado en Benavente a la enseñanza de la gramática latina. Durante aquellas largas jornadas, en las que impartía clases incluso de noche, comenzó la redacción de su primera obra, las Quinquagenae, una colección de refranes españoles glosados en latín y de fábulas latinas. Con este libro didáctico, que aunaba a la perfección docere y delectare, pretendía ofrecer a sus alumnos una guía de conducta, a la vez que una ayuda —merced a su naturaleza bilingüe— para el aprendizaje del latín.

Se ignora el momento en que Fernando abandona Benavente y se traslada a Salamanca, ciudad en la que vivió hasta su fallecimiento. Es presumible que coincidiera con su incorporación al claustro salmantino como profesor de Gramática Latina, acontecida, según afirma el propio Fernando, hacia 1528. El inicio de esta nueva etapa docente coincide, además, con una interrupción de las Quinquagenae que se prolonga por espacio de más de cuatro años, pues el libro no saldrá del taller de Rodrigo Castañeda en Salamanca hasta 1533. En las restantes obras, todas pertenecientes a la década de 1540, Fernando ya firmará como maestro en Artes y Filosofía y catedrático de Prima de Gramática. Se sabe con certeza el nombre al menos de uno de sus alumnos, un tal Juan García, autor de un poema laudatorio a su maestro que se editó al final de las Institutiones.

Durante estos primeros años en la ciudad del Tormes debió de conocer al prolífico escritor portugués Jerónimo Cardoso, que hacia 1530 aún vivía en Salamanca.

Cardoso elogió el verso de Fernando en uno de los poemas reunidos en su Elegiarum liber (Lisboa, 1563) y el benaventano le correspondió con una epístola afectuosa. Algún afecto le profesó también el erudito Diego Salvador de la Solana, pues sólo así se explica que incluyera en su Poética cinco breves epicedios por la muerte de Fernando.

Transcurridos varios años desde la aparición de las Quinquagenae, cae en manos de Fernando el Commentum, un comentario en latín al médico árabe Juan Mesué, cuyo autor era un médico paisano, Luis de Medina, con quien mantenía buenos lazos de amistad desde hacía tiempo. Ante la indecisión del amigo, Fernando interviene y lo edita en Zamora en 1541, dedicándolo a Antonio Alonso Pimentel, conde de Benavente. Su labor como editor continúa, y en 1544 da a luz en Salamanca una edición de las Tusculanas de Cicerón que pretende ser una revisión de los errores de la edición de Erasmo de Rotterdam de 1523.

Con todo, Fernando, que había utilizado los Adagia de Erasmo para la composición de sus Quinquagenae, evidenciando un erasmismo moderado, opta por la autocensura —algo que harían no pocos autores en aquellos años de rigor inquisitorial— y silencia el nombre del holandés en la carta preliminar dirigida a los lectores. Casi en el ecuador de la centuria, en 1548, sale de las prensas salmantinas de Juan de Junta su última obra conocida, las Institutiones, una gramática latina escolar compuesta por cuatro libros.

Como afirma Fernando en la carta dedicada a su hermano Diego, es una obra que recoge la experiencia de muchos años como docente, veinte de los cuales han transcurrido en la Universidad de Salamanca. Fernando participa así de la misma inquietud que otros profesores salmantinos: la búsqueda de un manual de gramática latina moderno, acorde con los nuevos tiempos, que viniera a corregir los muchos defectos en que incurría el texto de cabecera por excelencia, las Introductiones de Nebrija. No obstante, la gramática de Fernando está mucho más cerca del espíritu del libro nebrisense, e incluso de la forma —de hecho, tres de los cuatro libros de las Institutiones están redactados en hexámetros, a pesar de haber sido éste uno de los aspectos más criticados del libro de Nebrija—, que de las propuestas más progresistas que, con el correr de los años, presentarían autores como El Brocense, Francisco Martínez y Baltasar de Céspedes.

Fernando muere ciego en Salamanca (y allí es sepultado) en fecha desconocida; si bien, debe considerarse terminus ante quem el año 1558, fecha de aparición en Salamanca de la Poética de Diego Salvador de la Solana que contiene los epicedios a su muerte. Su ceguera está atestiguada en un epicedio puesto en boca del difunto (Caecus eram...) y en la epístola dirigida a Cardoso, pero se ignora si era congénita —recuérdese el caso del célebre Francisco Salinas, también profesor en Salamanca— o sobrevenida por mor de muchos años de lectura.

Fernando de Arce ha sido identificado (Serrano, 2002) con Fernando de la Torre, profesor de Gramática Latina en Salamanca conocido por el Maestro Ciego (quien ganó en octubre de 1533 una cátedra de Prima de Gramática al mismísimo Hernán Núñez). El nombre completo podría haber sido, pues, Fernando Arce de la Torre o Fernando de la Torre Arce, y su fallecimiento se habría producido antes de 1553, año de la muerte de Hernán Núñez, pues, según el epicedio que Valerio Romero dedicó al Pinciano, el alma del Maestro Ciego formaba parte del cortejo que aguardaba su llegada al Parnaso.

 

Obras de ~: Adagiorum ex uernacula, id est Hispana lingua, Latino sermone redditorum quinquagenae quinque, addita ad initium cuiuslibet quinquagenae fabella, Salamanca, [Rodrigo de Castañeda], 1533 (ed. facs. y trad. de T. Trallero Bardají, Barcelona, Librería Central, 1950); (ed.), Ludovici a Methina medici Singulare commentum capitis primi, secundae sectionis Messues, una ad totam sectionem cum introductione et elucidationes nonnullae succintae in capita de Rhabarbaro et Casia eiusdem Mesues, Zamora, Agustín de Paz-Juan Picardo, 1541; (ed.), T. Ciceronis Tusculanarum quaestionum lib. V post Des. Erasmi emendationem, Salamanca, Gundisalvo de Castañeda, 1544; Breues ac perinde utiles grammaticae disciplinae institutiones, Salamanca, Juan de Junta, 1548.

 

Bibl.: N. Antonio, Bibliotheca Hispana Nova sive Hispanorum scriptorum qui ab anno MD. ad MDCLXXXIV floruere notitia, vol. I, Madrid, J. de Ibarra, 1783, pág. 368; J. Ledo del Pozo, Historia de la nobilísima villa de Benavente, Zamora, Imprenta de Vicente Vallecillo, 1853, pág. 331; C. Fernández Duro, Colección bibliográfico-biográfica de noticias referentes a la provincia de Zamora o materiales para su estudio, Madrid, Manuel Tello, 1891, pág. 343; E. Esperabé Arteaga, Historia pragmática e interna de la Universidad de Salamanca, vol. II, Salamanca, F. Núñez Izquierdo, 1914-1917, pág. 412; V. Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), Salamanca, Universidad, 1970-1973, vol. III, pág. 483; vol. IV, págs. 191, 193, 232 y 325; A. Serrano Cueto, “La relación latín-vernáculo y la influencia de Erasmo en las colecciones bilingües de adagios del Renacimiento”, en Excerpta Philologica (EP), 2 (1992), págs. 319-341; “La fábula grecolatina en los Adagia de Erasmo y su influencia en el humanista Fernando de Arce”, en Myrtia, 7 (1992), págs. 49-80; “Sobre la fábula latina en el Renacimiento: a propósito de la Culicis et leonis fabula de Fernando de Arce”, en EP, 3 (1993), págs. 451-462; L. Ruiz Fidalgo, La imprenta en Salamanca (1501-1600), vol. I, Madrid, Arco Libros, 1994, págs. 58 y 371; A. Serrano Cueto, “Sobre la pervivencia de una fábula latina en el Renacimiento (ENN. sat. inc. 2.21,58, apud GELL. 2.29, 3-19)”, en Euphrosyne, 23 (1995), págs. 289-298; Fernando de Arce. Adagios y Fábulas, Alcañiz- Madrid, Instituto de Estudios Humanísticos-Ediciones Laberinto-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002.

 

Antonio Serrano Cueto