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Felipe de Font de Viela y Ondiano

Biografía

Font de Viela (o Fondeviela o Fondesviela) y Ondiano, Felipe. Zaragoza, 1725 – Madrid, 6.VII.1784. Regidor perpetuo de Zaragoza, caballero de la Orden de Santiago, gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela durante unos meses de 1771, gobernador y capitán general de Cuba en los años 1771 a 1777, teniente general.

Como en muchas otras ocasiones, la grafía del primer apellido tiene alguna variante. Mientras es “Font de Viela” para L. A. Sucre (1928), “Fondeviela” para el gran historiador venezolano G. Morón (1971), para los historiadores cubanos J. de la Pezuela (1863) es “Fons de Viela”, y para R. Guerra (1971) “Fondesviela”.

A los diez años obtuvo plaza de cadete, ascendiendo rápidamente en las campañas de Italia, de Saboya y del Piamonte. Después de la Paz de Aquisgrán (1747), siendo teniente coronel, fue elegido como observador de la guerra que continuaba en Alemania; permaneció toda la Guerra de los Siete Años en el cuartel general de los ejércitos franceses. Volvió a España, ya coronel, a mandar el Regimiento de Lombardía. En 1763 fue destinado a México, como inspector general del arma de Infantería. Ascendido a mariscal de campo, fue nombrado el 18 de septiembre de 1770 gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, tomando posesión el 4 de abril de 1771.

De su gobernación en Venezuela sólo se recuerda su extremo rigor en el decomiso de contrabando, y “tan gran fue el número de los enjuiciados […] que para salir airoso tuvo que dar un decreto de indulto general” (L. A. Sucre, 1928).

En octubre de 1771 dejó el mando de Venezuela, nombrado gobernador y capitán general de Cuba, posesionándose en La Habana el 18 de noviembre 1771; a Cuba se llevó el Regimiento de Lombardía.

Su actuación ha sido muy alabada por los historiadores cubanos de cualquier época. Formó el primer censo de población de toda la isla (que dio un total de 171.610 habitantes). Introdujo notables obras públicas en La Habana: pavimentó las calles, dictó disposiciones sobre limpieza urbana, estableció los primeros sistemas de alumbrado, construyó la Alameda de Paula, el primer paseo habanero, trazó el plan de la Plaza de Armas, construyó grandes edificios públicos en los costados de la plaza, uno de ellos el palacio de los Capitanes Generales. Construyó el primer teatro de La Habana. No sólo La Habana se engrandeció de tal manera que “sus cinco años de paz [fueron] los más laboriosos y útilmente empleados que había conocido desde su fundación” (J. de la Pezuela, 1863), sino que en el interior se avanzó en el cultivo del tabaco, promoviendo la fundación de pueblos: Güines, Jaruco y otro en una nueva región tabacalera que recibió en su honor el nombre de Nueva Filipina (que hoy se llama Pinar del Río). Ascendido a teniente general, terminó su mandato el 11 de junio de 1777 y traspasó el gobierno a Diego José Navarro, dándole una memoria manuscrita del estado en que encontró todos los ramos y de las mejoras obtenidas, “documento que rebosa en pruebas de celo, de lealtad, de pureza y de la mejor inteligencia” (J. de la Pezuela, 1863). Vuelto a España estuvo en las trincheras del sitio de Gibraltar y enseguida como agregado militar en la Corte de San Petersburgo, después en París. Pidió licencia para volver a España en 1783 y murió en 1784.

 

Bibl.: R. M. Baralt, Resumen de Historia de Venezuela, vol. I, Paris, Imprenta de H. Fournier y Cía., 1841, pág. 444; J. de la Pezuela, Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, vols. I y II, Madrid, Establecimiento de Mellado, 1863, págs. 168 y 198 y págs. 374-375, respec.; L. A. Sucre, Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, Caracas, Lit. y Tipografía del Comercio, 1928, pág. 284; R. Guerra, Manual de Historia de Cuba, La Habana, Ediciones de Ciencias Sociales, 1971, págs. 184-186; G. Morón, Historia de Venezuela, vol. III, Caracas, Italgráfica, Impresores, Editores, SRL, 1971, págs. 188-189; L. Vaccari San Miguel, Sobre Gobernadores y Residencias en la Provincia de Venezuela (siglos xvi, xvii, xviii), Caracas, Academia Nacional de Historia, 1992, págs. 158-160 y 196.

 

Fernando Rodríguez de la Torre

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