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Juan de Góngora

Biografía

Góngora, Juan de. Marqués de Almodóvar del Río (I). Córdoba, 1608 – Madrid, 1668. Presidente del Consejo de Hacienda.

Nacido en la todavía próspera ciudad de Córdoba, Juan de Góngora, o Juan Jiménez de Góngora como fue también conocido en su tiempo, representó un perfecto ejemplo del noble provinciano de vieja y prestigiosa familia que aprovecha las conexiones clientelares con la Corte para alcanzar un estatus aristocrático del máximo nivel. La vía utilizada, como en tantas otras ocasiones, fue la burocracia regia, el servicio al Estado.

El abolengo de Juan Jiménez de Góngora recogía en forma de árbol las mejores y más notables estirpes del patriciado urbano cordobés. Descendiente de conquistadores de la ciudad por casi todas las líneas, cuando menos proveniente de apellidos notorios, Juan fue el hijo segundo de Beatriz de Castillejo y de los Ríos y de Baltasar Jiménez de Góngora y Cabrera, notable oligarca municipal que, a partir del desempeño de una veinticuatría del Cabildo de Córdoba, consiguió por méritos propios convertirse en tesorero general del rey Felipe III, adquiriendo el señorío de la villa de Magaña y sus aldeas en el Obispado de Osma y disfrutando de un hábito de caballero de Santiago.

De este matrimonio, además de Juan, nació Mayor de Góngora, desposada en 1622 con Íñigo Fernández de Córdoba Ponce de León, alférez mayor de Córdoba y señor de los Donadíos de la Campana. De ellos fue hijo Diego, alférez mayor de la misma ciudad y gobernador de Málaga, en cuya descendencia recayó con el tiempo la jefatura de esta línea de la casa de Góngora, extinguida la sucesión masculina. Otro de los vástagos de Baltasar fue Luis Jiménez de Góngora, el primogénito, quien igualmente sirvió en la alta Administración, siendo sucesivamente regidor de Córdoba, procurador en las Cortes de 1646, señor de Magaña, miembro del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda, gobernador de Almagro y Martos en la Orden de Calatrava, de la que fue caballero, y primer caballerizo de la reina Mariana de Austria. En 1654 conseguía, en buena medida por estos méritos, ser titular como I vizconde de la Puebla de los Infantes.

Juan Jiménez de Góngora, como se ha dicho, fue el hijo segundo de su casa. Nacido en 1608, caballero de Alcántara (1653), estudió Leyes en la Universidad de Salamanca, de la que fue colegial del mayor del Arzobispo y catedrático, alcanzando pronto grandes destinos burocráticos. En efecto, fue sucesivamente juez metropolitano de la provincia de Santiago, juez de la Audiencia de Sevilla, alcalde de Casa y Corte, presidente de la Casa de Contratación, consejero de Indias y de Castilla, finalizando su meteórica carrera como presidente del Consejo de Hacienda.

Tales cargos le permitieron adquirir numerosos señoríos, con los que aumentar el prestigio de su casa. De esta forma, compró la jurisdicción de las villas cordobesas de Almodóvar del Río (que no tuvo efecto), La Rambla (vendida en 1667 por el marqués del Carpio, hijo del valido), Espiel y Santa María de Trasierra, y del cortijo de las Torres de Alborroz, así como la madrileña de Chamartín de la Rosa. Su posición social, como era costumbre, quedó consagrada gracias a la concesión del marquesado de Almodóvar (hoy Almodóvar del Río).

Su encumbramiento y quizá unos manejos hacendísticos no del todo claros le permitieron acumular una enorme fortuna. De él se decía, a la altura de 1664, que había conseguido poseer entre sueldos, gajes y ayudas de costa una renta que rondaba los 25.000 o 30.000 ducados anuales. Una riqueza que le permitió, en época de crisis, mostrar públicamente su lealtad a la Corona. Según informa Jerónimo de Barrionuevo en sus Avisos, en 1657 levantó a su costa dos mil caballos para la guerra de Portugal, lo que no debió de ser un gran esfuerzo considerando que sólo el nacimiento hecho la Navidad anterior en su domicilio le supuso la increíble cifra de 20.000 ducados.

El creciente poder de Juan de Góngora debió mucho a la protección que le dispensó el gran patrón cortesano de finales del reinado de Felipe IV, el valido Luis Méndez de Haro, marqués del Carpio, que aprovechó su condición de aristócrata cordobés para controlar, discreta pero férreamente, ese municipio. Estas redes clientelares, en las que también jugaron un papel importante los numerosos aunque lejanos parentescos con los regidores de Córdoba, las reflejó a la perfección el perspicaz viajero francés Bertaut. Para este autor, “don Juan de Góngora era un pobre muchacho de Córdoba, pariente del poeta de ese nombre, que habiéndose apegado al servicio de don Luis, ha sido nombrado por el presidente del Consejo de Hacienda, que es como superintendente de las Finanzas; por eso todo el mundo lo llama hechura de don Luis, que es lo que en Francia decimos criatura; pero es en este país tan odiado como su señor amado”. E insiste poco después, afirmando que Haro “se deja gobernar, según dicen, por un don Juan de Góngora, de Córdoba también y pariente del poeta don Luis de Góngora, que, de mayordomo suyo que era, lo ha hecho presidente del Consejo de Hacienda, que es como superintendente en Francia, y ese hombre es muy odiado en España”.

De lo mismo habla el testamento de Juan de Góngora, otorgado en 1667. Textualmente indica en ese documento: “Confieso yo que al dicho marqués debo todo lo que tengo, y suplico de Su Excelencia que por las grandes honras y mercedes que de su mano he recibido tome bajo su amparo a mi mujer y mis hijos, y unos ni otros no excedan del gusto de Su Excelencia así en cuanto a tomar estado como en lo demás de su conveniencia por lo mucho que yo y mis pasados habemos debido a los señores de la Casa del Carpio, especialmente al dicho señor conde de Castrillo, debajo de cuya protección y amparo he vivido, y por el grande amor y reverencia con que le he deseado servir”. En un matrimonio brutalmente endogámico, había desposado en 1640 a su sobrina carnal Luisa de Góngora, hija única de su hermano Luis y de su esposa Ana María de Cárcamo y Eraso. Con ella heredaría el vizcondado de la Puebla de los Infantes. No parece desdeñable la influencia que esta señora tuvo en la carrera de su marido, aunque la documentación casi siempre la ha dejado en un segundo plano. Tuvieron varios hijos, cuya muerte en la infancia acabó con su casa, pasando los mayorazgos a la línea principal de la estirpe, unida por lazos muy lejanos de parentesco, quienes se titularían en adelante como marqueses de Almodóvar.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, Alcántara, exp. 628; Consejos Suprimidos, leg. 32080; Archivo Municipal de Córdoba, Caballeros Veinticuatro, exps. 73 y 138.

J. de Barrionuevo, Avisos, ed. y est. prelim. de A. Paz y Meliá, Madrid, Atlas, 1968, 2 vols.; A. Domínguez Ortiz, “La ‘Historia Arcana’ de Gaspar Caldera de Heredia”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea, 112 (1978), págs. 153-164; J. Aranda Doncel, “Almodóvar del Río en el siglo xviii: el sometimiento al régimen señorial”, en Almodóvar del Río. Estudios Históricos, Córdoba, Ayuntamiento de Almodóvar del Río, 1991, págs. 73-141; J. García Mercadal, Viajes de extranjeros por España y Portugal, vol. III, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1999, págs. 451 y 485; E. Soria Mesa, El cambio inmóvil. Transformaciones y permanencias en una elite de poder (ss. xvi-xviii), Córdoba, Ediciones la Posada del Potro, 2001, págs. 116 y 123-124; F. Fernández de Bethencourt, Historia genealógica y heráldica de la Monarquía española, vol. VII, Sevilla, Fabiola de Publicaciones Hispalenses, 2003, págs. 422 y ss.; Á. Ruiz Gálvez, “La formación del marquesado del Carpio en la Edad Moderna”, en VV. AA., Actas del III Congreso de Historia de Andalucía. Historia Moderna, vol. IV, Córdoba, Obra Social y Cultural de Cajasur, 2003, págs. 290-291.

 

Enrique Soria Mesa

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