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Miguel García de Mora

Biografía

García de Mora, Miguel. Villar de Domingo García (Cuenca), 17.VII.1727 – Vigan (Filipinas), 11.XI.1780. Dominico (OP), evangelizador y obispo.

A los dieciocho o diecinueve años solicitó el hábito en el convento de San Esteban de Salamanca. Cumplido el año de noviciado y emitida la profesión religiosa, comenzó sus estudios de Artes en el mismo convento. Comprobado su ingenio y lo que de él podía esperarse, los superiores de San Esteban le aplicaron para el colegio Cayetano, lugar de dedicación plena al estudio. El 27 de marzo de 1749 fue elegido colegial del colegio Cayetano; estaba entonces en primero de Teología. Allí concluyó su formación teológica.

Recién ordenado sacerdote, se inscribió para la expedición de dominicos que se preparaba para Filipinas. Reunidos los treinta y siete religiosos de la expedición en Puerto Real, tuvieron que volver a Cádiz, donde esperaron desde mayo de 1750 hasta el 24 de marzo del año siguiente. Llegados a México, vio cómo sus compañeros prosiguieron viaje el 25 de abril de 1752, mientras él debía esperar hasta el año siguiente en San Jacinto. Finalmente, se embarcó en Acapulco el 2 de abril de 1753 en el patache Rosario.

Llegó a Manila el 13 de septiembre.

En Manila le confiaron varios oficios en el convento de Santo Domingo, al tiempo que se le nombraba “catedrático de Artes en la Universidad de Santo Tomás”.

Para poder cumplir con todas estas tareas hubo de residir en el convento de Santo Domingo entre 1753 y 1757. A continuación (1757-1759), fue asignado a la provincia de Cagayán y ejerció el cargo de vicario de la casa de Malaueg. Después de esta corta estancia en territorios de misión, fue llamado nuevamente por la Universidad para ocupar, primero, la cátedra de Filosofía (1759-1763), posteriormente la de Prima de Teología (1763-1765), y finalmente los cargos de rector, cancelario y regente de estudios (1765-1767).

En reconocimiento a su tarea, en 1766 se le otorgó el grado de maestro en Teología, pero ya no le sirvió para ejercer la docencia. Ese mismo año le comunicaron su elección episcopal para la diócesis de Nueva Segovia. Aceptado el nombramiento, fue presentado al Papa durante el mes de junio de 1768 y preconizado en el Consistorio del 19 de septiembre de ese mismo año. Un mes más tarde se recibieron sus bulas en el Consejo de Indias, y con la misma fecha (19 de octubre de 1768) se le remitieron, junto con las ejecutoriales, que recibiría en Manila al año siguiente. Fue consagrado obispo por el arzobispo de Manila, Basilio Sancho, en la iglesia de Santo Domingo el 26 de noviembre de 1769, cuando hacía ya un año que gobernaba la diócesis.

En 1771, monseñor García tomó parte en el turbulento Sínodo de Manila. En él se puso especial énfasis en la autoridad episcopal para realizar la visita diocesana y para instituir y remover ministros —ya conocidos como párrocos— en la diócesis. La alegría de su elevación como prelado de la diócesis de Nueva Segovia, lugar de especial presencia evangelizadora de los dominicos, quedó pronto empañada, pues a la conclusión del Sínodo quiso poner en práctica en su diócesis esas determinaciones. Para que la situación fuera más llevadera, nombró visitador canónico al provincial de los dominicos, fray Andrés Meléndez.

La prudencia de la elección del provincial chocó frontalmente con la oposición de varios religiosos que pensaban que admitir aquellas decisiones estaba en contra de los privilegios otorgados por los pontífices.

La desobediencia de los dominicos y agustinos obligó al prelado a convocar el Sínodo de Calasio. En vez de conciliar las posturas, el Sínodo encrespó más los ánimos. Por el contenido de muchas de las resoluciones tomadas y por el modo como se hicieron, el Sínodo fue declarado ilegal y nulo, pero mostró la enorme fuerza de los religiosos en Filipinas.

Estos momentos difíciles acontecieron en los primeros años de su mandato. Más tarde se suavizaron las relaciones y, cuando monseñor Miguel García murió lleno de virtudes y méritos (Vigan, 11 de noviembre de 1780), las actas capitulares le dedicaron un bello elogio, diciendo que era un auténtico Crisóstomo en la predicación de la divina palabra, generoso en socorrer con mano generosa y alegre a los pobres que a él acudían.

 

Bibl.: J. Ferrando y J. Fonseca, Historia de los PP. dominicos en las Islas Filipinas y en sus misiones de Japón, China, Tong-Kin y Formosa, Madrid, 1870; H. Ocio, Compendio de la reseña biográfica de los religiosos de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de Predicadores, Manila, 1895; P. Fernández, Dominicos donde nace el sol, Barcelona, Talleres gráficos Yuste, 1958; E. Neira, Misioneros dominicos en el Extremo Oriente 1587-1835, Manila, Life Today Editions, 2000.

 

Miguel Ángel Medina Escudero, OP

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