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Miguel de Benavides y Añoza

Biografía

Benavides y Añoza, Miguel de. Carrión de los Condes (Palencia), 1553 – Manila (Filipinas), 26.VII.1605. Dominico (OP), evangelizador, consejero real y arzobispo de Manila.

Hijo de labradores, aunque con cierta solvencia económica, fue enviado a estudiar a Valladolid. A los quince años tomó el hábito en el convento de San Pablo e inició, en septiembre de 1569, los tres años del estudio de Artes. Concluidos éstos, se suponía el inicio de los de Teología, pero las evidentes muestras de ingenio del joven llevaron a los superiores a incluirlo, el 18 de septiembre de 1572, en el colegio de San Gregorio de Valladolid: durante ocho años completará su formación intelectual con conocimientos filosófico-teológicos, patrísticos y jurídicos, bajo la guía de eminentes maestros. En 1578 fue ordenado sacerdote, pero continuó dos años más en San Gregorio.

Concluida la etapa formativa, fue nombrado lector de Artes en San Pablo; posteriormente enseñó Teología en Santo Tomás de Ávila, Santa Cruz de Carboneras y San Pablo de Valladolid, donde le encontrará fray Juan Crisóstomo en 1585. Animado por la empresa de evangelizar Filipinas y China y de vivir el rigor de vida que se le proponía, abandonó su cátedra y se alistó para la aventura: el 17 de julio de 1586 embarcó en Cádiz y el 29 de septiembre entró en Veracruz. Después de un tiempo en el convento de Santo Domingo de México, donde ejerció como enfermero de sus hermanos de viaje, se hizo nuevamente a la mar el 5 de abril de 1587. En Acapulco comenzó la última etapa de un viaje que concluyó el 25 de julio en Manila.

Mientras el resto de hermanos de la expedición se dispersaron por Luzón, a fray Miguel le encargaron la evangelización de los chinos que habitaban el Parián de Manila. Gracias al contacto cercano y al deseo de aprender, en poco tiempo, fue capaz de predicar, confesar en chino y hasta escribir la primera Doctrina cristiana en letra y lengua china. En el Parián inició un modelo de metodología evangelizadora focalizada en la iglesia, el hospital, la escuela y una imprenta, sedes de las tres dimensiones de su obra: predicación, caridad y enseñanza (Benavides y Cobo, 1588-1590).

Después de dos años entre los chinos de Manila, parecía llegado el momento de intentar la evangelización del Imperio chino. El 22 de mayo de 1590, fray Miguel de Benavides y fray Juan de Castro viajaron a China. Descubiertos por la vigilancia costera, fueron encarcelados y juzgados. Finalmente, después de varios procesos judiciales en los que fray Miguel demostró su conocimiento de la lengua, fueron expulsados con la condición de que si volvían serían condenados a muerte. Vuelto a Manila hacia el mes de marzo de 1591, fray Miguel no tardó en volver a viajar. Las discrepancias entre el obispo Salazar y el gobernador Pérez Dasmariñas obligaron al primero a venir a España. Con él viajará Benavides, nombrado procurador ante las Cortes de Madrid y Roma. El 26 de junio embarcaron en Cavite rumbo a Acapulco, adonde llegaron a finales de febrero de 1592. La estancia en México fue larga: primero, porque el obispo debía solucionar varios asuntos con su metropolitano (Manila dependía del arzobispado de México); después, porque Salazar enfermó gravemente.

Finalmente, se embarcaron en la primera década de noviembre y llegaron a España en febreromarzo de 1593.

En la Corte de Madrid encontraron sinsabores y enemistades. Cumpliendo su oficio de procurador, Benavides logró reunir un primer grupo de dominicos, que partió el 21 de julio de 1594, y otro que lo hizo a primeros de junio de 1595. En el entretanto se produjo el fallecimiento de Salazar (el 4 de diciembre de 1594), no sin que antes el prelado le dejara encomendada la tarea de proseguir el proyecto de ambos.

Durante los primeros meses de 1595, fray Miguel presentó varios memoriales. En ellos solicitaba que se dilucidara las cuestiones planteadas por el obispo; se reconocieran los derechos de posesión de los naturales de Filipinas a sus campos y montes anteriores a la llegada de los españoles; aconsejaba que el comercio entre Filipinas y México favoreciera a los españoles de aquellas islas, etc. Entre los memoriales, hubo dos, especialmente polémicos, que motivaron varias Juntas de teólogos y especialistas de la Corte: el primero sobre el modo de gobernar aquellas islas y el derecho para hacerlo en justicia; el segundo retomaba la doctrina lascasiana de la evangelización pacífica, sin soldados que acompañaran a los evangelizadores. Los conocimientos de Benavides comenzaron a ser tan apreciados que pronto se convirtió en consejero real para cuestiones de gobierno político y religioso de aquellas islas.

El 24 de mayo de 1595 fue elegido obispo de Nueva Segovia, pero las Juntas organizadas para estudiar sus memoriales le detienen dos años en España. Finalmente, después de lograr convencer a treinta dominicos para que le acompañaran y comprobaran cómo era aceptado su pensamiento, el nuevo obispo se dirigió hacia su diócesis. En Sevilla embarcó en abril de 1597. En México fue consagrado obispo y, mientras esperaba el galeón, comenzó a negociar la compra de una casa acoger a los dominicos que viajaran a Filipinas: San Jacinto de México.

Por aprovechar los navíos de la armada de Fernando de Castro que viajaba a Filipinas, Benavides y sus dominicos se embarcaron sin aprovisionarse, de modo que tuvieron que alimentarse de lo que lograban pescar.

En mayo de 1598 entraban en Manila. Comunicado con el gobernador Tello el modo de poner en práctica las órdenes reales, para lograr el consentimiento y aceptación de los isleños (Acta de obediencia y vasallaje prestado por los naturales de Pangasinán a los Reyes de España, Magaldán, 21 de marzo de 1599), Benavides se encaminó hacia su diócesis, donde no fueron pocas las tribulaciones que sufrió: unas veces por defender a los naturales de la rapacidad de los alcaldes mayores; otras, porque algunos de los evangelizadores se consideraban dueños de sus curatos y de la doctrina que tenían que enseñar. Las cartas de Benavides al Rey y al Papa hablan de su incansable solicitud por el bien de sus ovejas y en pro de su labor como pastor. El 8 de septiembre de 1601, el Rey le promoverá a arzobispo de Manila. Sus bulas y palio le serán enviados a través de su sucesor en Nueva Segovia: fray Diego de Soria.

Las vicisitudes de su nuevo ministerio pastoral no fueron menores. El 4 de julio de 1603 se hizo cargo de su nueva sede y, de inmediato, se enfrentó a la revuelta de los chinos de Manila. Pero no llegó la paz con la victoria sobre los chinos. El arzobispo chocó con el fuerte carácter de Pedro de Acuña, nuevo gobernador, y con los oficiales de la Audiencia, que le acusaron de inmiscuirse en asuntos de política, porque no toleraba las demasías de estas autoridades o porque criticaba su enriquecimiento mediante la venta de permisos de estancia para los chinos en Manila. También tuvo sus enfrentamientos con las Órdenes, en algunos casos porque necesitaban ciertas reformas; en otros, porque abandonaban las doctrinas sin consideración y, otras veces, porque no actuaban como padres de los naturales.

A pesar de todos estos enfrentamientos, siempre fue considerado como persona virtuosa. Fue famosa su pobreza y generosidad en favor de todos los menesterosos; no mudó el modo de vivir a pesar de ser encumbrado a los más altos honores. Siempre se preocupó de la formación del clero y de la juventud, de ahí que el 24 de julio de 1605 dejara testado que sus bienes fueran usados para levantar un colegio donde la juventud pudiera formarse (en 1647, el colegio fue reconocido como Universidad de Santo Tomás). Dos días después (el 26 de julio) falleció en Manila. Varios autores concuerdan en que su cadáver (originalmente sepultado en la catedral de Manila) fue encontrado incorrupto después de siete años, al ser trasladado a la iglesia de Santo Domingo. Fue admirado por las autoridades más altas por su espiritualidad, dignidad, virtudes y sabiduría.

 

Obras de ~: con J. Cobo, Doctrina Christiana en letra y lengua china, compuesta por los padres ministros de los sangleyes de la Orden de Sancto Domingo, impresa xilográficamente en el Parián (Filipinas), entre 1588 y 1590; Parecer de fray Miguel de Benavides [...] sobre el repartimiento que se hace en las Indias de los indios para sementeras y minas y obras y otras cosas, Madrid, 1596; Relación de Don Fray Miguel de Benavides [...] del estado de la fe de su Obispado, y de la maravillosa conversión a la mesma de aquellas Provincias [...] a nuestro Santísimo Padre Clemente VIII, Valencia, 1601; Memorial sobre la conveniencia y derecho de que los príncipes filipinos conserven sus dominios y autoridad como gozaban de ellos antes de la llegada de los españoles, reservando en el rey de España el dominio imperial, s. l., s. f.; Memorial sobre la inconveniencia práctica de la visita episcopal a los religiosos, s. l., s. f.; Relación que hace el Padre fray Miguel de Benavides de cuatro casos de que se avisa a la Inquisición, s. l., s. f.; Ynstrucción para el govierno de las Felipinas, y de cómo los an de regir y governar: Tratado primero. Donde se examina si Su Magestad del Rey nuestro señor puede llevar tributos de los ynfieles de las Philipinas, y quándo y cómo los podrá llevar, s. l., s. f. (Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 3204); Tratado segundo. De la preparación evangélica y de el modo de predicar el Sancto Evangelio, s. l., s. f. (Archivo de la Provincia del Rosario, secc. Tratados, 7).

 

Bibl.: J. López, Quinta parte de la Historia general de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores, Valladolid, Juan de Rueda, 1621; D. de Aduarte, Historia de la Provincia del Santo Rosario de la Orden de Predicadores en Filipinas, Japón y China, Manila, 1640 (reimp. vol. I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1962); J. Peguero, Historia en compendio de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas de la Orden de Predicadores, Archivo Provincial de Nuestra Señora del Rosario (Ávila), ms. 1691; G. Tembleque, Vida del Illmo. Fr. Miguel de Benavides, Manila, Real Colegio de Santo Tomás, 1891; H. Ocio, Compendio de la reseña biográfica de los religiosos de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de Predicadores, Manila, Real Colegio de Santo Tomás, 1895; G. Arriaga y M. Hoyos, Historia del Colegio de San Gregorio de Valladolid, vol. II, Valladolid, Cuesta, 1930; M. Velasco, Biobibliografía de los religiosos de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de Predicadores, vol. I, Manila, Real Colegio de Santo Tomás, 1950; P. Fernández, Dominicos donde nace el sol, Barcelona, Talleres gráficos Yuste, 1958; M. González Pola, Episcopologio dominicano de Filipinas, Madrid, 1992; E. Neira, Misioneros dominicos en el Extremo Oriente 1587-1835, Manila, Life Today Editions, 2000.

 

Miguel Ángel Medina, OP

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