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Martín Vázquez de Arce

Biografía

Vázquez de Arce, Martín. ¿Sigüenza? (Guadalajara), 1461 – Vega de Granada (Granada), 1486. Militar comendador de la Orden de Santiago.

La figura de Martín Vázquez de Arce tiene dos dimensiones muy bien definidas. Una es la del propio personaje, como militar, comendador de la Orden de Santiago, miembro del séquito del duque del Infantado en Guadalajara, y participante en la guerra de Granada, en la que muere en una acción tenida por heroica. La otra es su imagen, la estatua de bulto que talló ignoto autor, por mandado de su hermano el eclesiástico Fernando Vázquez de Arce, y que se colocó años después de su muerte en la capilla de San Juan y Santa Catalina de la Catedral de Sigüenza. La belleza y múltiples significados de esa estatua son lo que ha dado póstuma fama a Martín Vázquez de Arce.

Nacido posiblemente en Sigüenza, en el seno de una familia de hidalgos con patrimonio territorial en las tierras del antiguo ducado de Medinaceli y diócesis de Sigüenza. Esta familia disponía de una casa-palacio en una de las plazas altas de la ciudad vieja de Sigüenza.

Sus padres eran Fernando de Arce y Catalina Vázquez de Sosa. Él era comendador de Montijo, de la Orden de Santiago, y oficiaba tanto de mílite como de burócrata, ambas cosas en la Corte de la Casa del Infantado, en Guadalajara. Fernando de Arce fue secretario con el segundo duque del Infantado, y por ello tenía casa en Guadalajara, en la parte baja de la ciudad.

Cuando hizo su testamento (que data de 1497), dice ser él y su mujer “vezinos de Sigüenza”, un año después de morir su hijo, aunque su testamento lo redactó y dictó “en la ciudad de Guadalajara, en una cámara de la casa de dicho comendador...”. El codicilo que lo completó, hecho el 11 de enero de 1504, ya cuando se veía morir, lo redactó en Sigüenza, donde entonces vivía. Sus propiedades estaban todas en la tierra del alto Henares: allí tenían algunas heredades en Palazuelos, en Molino de la Torre, en Mojares y en Horna. También sus “casas de morada” en Sigüenza, y algunas tierras en su término. Martín Vázquez entró desde muy pequeño como paje o “familiar” a ser educado en la casa de los Mendoza, en Guadalajara, en la Corte del primer duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza, siguiendo luego junto a su heredero primogénito, Iñigo López, segundo duque.

Su hermano Fernando Vázquez de Arce, mayor que él, pues debió de nacer hacia 1444, fue prior de la iglesia de Osma y alcanzó finalmente el obispado de Canarias. Hombre muy preparado intelectualmente, mantuvo la unión familiar durante años. También tuvieron una hermana, Mencía Vázquez de Arce, que casó con Diego Bravo de Lagunas, hombre de armas y también hidalgo, con heredades en tierra del ducado de Medinaceli. En este linaje de los Bravo de Lagunas y Arce nacieron varios militares que mostraron su valor en los siglos en que se desarrolló el Imperio.

Martín Vázquez de Arce estuvo casado, no se sabe con quién. Tuvo una hija legítima, llamada Ana de Arce y de Sosa (aunque en algún documento aún se la llama Ana Vázquez de Arce). En 1486, a la muerte de su padre, debía de ser una niña muy pequeña. En octubre de 1505 estaba ya casada. Su marido era “el noble caballero don Pedro de Mendoza”, de la estirpe mendocina que asentó en tierras del Duero, y vivían en el lugar de Coscurita, de la jurisdicción de Almazán. Sus hijos, para poder heredar los bienes de la madre, tuvieron que llamarse de Arce y Mendoza.

La parte más clara de la vida de Vázquez de Arce está en su muerte, pues ocurre en una acción militar desarrollada en la Vega de Granada, durante el verano de 1486. Un dato para conocerla es la leyenda escrita en la pared del fondo de su mausoleo seguntino. Allí se dice: “Martín Vázquez de Arce cavallero de la orden de Sanctiago que mataron los moros socorriendo el muy ilustre señor duque del Infantadgo su señor a cierta gente de jahen a la acequia gorda en la vega de Granada. Cobro en la hora su cuerpo fernando de arce su padre y sepultolo en esta su capilla año MCCCCLXXXVI. Este año se tomaron la cibdad de Loxa, las villas de Yllora, Moclin y Montefrio por cercos en que padre e hijo se hallaron”. Los otros datos los proporcionan los cronistas reales de la época, especialmente Hernando del Pulgar, quien relata con detalle el trance de la rota, que puede resumirse en el hecho de que el duque [del Infantado] con dos escuadrones acudió a la Vega de Granada para cubrir la retaguardia de quienes habían ido ese día a hostigar a los moros. Su columna, de apariencia fuerte, bien formada y disciplinada, no fue atacada. Sin embargo, las gentes de los concejos de Úbeda y Baeza, y del obispo de Jaén, recibieron el ataque por sorpresa de una partida de granadinos que les prepararon una celada. Al ver en peligro a sus compañeros, el duque ordenó acudir en su ayuda. Y los moros se dieron a la fuga, desordenados.

Los alcarreños les perseguían por el camino de Elvira, en dirección a Granada. Al pasar por la Acequia Gorda de la vega, algunos árabes abrieron las compuertas de modo que el agua irrumpió en el campo de batalla, haciendo que muchos castellanos cayeran del caballo, y otros enfangados y sin armas no supieran qué hacer. El desconcierto propició un contraataque de los musulmanes, y en esa ocasión algunos del duque cayeron malheridos sino muertos.

Dice el cronista Alonso de Palencia que aquella tarde perdieron la vida una veintena de hombres del duque, y entre ellos Juan de Bustamante, guerrero de Guadalajara, y el caballero de Santiago Martín Vázquez de Arce, hijo del comendador Fernando de Arce, secretario del duque.

 

Bibl.: J. A. Martínez Gómez-Gordo, El Doncel de Sigüenza, Guadalajara, AACHE Ediciones, 1997; R. de Orueta, La escultura funeraria en España. Provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara., Guadalajara, AACHE Ediciones, 2000, págs. 110-134.

 

Antonio Herrera Casado