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Bernardo Francisco de Mora

Biografía

Mora, Bernardo Francisco de. Porreras, Mallorca (Islas Baleares), 14.X.1614 – Granada, 26.I.1684. Escultor y arquitecto de retablos.

Hijo de Bartolomé Mora y de Francisca de Fuenllana, vio la luz en la villa mallorquina de Porreras en 1614, en un medio familiar que por ahora resulta desconocido, lo mismo que su vocación por el oficio escultórico y su formación durante su infancia y juventud.

Lo cierto es que su trayectoria conocida documentalmente se inició en Baza (Granada) hacia 1640.

Con veintiséis años y —se entiende— ya formado, Bernardo de Mora debió de buscar mejores perspectivas profesionales en la Alta Andalucía, donde se encontraba avecindado su hermano Juan de Mora, cuya esposa era natural de Cazorla (Jaén).

Se enroló entonces en el taller bastetano del escultor Cecilio López, natural de Granada, pero cuya trayectoria profesional transcurrió fundamentalmente en aquella ciudad del norte de la provincia granadina. Desde al menos una década antes, el taller de Cecilio López, avecindado en la calle del Almendro en la demarcación de la parroquia mayor, desarrollaba una producción abundante y continua, en relación con el taller granadino de su cuñado Alonso de Mena y Escalante, el más importante de Andalucía oriental durante toda la primera mitad del siglo xvii. En este taller Bernardo de Mora perfeccionó su oficio en obras tanto de escultura como de retablos y selló su participación en el taller al modo tradicional, esto es, mediante la alianza matrimonial. El 26 de mayo de 1641 casaba con la hija de Cecilio López, Damiana López Criado y Mena (1623-1673), sobrina del citado Alonso de Mena y prima hermana del también escultor Pedro de Mena. Cecilio López debió de apreciar buenas cualidades profesionales y personales en el joven mallorquín, que de este modo estableció un vínculo familiar entre las dos sagas más importantes de la escultura barroca granadina, los Mena y los Mora. El acomodado estatus socio-económico de Cecilio López hizo que en el matrimonio de su hija figurasen como testigos un presbítero y dos escribanos.

Aquí entró en contacto Bernardo de Mora con el medio artístico granadino anterior a Cano, de consolidados talleres apegados a fórmulas tradicionales, como fuera el de Cecilio López, con el que Mora firmó el contrato para la ejecución del retablo mayor del Convento de los dominicos de Baza en 1642 (“de tres cuerpos de alto y encima un trono” con varias imágenes y remate con figuras de Virtudes y la heráldica del mecenas, como documentó Magaña Visbal), y probablemente participaró en el del Convento de San Francisco de la misma ciudad, contratado al año siguiente. Lamentablemente desaparecidas estas obras, no es posible estudiar en ellas los perfiles de su primer estilo, seguramente bajo la disciplina de un taller tan poco evolutivo en lo formal como el de López, quien siempre prefirió la comodidad de lo conocido junto a su cuñado Alonso de Mena al riesgo de propuestas propias y originales.

Hasta 1647, fecha de su probable marcha a Granada, Bernardo de Mora tuvo tres hijos: José, el más afamado escultor de la saga, bautizado el 1 de marzo de 1642; Margarita en 1644; y Raimundo en 1646. En este último año, la muerte en Granada de Alonso de Mena dejó al frente de su amplio y prestigioso taller a su hijo Pedro con tan sólo dieciocho años de edad. Esto abría nuevas expectativas profesionales para Bernardo de Mora, quien no había abandonado su Mallorca natal e iniciado su aventura peninsular para estancarse, por lo que, probablemente requerido por sus parientes los Mena, inició el camino hacia Granada, el lugar de su residencia definitiva. Primero la familia se avecindó en la parroquia del Sagrario (probablemente ya en 1647) y desde octubre del año siguiente arrendaron una casa en la cuesta de los Gomérez (demarcación de la parroquia de Santa Ana). El núcleo familiar se incrementó con el nacimiento de Cecilio en 1649. En fecha indeterminada, la familia se mudó a la inmediata parroquia de San Gil, donde nacieron Bernardo en 1655 (también escultor, fallecido en 1702) y María en 1656, para recalar finalmente en la de San Matías, donde nació el último de sus vástagos escultores, de nombre Diego, en 1658, al que seguiría otra hija más, Faustina, en 1660.

Este período resultó crucial en el desarrollo profesional de Bernardo de Mora. No se conoce con certeza la actividad del padre de los Mora en los inicios de su periplo granadino, pero la crítica señala la preciosa Inmaculada de la parroquia de San José como obra suya anterior al retorno de Alonso Cano a Granada en 1652, imagen que demuestra su solvencia artística en la investigación de los modelos iconográficos y plásticos de Alonso de Mena, pero a la búsqueda de propuestas originales. Su relación con el taller de sus parientes los Mena le permitió recibir de lleno el impacto estético que representó la vuelta a Granada de Cano, con el que de inmediato colaboró Pedro de Mena. Su taller fue centro de difusión de las enseñanzas del genial Racionero.

En 1658 Mena le traspasó el encargo de un Ecce- Homo para la Capilla Real, donde profundizó en una temática tan de la plástica granadina como la del Ecce- Homo de busto. Sin proponérselo, alcanzaba entonces Bernardo de Mora la primacía de la escultura granadina, ausentes Cano (en la Corte entre 1657 y 1660) y Mena (avecindado desde 1658 en Málaga, aunque manteniendo sólidos lazos con Granada). Poco después, en 1662, retornaba a la parroquia de San Gil, a la calle de Cuchilleros (hoy plaza del mismo nombre).

Se evidencia no sólo el acceso a un nuevo horizonte estético sino su plena inserción en los circuitos de relación social y artística granadinos, lo que le permitiría acceder a nuevos encargos y propiciaría la prosperidad del taller familiar. Entre esos encargos se encuentra la traza para el retablo mayor de la iglesia de las Angustias (hoy en la parroquia de Santa María de la Alhambra), que diseñó (quizás con el auxilio de su hijo José) en 1665 y ejecutó Juan López de Almagro entre 1667 y 1671. Este diseño, cuyo cobro no percibiría hasta 1667 previa reclamación judicial, avala su capacitación para la retablística, desarrollada en el taller bastetano de Cecilio López pero también el influjo canesco en muchas de sus opciones decorativas y rasgos estructurales (movimiento del entablamento, monumentalidad de soportes y ático tripartito), marcando el nuevo rumbo del retablo granadino en la segunda mitad del Seiscientos. A esto se une la decoración escultórica de la fachada del mismo templo, incluyendo el grupo de la Piedad, realizado junto a su hijo José entre 1665 y 1666 por 24.000 reales, esculturas todas ellas en mármol que revelan su versatilidad profesional en campos tan diversos como la escultura monumental en piedra, la imaginería devocional en madera policromada o el diseño de arquitectura de retablos, al tiempo que documentan por vez primera la colaboración familiar.

Es el momento de la consolidación del taller familiar, aunque existen pocas obras documentadas de Bernardo de Mora. En la década de 1670 se incorporarían al trabajo del taller sus hijos Bernardo y Diego, al filo de la veintena de años, al tiempo que José comenzaba a frecuentar la Corte desde 1666, trabajando en un principio junto a un discípulo de Cano, Herrera Barnuevo.

En febrero de 1670, Bernardo de Mora y su familia se mudaban a unas casas “principales” en la parroquia albaicinera de San Miguel, frente al Convento de Santa Isabel la Real. En el contrato de arrendamiento, renovado en 1673, se comprometía a no practicar su oficio “en ninguna sala ni cuarto alto, sino en tierra firme”, así como a mantener cuidados el huerto y jardín de la casa. Finalmente la finca pasaría a ser de su propiedad en fecha que se desconoce.

Los padrones parroquiales revelan el devenir de la saga hasta la muerte de Bernardo de Mora en 1684.

José de Mora estuvo ausente entre 1674 y 1679 y parece que se emancipó de modo definitivo en 1683. En 1673 se produjo la muerte de su esposa, lo que quizás marca la presencia en 1674 de su hija Margarita, junto con su marido y un hijo, así como la incorporación de un ama de llaves, Ana de Soto, en 1681, futura esposa de su hijo Diego. Aunque pujante el taller, en la década de 1670, Bernardo sufrió dos dolorosas pérdidas: la de su hijo Cecilio en 1671 (con tan sólo veintidós años de edad) y la ya reseñada de su esposa, enterrada el 5 de marzo de 1673. Esto debió de perjudicar el equilibrio familiar, minándolo poco a poco, hasta desembocar en abierta ruptura casi una década después.

Pero también fue época de éxitos familiares. Su hijo José realizó, entre febrero y julio de 1671, la famosa Virgen de los Dolores o de la Soledad de San Felipe Neri (hoy en la parroquia de Santa Ana de Granada) y en noviembre de 1672 recibió el nombramiento como escultor del Rey, iniciando una etapa de frenética actividad, aunque probablemente emancipado del taller familiar.

En éste, entre tanto, no cesó la actividad creadora. Antes de la muerte de su esposa, en 1672, Bernardo de Mora había realizado un San Bartolomé para el arzobispo de Granada, Diego Escolano. No se interrumpió en su viudez su producción, que se encontraba en un período de acertadas creaciones, como el San Miguel de su ermita en el Cerro del Aceituno (1675) y el San Juan de Dios de su basílica granadina (hacia 1679), que cualifican el oficio de un veterano escultor, que aún supo madurar su arte al contacto con Alonso Cano e incluso con la personal evolución de su hijo José, como acreditan las ensimismadas cabezas de estas figuras.

Aún le aguardaba un amargo trance familiar antes de morir: el matrimonio en secreto de su hijo Diego con la referida ama de llaves Ana de Soto, en octubre de 1682.

El expediente matrimonial instruido deja bien clara la oposición de la familia a este enlace, aunque las aguas debieron de volver pronto a su cauce, quedando desgajado del clan familiar su hijo José. No se conocen obras tardías, amén de las ya citadas, quizás por falta de energías del veterano artista, casi septuagenario. Asistido en sus últimos días por sus hijos Bernardo y Diego, Bernardo de Mora el Viejo falleció el 26 de enero de 1684, siendo enterrado en el vecino Convento de Santa Isabel la Real. Su dilatada trayectoria artística, marcada por un permanente deseo de superación y por el aplauso popular de sus obras, dejó como herederos a tres hijos escultores: José (fallecido en 1724), Bernardo de Mora el Joven (muerto en 1702) y Diego (cuya vida alcanzó hasta 1729). Le sobrevivió también su hija Margarita.

Dejaba abundantes bienes, conocidos por un testamento posterior de Diego de Mora (1698), entre los que se incluían dos casas principales junto a Santa Isabel la Real, en las que habitaba el escultor mallorquín, y que heredaron sus hijos Bernardo y Diego, así como cierto caudal, repartido entre sus hijos, de los que a los citados correspondieron 1000 reales y a José 3000.

Pese a la disgregación familiar, la cohesión estilística del taller de los Mora es fuerte, bajo la sugestión de José. Probablemente a este escasamente conocido trabajo de taller correspondan numerosas obras anónimas granadinas de finales del siglo xvii y principios del siguiente.

En este sentido, cabe apuntar la correlación formal con José que presentaban las únicas esculturas conocidas hasta ahora de su hermano Bernardo, una Virgen de la Asunción, un San Pedro y un San Pablo, contratados en 1701 para el retablo mayor de la abadía de Alcalá la Real (Jaén) y destruidas en 1936. Cabe sospechar incluso que se persista en algún error de atribución habida cuenta la homonimia de este escultor con su padre. Bernardo de Mora el Viejo, por tanto, atesora una larga carrera profesional, fuertemente imbuida del espíritu de su tiempo tanto en parámetros formales e ideológicos cuanto en la práctica del arte en la organización de taller.

Obras de ~: Inmaculada, iglesia de San José, Granada, c. 1650; Ecce-Homo, Capilla Real, Granada, 1659; Diseño de retablo mayor, iglesia de Santa María de la Alhambra, Granada, 1665; Piedad, iglesia de las Angustias, Granada, 1665-1666; San Miguel, ermita de San Miguel, Granada, 1675; San Juan de Dios, basílica de San Juan de Dios, Granada, 1679; San Rafael, basílica de San Juan de Dios, Granada, c. 1679; Virgen niña, basílica de San Juan de Dios, Granada, c. 1679.

 

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Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz

 

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