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Atanasio Torres y Martín

Biografía

Torres y Martín, Atanasio. Fuentepelayo (Segovia), 1.V.1863 – Segovia, 11.VIII.1928. General de Artillería, balístico.

Fueron sus padres Atanasio Torres y Pérez y Petra Martín de Frutos, que falleció a las pocas horas del parto. Ingresó como cadete en la Academia de Artillería el 1 de septiembre de 1881 y finalizó sus estudios el 25 de agosto de 1885, distinguiéndose ya por su aplicación, obteniendo el número 5 de su promoción, la 164 del Cuerpo de Artillería. Leía y traducía el francés y el italiano.

Como teniente pasó por distintas guarniciones del norte de España y África. Ascendió a capitán de Artillería en 1891 y fue destinado al 5.º Batallón de Artillería de Plaza de guarnición en Pamplona. En 1892 contrajo matrimonio con María de los Dolores Chacón y Oquendo con la que tuvo once hijos. En enero de 1895 fue destinado al 3.er Regimiento montado de guarnición en Burgos. En febrero de 1896 pasó destinado a la Isla de Cuba, formando parte del 5.º Regimiento de montaña de nueva creación en Barcelona, donde embarcó el 6 de marzo en el vapor correo Reina María Cristina, transbordó en Cádiz al vapor correo Ciudad de Cádiz formando parte de las baterías expedicionarias y desembarcó en La Habana el 25 de marzo. A los pocos días de su llegada, el 19 de abril, entró en operaciones en la línea de Mariel a Majana. Ese mismo mes pasó con su batería al 4.º Regimiento de montaña donde continuó de operaciones en la citada línea militar ocupando con una sección el puesto del Cayado y posteriormente el del Portazgo en el que tomó parte en la defensa del poblado de artillería bombardeado por las fuerzas del cabecilla Maceo. El 24 de octubre, encomendado por el teniente coronel Salvador Díaz Ordóñez (reputado diseñador de material de artillería), se trasladó a La Habana, donde se puso bajo su mando la 4.ª batería de carácter experimental, con el nuevo cañón de acero Krupp de tiro rápido de 7,5 cm, que debía sustituir al anticuado obús de montaña de acero modelo Plasencia. El capitán Torres trabajó en la organización de la unidad, fijando los datos, tablas e instrucciones para el nuevo material en plena campaña mostrando, ya en esta ocasión, su gran preparación científica y militar. A pesar de los muchos intentos, este cañón, denominado “de montaña” por la casa Krupp, no pudo emplearse de ese modo puesto que se desmontaba en cuatro cargas de las que una de ellas, la cureña, era demasiado pesada, voluminosa y con el centro de gravedad demasiado alto como para ser cargada sobre un mulo, además los bastes que llegaron con el material no eran adecuados para la sujeción de las cargas ni se adaptaban bien a los semovientes, por lo que hubieron de ser modificados en la Maestranza de La Habana. El material adquirido se empleó finalmente para proteger fortificaciones de campaña y formando baterías ligeras rodadas mediante una sencilla reforma con lo que la artillería de montaña en Cuba siguió empleando el material Plasencia. El capitán Torres escribió y envió un artículo, fruto de sus experiencias sobre el cañón Krupp, al Memorial de Artillería que fue publicado en 1897. Terminadas las experiencias y organizada la unidad, el 4 de diciembre marchó a operaciones con una batería compuesta por una sección Krupp y otra sección Plasencia formando parte de la columna del general Figueroa. Enseguida asistió al fuego habido en las lomas de Morales, Lomas del Volcán, Babiney, Colorado, Plátano y Nazareno. El 21 embarcó con una sección para Manzanillo formando parte de la columna del general Hernández Ferrer operando por la jurisdicción de Manzanillo a Bayamo hasta finalizar el año y continuó a principios del año 1897 protegiendo diferentes convoyes. Tomó parte en los combates de Giguani, Güira, Canto, Ciénaga de Jacaibama y en el de la Sabana Barranca contra fuerzas del Cabecilla Raley, en el de Potrillo de la Villega conduciendo un convoy y finalmente en el de Babatuaba contra fuerzas del Cabecilla Capote. Pasó a continuación a la columna del general Rey llevando a cabo conducción de convoyes, tomó parte en la acción del Canto y en el fuego sostenido sobre el enemigo en la Sabana de Barracas, tiroteo de Chapala, en la ciénaga de Jacaibama y acción del paso del río Buey. Cooperó en la liberación del sitio de Giguaní contra las fuerzas combinadas de los cabecillas Calixto García, Raley y Cebracos y a las acciones de Jacaibama. Embarcó en el vapor Argonauta trasladándose a Ciego de Ávila en la línea militar de Júcaro a Morón donde siguió prestando servicios hasta el 1 de mayo en que formando parte de la columna del general Ruiz operó por la jurisdicción de Sancti-Espíritus asistiendo al combate de la Reforma contra fuerzas de Máximo Gómez, al de Fuayo, al del Potrero Pelayo, Potrero Trilladero y en la Reforma. En estos seis meses de operaciones la sección Krupp tiró treinta y ocho granadas ordinarias y setenta proyectiles shrapnel. Posteriormente, ante el éxito de las operaciones, embarcó con su sección en el vapor Purísima Concepción, regresando a La Habana el 1 de julio. Allí, tras la disolución y liquidación de la Brigada Mixta de Artillería, pasó destinado al 4.º regimiento de montaña haciéndose cargo de la batería de doma, alimentación y depósito. Con esta unidad asistió a los sucesos ocurridos en la capital los días 12 al 16 de enero de 1898, continuó de guarnición, formó parte del tribunal de exámenes para ingreso de aspirantes en la Academia de Artillería que tuvieron lugar en mayo, y desde el 22 de abril al 13 de agosto sufrió el bloqueo por los norteamericanos y hubo de asistir los días 11 y 12 a contener la rebelión y el desarme del batallón de orden público.

Por sus servicios en Cuba recibió la Cruz Roja del Mérito Militar de primera clase por su comportamiento en los combates del Plátano el 7 de diciembre de 1896, la Cruz Roja del Mérito Militar pensionada por el combate de Babatuaba el 5 de julio, la Cruz de María Cristina de primera clase por los servicios prestados en la campaña hasta el 20 de junio de 1897 y la Cruz Roja del Mérito Militar de primera clase por sus servicios al sofocar la rebelión del Batallón de orden público en agosto de 1898 y la Cruz de la Campaña de Cuba. En su hoja de servicios consta en su nota de concepto, valor reconocido.

Tras vivir los días amargos de la repatriación regresó a la Península en marzo de 1898 embarcando en el vapor Montevideo y desembarcando en Málaga donde tras licenciar al personal de tropa de su batería marchó a Barcelona donde se encontraba la plana mayor de su regimiento con objeto de rendir cuentas. Desde finales de diciembre disfrutó de licencia como repatriado y el 2 de marzo de 1899 fue destinado como profesor a la Academia de Artillería en Segovia. En este centro de enseñanza, en el que permaneció casi catorce años, llevó a cabo una fecunda actividad docente como profesor de Cálculo, Mecánica, Balística e Industria Militar. Tuvo predilección y destacó por el enorme desarrollo que dio al estudio de la Balística, que habían iniciado sus predecesores el general Diego Ollero Carmona y el teniente coronel Onofre Mata y Maneja, de los que obtuvo su estima y especial amistad. En el general Torres concurrían condiciones excepcionales para la enseñanza y resultó proverbial su método didáctico sencillo y claro que le hicieron pasar como uno de los mejores profesores de la Academia. En 1903 recibió la Cruz blanca del Mérito Militar de 1.ª Clase pensionada con pasador de profesorado y la Medalla de Alfonso XIII.

En noviembre de 1904 ascendió a comandante de Artillería continuando en la Academia durante todo el empleo, tiempo que dedicó a la preparación de su obra Balística Exterior, y en noviembre de 1911 a teniente coronel de Artillería continuando en comisión de servicio en la Academia. En 1912 se le concedieron dos cruces blancas del Mérito Militar de 2.ª clase con pasador de profesorado y se publicó la primera edición de su Balística Exterior al tiempo que se declaró libro de texto en la Academia de Artillería y por la que, en 1913, recibió la Cruz blanca del Mérito Militar de 2.ª Clase pensionada.

Destinado como jefe de labores de la Fábrica Nacional de Toledo pasó allí el resto de su empleo de teniente coronel donde unificó los procedimientos de fabricación de la cartuchería del fusil Mauser y participó en una comisión para lograr que todas las materias primas empleadas en su fabricación fuesen españolas, en 1917 se le concedió la Cruz blanca del Mérito Militar de 2.ª Clase con pasador de industria militar.

En 1919 ascendió a coronel de Artillería y tras una breve estancia en la Comandancia de Artillería de Ferrol pasó destinado como director del Parque de Artillería de Segovia, cargo al que se añadió en 1921 la dirección de la recién creada Escuela de Automovilismo de Artillería afecta al Parque. En octubre de 1924 fue destinado a mandar el 6.º Regimiento de Artillería pesado en Murcia cargo que ejerció poco tiempo puesto que en febrero de 1925 ascendió a general de brigada.

Destinado como jefe de la Brigada de Artillería de la V Región Militar, en Zaragoza, asistió al doloroso trance de la primera disolución del Cuerpo de Artillería (tercera de la historia del Cuerpo que aún habría de sufrir otra en 1929) por Primo de Rivera (debido a la negativa de esta corporación a aceptar que se abriese la escala del cuerpo a cualquier ascenso que no fuese por rigurosa antigüedad) mediante el Real Decreto del día 5 de septiembre de 1926 por el cual quedaban suspensos de empleo, sueldo, uso de armas y uniforme, derecho de obediencia militar y aun a presentarse en sus cuarteles y lugares de servicio, todos los oficiales de Artillería de la Escala Activa. Los artilleros de Zaragoza se encerraron en el cuartel, dispuestos, cuando menos, a señalar mediante su actitud, una protesta contra aquella disposición de la dictadura; no quisieron hacer más: renunciaron a la adhesión que les ofrecía su tropa, acabado de leer ante esta por un jefe el Real Decreto y, en él, la orden de negación de obediencia. A mitad de aquella mañana, se presentó en la Capitanía General el brigadier de Artillería Torres, comandante general de las fuerzas de su Arma en la Quinta Región Militar, al cual, por su generalato, ya no alcanzaba el Real Decreto, y dijo al capitán general de Aragón: “Mi general: recabo la responsabilidad de la conducta de todos los oficiales de artillería que están al mando mío; todo lo que hacen es cumplir mis órdenes”. No era cierto porque el brigadier Torres no había dado tales órdenes; aunque sí lo era porque todo el Cuerpo de Artillería, de todo empleo, tenía en el mismo minuto un mismo pensamiento y una misma decisión. El capitán general, resuelto ya a obedecer el Real Decreto de la víspera, aplicó mecánicamente la ley militar, era lógico dentro de ese criterio, y mandó al brigadier arrestado a la Aljafería con los demás jefes y oficiales artilleros que habían resistido unas horas las órdenes de la dictadura. Posteriormente el día 20 del mismo mes se decretó su pase a la reserva junto con otros ocho generales de artillería.

El general Torres no volvió a incorporarse al Cuerpo al suprimir el general Primo de Rivera varias vacantes de general de Artillería; sin embargo, no perdió su entusiasmo y amor a su profesión, sino que alentado por otros dos eminentes balísticos y profesores de la Academia, el teniente coronel José Sánchez Gutiérrez y el comandante José Rojas Feigenspan revisó y amplió su obra Balística Exterior.

El 16 de abril de 1928 la Junta Facultativa de Artillería concedió al general Torres el premio Daoíz correspondiente al quinquenio 1924-1928: “Por las valiosas manifestaciones de su talento y laboriosidad que resaltan en su magistral obra de Balística Exterior que en reciente edición ha puesto al autor a la altura de los modernos adelantos en tan importante ramo de los conocimientos artilleros”. El premio Daoíz, que todavía subsiste, se instituyó en 1908 por Francisco Villalón Daoíz, vizconde del Parque con el propósito de honrar la memoria de su glorioso antepasado; consiste en un sable de honor que se concede cada cinco años al jefe u oficial de artillería que se hubiese distinguido bien por sus inventos o estudios, o bien por la suma de sus trabajos y servicios de carácter profesional. En condiciones normales el premio se entregaba en un acto solemne pero ese año, debido a la confusión y desorden que reinaba en el Cuerpo desde su tercera disolución de 1926, se impidió toda celebración y el agraciado recibió su sable de honor con su estuche por correo. El sable de honor, junto a los apuntes manuscritos de su Balística se encuentran depositados en el museo de la Academia de Artillería de Segovia.

La obra Balística Exterior se compone de dos partes, una primera denominada Balística Racional, y una segunda compuesta por dos libros, el primero “Estudio, preparación y ejecución del lanzamiento de proyectiles” y el segundo “Estudio de punterías, tablas de tiro y de corrección”. En esta obra se incluyen todo tipo de novedades en este campo introducidas durante la Primera Guerra Mundial como son la aplicación de la teoría del cálculo de probabilidades al tiro, cálculo de tablas de tiro, introducción de correcciones en el cálculo de trayectorias debido a las variaciones meteorológicas, teoría y práctica del calibrado y establecimiento del régimen de las piezas, el tiro antiaéreo, el tiro y lanzamiento de bombas desde aeronaves, la aplicación de los goniómetros a la puntería de las piezas y el tiro sin observación. En su obra, el general Torres compendió las doctrinas de célebres balísticos extranjeros como Cranz, Charbonier, Bianchi, Ronea y Bassani, expuso de manera acabada el método de Siacci con las teorías complementarias de Parodi sin olvidar los estudios de Vallier y de los españoles La Llave, Ollero y Mata.

El general Vigón, normalmente parco en adjetivos, en su Historia de la Artillería Española lo carga de elogios; por un lado, dice de él: “espejo de modestia, de saber, de bondadosa energía y de integridad moral”, y más adelante “bueno, sabio, valiente. Profesor en Segovia largos años, compañero incomparable en las horas de desgracia”. Finalmente añade: “El General don Atanasio Torres Martín, que si como balístico muy entendido fue maestro de algunas generaciones de artilleros, como cristiano fiel, como caballero y como soldado sin tacha, adoctrinó con el ejemplo a cuantos tuvieron la suerte de servir a sus órdenes, y fue modelo de energía, de firmeza y de prudencia en el ejercicio del mando en las circunstancias difíciles de la tercera disolución del Cuerpo”.

El general Atanasio Torres Martín murió en Segovia el 11 de agosto de 1928 a los sesenta y cinco años de edad y cuarenta y siete de servicio. Estaba en posesión de la Cruz sencilla y de la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

En Fuentepelayo, el 21 de octubre de 1930 se colocó una lápida en su casa natal que dice: “En esta casa nació el General de Artillería Excmo. Sr. D. Atanasio Torres. Fue modelo de artilleros de caballeros y de cristianos. 1 Mayo 1863 † 11 Agosto 1928”.

 

Obras de ~: Estudio sobre la dinamita y su aplicación a la artillería, Segovia, 1887 (inéd.); “La pieza de 7,5 cm Krupp de tiro rápido en la Campaña de Cuba”, en Memorial de Artillería (MA), Serie IV, t. VIII (1897), págs. 577-595; Balística Exterior, Segovia, Imp. de Félix Rueda, 1912; con J. Sánchez Gutiérrez y J. Rojas Freigenspan, Balística Exterior, Toledo, Imp. de la Academia de Artillería, 1926; “Algo sobre balística exterior”, en MA, Serie IX, t. I (1928), págs. 767-777 y t. II, págs. 5-20; “Conocimientos previos que se estiman indispensables para emprender con fruto el estudio de la balística”, en MA, Serie IX, t. II, (1928), págs. 289-311 y 441-458.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Secc. 1.ª, leg. T-787.

J. Vigón, Historia de la Artillería Española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1947; “Comentario Bibliográfico a la 2.ª Edición de la Balística Exterior”, en Memorial de Artillería (MA), Serie VIII, t. I, pág. 1068; “Reseña del Premio Daoíz correspondiente al quinquenio 1924-1928”, en MA, Serie IX, t. I (1928) [opúsculo de cuatro páginas sin numerar colocado entre las págs. 742 y 743]; “Nota necrológica sobre el General Torres”, en MA, Serie IX, t. I (1928), págs. 421-430; “Comentario bibliográfico a la obra Balística Exterior por el General Torres, Comandante Sánchez Gutiérrez y Capitán Rojas Freigenspan”, en MA, Serie IX, t. II (1928), pág. 431; “Homenaje popular en honor del General Torres”, en MA, Serie X, t. II (1930), págs. 424-427.

 

Ubaldo Martínez-Falero del Pozo