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Fernando Mendoza González

Biografía

Mendoza González, Fernando. Torrecilla en Cameros (La Rioja), 1562 – Cuzco (Perú), 23.I.1617. Jesuita (SI), confesor de los condes de Lemos, obispo de Cuzco (Perú).

Fernando de Mendoza fue un jesuita de vida turbulenta mientras permaneció al lado del poder. Estudió y leyó lecciones en los Colegios de Segovia y Ávila, para continuar su formación en Salamanca, donde se mostró próximo al padre Bautista Carrillo. Al terminar estos años de estudio, pidió las dimisorias, su salida de la Compañía, muy probablemente al no aceptar el lugar donde le enviaba la obediencia. Era a finales de 1591. Aquaviva no consideró suficientes las razones que argumentó Mendoza, al indicar que cuando entró como jesuita no conocía la reservación de casos que existía en la Compañía. Pocos meses después, Aquaviva encomendó al viceprovincial de Castilla que expulsase a Mendoza. No se culminó finalmente.

Cuando se encontraba en el Colegio de León, Mendoza se unió a la corriente de los memorialistas, los cuales defendían que los jesuitas españoles continuasen teniendo más peso específico en el gobierno de la Compañía, después del veto pontificio impuesto a la Congregación general para que eligiese a un superior general español. De hecho, Mendoza envió un memorial a la V, celebrada en 1593, pidiendo que se modificase el período de gobierno del general, eliminándose su condición vitalicia y reduciéndose a seis años, alternándose en el mismo la presencia de un español y de un extranjero, nombrándose además un comisario o superior para las Provincias de España y eligiéndose a los superiores en capítulos correspondientes.

Se oponía, con estas propuestas, a la centralización romana de la Compañía. En su nueva casa, la de Medina del Campo, dio nuevas muestras de desobediencia, considerando su rector, Hernando de La Cerda, que era ingobernable. Aunque entonces fueron expulsados dos jesuitas, a Mendoza se le envió al Colegio de Monforte de Lemos.

Allí conoció a Fernando Ruiz de Castro, conde de Lemos, y a su esposa, Catalina de Zúñiga, hermana del duque de Lerma. Pronto, el jesuita se convirtió en su confesor y hombre de confianza, siguiéndoles primero a Madrid y después a Nápoles, una vez que hubieron sido nombrados virreyes. En aquel territorio ya dio muestras de polémica, una vez más de desobediencia y vida cortesana. Aquaviva mostró mucha paciencia en todo el proceso y conoció muy pronto que a Mendoza le protegía el papa Clemente VIII, el cual impidió constantemente, tanto en Nápoles como después en la corte vallisoletana de Felipe III, cualquier medida de reforma y sometimiento a sus superiores. Así, cuando murió el conde de Lemos, el jesuita regresó a España acompañando a la viuda, hasta establecerse en Valladolid.

Muchos fueron los embrollos políticos, las tensiones y crisis dentro de la Compañía de Jesús, el enfrentamiento entre superiores por causa del padre Fernando Mendoza. Si desde Roma Clemente VIII le amparaba, su nuncio en la corte le arropaba, hasta el punto de que la venganza que urdió Mendoza contra Aquaviva fue plenamente apoyada por el Pontífice. Pretendía que el prepósito general visitase España para asegurar el buen gobierno sobre los jesuitas. Era una vuelta a los argumentos antiguos de los memorialistas.

Aquaviva solamente contó con un breve paréntesis, ocasionado por la muerte del papa Clemente y la elección de un León XI que le apoyó en sus decisiones.

Pero la muerte de este segundo Papa, dieciséis días después, paralizó el proceso. Su sucesor, Pablo V, consideró que el problema pasaba por la cesión de las dos partes: los superiores jesuitas y el padre Mendoza, pensando incluso que este segundo le podía servir en algunas misiones de interés más doméstico. Sin duda, el problema del padre Mendoza se unió al de otros jesuitas, que, por influencia de la corte, llevaban una vida muy alejada del modelo de religioso de la Compañía de Jesús.

Comprobando la complejidad del problema, Pablo V decidió poner tierra de por medio, o mejor agua, nombrándole en 1607 obispo de Cuzco, gesto que recibió el jesuita con cierta desaprobación. Mendoza intentó que el exilio de la corte no fuese tan lejano y que, al menos, fuese obispo de una diócesis española.

Aquella promoción significaba su salida práctica de la Compañía, siendo un ejemplo de exención de aquel precepto que impedía a los jesuitas aceptar una dignidad eclesiástica. Su llegada a Lima se produjo en 1610, tomando posesión de la misma un año después.

Las Indias provocaron el cambio, pues allí se preocupó como prelado, lejos ya de las intrigas cortesanas, de la formación del clero, del desarrollo de un seminario, volviendo a encomendar la dirección a los jesuitas con la oposición del cabildo eclesiástico; realizando visitas a la diócesis; no olvidando el adorno de las iglesias y la dotación del culto de acuerdo al III concilio limense. Aquella reconciliación con la Compañía se escenificó con limosnas, la donación de parte de su librería y el deseo de ser enterrado en la iglesia de los jesuitas de Cuzco. No fue de los obispos que atacó a los regulares por su permanencia en las doctrinas de indios, aunque defendía la adecuada preparación catequética y lingüística de los misioneros.

Antonio Egaña considera que Fernando Mendoza no solamente fue un sujeto indisciplinado, como creía Astrain, sino un “paranoico inconforme” que se mostraba amargado por la negativa de las dimisorias que pidió en su juventud para salir de la Compañía y que Aquaviva no le concedió. Un ambiente tan diferente a la corte napolitana o la vallisoletana, como era su ciudad episcopal de Cuzco, facilitó la transformación de su personalidad y su manera de comportarse.

 

Obras de ~: Tres tratados: De las gracias. De los officios vendibles. De las tratas, Nápoles, por Tarquinio Longo, 1602; Memorial de las cosas universales y particulares que conviene remediar en la Compañía, en la Congregación que se junta en Roma, para su reformación, presentada al Papa y a la Congregación General de Roma, Roma, c. 1605.

 

Bibl.: A. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en su Asistencia de España, t. III, Madrid, Razón y Fe, 1909, págs. 652- 677; E. Lisson Chaves, La Iglesia de España en el Perú, t. IV, Sevilla, Editorial Católica Española, 1946, págs. 643-649 y 659-661; R. Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú (1570-1648), t. II, Burgos, Imprenta Aldecoa, 1959; Historia de la Compañía de Jesús en el Perú, t. I, Burgos, 1963; A. de Egaña, Historia de la Iglesia en la América Española, Hemisferio Sur, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1966, págs. 311-312; J. J. Lozano Navarro, La Compañía de Jesús y el poder en la España de los Austrias, Madrid, Cátedra, 2005.

 

Javier Burrieza Sánchez

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