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Juan Francés de Iribarren Echevarría

Biografía

Francés de Iribarren Echevarría, Juan. Sangüesa (Navarra), 24.III.1699 ant. – Málaga, 2.IX.1767. Compositor, maestro de capilla y organista.

Sin referencias musicales en el entorno familiar y ascendientes, sus padres fueron Juan Francés de Iribarren y Águeda de Echevarría, hijos respectivamente de Juan Francés y Ana de Burdeos, y de Pedro de Echevarría y Águeda de Aguerri. Se desconocen datos sobre su infancia y juventud en su ciudad natal; muy probablemente fuera niño cantor y tempranamente adquiriera habilidad con el órgano, sobre todo habida cuenta de la existencia, en esos tiempos, de buenos ejemplares de este instrumento en diversas iglesias y conventos de la localidad.

Un cambio importante en su vida se produjo en plena adolescencia del futuro maestro, con su partida hacia Madrid. Según su Expediente de Genealogía y Limpieza de sangre, conservado en la catedral de Málaga, varios testigos afirman que “marchó a la corte de Madrid a los catorce o quince años”. A los dieciocho ocupa la plaza prebendada de organista en la catedral de Salamanca, lo cual da idea de su rápido y provechoso aprendizaje en la capital del reino. Aunque se le recibió en su nuevo puesto el 10 de mayo de 1717, su toma de posesión se celebró el 9 de julio del mismo año, ya que tuvo que esperar a que obtuviese la orden de primera tonsura, previa a la sacerdotal. La entrada de Iribarren en Salamanca vino de la mano del compositor de la Corte José de Torres, organista de la Capilla Real. Dos cartas de Torres (una de recomendación y otra de agradecimiento) constan en las Actas Capitulares salmantinas. Durante su estancia en Salamanca, viajaba con cierta periodicidad a Madrid para perfeccionar estudios, muy seguramente en la Capilla Real y con José de Torres ya ejerciendo como maestro.

Durante este tiempo, desde 1717 hasta 1733, año en que ganó la plaza en Málaga, su trabajo no sólo fue de organista, sino, como él mismo declaró, se dedicó a “suplir al maestro Micieces en la composición, por su ancianidad”. Aunque probablemente su trabajo como compositor en Salamanca tuvo que ser muy fecundo, solamente se conservan en la actualidad dieciocho obras en el archivo musical de su catedral.

Las relaciones de Francés de Iribarren con los miembros del Cabildo no fueron siempre las deseables, y, sin informarles previamente, en 1733 abandonó precipitadamente Salamanca para tomar posesión de la plaza de maestro de capilla de la catedral de Málaga, vacante desde un año antes, por el fallecimiento de Francisco Sanz, maestro desde 1684. A las pocas semanas de su muerte empezaron a llegar solicitudes para el puesto. Correspondieron a Manuel Martín Delgado, organista de las Descalzas Reales de Madrid; Miguel Malanco, compositor y organista; Juan Francés de Iribarren, y Juan Manuel de la Puente, maestro en Jaén. Luego de consultar al Prelado y a la Real Cámara, los capitulares malacitanos decidieron no poner edictos y, descartada la oposición “por los muchos gastos que ocasiona”, se leyeron los memoriales de los aspirantes para proceder a la votación y elegir “el sujeto que pareciere de mejor crédito y habilidad”.

Efectuada ésta el 8 de noviembre de 1732, salió elegido Martín Delgado por trece votos de dieciséis, y en segundo lugar, por unanimidad —excepto uno nulo—, Iribarren. El recién nombrado maestro no tuvo tiempo para gozar su cargo, ya que murió en el hospital de Santo Tomé de Málaga el 7 de junio de 1733, sin haber tomado posesión de su prebenda. El Cabildo llamó con prontitud al que había quedado en segundo puesto, en la elección de 1732, Francés de Iribarren. Las pruebas de genealogía y limpieza de sangre se leyeron y aprobaron el 30 de septiembre de 1733, y al día siguiente tomó posesión como racionero.

Francés de Iribarren permaneció en Málaga hasta su muerte. Fueron treinta y cuatro años de servicio a la catedral malagueña que estuvieron jalonados de hechos notables: trabajador incansable, compuso música sin cesar; creó el Archivo de Música (1737), donando toda su producción escrita hasta la fecha y la posterior; reunió una capilla musical sin precedentes en número y calidad; propuso a José Carlos Guerra, poeta de la capilla del Rey, como compositor de las letras de los villancicos a cantar; y sobre todo, generó un repertorio inmenso de obras, en latín y romance, de todo tipo. Su prestigio, reforzado, quedó patente en el ofrecimiento que le hizo la catedral de Valladolid, a la muerte del maestro Algarabel, en 1741, para tenerlo como maestro. El Cabildo malagueño, para que no se marchara y como hiciera en varias ocasiones con otros músicos, le aumentó 100 ducados anuales de renta sobre su prebenda.

El grueso de su producción musical lo compuso en los años que van desde la creación del citado Archivo Musical hasta 1760, año en que, presumiblemente con un Iribarren ya muy envejecido, el Cabildo le liberó de las responsabilidades de la capilla y enseñanza de los seises, proponiendo al tenor prebendado Francisco Piera dicho cometido y cediendo a éste los 100 ducados de aumento concedidos en 1741. Las razones de esta decisión fueron su menguada salud, y fue el propio Iribarren quien aportó los certificados de seis médicos que confirmaron su delicado estado “con peligro de perder la vida”. El 3 de enero de 1761 fue relevado de las “semanerías de Evangelio y Cetro” y se le autorizó el uso de una silla baja en el coro. El 29 de julio de 1761, Francisco Piera quiso dejar la enseñanza de los seises “por la mucha desenvoltura” de éstos, petición que le fue denegada. El 7 de febrero de 1763, sin embargo, se le admitió su propuesta, quedando la capilla y los seises otra vez bajo responsabilidad del anciano Iribarren. El 14 de abril de 1763 otorgó testamento. Su trabajo en la capilla no era satisfactorio, pues en 1764 presentó un memorial quejándose de Piera y manifestando su cansancio por el desorden en el facistol. Iribarren, probablemente para ejercer más presión, escribió directamente a la Cámara Real su carta de renuncia, que fue trasladada al Cabildo el 20 de marzo de 1766. La contestación capitular fue favorable asignándosele una pensión superior a la que el propio Iribarren había pedido. El 14 de abril se hizo efectiva la renuncia, concediéndosele “patitur abierto”, encargándose Fernando Godoy de los seises y los prebendados “por antigüedad”, de “echar el compás” en la capilla. Meses antes de su muerte otorgó dos poderes en la misma escribanía en la que hizo testamento. El primer poder concedía a su hermano Juan, agustino, potestad para administrar todo su patrimonio después de su muerte. El segundo poder era de renuncia a ciertos beneficios que todavía conservaba de las parroquiales unidas de Santiago y San Salvador, de Sangüesa. Murió a las tres de la tarde del 2 de septiembre de 1767, y se le enterró en la catedral al día siguiente.

Francés de Iribarren fue uno de los compositores españoles más prolíficos de la historia. En la catedral de Málaga se encuentra la mayoría de su producción conservada que actualmente contabiliza un total de ochocientas setenta y siete obras, de las que trescientas sesenta son en latín y quinientas diecisiete, en romance.

Si a esto se suma la producción en el resto de archivos en otras localidades, el número asciende a novecientas cuatro. Están fechadas desde 1722 hasta 1766 y la inmensa mayoría se conserva completa y en buen estado de conservación. De encontrar algún día los manuscritos actualmente perdidos de los que hay constancia de haber existido, la cifra total definitiva se elevaría a novecientas setenta y cinco, cerca, pues, del millar. Los manuscritos autógrafos de Iribarren incluyen la partitura completa de la obra en la mayoría de los casos, a la que se acompañan las particellas para voces e instrumentos. Exceptuando una veintena de obras, todas están dotadas de bajo continuo. Como se ha señalado, es llamativo que en el Archivo de Salamanca, donde Iribarren estuvo dieciséis años, sólo se conserven dieciocho obras, cantidad exigua frente a su producción total, por lo que hay que sospechar que se llevó a Málaga buena parte de lo que escribió en la capital salmantina, hecho corroborado por algunas enmiendas a las fechas de composición que se han observado. Su música es en su inmensa mayoría vocal-instrumental. Se dispone de cuatro obras sólo instrumentales, que son oberturas o piezas intercaladas en sus villancicos. Dos oberturas y una tocata (conservadas en Málaga), y una introducción (en Salamanca).

A pesar de ser un maestro conocido y apreciado en su época, pocas obras han tenido difusión fuera de Málaga. La razón puede buscarse en el gran interés y celo que el Cabildo puso, desde el primer momento, en la creación del citado Archivo de Música catedralicio y la custodia de sus obras. Si se analiza someramente el por qué de los lugares donde se encuentran sus obras —localidades españolas y alguna de Hispanoamérica—, se puede simplificar diciendo que, obviamente hay dos áreas de influencia: Salamanca y Málaga. De la primera área —por proximidad geográfica— entrarían las obras conservadas en Guadalupe (Cáceres), Silos (Burgos) y Madrid (enclaves geográficos cercanos a la Corte). De la segunda, las conservadas en Granada en la capilla real y catedral, Osuna y Córdoba. Sobre las piezas que se hallan en los Archivos de Las Palmas y Guatemala capital, tienen su explicación atendiendo a la relación de los virreyes de Nueva España —las actuales México y Guatemala— con Málaga en las figuras del conde de Gálvez y el marqués de la Sonora. Ambos habían nacido en el pueblo malagueño de Macharaviaya y mantenían relaciones con los Cabildos catedralicio y municipal.

Además, el puerto de Las Palmas era paso obligado en las rutas del Nuevo Mundo.

El maestro Francés de Iribarren compuso ininterrumpidamente en Málaga desde los villancicos de Concepción de 1733 hasta los de Navidad de 1760.

A partir de este año, hasta su muerte en 1767, compuso todavía veintiocho obras, y algunas de autoría dudosa. Pero en esos siete años, la producción de villancicos debía ser obligada, con al menos dieciocho al año. Por ello, en el archivo malagueño se conserva una colección de obra en romance de un anónimo “discípulo de Iribarren”. Parece ser que tras esta denominación estaba Jaime Torrens, elegido nuevo maestro de capilla tras el fallecimiento de Iribarren, quien continuó interpretando esporádicamente obras del anterior maestro. El propio Torrens y uno de los músicos malagueños más conocidos, Eduardo Ocón, organista ya en la segunda mitad del siglo xix, revisan, copian y se interesan por algunas obras de Iribarren. Éstas siguieron en los inventarios musicales de la catedral e interpretándose hasta una fecha tan tardía como 1827, pocos años antes de la agonía y muerte de la capilla musical a causa de la política desamortizadora y de otros hechos.

Su estilo musical correspondió al de un prototipo de compositor barroco tardío —en la forma al uso en España, o sea, con influencias italianas—, pero que no ha abandonado nunca la tradición eclesiástica inspirada en las composiciones de los siglos xvi y xvii.

Su producción responde a una gran variedad de estilos compositivos, funciones litúrgicas, formas, texturas y disposiciones vocales e instrumentales. Sus obras más representativas están escritas para seis a ocho voces con instrumentos y bajo continuo. A pesar de su aislamiento —“no he salido de Málaga en más de treinta años”, escribió—, en Iribarren se puede observar una evolución del estilo. Así, mientras en sus primeros años se observa un afán por presentar sus piezas importantes con toda suerte de recursos polifónicos, contrapuntísticos y tímbricamente contrastantes, propios de la estética barroca, y que recuerdan a veces a Haendel, en los años que preceden a su renuncia opta por una mayor simplicidad y por melodías más diáfanas y equilibradas, normales del estilo que, denominado “galante”, fueron pórtico del clasicismo.

De este último, puede considerarse el aria “Qué fina y ansiona”, ya más cercano al clásico Haydn que al barroco músico antes citado.

Para muchos estudiosos e investigadores, la figura de Juan Francés de Iribarren es considerada como imprescindible para el conocimiento profundo de la música española en el siglo xviii, así como su personalidad, valorada como una de las más notables del barroco musical español.

 

Obras de ~: Manuscritas: Misas y Misas de Requiem (21); Oficios de Difuntos y Lecciones (6); Misereres (21); Cántica Nunc dimittis (5); Cántico Magnificat (18); Lamentaciones (25); Secuencias (13); Motetes (115); Responsorios (6); Himnos (25); Salmos (62); Antífonas Regina cæli (9); Antífonas Salve Regina (33); Letanía (1); Invitatorios de Navidad (5); Arias al Santísimo (22); Cantadas a la Concepción (19); Cantadas de Navidad y Reyes (43); Cantadas al Santísimo y Resurrección (53); Villancicos a la Concepción (68); Villancicos de Navidad y Reyes (219); Villancicos al Santísimo y de Resurrección (105); Villancicos de Asunción (2); Villancicos de Circuncisión (2); Villancico de Misa nueva; Villancico a la canonización de San Juan Francisco Regis.

Impresas: “Por aquel horizonte, O quam suavis, Los valles hoy se alegran, Sagrada devoción”, transc. por M. Querol, en Monumentos de la Música Española, t. XXXV, Barcelona, 1973; “A Belén caminad, pastorcillos, A Belén pastorcillos, Las zagalas de Belén, Alados celestiales y Las aves acordes”, transcr. por M. Sánchez, en xviii Century Spanish musica: villancicos of Juan Francés de Iribarren, Pittsburgh, Latin Literary Review Press, 1988; “Stabat Mater”, transc. por J. L. Ansorena, en Da Capo II, Madrid, Arte Tripharia, 1990; “Date ei y Manum suma”, transcr. por D. Preciado, en “Obras desconocidas en los cantorales de Silos”, en Revista de Musicología (RM), XV, Madrid, 1992; “Vexilla regis”, incompleto, en Repertorio I, Confederación española de coros, Madrid, 1992; 5 motetes, 2 secuencias, 14 himnos, 1 responsorio, 1 Salve, 1 Regina Cæli, 1 miserere, 1 aria, 3 cantadas y 5 villancicos, en L. Naranjo, Transcripción de una selección de la obra de Juan Francés de Iribarren, Granada, Centro de Documentación Musical de Andalucía, 1997; en Internet, “Stabat Mater, Jesu dulcis memoria y Vexilla regis” (incompleto), en Choral Public Domain Library (http://www.

cpdl.org).

Grabaciones discográficas: “Stabat Mater, Cantemus Domino y Vamos, pastorcillos”, en Compositores sangüesinos, Coral ‘Nora’ de Sangüesa, director: F. Iriarte. Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Sangüesa, 1993; “Quién nos dirá de una flor y Viendo que Jil hizo raya”, en Más no puede ser. Villancicos y cantatas. Grupo ‘Al ayre español’ de Zaragoza, director E. López Banzo, Deutsche Harmonia Mundi, 1994.

 

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Luis Naranjo Lorenzo.

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