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Ibn Rasiq

Biografía

IBN RAž•Q: Abū Muammad ‘Abd Al-Ramān b. RaŠīq, al-QuŠayrī. ?, p. m. s. XI – ?, f. s. XI. Último soberano de la taifa de Murcia.

Tras la etapa inicial, protagonizada por los eslavos, la taifa de Murcia fue gobernada por dos miembros de la dinastía local de los Banū āhir, el segundo de los cuales fue depuesto y apartado del poder por la voracidad expansiva de la taifa abadí sevillana, en una empresa dirigida por el visir Ibn ‘Ammār. Es en este contexto en el que aparece la figura de Ibn RaŠīq, gobernador de la fortaleza de Bal’ (Vilches o Vélez), situada en el camino que el ejército sevillano tenía que seguir desde Córdoba hacia Murcia.

Ibn ‘Ammār e Ibn RaŠīq se pusieron de acuerdo para apoderarse de Murcia, tomando, en primer lugar, Mula. Entonces, Ibn ‘Ammār regresó a Sevilla, mientras que Ibn RaŠīq tomaba Murcia, encarcelando a Ibn āhir y haciendo proclamar al soberano abadí. Era el año 1079-1080 y Murcia pasaba a formar parte de los territorios de la taifa sevillana, si bien Ibn ‘Ammār pronto comenzó a mostrar veleidades de independencia. Pese al dominio inicial del visir sevillano, Ibn RaŠīq supo hacerse pronto con el dominio de la situación, según narra el emir granadino ‘Abd Allāh en sus célebres memorias, aprovechando para ello la salida de Ibn ‘Ammār de la ciudad en embajada hacia el rey cristiano. En esta situación, Ibn RaŠīq se apoderó por sorpresa de Murcia, tras haberse ganado a sus habitantes, de forma que Ibn ‘Ammār ya no pudo regresar a la ciudad, pasando al servicio de Ibn Hūd de Zaragoza.

A partir de entonces, se inicia el dominio de Ibn RaŠīq sobre la ciudad de Murcia, aunque reconociendo la soberanía eminente de los abadíes, que llegaron a acuñar allí moneda a su nombre, si bien el dominio sevillano siempre fue soportado con reticencias por Ibn RaŠīq quien, como afirma el emir ‘Abd Allāh, se apoyaba en que eran los habitantes de la ciudad los que lo habían elegido. La relación entre ambos experimentó algunos cambios a partir de la toma por Alfonso VI de la plaza fuerte de Aledo, en territorio murciano, situada entre la capital y Lorca. Desde Aledo, los cristianos realizaban correrías e incursiones sobre Lorca y las zonas situadas bajo dominio directo abadí. Según las fuentes árabes, Ibn RaŠīq no sólo no hizo nada por desalojar a los cristianos de Aledo, sino que incluso les daba ayuda, proporcionándoles víveres, ya que de esta forma al-Mu’tamid estaba ocupado con este problema y no podía dedicarse a controlar Murcia.

El problema de Aledo determinó la segunda venida del emir almorávide Yūsuf b. TāŠufīn a la Península. Al-Mu’tamid estaba interesado en recuperar Aledo y poder, así, deponer a Ibn RaŠīq de Murcia, ciudad cuyo gobierno quería confiar a su hijo al-Rāī, para compensarlo por la pérdida de Algeciras. De esta forma, se estableció un pacto entre ambos soberanos, en virtud del cual Ibn TāŠufīn se comprometía a ayudar al abadí a cambio de que los reyes de taifa colaborasen con él. Sin embargo, el asedio de Aledo fue un rotundo fracaso, pues mostró todas las disensiones y enemistades existentes entre los soberanos taifas, debiendo retirarse los musulmanes sin haber logrado recuperar la plaza.

El destino de Ibn RaŠīq se decidió durante el propio asedio, sobre el cual disponemos del relato detallado que suministra el emir ‘Abd Allāh en sus memorias. Antes del mismo, en el año 1086, Ibn RaŠīq había tenido precaución de atraerse el favor del emir almorávide al establecer la proclamación de su nombre en la oración de la aljama murciana, lo cual equivalía al reconocimiento de su soberanía. La intención de Ibn RaŠīq era anular el acuerdo de al-Mu’tamid con Ibn TāŠufīn, para lo cual gastó grandes sumas de dinero, poniendo su confianza en el emir Sīr, quien, según la citada fuente, “lo distinguió con desproporcionados miramientos”. Por su parte, al-Mu’tamid trataba de contrarrestar su actuación, pero finalmente fue Ibn RaŠīq quien llegó a la máxima familiaridad con los almorávides, de forma que “trataba con altanería a Ibn ‘Abbād, daba públicas muestras de rebelión y desvío con respecto a él, y abrazaba el partido del Emir”. Entonces, al-Mu’tamid se dirigió a los alfaquíes, ganándose a Ibn al-Qulay’ī, lo cual hizo cambiar la actitud del emir, quien reprochó a Ibn RaŠīq la actitud de pública rebelión que había mantenido.

Sin embargo, finalmente la balanza se decantó del lado del abadí, ya que el emir almorávide se dio cuenta de los manejos de Ibn RaŠīq, quien seguía abasteciendo a los cristianos durante el asedio, pues creía que si eran echados de Aledo él correría la misma suerte en Murcia. De esta forma, se celebró una junta de alfaquíes que emitieron una fetua o dictamen jurídico por el que se le expulsaba de la comunidad musulmana, debiendo ser entregado a la autoridad. Ibn RaŠīq recurrió al emir, pero este declinó poder ayudarlo bajo el argumento de que sus delitos eran contrarios a la norma islámica. Por ello, ordenó que fuese detenido y entregado a al-Mu’tamid, el cual lo cargó de cadenas y lo afrentó, poniéndolo bajo custodia de su hijo al-Rāī. Seguidamente, el emir almorávide ordenó a los murcianos que reconocieran de nuevo al soberano abadí, a lo cual se negaron, abandonando los contingentes murcianos el campamento de los asediadores y cortando el abastecimiento de víveres procedente de las zonas dependientes de Murcia.

La evolución de la situación en Murcia tras el fracaso de Aledo no es muy clara, debido, en gran medida, a la existencia de contradicciones entre el registro textual y el numismático. Existen monedas acuñadas entre los años 1089 y 1091 a nombre de al-Mu’tamid, mientras que, sin embargo, en los textos que mencionan la situación de Murcia en los momentos previos a la conquista almorávide se indica que Ibn RaŠīq pudo escapar de la prisión y volvió a gobernar en Murcia, donde habría permanecido hasta su muerte, ocurrida después de la caída de la ciudad, en junio de 1091.

Antes de morir, Ibn RaŠīq actuó para los almorávides ayudándoles a apoderarse de Badajoz, gobernada por el afasí al-Mutawakkil. En efecto, el general almorávide Sīr se valió de sus servicios para urdir intrigas con los habitantes de la ciudad y los guardas y soldados que protegían al soberano afasí en su alcazaba, llegando a un acuerdo para que le abrieran sus puertas de noche. De esta forma pudieron sorprender y capturar a al-Mutawakkil y sus hijos, al-Fal y al-’Abbās, quienes fueron ejecutados. Ello sucedió a principios del año 485, que comienza el 12 de febrero de 1092. Con posterioridad a estos hechos, no volvemos a disponer de más noticias respecto a Ibn RaŠīq, ignorándose la fecha exacta de su fallecimiento.

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Alejandro García Sanjuán

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