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Dionís de Portugal

Biografía

Dionís de Portugal. El Trovador. ¿Lisboa? (Portugal), 9.X.1269 – Santarém (Portugal), 7.I.1325. Rey de Portugal, trovador.

Sexto rey de Portugal, nació de la unión de Alfonso III de Portugal y Beatriz de Castilla, hija bastarda de Alfonso X, el 9 de octubre de 1269. Presente en la documentación regia a partir del día 12 de ese mismo mes, fueron sus ayos Lourenço Goncalves Magro y Nuno Martins de Chacim —a quienes recompensó respectivamente con la donación de la villa de Arega y con el cargo de mayordomo mayor, que Nuno Martins de Chacim desempeñó entre 1279 y 1284—, y entre sus preceptores podrían haberse encontrado Aimeric d’Ebrard, que ascendió a obispo de Coimbra, y Domingos Jardo, que fue canciller de Dionís de Portugal y obispo de Évora y de Lisboa.

Recibió pues, una esmerada educación por influencia directa de su padre, de gran cultura francesa, superior a la de cualquier otro rey de la Edad Media portuguesa.

Siendo todavía infante, en 1278 su padre lo dotó de casa propia con su correspondiente cuerpo de vasallos. Muerto Alfonso III el 16 de febrero de 1279, y tras una corta regencia encabezada por su madre, Dionís de Portugal asumió ese mismo año el gobierno del reino hasta 1325, año de su muerte. El 11 de febrero de 1282 se casó en Barcelona con Isabel de Aragón, hija mayor de Pedro III el Grande y de Constança Stauffen (nieta de Federico II de Sicilia), y conocida como la Rainha Santa. De ese matrimonio nació el príncipe don Alfonso, que fue el siguiente rey de Portugal entre 1325 y 1357, aunque el monarca tuvo una vasta prole de hijos ilegítimos, entre los que merecen ser destacados don Alfonso Sánchez y don Pedro, conde de Barcelos. El reinado de Dionís de Portugal estuvo marcado por diversos enfrentamientos en los que la Rainha Santa ejerció una actitud conciliadora.

Por un lado, en los años 1281, 1286 y 1299 tuvo que hacer frente a la rebeldía de su hermano don Alfonso (con pretensiones al trono y defensor de los privilegios señoriales que chocaban con la política de Dionís de Portugal), obligándolo a someterse a su autoridad y a entregarle los señoríos heredados de su padre, lo que finalmente consiguió en 1300. Por otro lado, tuvo que calmar las tensiones con el clero y la Santa Sede (heredadas en gran medida del reinado de su padre, al que habían sido aplicadas severas sanciones), que, tras sucesivas negociaciones, culminaron en 1289 con la publicación de la bula Cum olim por el papa Nicolau IV, y que se vieron favorecidas por Dionís de Portugal con la creación de la Orden de Cristo, de carácter religioso-militar, a la que el monarca entregó las posesiones de la Orden de los Templarios, extinguida en 1312. Pero fueron, sobre todo, los conflictos con la nobleza los que más enturbiaron el mandato de Dionís de Portugal, pues la política centralizadora ejercida por el monarca chocaba con los intereses y privilegios de la nobleza, a cuyos abusos y expansión territorial intentó poner freno con la ordenación de sucesivas inquiriço˜es entre 1284 y 1307, siguiendo la política iniciada por Alfonso II.

Estos enfrentamientos haberían de desembocar en la guerra civil que marca los años finales de su reinado.

En efecto, su mandato, basado en la afirmación del poder regio y en el ejercicio de una política centralizadora, concluyó con la guerra civil que, entre 1319 y 1324, lo enfrentó con su hijo, el infante Alfonso, descontento por los privilegios con que su padre beneficiaba a sus bastardos y, sobre todo, por el favoritismo que mostraba por Alfonso Sánchez, a quien Dionís de Portugal había ayudado con importantes donaciones y concedido el más alto cargo de la curia, el de mayordomo mayor, que desempeñó entre 1312 y 1323. Tras sucesivos conflictos bélicos (en los que la nobleza vio en el infante un aliado para defender sus privilegios, sobre todo en lo tocante al derecho de patronato sobre las iglesias y monasterios), la guerra terminó en 1324 con un acuerdo de paz que, además de beneficiar al infante don Alfonso con diferentes bienes territoriales, determinaba también la expulsión de Portugal del bastardo Alfonso Sánchez, que se retiró a la corte castellana de Alfonso XI y a quien acabaron siéndole confiscados sus bienes.

Otra de las preocupaciones del monarca consistió en la definición de la frontera con Castilla. Por fallecimiento de Sancho IV de Castilla, le sucedió su hijo aún de menor edad, Fernando IV, a quien en 1295 le disputó la corona su tío Juan. Cuando se encontraba en la ciudad de Guarda, le buscó Juan con una petición de auxilio a favor de sus pretensiones, en lo que tuvo éxito. Para romper el acuerdo matrimonial entre su hija Constanza y Fernando IV, el rey portugués alegó que le habían prometido la legitimación del heredero de Castilla a fin de lograr una posición pacífica de este reino. Entendía en este caso Dionís que era más seguro casar a su hija con Juan, hijo del pretendiente su homónimo. El 1 de agosto de 1290, Dionís declaró la guerra a Fernando IV. Para impedir la guerra, el infante don Enrique, tutor de Fernando IV, llegó a Portugal con la intención de entrevistarse con el Rey. Para tal fin se proponía entregar a Portugal las villas y castillos de Serpa y Moura, y aun las villas de Aroche y Aracena. Después de algunas dilaciones, los castellanos entregaron a Dionís en 1295 las villas de Serpa y Moura e incluso el castillo de Noudar. Mientras tanto, la situación interna de Castilla se complicó, por lo que en agosto de 1296 entró Dionís en Ciudad Rodrigo y a continuación en Salamanca. Debido a algunos recelos, decidió en el invierno de ese año volver a Portugal. Al regresar, Dionís se apoderó de la comarca de Ribacoa. En 1297 preparaba Dionís una nueva invasión de Castilla cuando de este reino llegó una embajada con una propuesta de paz. El acuerdo suponía los enlaces de Fernando IV con la infanta doña Constanza y de la infanta doña Beatriz, hermana del rey de Castilla, con el heredero del trono de Portugal, Alfonso. El tratado se firmó en Alcañices el 12 de septiembre de 1297. Dando continuidad al tratado, este monarca se preocupó de la consolidación de la frontera portuguesa, repoblando y reorganizando su estructura defensiva militar. A partir de la disolución de la Orden de los Templarios, supo encontrar argumentos que impidieron que los mismos valores patrimoniales fuesen otorgados a la Orden del Hospital. Justificaron los representantes de Dionís de Portugal en presencia del papa Juan XXII que la incorporación de esos valores patrimoniales sería perjudicial para la Corona y para los súbditos del Rey. Uno de los graves problemas provenía de los ataques musulmanes, cuyas algaradas amenazaban la integridad del territorio.

Proponían al Papa que Castro Marim, plaza fuerte del Algarbe, localizada en la frontera del Guadiana, debería ser concedida a una nueva orden de combatientes de Jesús Cristo, a la que el Rey estaba dispuesto a entregar el mencionado castillo. El Papa dio su conformidad a la propuesta designando a esa orden militar como “Orden de Cristo”, y a Gil Martins como su maestre. El reinado de Dionís de Portugal se vio marcado por otros acontecimientos y aspectos que merecen ser destacados: consiguió territorios que le permitieron consolidar las fronteras nacionales y el esplendor económico de su gobierno, favorecido por las medidas adoptadas por el monarca para desarrollar la explotación minera, promover la agricultura e impulsar las actividades marítimas (promoviendo la construcción naval y preocupándose por un buen adiestramiento de la marina).

Pero fue en el terreno cultural y literario donde más se hizo notar la figura de Dionís de Portugal: determinó el uso exclusivo de la lengua vulgar en los documentos de la cancillería, hasta entonces redactados habitualmente en latín —el mismo monarca escribió en portugués tres manifiestos en contra del infante Alfonso en su contienda con éste—; estableció la traducción al portugués de textos históricos y jurídicos como las Siete Partidas de su abuelo, que fueron usadas en Portugal como leyes de la administración de la justicia; por orden suya se escribió el primer tratado de veterinaria en lengua portuguesa, el Livro d’Alveitaria del Mestre Giraldo, que, concluido en 1318, pretendía reunir los conocimientos que sobre esa disciplina se encontraban en dos manuales latinos escritos en la segunda mitad del siglo XIII en Italia (las obras de Giordano Ruffo y Teodorico Borgognoni); durante su reinado se llevaron a cabo trabajos de historiografía y de literatura genealógica —actividades que tuvieron continuidad en la Corte de su bastardo don Pedro, conde de Barcelos—; y en 1290 fundó en Lisboa la Universidad portuguesa con el nombre de Estudo Geral y que, con sede fluctuante entre Lisboa y Coimbra, fue finalmente transferida a esta última ciudad en 1308. Su finalidad era la de disminuir la salida de estudiantes hacia las universidades más famosas de Europa para formarse principalmente en Derecho, fundamental en la formación de los funcionarios que se destinaban, sobre todo, a la administración central del reino. Pero en el análisis del perfil cultural del monarca adquiere un especial relieve su actividad como mecenas de otros poetas y como trovador. En el interés de Dionís de Portugal por esta labor concurren diversos factores, entre los que ocupan un lugar relevante los vínculos familiares con su abuelo (Alfonso X el Sabio), su padre (Alfonso III) y sus suegros (Pedro III y Constança Stauffen). Gracias a su esfuerzo dinamizador, la Corte de Dionís de Portugal se convirtió, en efecto, en uno de los últimos reductos de la lírica gallego-portuguesa y en ella desarrollaron su actividad un buen número de poetas, entre los que se encuentran algunos que ya la habían iniciado en la Corte de su padre, Alfonso III, y otros que la continuaron en la Corte de su bastardo, el conde de Barcelos.

De su labor poética dejan constancia las ciento treinta y siete composiciones que se le atribuyen en el Cancioneiro da Biblioteca Nacional (“B”) y en el Cancioneiro da Vaticana (“V”) —pues se ha demostrado que la canción Pero muito amo, muito non desejo (605-606, 208), transmitida también bajo su nombre y atribuida al Monarca por algunos estudiosos, es, según otros, una interpolación tardía—, así como en el Pergamiño Sharrer, que contiene seis de aquellas composiciones y el inicio de otra de las que reproduce la notación musical, convirtiéndolas, junto con las cantigas de Martin Codax transmitidas por el Pergamiño Vindel, en las únicas piezas de la lírica profana galaico-portuguesa para las que se ha conservado la melodía. En el cancionero de Dionís de Portugal proliferan las composiciones de carácter amoroso (setenta y tres cantigas de amor, cincuenta y una de amigo, a las que hay que sumar tres piezas que presentan rasgos propios del género de la pastorela), adscribiéndose al registro satírico sólo diez de sus textos, tras los que se esconden mordaces invectivas. Sus cantigas de amor y de amigo representan una síntesis temática y formal de la lírica gallego-portuguesa, que, a la vez, pretende remozar, consciente de que la escuela ya estaba en su etapa final. Pero Dionís de Portugal no sólo demuestra su perfecto conocimiento de los motivos y artificios formales que le ofrecía una tradición que venía desarrollándose desde casi un siglo, sino que también deja percibir su familiaridad con la lírica galorrománica.

Así lo prueban, por ejemplo, las cantigas Quer’eu em maneira de proençal (520b, 123) y Proençaes soen mui bem trobar (524b, 127) —con las que el monarca pretende a la vez desmarcarse de la poesía en lengua d’oc y demostrar su propia originalidad al reivindicar (particularmente en el segundo de los textos) la sinceridad del canto poético y del amor con independencia de la estación primaveral—, su adaptación de la pastorela galorrománica —introduciendo en algunos de los textos que presentan rasgos propios de este género (Unha pastor ben talhada534, 137; Unha pastor se queixava519, 102) elementos que recuerdan relatos y poemas provenzales—, la cantiga Quisera vosco falar de grado (585, 188) —único ejemplo en el corpus gallego-portugués de chanson de malmariée, género bien representado entre los trouvères—, la cantiga de amor Pero que eu mui long’estou (515, 98) o la de amigo Ai flores, ai flores do verde pino (568, V 171) —con influencias de la célebre canción Lanquan li jorn son lonc en mai de Jaufré Rudel, que, con Bernart de Ventadorn, constituye uno de los modelos más evocados en las cantigas del monarca—, o la popularizante cantiga de amigo Levantous’a velida (569, V172) —en la que las reminiscencias de la lírica provenzal se llevan a cabo a partir de una compleja red de relaciones intertextuales que remiten a la pieza Levóus’a louçana, levóus’a velida (1188, 793), de Pero Meogo, y a la cantiga mariana Virgen madre groriosa, que, a su vez, reproduce el esquema métrico del alba provenzal de Cadenet S’anc fui belha ni prezada.

Pese a que Duarte Nunes de Leão habla de la existencia de un cancionero de Dionís de Portugal en alabanza a la Virgen, sólo se tiene constancia de una actividad del Monarca tan intensa como poeta profano que lo convierte en el trovador gallego-portugués del que más poemas se conservan. Las cantigas de amor y de amigo de Dionís se copiaron de forma continuada en la parte final del sector de las cantigas de amor de los dos apógrafos italianos (497-605; 80-207); no obstante, el paso de las de amor (497-552, 80-155) a las de amigo (553-605, 156-207) se marca en ambos manuscritos —Cancioneiro da Biblioteca Nacional Cancioneiro da Vaticana— con la rúbrica “En esta folha adeante se comecan as cantigas d’amigo que o mui nobre Don Denis Rei de Portugal fez”, lo que ha llevado a pensar que sus poesías podrían proceder de un cancionero individual. Las cantigas de escarnio sólo figuran en el Cancioneiro da Biblioteca Nacional de Lisboa (1533-1542).

Como importante figura que fue, Dionís de Portugal es recordado, tras su muerte, por el juglar Johan, morador en León, en el planto que dedica al monarca, Os namorados que trobam d’amor (1117, 708), donde lamenta la pérdida que supone para los trovadores la muerte de “tam boo senhor” (v. 4), que también fue “d’amor trovador” (v. 27). En el siglo XV también menciona al Monarca el marqués de Santillana, que en su Prohemio e Carta alude a un cancionero con composiciones, entre otros, de Dionís.

Las crónicas medievales, en cambio, apenas reparan en la labor poética desarrollada por el Rey; es a partir del siglo XV cuando algunos poetas portugueses como Francisco de Sá de Miranda, António Ferreira, Camáes, Afonso Lopes Vieira o Fernando Pessoa componen textos en los que, además de destacar en el perfil político del monarca, evocan también en ocasiones el literario, como sucede en el siglo XVII con Duarte Nunes de Leão, cuyas valoraciones sobre el Rey sirvieron de fuente a los textos historiográficos del siglo XVIII.

 

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Humberto Vaquero Moreno y Gerardo Pérez Barcala