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Hudayl b. Razin

Biografía

Hudayl b. Razīn. Abū Muḥammad Hudayl ibn Abd al-Malik ibn Jalaf ibn Lubb ibn RazĪn. “Ibn al-Aṣla’” (“Hijo del calvo”). ¿Albarracín? (Teruel), s. m. s. IV/X – ¿Albarracín? (Teruel), 436/1044-1045. Primer rey de la taifa de Albarracín, ap. 404/1013 - 436/1044-1045

La familia de origen beréber, pero ya andalusí, por su arraigo desde el VIII en la zona turolense, llamada de los Banū Razīn, se independizaron en su poco extensa taifa, hacia 1013, y lograron mantenerse allí hasta 1104, en que la conquistaron los Almorávides. Se sucedieron tres reyes de esa dinastía: Hudayl (1013-1044-5), cAbd al-Malik (hasta 1103) y Yaḥyà (1103-1104).

El enclave de Albarracín, al que dieron su nombre, se denominaba antes “Santa María de Oriente” (Šanta Māriya al-Šarq), y allí se asentó esta familia de beréberes Hawwāra, casi desde tiempos de la conquista, y señorearon estas tierras, con intermitente obediencia al Poder Central andalusí. Hudayl b. Razīn se alzó independiente en su taifa con los sobrenombres honoríficos de ‘Izz al-Dawla (“Poder de la dinastía”) y de Dū l-maŷdayn (“el de doble gloria”), con el título justificativo de “chambelán” (ḥāŷib). Su territorio se extendería desde Castielfabid hasta Calamocha, y desde la sierra por donde discurre el curso alto del Guadalaviar hasta los del Cabriel y Tajo, territorio también denominado “la Llanura” (Sahla: quizás el actual “Cella”) y “Llanura de los Banū Razīn” (Sahlat Banī Razīn).

Parece que Hudayl se mantuvo fiel al omeya de Córdoba Hišām II, cuyo segundo califato duró entre junio de 1010 y mayo de 1013, pero acabó apoyando a su sucesor Sulaymān al-MustaĪn (mayo 1013-julio 1016), que le confirmó en el dominio de Albarracín, aunque Ibn Bassām en su Dajīra conserva una carta de este califa a Hudayl, con reproches, quizás relacionados con su negativa a participar a su lado en las guerras civiles de entonces, pues Hudayl prefirió aislarse “apartándose de las demás taifas de al-Andalus durante toda su vida”, como señala el polígrafo granadino Ibn al-Jaṭīb, que tanto se apoya en el gran cronista Ibn Ḥayyān, contemporáneo de los hechos, y que también refiere que esa concesión de Albarracín a Hudayl por parte del califa disgustó a Mundir I de Zaragoza, que ambicionaba incluso las tierras donde los Banū Razīn venían gobernando desde siglos atrás. De hecho, ambos fundadores de sus respectivas taifas se enfrentaron un tiempo, y Hudayl recurrió a la ayuda de los régulos eslavos de las taifas de Levante contra Mundir, reconociendo como ellos entonces al destronado califa Hišām II, a lo cual quizás se refieran los reproches mencionados de la carta del califa Sulaymān al-Mustaīn.

Hudayl b. Razīn murió en 436/julio 1044-julio 1045, tras sobrepasar los treinta años de reinado, “todos ellos de tranquilidad y paz”, como resaltan las fuentes, y hacen bien en resaltarlo, por la rareza de tal situación en aquel agitado siglo. También los largos años de soberanía de su hijo y sucesor Abd al-Malik indican la estabilidad en la taifa de Albarracín, propiciada, junto a la circunstancia de las longevidades respectivas, por el arraigo de esta familia en el dominio de su tierra, y su carácter de linaje militar, habituado a la defensa fronteriza. De Hudayl señalan las fuentes históricas, según extractó Ibn al-JaṭĪb, que “al principio de las luchas civiles quiso independizar su tierra y gobernar a los suyos, igual que hiciera su vecino Ismāīl b. Dī l-Nūn [en Uclés, y luego en Toledo], que había cortado con el poder de Córdoba”.

Las fuentes árabes elogian las prendas personales, físicas y morales, de este Hudayl b. Razīn, y la prosperidad que logró para sus tierras, “las más ricas de la frontera”, según el cronista Ibn al-Jaṭīb, lo cual ha de atribuirse a la situación estratégica de esta taifa de Albarracín, como paso de importantes rutas comerciales del momento. Las fuentes alaban también su cultura, el afán que puso en lograr una corte brillante y arabizada, sobre todo especializada en el cultivo de poesía y música. Las fuentes no dejan de aludir también a su crueldad, con algún ejemplo terrible. Ni él ni sus dos sucesores acuñaron moneda en la taifa de Albarracín.

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María Jesús Viguera Molins

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