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Miguel de la Fuente

Biografía

Fuente, Miguel de la. Valdelaguna (Madrid), 2.III.1573 – Toledo, 27.XI.1625. Carmelita (OCarm.), escritor místico.

Nacido en el pueblo de Valdelaguna, cerca de la histórica villa de Chinchón, siendo sus padres Francisco de la Fuente y Catalina Fernández, que lo bautizaron el 10 de marzo de 1573. Labradores de profesión, fueron muy siervos de Dios y en particular Francisco de la Fuente, que llevaba carne a las viudas y pobres caritativamente.

Asistió a la escuela de la villa, ayudaba a misa en la parroquia y enseñaba la doctrina a otros niños más pequeños. Contaba quince o dieciséis años cuando pasó a estudiar Gramática al colegio de la Compañía de Madrid, donde permaneció durante cuatro o cinco años y aprendió a manejar con soltura el castellano y el latín, a componer y a declamar. Y aprendió, sobre todo, la práctica de la devoción a la Virgen, alistándose en las filas de las congregaciones marianas, mientras se ejercitaba en el apostolado propio de los congregantes.

Terminados los estudios de Gramática, Miguel de la Fuente ingresó en el noviciado de carmelitas de Valdemoro, el 28 de mayo de 1593. Al día siguiente hizo la profesión religiosa y quedó definitivamente incorporado a la Orden del Carmen.

Del ambiente provinciano y recoleto del convento de Valdemoro pasó a Salamanca para comenzar los estudios de Artes y Teología. Estudió Artes de 1594 a 1597 y Teología de 1597 a 1600, años en los que aparece matriculado en la Universidad, donde tuvo ocasión de oír las enseñanzas, entre otros, del carmelita Bartolomé Sánchez, catedrático de Lógica Magna, y del mercedario Francisco de Zumel, catedrático de Filosofía Moral. En Teología oyó las lecciones del dominico Domingo Báñez, “el teólogo más profundo y seguro de la escuela salmantina”, del agustino Márquez y del maestro Juan Alonso Curiel.

Ordenado sacerdote, fue destinado al convento de Valladolid con el nombramiento de maestro de estudiantes y pasante teólogo. Fue trasladado en 1603 al convento de Ávila con el mismo cargo, lo que prueba la orientación que quisieron imprimir a su actividad los superiores de la Orden; allí debió de tener un fracaso en el púlpito.

Pronto pasó al convento de San Pablo de la Moraleja (Valladolid), al “devotísimo convento de San Pablo”. Desempeñó el oficio de párroco en el pueblo que estaba junto al convento. De la dedicación al estudio pasó al trato directo con las almas.

Nuevamente fue trasladado, esta vez a Segovia en 1606, y en 1609 a Toledo, donde permaneció hasta su muerte.

Se le encomendó la formación de los jóvenes novicios, a quienes procuró, ante todo, infundirles el espíritu de la oración y adiestrarles en la técnica y modo de orar. Materia preferente de la oración fue la Pasión del Señor. La presencia de Dios, el silencio, el amor y la devoción a la Virgen constituían los pilares de su empeño en la formación de los jóvenes. Arrastraba con el ejemplo, suprema norma del buen pedagogo.

La actividad de Miguel de la Fuente no quedó encerrada dentro de los límites del convento en que vivió.

Era un verdadero apóstol. Una de las facetas de este apostolado fue precisamente a favor de las almas de vida interior: religiosas de clausura, beatas, sacerdotes, etc. Especial mención es preciso hacer de María de Jesús, el letradillo de Santa Teresa. Ella misma nos proporciona interesantes datos: “Había como diez años poco más o menos —dice en 1631—, que de oídas tuvo noticias del gran padre Fr. Miguel de la Fuente, de la Orden de Ntra. Sra. del Carmen, el cual tenía tanta fama de santidad y virtud que le deseaba comunicar.

Vino a este convento donde comunicó y le pareció, comunicado, era mayor su virtud y perfección de la que el vulgo le daba y comunicándole cosas de espíritu, porque las tenía en él, [le] dio grandísima [tranquilidad]”.

En el deseo de librar a las almas del pecado hubo un campo en el que Miguel de la Fuente trabajó con santa audacia y atrevimiento casi increíble: el de las mujeres públicas. A varias llevó al camino del Señor, según relatan ellas mismas.

Dentro del campo del apostolado seglar y en relación con las asociaciones, ocupa un puesto de honor.

Estas asociaciones eran la Cofradía del Carmen, la Tercera Orden del Carmen y la Congregación de Nuestra Señora del Carmen, asociación específica fundada por el venerable.

Le ha dado justa fama el Libro de las tres vidas del hombre. Corporal, racional y espiritual. Se publicó por primera vez en 1623 en Toledo. Escribió su obra con un fin eminentemente práctico: orientar a las almas en los caminos de la oración. Pretendió hacer lo que hoy se llamaría un compendio de ascética y mística o tratado de teología espiritual. Utilizó un estilo sencillo, diáfano, pero correctísimo y hasta elegante.

No fue su intento ser original, sino recopilar y reducir a orden y sistema cuanto se había escrito. Las citas frecuentes de autores pudieran hacer pensar que su obra es más bien un fichero o especie de cadena ascético- mística. “La obra de Miguel de la Fuente produce la sensación de frescura e ingenuidad propia de una obra original”.

Como el título indica, divide la obra en tres partes: “Del hombre exterior o corporal. Del hombre interior o racional. Del hombre íntimo y espiritual”. Con un esquema admirable describe, desde el punto de vista psicológico, cuáles son sus características, para llevarle al terreno que quiere, es decir, a la oración. En este sentido puede decirse que es un tratado sobre la oración en las distintas etapas de la vida espiritual, es decir, de los incipientes, aprovechados y prefectos.

Modernamente se han emitido varios juicios. El más conocido y repetido es el de Menéndez Pelayo.

Afirma que es el mejor tratado de “psicología mística que tenemos en castellano, a lo menos de los que yo conozco”.

El ambicioso plan de apostolado del venerable sólo pudo brotar de un alma que vivió las exigencias de la fe, por lo que quería sufrir el martirio. Su vida espiritual se cimentaba sobre la base sólida de la esperanza cristiana. Para el venerable esta virtud tenía una doble vertiente. De una parte, su alma pendía siempre de la eternidad y, de otra, le llevaba al desprecio de las cosas de la tierra. “Esperaba en Dios le había de dar la vida eterna; todo cuanto en el mundo había deputaba por nada”. Las virtudes de la fe y de la esperanza quedaban coronadas con la caridad que “es —según el propio venerable— la vida esencial del alma racional y de todas las virtudes, la perfección de todas ellas y el principio de toda la vida espiritual”.

“Ciego en la obediencia evangélica, era al mismo tiempo el retrato de la verdadera pobreza, deseando imitar a nuestro Señor Jesucristo”. Se mostró en su vida amantísimo de la virtud angélica y, en consecuencia, fiel cumplidor de las normas de los maestros de la vida espiritual; su trabajo apostólico le llevó al trato frecuente con mujeres, pero mantuvo siempre la dignidad y recato sacerdotales. El padre Tomás Ortiz dice que “aunque le vió comunicar con muchas mujeres de todos estados, siempre acudía a su consuelo con palabras cortas y graves”.

Otra de las vertientes importantes en la semblanza espiritual de Miguel de la Fuente fue su entrega total a la comunicación con Dios, mediante la oración.

Los testigos del proceso de beatificación repiten con insistente machaconería el hecho, advertido por todos, de que su vida era una continua oración y que vivía constantemente en la presencia del Señor. Fue un excelente representante de la espiritualidad carmelitana.

En el aspecto de la mortificación surge una dificultad.

No hay duda de que muchas declaraciones de los testigos del proceso de beatificación parecen inverosímiles.

Por encima de la verdad histórica obedecen a la convicción de que Miguel de la Fuente era un santo, y como la santidad estaba asociada, en su época, a la mortificación, de ahí que los testigos abulten piado samente sus mortificaciones y carguen excesivamente las tintas. Soportaba las inclemencias del tiempo con entereza singular. En el infierno de las siestas toledanas, en plena canícula, permanecía en su celda, en oración, con su hábito de paño, sin quitarse la capilla.

Era esta celda además muy calurosa por estar muy alta. En contraste, oiría el rumor del agua del Tajo como una constante tentación. Permanecía impertérrito en los campamentos de la penitencia. Como consecuencia de esta vida llegó a minar la salud, según el dictamen de los propios médicos. Entre sus devociones principales destacan la Eucaristía, la Pasión del Señor y la Virgen.

Maravilloso el mundo espiritual en el que transcurrió la vida del venerable padre Miguel de la Fuente.

Su alma fue campo abandonado cuidadosamente donde crecieron las virtudes. El acervo de declaraciones del proceso prueba que las practicó en grado heroico.

Desde el punto de vista histórico no se puede menos de concluir que se trata de un verdadero santo.

Por santo pasaba Miguel de la Fuente en los días de su vida mortal. En el ambiente toledano en que transcurrieron los últimos años de su existencia se le conocía con este calificativo. La afirmación provenía tanto de las almas que más relación tuvieron con él como del pueblo, que tiene sentido e instinto especial cuando se trata de apreciar las cosas de Dios. Dice sor María de Jesús: “En vida, como en muerte de este gran Padre, y después de ella y de presente, le ha tenido y tiene en gran veneración”.

Después de cerca de tres meses de enfermedad, recibidos los últimos sacramentos y habiéndole hecho su sobrino, el maestro Miguel de la Fuente, la recomendación del alma, murió santamente. Contaba cincuenta y tres años de edad. El doctor López Bermúdez describe en estos términos su feliz tránsito de este mundo al cielo. Murió “con un Santo Cristo en las manos. Le empezó a decir muchas palabras amorosas y dar su bendita alma al criador como a las doce y media del día 27 de noviembre de 1625, sin paroxismos, ni visiones, como otros que he visto, como médico, morir, sino que, como un ángel quedó clavados los ojos en el cielo”.

El 28 de noviembre por la mañana, el pueblo toledano se volcó en masa sobre el convento del Carmen para rendirle tributo de admiración y hubieron de tomarse medidas de precaución ante la avalancha de fervientes devotos. Sepultado en la sala de la Congregación del Carmen, se inscribió sobre su tumba un epitafio en latín en el que se alaban sus virtudes, su penitencia y su celo por la salvación de las almas.

No había transcurrido un lustro de su muerte cuando comenzó el proceso de beatificación, que se encargó a su sobrino, el maestro Miguel de la Fuente; una vez muerto prematuramente éste, fue nombrado vicepostulador el carmelita padre Juan de Carranza.

Aproximadamente cuatro años duró el proceso diocesano, cerrado el 25 de julio de 1635. En las cancillerías romanas quedó archivado y se ignoran las causas por las que no siguió adelante.

El cuerpo del venerable, después de varios traslados, se conserva en el convento de monjas carmelitas descalzas de clausura de San José de Toledo, como una reliquia; las buenas religiosas lo tienen en gran estima y veneración. No desconocen que sostuvo amistad santa con la beata María de Jesús, de cuyo espíritu son herederas. Miguel de la Fuente y María de Jesús son dos figuras señeras del Carmelo español de finales del siglo xvi y principios del xvii.

 

Obras de ~: Regla y modo de vida de los hermanos terciarios y beatas de Ntra. Sra. del Carmen, Toledo, 1615; Compendio historial de Ntra. Sra. del Carmen, Toledo, 1619; Libro de las tres vidas del hombre, corporal, racional y espiritual, Toledo, Iuan Ruyz, 1623 [Madrid, 1710; Barcelona, 1887; Madrid, 1959; ed. crítica de P. Garrido, Madrid, 2002 (col. Biblioteca de Autores Cristianos, vol. 619)]; Ordenanzas y modo de gobernarse los hermanos de la Congregación de Ntra. Sra. del Carmen, Toledo, 1925.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Diocesano (Toledo), Informaciones para el Proceso de Beatificación del V. P. Miguel de la Fuente 1631-1635, 625 fols.; M. de la Fuente, Sermón que predicó en las honras fúnebres, que el convento del Carmen de la ciudad de Toledo, y la Congregación de la Anunciada hicieron al venerable Padre Miguel de la Fuente [...] Predicóle el maestro Fray Miguel de la Fuente, su sobrino Catedrático de Escritura de la Universidad de Toledo, AGD, Toledo, 1626 (reprod., en P. Oxea, Vida del venerable penitente, el Padre Fray Miguel de la Fuente, Zaragoza, 1674).

J. de San Ángel, “Dibuxo de la vida de el iluminado y apostólico varón, el venerable padre Fray Miguel de la Fuente [...]”, en Libro de las tres vidas del hombre, op. cit.; J. Bonet, Espejo de vida, y exercicios de virtud, para los amantísimos hijos de la Virgen María, de su tercera Orden del Carmen, Barcelona, 1664; J. a Passione Domini, De Stralen van de sonne van den H. Vater en Propheet Elias, Luyck, 1680; R. A. Faci, Carmelo esmaltado, Zaragoza, 1742; C. de Villiers, Bibliotheca carmelitana, Aurelianis, 1752 (ed. de G. Wessels, Roma, 1927); N. Antonio, Bibliotheca hispana nova, Madrid, 1783-1788, 2 vols. (trad. de G. de Andrés y M. Matilla Martínez, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1999); V. Fuente, Biografía del Beato Simon de Rojas, Valladolid, Imprenta del Colegio de Santiago, 1912; P. Sainz Rodríguez, Introducción a la Historia de la literatura mística en España, Madrid, Voluntad, 1927; T. a Presentatione, “Vita Ven. P. Michaelis a Fonte”, en Analecta Ordinis Carmelitarum, 6 (1927-1929), págs. 244- 288; J. Sanchís Alventosa, La escuela mística alemana y sus relaciones con nuestros místicos del Siglo de Oro, Madrid, Editorial Verdad y Vida, 1946; M. Menéndez y Pelayo, Historia de las ideas estéticas en España, vol. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1947-1948, pág. 113, 5 vols.; E. del Sagrado Corazón, “Influencias de San Juan de la Cruz en el P. F. Miguel de la Fuente”, en Revista de Espiritualidad, 8 (1948), págs. 346-360; T. Motta Navarro, Tertii carmelitici saecularis ordinis historico-iuridica evolutio, Romae, Institutum Carmelitanum, 1960; Vida del Venerable P. Miguel de la Fuente, Valladolid, 1960 (Roma, 1998, 2.ª ed.); A. Winklhofer, “Tauler und die Spanische Mystik”, en Joannes Tauler, ein deutschen Mysticher; Gedenkschrift zum 600, Essen, 1961; T. E. Schaefer, “Miguel de la Fuente: Un intento de evaluación del misticismo español del siglo xvii”, en Cuadernos Hispano-americanos, 58 (1964), págs. 511-528; B. Velasco Bayón, Miguel de la Fuente, O. Carm. (1573-1625). Ensayo crítico sobre su vida y su obra, Roma, Edizioni Carmelitane, 1970; P. Garrido, “Miguel de la Fuente, O. Carm. (1573-1625), un maestro de oración”, en Carmelus, 17 (1970), págs. 242-279; “Los Ejercicios de oración mental (1615) de Miguel de la Fuente”, en Carmelus, 17 (1970), págs. 280-309; B. Velasco, “Fuente, Miguel de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell y (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Madrid, CSIC, Instituto Enrique Flórez, 1972, págs. 964 y 965; I. Rodríguez, Santa Teresa de Jesús y la espiritualidad española. Presencia de Santa Teresa de Jesús en autores españoles de los siglos xvii y xviii, Madrid, CSIC, Instituto Francisco Suárez, 1972; “La passione del Signore nella vita e negli scritti di Miguel de la Fuente, carmelitano (1573-1625)”, en La Sapienza della Croce oggi, II, Turin, Elle Di Ci, 1976, págs. 231-238; “Sintese biográfica”, M. C. Tavares de Miranda, “Fundamentos filosóficos da doutrina de Frei Miguel de la Fuente”, y P. Garrido, “Miguel de la Fuente, escritor místico”, en Romeu Perea (coord.), Tres ensayos sobre frei Miguel de la Fuente, Recife, Universidad Federale de Pernambuco, 1976, págs. 19-45, págs. 95-129 y págs. 49-94, respect.; Santa Teresa, San Juan de la Cruz y los carmelitas españoles, Madrid, 1982, págs. 106-110; “Un nuevo ejemplo de amistad sobrenatural: la Beata María de Jesús y Miguel de la Fuente”, en Monte Carmelo, 95 (1987), págs. 377-389.

 

Balbino Velasco Bayón, OCarm.

Relación con otros personajes del DBE