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Suero Vermúdez

Biografía

Vermúdez, Suero. Conde Asturias. ?, c. 1070 – Asturias, 12.VIII.1138. Noble, conde en diversas circunscripciones de Galicia y León.

Nació hacia 1070 en el seno de una poderosa parentela aristocrática enclavada entre los territorios de Asturias y Lugo. Descendía por vía materna del rey Vermudo II y la reina Velasquita, pero a finales del siglo XI los progenitores de Suero Vermúdez no pasaban de ser una discreta familia de la aristocracia del reino. Su padre, Vermudo Ovéquiz, era el menos afortunado de una familia de magnates lucenses y jamás llegó a desempeñar cargo equiparable al de sus hermanos, los condes Vela y Rodrigo Ovéquiz.

En el complejo entramado de las familias aristocráticas del Reino de León a finales del siglo xi, el apoyo de éstos sería fundamental para su permanencia en el estamento de la nobleza; su matrimonio con Jimena Peláez, miembro de otra poderosa parentela asentada en el área centro-occidental de Asturias en la que destacaba el conde Pedro Peláez, garantizaría a sus descendientes la oportunidad de escalar a los más altos cargos de la administración del Reino y de figurar al frente de la parentela.

Suero Vermúdez inició su carrera política en las postrimerías del siglo XI sirviendo a Raimundo de Borgoña, yerno del rey Alfonso VI. Las dificultades crecientes ante los musulmanes y el sometimiento de una nobleza díscola fueron algunas de las razones barajadas por el Monarca para conceder a Raimundo poderes excepcionales en Galicia, y ese contexto ayuda a explicar el rápido ascenso político del joven Suero: la cruenta batalla de Sagrajas (1086) había diezmado los cuadros de la nobleza dirigente del Reino, y en Suero Vermúdez las raíces nobles le hacían candidato al ejercicio del poder político. Su tío Rodrigo Ovéquiz había protagonizado en 1088 una sonada rebelión aristocrática focalizada en la ciudad de Lugo, pero la relativamente modesta situación familiar del joven Suero se convertiría ahora en garantía de su fidelidad a la dinastía regia.

Así, en los años siguientes, Suero Vermúdez va a definirse como un joven magnate que desempeña labores de gobierno en la tierra de sus mayores, figura como miembro ocasional de la curia regia y actúa como oficial al servicio de Raimundo de Borgoña.

En el año 1094 obtiene el título de conde y por esa misma época contrae matrimonio con Enderquina Gutiérrez; el origen castellano de su esposa, que pertenecía a otra familia aristocrática no demasiado preeminente, hacen suponer que su matrimonio pudo haberse fraguado en la Corte regia.

En fin, la disposición de un discreto número de propiedades territoriales repartidas entre Lugo, Asturias, León y Burgos hacían augurar a la pareja una vida acomodada sin más responsabilidades que la recta administración de su hacienda y el buen ejercicio de su cargo, que en torno a 1100 se limitaba al gobierno de pequeñas circunscripciones territoriales como Vilarente o Rábade. La evolución política del Reino haría cambiar esa situación hacia más altas responsabilidades.

Cuando en 1109 muere el rey Alfonso VI, no hay en la Familia real varón en edad de ceñir la corona: habían fallecido recientemente el heredero Sancho y el conde don Raimundo, así que será su viuda, la infanta Urraca, quien ocupe el trono. Suero Vermúdez, que le había servido en Galicia, será ahora uno de sus principales valedores en los difíciles años de su reinado, y con ello consolidará su posición política y patrimonial en el Reino. Las facultades del conde Suero se expresan bien en el hecho de que ahora sea reconocido en los documentos como “cónsul”, en clara evocación de las más altas magistraturas de la Roma antigua. Sus ocupaciones, en efecto, serán importantes y variadas; protección de la frontera, mediación entre la reina y el rey Alfonso I de Aragón, acompañamiento de doña Urraca en sus desplazamientos por el reino. En consecuencia también fueron ricas las recompensas a sus servicios. Por un lado se concretan en la donación de extensas propiedades territoriales repartidas por el Reino; a ellas se suman algunas importantes jurisdicciones, principalmente la de Salas (Asturias), cuyo señorío recibió en donación en 1120.

Más importantes que éstas debían ser, sin embargo, los nombramientos para el ejercicio del poder regio en algunas importantes circunscripciones territoriales: episódicamente León (1116), más duraderas las de Luna (1117), Babia (1117), Gordón (1119) y Asturias de Tineo (1120).

Cuando Doña Urraca muere (1126), Suero Vermúdez es uno de los nobles de mayor peso en el Reino.

La Crónica del rey Alfonso VII representa su venida a la coronación del Monarca como cabeza de una larga comitiva de vasallos y servidores, y da cuenta de su decisiva participación en el traspaso del poder al joven Rey. Su fidelidad a la dinastía regia se vería recompensada entonces con su mantenimiento al frente de las jurisdicciones que venía gobernando, principalmente el occidente de Asturias y la montaña occidental leonesa, a las que en los años subsiguientes añadirá episódicamente algunas otras como Astorga (1127) o Laciana (1131).

Los últimos años de Suero Vermúdez se vieron ensombrecidos por las rebeliones de su primo el conde Gonzalo Peláez. Miembro de una poderosa familia, gobernador del centro de Asturias al menos desde 1113, protagoniza desde 1132 una serie de rebeliones contra el poder del Monarca que alterarán notablemente el orden público en la región durante varios años. El conde Suero Vermúdez participó de manera decisiva en su represión, ya mediando entre Gonzalo Peláez y el Monarca, ya asediando los castillos en los que aquél resistía hasta su destierro definitivo en 1137.

La falta de descendientes legítimos condujo a Suero Vermúdez y a su esposa Enderquina a disponer de sus bienes en beneficio de la Iglesia. En 1122, tras reunir bajo su dominio las porciones dispersas del Monasterio de San Salvador de Cornellana (Salas, Asturias), entregaron en donación la mayor parte de sus bienes a la poderosa congregación de Cluny. Constituye este documento uno de los más deslumbrantes ejemplos del poder que podían llegar a acumular los nobles castellanos del siglo xii. Sin embargo la piadosa donación estuvo lastrada por numerosos problemas. Tal vez los nuevos propietarios impusieron un cambio demasiado brusco en el monasterio asturiano, ya que los condes trataron de revocar su entrega algunos años más tarde, en 1128.

Su intento, sin embargo, fracasó; la donación terminó por hacerse efectiva en 1130, y significó la instalación de los cluniacenses en Asturias durante un siglo.

Suero Vermúdez murió en 1138 y fue sepultado en el Monasterio de San Salvador de Cornellana, donde aún se conserva su epitafio.

 

Bibl.: M. É. García García, “El conde asturiano Gonzalo Peláez”, en Asturiensia Medievalia, 2 (1975), págs. 39-64; M. Recuero Astray, Alfonso VII, Emperador: el imperio hispánico en el siglo XII, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1979; B. F. Reilly, The kingdom of León-Castilla under Queen Urraca, 1109-1126, Princeton, Princeton University Press, 1982; J. de Salazar Acha, “Una familia de la Alta Edad Media: los Velas y su realidad histórica”, en Estudios genealógicos y heráldicos, 1 (1985), págs. 19-64; J. García Pelegrín, Studien zum Hochadel der Königreiche Leon und Kastilien im Hochmittelalter, Münster, Aschendorff, 1991; V. A. Á lvarez Palenzuela, “La nobleza del reino de León en la Alta Edad Media”, en El reino de León en la Alta Edad Media, VII, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1995, págs. 149-329; S. Barton, The aristocracy in twelfth-century León and Castile, Cambridge, Cambridge University Press, 1997; B. F. Reilly, The kingdom of León-Castilla under king Alfonso VII (1126- 1157), Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1998; M. Torres Sevilla, Linajes nobiliarios en el reino de León: parentesco, poder y mentalidad (siglos IX-XIII), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1999; M. Calleja Puerta, El conde Suero Vermúdez, su parentela y su entorno social. La aristocracia asturleonesa en los siglos XI y XII, Oviedo, KRK Ediciones-Gobierno del Principado de Asturias, 2001; El monasterio de San Salvador de Cornellana en la Edad Media, Oviedo, 2002.

 

Miguel Calleja Puerta