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Sancho de Rojas

Biografía

Rojas, Sancho deConde de Pernía (I). ?, c. 1369 – Alcalá de Henares (Madrid), 24.X.1422. Canónigo, obispo de Palencia, arzobispo de Toledo, embajador, consejero y tutor real.

Hijo de Juan Martínez de Rojas y de María de Rojas, también conocido como Sancho Sánchez de Rojas.

Según Fernán Pérez de Guzmán, quien traza su apunte biográfico en sus Generaciones y semblanzas, era de “antiguo e buen linaje de caballeros; su solar, en Burueña”. El mismo autor da la siguiente descripción de su aspecto físico y personalidad: “Alto de cuerpo e delgado e descolorado en el rostro, pero de buena persona de muy sotil engenio, muy discreto e buen letrado. Ayudó e amó mucho a sus parientes. Era muy sentible e, por consiguiente, asaz vindicativo, mas que a perlado se conuenía, pero a fin de mandar e rigir e aun de se bengar, algunas vezes usaua de algunas cabtelas e artes. En todo lo demás, fue notable perlado”. Más elogiosa resulta la referencia que hace a él el poeta Alfonso Álvarez de Villasandino en el Cancionero de Baena, aludiéndole como “arca de mucha ciencia, esfuerzo de hidalguía, cámara de lozanía, puerta de alta prudencia”.

Estudió Cánones en Salamanca y en Toulouse, con sólo diecinueve años, en un documento de 24 de julio de 1388, ya recibió una canonjía en las catedrales de Salamanca y Burgos, siendo avalado por el Rey ante el Papa para que se le haga reserva de alguna dignidad eclesiástica y dispensarle del defecto de la edad. También fue protegido del condestable Ruy López Dávalos, quien solicitó igualmente beneficios eclesiásticos para él en 1403.

Con sólo veintiocho años, en 1397, si se cree a Alonso Fernández de Madrid, autor de la Silva palentina, obtuvo la mitra de Palencia, que aparece ocupando ya en 1399, para lo que estaba dispensado, a petición de Juan I “pro defectu aetatis”. Es en ese mismo año cuando aparece un primer servicio a la monarquía, actuando como embajador en Portugal para negociar treguas.

Al inicio de la minoría de Juan II desempeñó ya un cierto papel protagonista, al realizar la alocución a las Cortes de 1407, en Segovia, en nombre del clero, donde presentó una abierta defensa de las intenciones bélicas del infante Fernando. De hecho, participó en la campaña inmediata contra Setenil, apareciendo como oidor de la Audiencia y miembro del Consejo Real. Presente siempre en la corte junto al infante, participó en importantes eventos políticos, como las Cortes de 1408. Acudió, también, junto al infante don Fernando, en la campaña que, en 1410, culminó con la conquista de Antequera, llevando el prelado como portaestandarte al arcipreste de Astudillo, y distinguiéndose ambos en la defensa de un otero que tomó como nombre el de Otero del Obispo en su recuerdo. Fue precisamente como reconocimiento por su participación en este hecho de armas por lo que el infante Fernando, en nombre del rey Juan II, le otorgó la dignidad de conde de Pernía, que quedó vinculada a los titulares de la mitra palentina.

A pesar de su pronta incorporación a la vida política del reino, durante su período como obispo de Palencia no dejó de llevar a cabo iniciativas de relieve para el gobierno y mejora de su sede episcopal. Así, fue empeño suyo personal, contribuyendo económicamente a ello, la terminación de la sillería del coro de la catedral, por lo que el Cabildo catedralicio le expresó su especial agradecimiento. El principal recuerdo que dejó de su actividad pastoral se tradujo en la convocatoria de varios sínodos. El primero de ellos, celebrado el 8 de mayo de 1402, estuvo dedicado, a lo largo de dieciocho capítulos, a cuestiones de organización y disciplina eclesiástica. El 4 de mayo de 1411 efectuó otro sínodo, en el que se promulgó una constitución por la que se encargaba a Juan Sánchez, provisor y vicario general de la diócesis palentina, doctor en decretos, deán de Calahorra, abad de Lavanza y canónigo de Palencia, a elaborar unas constituciones abreviadas, que presentaría, en efecto, al año siguiente, intentando acabar así con la acumulación de diversas constituciones que complicaban en exceso la organización de la vida eclesiástica en el obispado. Así, este texto normativo resultante de la iniciativa del prelado palentino se promulgaría el 3 de mayo de 1412. La propia intervención de este Juan Sánchez hace pensar en que, ya por entonces, Sancho de Rojas podía dedicarse en escasa medida al gobierno de la diócesis, como consecuencia de su actividad política cada vez más intensa, que le llevaría frecuentemente a vivir en la Corte real, debiendo recurrir a la mediación de un vicario para atender los asuntos propios de la mitra.

El definitivo impulso de su carrera política se produjo precisamente a la vuelta de la campaña de Antequera, mostrándose estrechísimo colaborador del infante don Sancho y de la reina Catalina de Lancaster.

Este ascenso político tuvo su momento decisivo de lanzamiento con motivo del conflicto surgido por la sucesión al Trono de Aragón. Al tomar la iniciativa Catalina de Lancaster de enviar una embajada para reivindicar los derechos a la Corona aragonesa de don Fernando, se encargó precisamente a don Sancho la jefatura de dicha embajada de extraordinaria trascendencia, lo que le llevó a comparecer ante las Cortes aragonesas, junto con otros embajadores, a fin de intervenir directamente en las deliberaciones sobre el problema sucesorio que concluirá en el Compromiso de Caspe, con la proclamación de los derechos del infante don Fernando al Trono aragonés. Además, con motivo de dicha embajada, intervino, junto con el arzobispo de Sevilla, Alonso de Egea, y el obispo de Plasencia, Vicente Arias de Balboa, en las negociaciones para pactar el matrimonio entre la infanta doña María, hija de Enrique III, y don Alfonso, hijo de Fernando de Antequera.

El éxito de esta actividad de representación en Aragón otorgó enorme reconocimiento a don Sancho, cuyo ascenso político se haría especialmente sólido a partir de este momento, gozando especialmente de la confianza del ya rey Fernando I de Aragón, por lo que fue aludido, y él mismo se presentaba, en algunos textos de la época como “fechura de don Fernando, rey de Aragón”.

Esta vinculación a don Fernando, tras la muerte de éste en 1416, estuvo a punto de jugar a la contra de don Sancho, al ser considerado por muchos cortesanos como persona demasiado afecta a los intereses de los infantes de Aragón, cuyo padre lo nombró testamentario como buena prueba de su estrecha vinculación.

Pero antes de esto, Fernando I, gracias a su gran ascendiente sobre el papa Benedicto XIII, cuya posición durante el cisma también defendió don Sancho, pudo conseguir, por su mediación directa ante el Papa, la promoción de don Sancho a la mitra primada de Toledo en 1415, siendo el nombramiento pontificio de fecha de 26 de junio. Por entonces, ya venía ejerciendo funciones de auténtico regente de Castilla, como representante del infante en Castilla y frente a la reina Catalina. Y, tras la muerte de Fernando I, como consecuencia de sus acuerdos con la reina y con la nobleza, quedando el rey bajo su custodia personal, lo que hizo que entre 1416 y 1419 todos los asuntos más relevantes de la gobernación (incluida la posición de Castilla ante el Cisma) pasasen por sus manos, controlando plenamente el Consejo Real. Esto se hizo especialmente visible a la muerte de la reina Catalina cuando, de hecho, actuó como regente, lo que fue generando una cierta animadversión hacia su persona entre algunos de los miembros más prominentes de la nobleza, aunque no disminuyó en este protagonismo político hasta prácticamente el momento de su muerte, en que fue ocupado su lugar por Álvaro de Luna. Es por eso que cuando se solemnizó en Madrid la entrada del rey Juan II en la mayoría de edad, en presencia de todos los miembros de la Corte, fue don Sancho quien pronunció un importante discurso aludiendo a tres cuestiones: “La primera, del tiempo pasado de vuestra tutoría; la segunda, del tiempo presente de vuestra tierna edad; la tercera, de lo que es por venir”.

Con la salud bastante quebrantada en sus últimos años, se trasladó al Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, donde murió el 24 de octubre de 1422. Había mandado construir para su enterramiento una capilla, llamada de San Pedro, en la catedral toledana, donde, una vez terminada, algo después de su muerte, se trasladarían sus restos.

 

Bibl.: L. Suárez Fernández, Castilla, el Cisma y la crisis conciliar (1378-1440), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1960; V. Beltrán de Heredia, Bulario de la Universidad de Salamanca (1219-1549), vol. I, Salamanca, Universidad, 1966; J. F. Rivera Recio, Los arzobispos de Toledo en la Baja Edad Media, Toledo, Diputación Provincial, 1969; A. Fernández de Madrid, Silva palentina, Palencia, Diputación Provincial, 1976; J. M. Nieto Soria, Iglesia y génesis del Estado Moderno en Castilla, 1369-1480, Madrid, Universidad Complutense, 1994; A. García García (dir.), Synodicon Hispanum. Vol. VII: Burgos y Palencia, Madrid, Editorial Católica, 1997; A. Frenken, “El trabajoso y difícil camino hacia la unión: Sancho Sánchez de Rojas, arzobispo de Toledo, y el papel clave que jugó en la extinción del gran Cisma de Occidente en el reino de Castilla”, en En la España Medieval, 32 (2009), págs. 51-83; M. V. Herráez Ortega, “A mayor gloria del rey del obispo: el patronazgo artístico de Sancho de Rojas”, en M. D. Teijeira, M. V. Herráez y M. C. Cosmen (eds.), Reyes y prelados. La creación artística en los reinos de León y Castilla (1050-1500), Madrid, Sílex, 2014, págs. 341-369; F. P. Cañas Gálvez, “Comunicación política y mediación epistolar: la correspondencia privada de la realeza trastámara con Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo. Documentación del Archivo del monasterio de Guadalupe”, en J. M Nieto Soria y O. Villarroel González (coords.), Comunicación y conflicto en la cultura política peninsular. Siglos XIII al XV, Madrid, Sílex, 2018, págs. 49-82.

 

José Manuel Nieto Soria