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Victorina Durán Cebrián

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Biografía

Durán Cebrián, Victorina. Madrid, 12.XI.1899-10.XII.1993. Escenógrafa, figurinista, pintora y diseñadora, crítica de arte, docente y directora teatral.

Victorina Durán creció entre escenarios, pues era hija de Genoveva Cebrián Fernández, bailarina del cuerpo de baile del Teatro Real y nieta de Encarnación Fernández, miembro del cuerpo coreográfico del Teatro Principal de Valencia, quien además era tía de la afamada bailarina Antonia Mercé la Argentina. Su padre, José Durán Lerchundi, era un militar y abonado del Teatro Real, lo que permitió a Durán una relación constante con las tablas. Así, estudió entre 1908 y 1917 en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación en Madrid y, a partir del curso 1917-1918, comenzó sus estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. Todo ello permitió a la prometedora artista codearse con un amplio contexto cultural, del que formaban parte, por ejemplo, Rosa Chacel, Salvador Dalí o Maruja Mallo.

A la par que desarrollaba sus estudios, Durán ejerció como docente de Dibujo en la Escuela Normal de Maestras de Madrid (1918-1920), comenzando una carrera docente que la llevaría a ser, en 1926, profesora especial de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer y, en el curso 1932-1933, profesora de la Residencia de Señoritas, centro dirigido por María de Maeztu y vinculado a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, institución de la que, en 1925, había recibido Durán una beca para estudiar en París.

Ese mismo año, participó en la Exposición Internacional de Artes Decorativas, celebrada en la capital francesa, y en la que fue galardonada con una medalla de plata. Y es que desde comienzos de los años veinte la artista se encontraba también cursando estudios en el Museo Nacional de Artes Industriales, junto a su amiga la artista Matilde Calvo Rodero. Allí Durán se especializó en la técnica del batik y del repujado, realizó diseños de interiores, llevó a cabo varias exposiciones, incluidas las nacionales, y entabló amistad con creadores como Rafael Dómenech, Francisco Pérez-Dolz y Luis Fernández.

Mujer moderna, valiente y libre (pues, tal y como relata en sus memorias nunca ocultó su lesbianismo) comulgó con las ideas feministas y participó de las iniciativas emprendidas en España, como el Lyceum Club Femenino (1926), del que fue socia fundadora, junto a María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzábal, Victoria Kent o María Martos.

Su meteórica carrera estuvo respaldada por su nombramiento como catedrática de Indumentaria del Conservatorio Nacional de Música y Declamación en 1929, a lo que siguieron sus colaboraciones con una de las compañías teatrales más relevantes de la vanguardia española del momento, la TEA (Teatro Escuela de Arte) de Cipriano Rivas Cherif.

Pero el estallido de la guerra civil frenó la carrera de Durán, así como todos los avances educativos, intelectuales y culturales que se habían venido produciendo a lo largo de comienzos del siglo XX español. La relación de la artista con amigos y personalidades simpatizantes de las ideologías de izquierda y republicanas, la llevó al exilio argentino, gracias a una autorización para viajar a Argentina firmada en julio de 1937 por su amigo Timoteo Pérez Rubio, por orden del director general de Bellas Artes —Josep Renau—.

Victorina Durán arribó a Buenos Aries a bordo del Lipari en el verano de 1937 con su compañera María del Carmen Vernacci. En la ciudad bonaerense se relacionaron con Victoria Ocampo, Ana Berry, María Rosa Oliver, Susana Larguía, María de González Guerrico y Laura Boraschi Tona, y retomaron el contacto con la escritora Elena Fortún, que había huido de España junto a su marido, el dramaturgo Eusebio de Gorbea Lemmi.

Aunque la instalación y el asentamiento en la nueva patria no fueron sencillos, la primera actividad que recuperó Victorina Durán en el exilio fue la de ejercer como escenógrafa, primero en el Teatro Ateneo y el Teatro Maravillas y, más tarde, gracias a la mediación de Natalio Botana, en el Teatro Colón, donde disfrutó de un puesto de ayudante a las órdenes de Héctor Basaldúa y en el que, en 1946, realizó los figurines del ballet Vidala. También elaboró los vestuarios de Madame Capet para el Teatro Odeón de Montevideo (1939), así como los de Rueda de fuego, representada en el Teatro Cervantes (1940), entre otras producciones. Igualmente, bien pronto recobró su afición por impartir lecciones sobre indumentaria, arte y danza. En el verano de 1938 Durán realizó un ciclo de tres conferencias en el Instituto de Estudios para Teatro, a las que le siguieron, años después, las ofrecidas en el contexto del Museo de Arte Hispanoamericano “Isaac Fernández Blanco”, en el que empezó a trabajar como encargada de relaciones culturales en 1952.

Cultivó también el periodismo y la literatura, bien ilustrando algunas obras (Sylvina Bullrich, La tercera versión, 1944 o Lola Pita, La pantalla de Heródoto, 1946), o participando en publicaciones periódicas como La Nación, Saber Vivir y Lyra. A ello se sumó además la inquietud de Victorina Durán por exponer. Como resultado exhibió en el Salón Peuser de Buenos Aires entre 1946 y 1952, participó en muestras como la colectiva organizada por el Teatro Argentino de La Plata (1946), la individual de Amigos del Arte de Montevideo (1949) o la exitosa exhibición en solitario en la Galería Silvagni de París en 1951, aprovechando su viaje a la capital francesa para estudiar las instalaciones escénicas de la Ópera Garnier y durante el que visitó España. A su patria regresó de nuevo en 1957, acompañada de Susana de Aquino para impartir conferencias y realizar exposiciones, y en 1960, invitada por el Instituto de Cultura Hispánica. Por entonces Durán había formado con Susana de Aquino la agrupación cultural La Cuarta Carabela, cuyas actividades se centraron en promocionar el arte español e hispanoamericano. No obstante, Victorina Durán apoyó también el arte oriental, por el que sentía una especial atracción, de manera que, en 1949, fundó la Sociedad de Amigos del Arte Oriental, que originaría más tarde el Museo Nacional de Arte Oriental de la capital bonaerense, además de participar en varios homenajes y de promover a varias figuras chinas de la danza, como la bailarina Whu Mei Ling.

Finalmente, en 1963, la artista regresó a España, repartiendo su tiempo entre Madrid y Peñíscola. Cuatro años más tarde consiguió, tras muchas instancias, una pensión por jubilación, sin impedirle continuar con su actividad cultural y expositiva, tanto dentro como fuera de España, pues continuó pintando hasta casi su fallecimiento en 1993.

Obras de ~: “¿Masculino o femenino? Comentarios sobre trajes (con proyección)”, en Conservatorio Nacional de Música y Declamación, Conferencias pronunciadas y programa desarrollado durante la Semana Artística organizada para conmemorar el primer centenario de su fundación. 1830-1931, Madrid, 1931; Conferencias del ciclo 1938 dictadas en el Teatro Nacional de Comedia, Buenos Aires, Comisión Nacional de Cultura, 1940; Mi vida (Sucedió, El Rastro. Vida de lo inanimado y Así es) (ed. crítica de Idoia Murga Castro y Carmen Gaitán Salinas), Madrid, Residencia de Estudiantes, 2018, 3 vols; A teatro descubierto, E. Moreno (Introd., ed. y notas), Madrid, Torremozas, 2019.

Bibl.: A. Mª Arias de Cossío e I. Murga Castro, Escenografía en el exilio republicano de 1939. Teatro y danza, Sevilla, Renacimiento, 2015; V. Carretón, “Victorina Durán y el círculo sáfico de Madrid. Semblanza de una escenógrafa del 27”, El Maquinista de la Generación, núm. 9, 2000, págs. 4-20; C. Gaitán Salinas, Las artistas del exilio republicano español. El refugio latinoamericano, Madrid, Cátedra, 2019; C. Gaitán Salinas e I. Murga Castro, “Victorina Durán: Identidades en escena. Exilio, identidad y madrileñismo en Argentina”, en M. Cabañas Bravo (ed.), Identidades y tránsitos artísticos en el exilio español de 1939 hacia Latinoamérica, Madrid, Doce Calles, 2019, págs. 325-349; C. Gaitán Salinas e I. Murga Castro, “Victorina Durán y Maruja Mallo: encuentros y desencuentros de dos artistas exiliadas”, Arenal. Revista de Historia de las Mujeres, Universidad de Granada, 2019 (en prensa); E. Moreno Lago, “Expresiones del espíritu indígena en la escenografía y vestuario de Victorina Durán”, Escena Uno. Escenografía, dirección de arte y puesta en escena, núm. 6, julio de 2017, 19 págs.; I. Murga Castro, “Muros para pintar. Las artistas y la Residencia de Señoritas”, en A. de la Cueva y M. Márquez Padorno (eds.), Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario, cat. exp., Madrid, Residencia de Estudiantes, 2015, págs. 87-127.

Carmen Gaitán Salinas

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